LAS FUENTES DE LA PHYSICA: INTERROGANTES Y APROXIMACIONES

 

Marcela Andrea Azimonti
(Alumna de la Facultad de Letras de la UNR)

 

ntre los años 1151 y 1158 Hildegarda de Bingen redacta su única obra médica, el Libro de las sutilidades de las diversas creaturas de la naturaleza. Al morir Hildegarda este libro, como tantos otros textos antiguos y medievales, seguirá un periplo azaroso de copias, agregados y pérdidas. La mayor de ellas ocurre en el siglo XIII cuando, mediando una operación intelectual que ahora nos sorprende, el libro es bidiseccionado y renominado. A partir del siglo XIII, entonces, serán dos las obras médicas de Hildegarda: El Líber Compositae Medicinae (llamado Causae et curae en un manuscrito del siglo XIII) y el Líber Simplicis Medicinae, conocido desde 1533 como Physica. [1] Si bien los motivos de esta división nos son desconocidos, podemos afirmar que el Líber subtilitatum diversarum creaturarum naturarum fue leído y clasificado siguiendo el canon literario de la Alta Edad Media. La parte donde Hildegarda explica, a partir del relato de la creación del mundo, el origen de diversas enfermedades y sus curas, fue leída como un “libro de medicina compuesta”. Con este nombre se conocían los compendios de obras de Galeno donde se exponían los postulados fisiológicos y patológicos del médico romano. Aunque esta asimilación pueda parecer forzada al comparar el tenor de los escritos galénicos con la particular síntesis de conocimientos médicos y teología que realiza Hildegarda en Causae et Curae, la parte denominada Líber Simplicis Medicinae es, sin lugar a dudas, un tratado de “medicina simple”, equiparable a sus antecesores, al Herbarius de Apuleyo Platónico o a De materia medica de Dioscórides que, entre las pocas obras médicas de la antigüedad grecolatina conservadas, se copiaban en los monasterios y las escuelas catedralicias. Estos herbarios o libros de “simples” eran la bibliografía obligatoria de los médicos durante la Alta Edad Media ya que allí se describían las propiedades curativas de las plantas, animales y minerales, los medicamentos simples privilegiados por Galeno para la cura de las enfermedades.

Más allá de que se cuestionen la autoría de algunos pasajes y las ediciones que se realizaron tanto de Causae et curae como de Physica, el valor de estos textos es innegable. Siempre relegados a un segundo plano, condenados a estar a la sombra de la magnífica obra visionaria de la abadesa de Bingen, el estudio de estas obras médicas permite no solo completar el espectro de la polifacética personalidad de Hildegarda y de su cosmovisión sino, además, reconstruir la historia de la ciencia occidental. Dado que Hildegarda nos ha legado el mayor tratado de medicina monástica medieval, el análisis de la obra permite rastrear un importante corpus de conocimientos, de apreciaciones empíricas, de especulaciones y tensiones entre ciencia y teología que posibilitaron en los siglos siguientes la formulación de los paradigmas científicos ensayados en las universidades y luego desarrollados durante el Renacimiento. Reconstruir la génesis de los conocimientos que Hildegarda sistematiza en esta obra permitirá a su vez destacar la originalidad con que la abadesa los utiliza, ordena, prescribe, en una obra única que está impregnada tanto de su alma visionaria como del espíritu de una infatigable mujer que estudia la naturaleza como un científico.

Tal vez esta afirmación pueda parecer arriesgada pero del análisis de su obra se desprende que Hildegarda no fue ajena al espíritu racionalista y humanista del llamado “renacimiento” del siglo XII. Fuertemente apoyada en el misticismo, sostenida desde la labor monástica, redacta una obra en la cual puede leerse el espíritu de curiosidad, observación e investigación que caracterizó a la escuela de Chartres y especialmente a Honorio de Autun. Para estos intelectuales del siglo XII la naturaleza es una potencia fecundante, creadora, en continuo movimiento y al mismo tiempo, un cosmos, un conjunto organizado y racional, susceptible de ser explicado físicamente. Esta desacralización de la naturaleza posibilitó el renacimiento de las ciencias naturales, y además, supuso un cambio radical: la física ensayada por los intelectuales del siglo XII está impregnada de un verdadero espíritu humanista en tanto pone al hombre como objeto y centro de la creación “pues este mundo ha sido hecho para el hombre y por mundo entiendo el cielo, la tierra y todo lo que está contenido en el universo [2] como sostenía Honorio. De esta manera se resignifica el concepto del hombre como microcosmos y tanto los filósofos del siglo XII como Hildegarda ponen a ese hombre total, cuerpo y alma, en el centro de un universo, de un mundo creado ex nihilo por la Suprema Voluntad Divina para que ese hombre, imago Dei por su razón y voluntad, lo habite y sea servido por sus creaturas. Humanismo y racionalidad, entonces, se conjugan en esta nueva física, ciencia o discurso que aspira a conciliar el orden natural con el supranatural, que intenta ordenar, expresar y armonizar la potencia absoluta de Dios con las manifestaciones de su Obra y el lugar del hombre en ella.

