GONTRODO PETRI Y LA FUNDACIÓN DE
SANTA MARÍA DE LA VEGA DE OVIEDO:

TENDENCIAS FORÁNEAS EN UNA SOCIEDAD AISLADA

 

María Cecilia Bahr
(UCA)
 

La periférica situación geográfica asturiana, aislada de la meseta castellana por una imponente barrera natural de montañas, tuvo una influencia decisiva en la evolución histórica de la región, al menos hasta entrada la Edad Moderna. La dificultad para establecer un sistema fluido de comunicaciones con las regiones cercanas y con los centros de decisión política favoreció una situación de cierta marginalidad con respecto a otras regiones del reino castellano-leonés, y por ello no es extraño que los historiadores hayan enfatizado el carácter epigónico de Asturias durante gran parte de su historia. [1]

No obstante esta situación, la región no vivió alejada del mundo medieval occidental sino que, por el contrario, a menudo la documentación nos la muestra permeable a corrientes e ideas novedosas llegadas, sobre todo, de las regiones ultrapirenaicas. Los caminos de penetración los encontramos en la presencia de algún miembro de la familia real con contactos con las cortes francas; a través de los puertos del norte [2] , en los que paulatinamente se fue acrecentando el tráfico mercantil y por medio de las rutas jacobeas, que atravesaban Asturias y llegaban a Oviedo a visitar las reliquias de San Salvador, antes de arribar a Santiago de Compostela. Estos últimos trayectos se consolidaron a partir del siglo XII con un itinerario principal desde León a Oviedo por el puerto de Payares, y de allí a Compostela por Tineo y otros caminos alternativos por los puertos de Tarna, San Isidro y Lleitariegos. El prestigio y los beneficios que tomó la veneración a San Salvador motivaron una cierta rivalidad con el culto jacobeo que se plasmó en un viejo adagio que decía:

“Quien va a Santiago
y no a San Salvador
visita al criado
y no al Señor” [3]

Algunas de esas tendencias de procedencia franca las encontramos en el origen, la fundación y la organización del monasterio de Santa María de la Vega de Oviedo.

El primer punto a tener en cuenta está relacionado con este último aspecto. El convento fue fundado en 1153 por Gontrodo Petri, concubina de Alfonso VII y madre de Urraca, conocida esta última como “la Reina Asturiana”. Enclavado cerca de Oviedo en “una vega amena y deleitosa, llena de mucha arboleda” [4] , fue elegido por la citada dama como su lugar de retiro y aportó a su fundación ganado, siervos moros y moras, además de algunas joyas personales. El rey Alfonso y luego su hijo Fernando II lo dotaron de tierras y beneficios, no sólo en Asturias sino también en León y Zamora [5] . No obstante no podía compararse su patrimonio al de otras instituciones de la zona como el monasterio de San Pelayo o el de San Salvador de Oviedo [6] .

Desde su fundación fue sometido a la Congregación de Fontenvrault, proyecto reformista francés creado a comienzos del siglo XII por Roberto de Arbrissel –inspirado en San Benito–, de impronta aristocrática y promotor la creación de monasterios dúplices, es decir comunidades de hombres y mujeres que vivían separados. Los varones eran capellanes y directores espirituales de monjas [7] , toda la comunidad estaba al mando de una priora, como en todas las fundaciones que dependían de esta Congregación, pues la abadesa estaba en la casa central de Francia [8] .