Hildegarda recibe y modula estas ideas de una manera muy personal y única, y en el Líber continúa, sintetiza y corona la tradición médica monástica a la luz de las nuevas especulaciones sobre la naturaleza, el hombre y la salud. La parte llamada “Libro de la medicina simple” es mucho más que un libro de simples y debe ser considerado y estudiado como un tratado científico- filosófico de una época que concibe a la naturaleza como expresión de la Racionalidad Divina. Physica releva y expone los poderes curativos de las creaturas, plantas, árboles, aves, peces, reptiles y de aquellos seres donde, según la filosofía hildegardiana, la vida también se manifiesta: piedras, elementos, metales, todas las creaturas que fueron creadas por la Suprema Voluntad para que sirvan al hombre. Dronke [3] señala que si bien se percibe en algunos pasajes una cierta tensión entre su condición de mística y el enfoque marcadamente biológico que sostiene en su obra médica, lo que va a predominar en la Physica es la actitud de indagación de la realidad empírica, de determinación de los principios físicos que rigen tanto al cosmos como aquellos que producen las enfermedades del hombre, en una marcada actitud determinista y materialista que constituye el preámbulo del desarrollo de todas las ciencias que están en germen en su obra: medicina, botánica, zoología, psicología, ecología.

Los saberes médicos de Hildegarda

Desde sus orígenes el cristianismo incorporó a la obra evangélica la praxis médica: la “religión de los enfermos”, como la llamaban los paganos, es, desde sus inicios, una religión que procura la cura del cuerpo y del alma y que edifica un discurso lleno de metáforas médicas que posibilita la comprensión del mensaje de Cristo. La medicina será asumida por el cristianismo como expresión privilegiada del amor al prójimo que se manifiesta en actos concretos de caridad, y las figuras del Christus Medicus y del enfermo como prójimo prototípico estructurarán el marco doctrinal de un ars medica que, desde la fundación del monasterio de Montecassino por Benito de Nursia, se practicó en las dependencias de los monasterios hasta que en 1130 el Concilio de Clermont prohibiera a los miembros de las órdenes religiosas la práctica de la medicina.

Los hospitales de los monasterios fueron las instituciones médicas por excelencia de la Alta Edad Media. Tal es así que, a partir del siglo VI, va a prevalecer el sacerdote- médico sobre el médico seglar, médicos-sacerdotes en cuya práctica se amalgamaban conocimientos médicos, oraciones, penitencia, imposición de manos, exorcismos. Para la práctica médica el monasterio contaba no solo con una infraestructura (hospital, enfermería, baños, casa del médico, huerto con plantas medicinales etc) sino además con bibliotecas donde se preservaron los textos médicos de la antigüedad grecolatina que sobrevivieron a las invasiones bárbaras. Esos son los textos seminales que están presentes en la obra médica de Hildegarda aunque, a mi entender, en la Physica confluyen tres tipos de fuentes que se corresponden con distintos momentos de investigación y sistematización de los saberes médicos durante la Alta Edad Media: los tratados de medicina simple de la antigüedad grecolatina, Etimologías de San Isidoro de Sevilla y las enciclopedias que continúan la tradición isidoriana escritas por Rabano Mauro y Honorio de Autun.

A mediados del siglo VI Casiodoro comienza la tarea de preservación del saber clásico que se continuó a lo largo de la Alta Edad Media en los scriptoria de los monasterios. Interesado en el estudio de las artes liberales y la medicina desarrolla una importante obra de traducción y copia de textos profanos y los monjes a su cargo comienzan a ser instruidos en la obra de Hipócrates, Galeno y Dioscórides. A partir de la obra pionera desarrollada en Vivarium, estos textos comienzan a ser copiados y estudiados en los monasterios generando y estabilizando un corpus de saberes médicos cuya base es el sistema fisiológico y terapéutico galénico. Éste es el momento donde se inicia la difusión de los libros de medicina simple, siendo las autoridades Dioscórides y Plinio, cuyos tratados fueron los más copiados, citados y usados hasta entrado el Renacimiento. La influencia que ejercieron en la Physica la trataré en el próximo apartado donde intentaré establecer los puntos de contacto que existen entre la obra médica de Hildegarda y las autoridades de la antigüedad.

El segundo momento de estabilización de los saberes médicos del Medioevo que puede leerse en los escritos médicos hildegardianos es la obra de San  Isidoro de Sevilla. En su imponente Etimologías  recoge la tradición médica hispano-romana y expone el conocimiento directo que posee del saber clásico a través de las fuentes griegas. Operando como puente entre la antigüedad y el Medioevo, Isidoro enmarca la ciencia pagana en los confines de la teología y se convertirá en la auctoritas que dará la fundamentación científico-filosófica a la práctica médica monástica: dedica el libro IV a la medicina y la asciende al rango de “filosofía segunda” ya que, como la filosofía, reclama para sí la totalidad del hombre. De este modo Isidoro estabiliza el paradigma medico-teológico vigente en el mundo medieval, el sustento de una praxis que procurará tanto la cura del cuerpo como la del alma. Y las nociones médicas que expresa en el libro De medicina van a proporcionar el marco conceptual de la medicina monástica, los principios básicos de la fisiología galénica que están presentes en la obra médica hildegardiana.

Isidoro define la salud como “la integridad del cuerpo y templanza de la naturaleza, proveniente de lo cálido y lo húmedo”: [4] la salud es la templanza o el equilibrio de los humores, cuando uno de ellos aumenta, el hombre enferma. Como cada uno de los cuatro humores (sangre, hiel, melancolía y flema) imita a su elemento, toda curación se realiza por elementos contrarios o por semejantes. Estas escasas líneas que dedica San Isidoro a la descripción de la tipología humoral me hacen pensar que los saberes sobre Galeno se adquirían leyendo los compendios que circulaban en los monasterios, y que esta breve exposición funcionaba como autoridad para la consiguiente lectura y estudio de las obras galénicas. En el desarrollo del sistema hipocrático que realizara Galeno, entre otras modificaciones, él atribuye a cada humor dos de las cuatro cualidades primarias, caliente, fría, seca, húmeda, las que determinan qué medicina simple se debe prescribir al enfermo para que el equilibrio se reestablezca: ya que las plantas poseen esas cualidades, se suministran aquellas que poseen la naturaleza contraria al humor que está excedido.

Otro de los conceptos claves de la medicina galénica que expresa Isidoro y que está presente en la obra médica de Hildegarda es la importancia de la dieta, la “observancia de la ley y de la vida”, como la define el obispo de Sevilla en el cap. IX. Todas las medicinas desarrolladas sobre el sistema galénico concuerdan con la división de la medicina en diaeta, pharmacia y chirurgia, siendo la dietética la parte más importante porque se destina a las personas sanas para regular su vida teniendo en cuenta las seis cosas no naturales expuestas por Galeno: aire, comida-bebida, evacuación-saciedad, trabajo-sueño, descanso-movimiento, las pasiones de la mente. Este es uno de los postulados básicos que estructuran la obra médica de Hildegarda, quien siempre insta a los hombres a cuidar sus hábitos alimentarios, a descansar y procurar el contacto amical con la naturaleza, a conservar la mente alegre, serena, a obrar con mesura, a mantener  un vínculo de respeto y responsabilidad con las creaturas que fueron creadas para su provecho.