¿Por qué la elección de Fontenvrault por parte de Alfonso VII y Gontrodo? Hay varias posibilidades: una de ellas pudo haber sido que el halo nobiliario que tenía la Congregación haya cautivado a su fundadora; otra, el éxito de otra fundación bajo la misma dirección en Santa María de la Vega del Cea, protegida por la familia imperial y la nobleza dominante; o tal vez la pareja haya visto en esa organización la manera de oficializar una tendencia marcada en la sociedad asturiana desde los tiempos altomedievales: los monasterios familiares dúplices [9] . Es interesante hacer notar que, al contrario de lo que ocurrió en el resto de Europa Occidental, los cenobios dúplices tuvieron amplia difusión en España durante el reino visigodo y durante los primeros siglos de la Reconquista y que, si bien pudieron haber tenido un origen oriental, su desarrollo y difusión se debieron a diferentes factores: la “tuitio” ejercida por las comunidades de varones sobre las comunidades femeninas; la aparición de numerosos conventos familiares de fundación privada, sin un régimen de observancia regular y, por último, la forma de vida religiosa establecida por San Fructuoso de Braga en la “Regula Communis” que originaba un tipo de cenobio que puede ser calificado como una forma de ciudad monacal [10] . No obstante, este último aporte, de características netamente hispánicas, surgió como una manera de regular los monasterios familiares, muy frecuentes en el norte de España, sobre todo en Asturias, considerados por el propio santo como una fuente de indisciplina y corrupción [11] . Y a pesar de que, desde el siglo XI, la Iglesia española condenara la potestad de los laicos sobre las iglesias y los clérigos, uno de los pilares del sistema, y obligara a los cenobios femeninos y masculinos a regirse por la Regla de San Benito [12] , el tipo de organización dúplice siguió vigente y con inusitada fuerza en Asturias. Debemos señalar que este tema tiene directa relación con la vida y las reflexiones de Santa Hildegarda, pues ella vivió en un convento con este tipo de organización.

Si bien la observancia fontenvrista en Santa María de la Vega fue efímera, sabemos que en 1157 el convento estaba gobernado por una priora Adelaida y un prior Angosto [13] , de procedencia francesa; que en 1175 había una priora autóctona [14] y que, a partir de principio de la centuria siguiente, la comunidad había adoptado la regla de San Benito y estaba dirigida por una abadesa, Gontro Roderici [15] , de modo que los lazos con la casa francesa estaban definitivamente cortados. No obstante ello se conservaron, por un extenso lapso que excedió la Edad Media, algunas características de la Congregación: la presencia de varones en el servicio y la administración, la posibilidad de las profesas de entrar y salir del lugar y, sobre todo, la independencia con la que las monjas disponían y administraban bienes propios. No se trataba de una administración pasiva, como el cobro de rentas, sino de compras, préstamos, alquileres que incrementaban sus propiedades que en algunos casos  a la muerte de su dueña no pasaban al convento sino a manos de algún familiar. Toda la documentación del cenobio es muy clara en este aspecto.

En cuanto al segundo aspecto que queremos analizar, como una influencia francesa, es mucho más subjetivo y puede que más controvertido que el primero: consiste en el lugar que los linajes asignaban a las mujeres. Este tema también forma parte de las reflexiones de la Abadesa de Bingen. Pero para adentrarnos en él es necesario revisar la situación social y política asturiana hacia el siglo XII y la historia familiar de la fundadora del convento ovetense.

Alejado de los centros de discusión política del reino y de los nuevos escenarios de la Reconquista, Asturias vivió una prolongada etapa de “ensimismamiento regional” [16] , interrumpida en la primera mitad del siglo XII por la presencia del rey y luego emperador Alfonso VII, quien llegó a la zona para luchar contra el conde Gonzalo Peláez, quien gobernaba una comarca conocida como “Asturias de Oviedo” o “Asturias inferiores”, un distrito que abarcaba los territorios del centro y oriente de la actual región con capital en Oviedo, y que se sublevó, en diversas oportunidades, entre 1132 y 1137, con un afán secesionista, teniendo en jaque al rey y convirtiendo la zona en un escenario de verdadera guerra civil, que enfrentó a los partidarios de uno y otro, y que terminaría con el destierro del conde a Portugal [17] .

Por otra parte la sociedad asturiana estaba formada por un número reducido de nobles de primera fila –uno de ellas era el citado Gonzalo Peláez– con frecuencia asociados entre sí por estrechos lazos familiares y cuyos representantes se vinculan a la realeza astur-leonesa. Eran titulares de extensos dominios dispersos y ejercían el poder político regional por delegación del monarca. En un nivel inferior se encontraba un amplio y no bien caracterizado grupo de “nobiles, infanzones y milites” que compartía una cuota de poder en pago a sus buenos servicios [18] . A finales del siglo XII, la mayor parte de la más vieja y encumbrada nobleza se extinguió, ya sea por agotamiento biológico o por aproximación a la Corte [19] , mientras la pequeña nobleza que vivía de los servicios prestados a los primeros se empobreció paulatinamente. Al mismo tiempo se produjo una enorme floración monástica,  que se había iniciado en el siglo anterior con la fundación de San Vicente y San Pelayo de Oviedo, San Juan de Corias, Santa María de Lapedo, San Salvador de Cornellana, que fueron los principales beneficiarios del drenaje patrimonial de la vieja nobleza que determinó la mutación de señoríos laicos en eclesiásticos, los cuales se convirtieron, a partir de allí, en los organizadores del espacio rural astur [20] . Ésta es la Asturias en la que vivió  Gontrodo Petri.