El tercer momento donde los estudios médicos cobraron impulso ocurrió durante el reinado de Carlomagno, quien ordenó en el acta capitular de Thionville la enseñanza regular del arte de curar, procurando la difusión y el estudio de las ciencias de la antigüedad clásica con la fundación de escuelas catedralicias y bibliotecas. Del espíritu científico del “renacimiento carolingio” participó un monje germano discípulo de Alcuino: Rabano Mauro. Llamado “el maestro de Alemania” dirige en Fulda durante el siglo IX una de las escuelas monásticas más importantes de Europa. Rabano escribió De universo, [5] una obra enciclopédica donde intenta sistematizar todos los saberes de la época. Partiendo del relato de la Creación, describe tanto las instituciones religiosas, los tipos de edificios, las herramientas, la división del tiempo y las lenguas creadas por los hombres como la tierra, el cielo, los astros, los fenómenos meteorológicos, la naturaleza de las creaturas, los accidentes geográficos, los cultivos. Excede este trabajo determinar la influencia que ejerció en la redacción de Physica la enciclopedia de Rabano. Considerando el prestigio del monje germano, es probable que haya sido un modelo a seguir por Hildegarda: si tenemos en cuenta el Liber en su conjunto, Causae et Curae comienza con el relato de la Creación y la Caída, que provocó que el hombre sea, de ahí en más, enfermo y mortal y luego describe las causas “físicas” de las enfermedades para las cuales prescribe los remedios de la naturaleza que se enumeran en la Physica. Estimo que la organización por libros que tratan el mismo género de creaturas puede deberse a la lectura de De Universo: es necesario determinar las posibles influencias, especialmente del libro VIII que trata sobre los animales, el IX que habla de las distintas partes del mundo, los elementos, los cuerpos celestes, los vientos, del libro XI que dedica  a las aguas, el XVII a las piedras y a los metales y el XIX dedicado a los cultivos. En cuanto a De philosophia mundi [6] y De imagine mundi [7] de Honorio de Autun, sería interesante determinar en qué medida el Liber entero es deudor, en especial en lo que respecta a la creación del mundo, los elementos, las tierras y las aguas, los fenómenos meteorológicos y particularmente la influencia de la luna en el crecimiento de los humores y sus concepciones sobre la fertilidad humana.

Imbuida entonces de una larga tradición que oscila entre la ciencia y la empiria, Hildegarda no solo asumirá sus deberes de abadesa benedictina respecto al cuidado de la salud de las monjas a su cargo y de los enfermos que a ella se acercaran, sino que, además, participa de ese ansia de sistematizar y difundir el conocimiento que comenzara en Alemania Rabano Mauro y que continúa Honorio de Autun, y siguiendo sus pasos, escribe un tratado enciclopédico. Pero el Liber fue dividido y la parte que nos ocupa fue denominada “Libro de la medicina simple”, y es necesario explorar entonces cuáles son los puntos de contacto que tiene con las obras de la antigüedad clásica, cuáles pudieron ser sus fuentes y cómo la abadesa de Bingen las sintetiza y reformula de acuerdo al espíritu del siglo XII.

Los libros de medicina simple de la antigüedad grecolatina

Los textos de la antigüedad cuya autoridad se siguió citando a lo largo de toda la Edad Media y cuyos saberes se transmitieron en los monasterios y que confluyen en la Physica son los herbarios. La palabra herbario designa un tipo de libro donde se describen y enuncian las propiedades curativas de las plantas y, en menor medida, de los animales y minerales con valor salutífero. Galeno recomendaba administrar un medicamento natural o puro (un medicamento simple), en oposición a un medicamento compuesto (un preparado resultante de la unión de diversas sustancias), dependiendo el éxito terapéutico de la actividad de los médicos y farmacéuticos, fundamentalmente de la cuidadosa recogida de los simples (sustancias derivadas de raíces, yemas, bulbos, corteza, resina).

Los herbarios conservados de la Alta Edad Media tienen una fuente predominante, De Materia medica, [8] del médico, farmacólogo y botánico griego Dioscórides (I dc). Este tratado, bellamente ilustrado con las imágenes de las plantas y animales estudiados, circuló por toda el área del Mediterráneo tanto en griego, difundido desde la Italia bizantina, como en latín, traducido de su original griego en Italia del Sur. Fue el texto de farmacología más relevante durante la Edad Media y el Renacimiento. Describe 600 plantas medicinales, 90 minerales y 30 sustancias de origen animal. La otra autoridad sobre medicina simple es la Historia Natural [9] de Plinio. Esta enciclopedia está dividida en 36 libros de los cuales los libros XII al XIX son de interés botánico general, y del XX al XXVII se describen las plantas que tienen propiedades medicinales. Éstos fueron los libros más copiados de Plinio, así como los más citados, extractados e interpolados en otras obras. Por último está el Herbarius escrito en el siglo IV por Apuleyo Platónico, que realizó una compilación utilizando fuentes griegas y latinas y en particular, a Plinio. Este tratado que gozó de gran popularidad en la Edad Media está organizado en 130 capítulos, cada uno de los cuales se dedica a una planta con su correspondiente ilustración. Estos textos dieron origen a múltiples herbarios y a obras diversas, como por ejemplo el Commentarium Medicinale de Benedeto Crespo, obra escrita en el año 681, donde el arzobispo de Milán describe en 241 hexámetros veintiséis enfermedades tratadas con hierbas medicinales, y a una de las obras que mayor interés suscitó durante el Renacimiento, el Macer Floridus. Este tratado, que tiene como título De viribus herbarum, fue atribuido a Odo de Meung, quien vivió en la zona del Loire en la primera mitad del siglo XI, aunque las últimas investigaciones confirman que existió una versión del siglo X procedente de Alemania. El texto se organiza en versos latinos y describe ochenta y ocho hierbas.

Es evidente que Hildegarda no pudo estar ajena a esta producción de obras de medicina simple. En este trabajo sólo voy a circunscribirme a la relación entre el libro I de la Physica, De Plantis y a los herbarios clásicos de  Dioscórides y Plinio. Ahora bien, al examinar los textos de Dioscórides y de Plinio, en un primer análisis que merecería ser más exhaustivo, y al compararlos con la Physica, éstos no parecen ser las fuentes directas de los conocimientos médicos de Hildegarda. Voy a demostrarlo con unos pocos ejemplos. Leyendo a Dioscórides, en De tritico [10] destaca los valores generales del trigo y lo prescribe para las mordeduras de los perros y las serpientes, lo recomienda para el reumatismo, para aliviar las mamas hinchadas, para blanquear las manchas de la cara y lo contraindica para quienes sufren problemas intestinales. En el capítulo De tritico [11] Plinio señala los lugares donde éste se encuentra, sus propiedades alimenticias, las autoridades que lo nombran, su expansión por Grecia e Italia y los dominios del Imperio, pero no dice nada sobre las propiedades curativas del trigo. Cuando leemos en la Physica el capítulo De tritico [12] el desarrollo que realiza Hildegarda nos hace dudar sobre sus fuentes. En primer lugar, Hildegarda lo define por la cualidad “cálida” que éste posee, y expresa que es un grano muy rico, útil, y que el pan que con él se hace es beneficioso para sanos y enfermos, ya que procura “rectam carnem et rectum sanguinem” a los hombres que lo consumen. Recomienda los panes para aquellos que estén débiles y no los granos enteros por que provocan un incremento de los livores, los humores nocivos. A continuación, la receta: cocinar los granos en agua y aplicarlos en una compresa alrededor de la cabeza del “freneticus” permitirá que el cerebro de éste recobre sus fuerzas y la salud, y dicha compresa deberá aplicarse hasta que recobre el juicio. Sí coincide con Dioscórides en la indicación para las mordeduras de los perros y detalla su prescripción: se debe preparar una masa con harina de trigo y clara de huevo y aplicarla sobre la mordedura durante tres días y tres noches, luego de los cuales debe colocarse mielenrama molida con clara de huevo, por tres días y tres noches, y finalmente, curarla con ungüentos como cualquier herida. Las diferencias son notables, más allá de la redacción didáctica que realiza Hildegarda explayándose en la preparación de los remedios, hay cuestiones conceptuales que la alejan de las autoridades. Esto puede verse también respecto a la avena. Dioscórides [13] le dedica muy pocas líneas, y la prescribe para tratar afecciones capilares, de los lagrimales y para suavizar asperezas. Plinio [14] destaca el valor nutritivo de la avena y las condiciones para el óptimo crecimiento de la misma. Hildegarda, [15] fiel a su estilo, primero, enuncia sus propiedades: es cálida, es un alimento  favorable para sanos y enfermos, proporciona una mente alegre, una inteligencia lúcida, un agradable color y un cuerpo sano. Luego, contraindica: no es buena para los que se encuentran muy débiles porque aumenta los livores, que son fríos y sustraen las fuerzas del hombre. Por último, prescribe: para aquellos que se encuentren un poco locos, con vanos pensamientos porque están extenuados por la parálisis, rociar agua de la cocción de la avena sobre piedras calientes, en un baño seco, hasta que recobren el juicio.

Es necesario un estudio comparativo más detallado pero, evidentemente, ni Dioscórides ni Plinio son fuentes directas de la Physica. Me interesa determinar de dónde provienen sus conocimientos sobre las cualidades primarias de las plantas: en la Physica todas ellas están clasificadas como cálidas, frías, húmedas o secas, en relación con el humor que provoca la enfermedad. Mi hipótesis es que tuvo acceso a las traducciones de las obras de Galeno que a partir del siglo X comenzaron a realizar los árabes y que  posibilitó el avance extraordinario de las escuelas de medicina a partir del siglo XI. Si bien la difusión masiva de los escritos galénicos se realizó en el siglo XIII en las universidades, tal vez Hildegarda haya tenido acceso a ellas. Leyendo De simplicium medicamentarum facultatibus [16] sí encuentro algunos puntos de contacto. Sería muy ilustrativo un estudio profundo y serio de las correspondencias entre ambas obras. Galeno en los primeros tres libros realiza una exposición detallada de enfermedades y de los humores que las provocan, con la necesaria explicación de las cualidades húmeda, seca, fría y cálida de los humores, los tipos de remedios y su preparación. Los libros restantes versan sobre las propiedades curativas de las aguas, aceites, plantas, animales y los distintos tipos de tierras que  pueden ser utilizadas en ungüentos. En cuanto a las plantas, éstas se hallan ordenadas alfabéticamente sin distinguirlas, como hace Hildegarda en plantas y árboles, y allí, en cada una, señala  las partes aprovechables, cómo se preparan y las autoridades que la citan.

Volviendo a tomar los ejemplos anteriores, el trigo [17] y la avena, [18] poco hay en común entre Galeno e Hildegarda. Y, en general, también hay desencuentros en lo que respecta a la Physica y el resto de los capítulos donde Galeno expone las propiedades de las plantas. Galeno señala en algunas la cualidad primaria que poseen, en otras no. La exposición de las propiedades curativas de ellas es, en general, muy breve, y recuerda a Dioscórides. Podría pensarse que Hildegarda expresa un conocimiento que es producto de una síntesis personal de distintos manuscritos más especulaciones personales. Este hecho explicaría, por ejemplo, que en algunas plantas alterna en describirlas primero como cálidas y luego como frías, como ya he señalado en un trabajo anterior. [19]

Todo lo expuesto vale para subrayar la originalidad de la Physica. Queda pendiente un estudio más profundo que abarque todos los libros de esta obra y las influencias que en ellos puedan detectarse. Como libro de simples, Physica superó en su época a sus predecesores: la gran cantidad de plantas consignadas y la exhaustiva descripción de las cualidades de las mismas que se ajustan a las causas físicas de las enfermedades (el desequilibrio humoral), la minuciosa indicación de la preparación y administración de los remedios, la variedad de las patologías tratadas y su relación con los estados anímicos de los pacientes, determinaron el éxito de la obra, que se citaba como autoridad en las escuelas de medicina en el siglo XIII. Es que Hildegarda redactó una obra que se adecuaba a las necesidades de los hombres de su tiempo: la prescripción de sus remedios, ya sean plantas, animales, piedras o metales, la descripción del valor alimentario de los peces de los ríos de Alemania, de los tipos de tierras aptas para los cultivos, las indagaciones que realizara sobre la sexualidad y la salud de las mujeres, el conocimiento sobre las enfermedades, sobre los factores ambientales y psicológicos que las determinan, hablan de su prodigiosa inteligencia, de su actitud liberal, de su sensibilidad y del espíritu de lucha que marcó todas las obras que realizó en su vida. Por todo ello es necesario ubicarla en el lugar que hasta ahora le ha sido negado, el de la primera mujer científica de Occidente.

Corpus
Dioscorides, Pedacius. De medicinali materia. Joanne Suessionensi Interprete. Paris: Henri Estienne,1516.
Gaius Plinius Secundus. Naturalis Historia. Karl Mayhoff (ed) Leipzig: Teubner, 1897-1908.
Galieni Pergameni. De simplicium medicamentorum facultatibus. Theodorico Gaudano Interprete.Lucqduni: 1561.
Hildegardis Bingensis. Causae et curae. Ed. Paulus Kaiser. Leipzig: Teubner Verlag, 1903.
Hildegardis Bingensis. Subtilitatum Diversarum Naturarum Creaturarum. In: Migne, J. (ed) PL 197. Paris: 1882.
Honorius Augustodunensis. De Immagine ,Mundi. In: Migne, J. (ed). PL 172.
Honorius Augustodunensis. De Philosophia Mundi Libri. In: Migne, J. (ed) PL 172.
Isidorus Hispaliensis. Etimologiarum. In: Migne, J. (ed)  PL 082.
Rabanus Maurus. De Universo. In: Migne, J. ( ed) PL 111.

 

BibliografÍa:
Alonso Miguel, Aurora. La imprenta renacentista y el nacimiento de la ciencia botánica. Disponible en: http: cervantesvirtual.com
Curtius, E.R. Literatura europea y Edad Media latina. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1976, vol. 2.
Dronke, Peter. Las escritoras de la Edad Media. Barcelona: Crítica, 1995.
Le Goff, Jacques. Los intelectuales de la Edad Media. Barcelona: Gedisa, 1996.
Schipperges, Heinrich. Hildegard of Bingen. Healing and the nature of the cosmos.Trad. J.A. Broadwin. Princeton: Markus Wiener Publishers, 1998.
Strehlow, Wighart. Hildegard of Bingen’s. Spiritual remedies. Rochester, Vermont: Healing Arts Press, 2002.


NOTAS:

[1] HILDEGARDIS. Subtilitatum Diversarum Naturarum Creaturarum. In:. Migne, J. (ed) PL 197. (vuelve al texto)

[2] LE GOFF, JACQUES. Los intelectuales de la Edad Media. Barcelona: Gedisa, 1996, p. 62. (vuelve al texto)

[3] DRONKE, PETER. Las escritoras de la Edad Media. Barcelona: Crítica, 1995. (vuelve al texto)

[4] ISIDORUS HISPALIENSIS. Etimologiarum, Liber IV,cap V. In: Migne, PL 082. (vuelve al texto)

[5] RABANUS MAURUS. De Universo. In: Migne, J. PL 111. (vuelve al texto)

[6] HONORIUS AUGUSTODUNENSIS. De Philosophia Mundi Libri. In: Migne, J. PL. 172. (vuelve al texto)

[7] HONORIUS AUGUSTODUNENSIS. De Imagine ,Mundi . In: Migne, J. PL 172. (vuelve al texto)

[8] DIOSCORIDES, PEDACIUS. De medicinali materia. Joanne Suessionensi Intérprete. Paris: Henri Estienne,1516. (vuelve al texto)

[9] GAIUS PLINIUS SECUNDUS: Naturalis Historia. Karl Mayhoff (ed). Leipzig: Teubner, 1897-1908. (vuelve al texto)

[10] Op. cit., Liber II, cap XCV (vuelve al texto)

[11] Op. cit., Liber XVIII, cap. XII (vuelve al texto)

[12] Op. cit., Liber I, cap.I (vuelve al texto)

[13] Op. cit., Liber IV, cap. CXL (vuelve al texto)

[14] Op. cit., Liber XXII, cap. LXVII (vuelve al texto)

[15] Op. cit., Liber I, cap.III (vuelve al texto)

[16] GALIENI PERGAMENI. De simplicium medicamentorum facultatibus. Theodorico Gaudano Interprete. Lucqduni: 1561 (vuelve al texto)

[17] Op. cit., Liber VIII,187,25 (vuelve al texto)

[18] Op. cit., Liber VI, 131,16 (vuelve al texto)

[19] AZIMONTI, MARCELA. “El sutil arte de la armonía”. En: Fraboschi, A. (comp.). Desde el fulgor de la luz viviente… Bs.As.: Educa, 2007. (vuelve al texto)

 

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