Gontrodo era hija de Pedro Díaz y María Ordóñez, los que si bien son identificados por la Crónica Adefonsi como “erat ex máximo genere Asturianorum et Tinianorum”, en realidad, parecieran haber sido miembros de la pequeña nobleza o simples terratenientes sin demasiado relieve social. En la documentación aparecen defendiendo sus derechos sobre el monasterio de San Juan de Berbió, contra los reclamos del abad de Eslonza. El padre figura sin ninguna cualificación señorial o política y la madre era poseedora de bienes en la parte central de Asturias. Probablemente su fortuna haya sido superior a la de su marido, pues en 1141 fundó una alberguería, la cual hace constar era construida y dotada con los bienes de su herencia materna. El matrimonio tuvo nueve hijos: Urraca, Sancha, Estefanía, María, Diego, Ordoño, Gonzalo, Rodrigo y, por supuesto, Gontrodo [21] .

Al parecer, siempre siguiendo la crónica alfonsina, el encuentro entre Gontrodo y Alfonso VII se produjo durante las primeras sublevaciones de Gonzalo Peláez y de esa relación nació, en 1133, Urraca [22] .

La niña fue criada por una hermana de su padre, doña Sancha, quien poseía un amplio realengo en Asturias y pasaba largas temporadas en la región, en el monasterio de San Pelayo de Oviedo, al que concedió notorios beneficios.

En 1140, a raíz de firmarse la paz entre García Ramírez, rey de Navarra, y Alfonso VII, se acordó el casamiento de Sancho, primogénito del soberano de Castilla, con Blanca, hija del de Navarra. Luego, al enviudar el propio rey navarro, se pactó su casamiento con la joven Urraca. Así es que, en 1144, la hija de Gontrodo Petri, acompañada por su tía Sancha, celebró su boda en León con García Ramírez convirtiéndose así en reina de Navarra. Durante su matrimonio, Urraca volvió, en reiteradas oportunidades, a Asturias, e incluso en una de ellas estuvo, junto a su madre, confirmando una donación de ésta al monasterio de San Vicente de Oviedo [23] . En 1150 García Ramírez murió en un accidente de caza; entonces la joven viuda se instaló en la capital asturiana, conservando el título de reina y responsabilizándose del gobierno de la región, pero no como soberana propiamente dicha sino como la encargada de la administración local bajo la autoridad del Emperador. Este hecho formaba parte del diseño de poder político que había conformado Alfonso VII cuando, en 1135, se proclamó emperador, y que no difería demasiado del de los Capetos, los Plantagenet o los Staufen, y que se basaba en el reconocimiento de preeminencia que llevaban aparejados los juramentos vasalláticos de los señores y reyes peninsulares de la época.

Durante la vida de Alfonso VII el sistema funcionó a la perfección pero a su muerte, el reino fue dividido entre dos de sus hijos: Sancho, quien gobernaría Castilla, Extremadura y Toledo, y Fernando, quien haría lo propio con Galicia y León, territorio en el que estaba comprendida Asturias. Urraca continuó al mando de esta última, pero sus funciones adquirieron una nueva categoría: no era tenente de Asturias sino, según alguna documentación, regente o regnante [24] . Por lo tanto se podría suponer que reinaba de un modo efectivo, como sus hermanos en sus respectivos dominios; pero lo cierto era que no tenía su autonomía de éstos y reconocía en Fernando una autoridad superior [25] .

Urraca volvió a casarse con Álvaro Rodríguez, posiblemente miembro de la familia de los Castro, que gobernaban Castrogeriz, Palencia, Burgos y otras plazas. A comienzos de 1164 hubo un intento de rebelión en la región, a la que algunos autores relacionan con un intento secesionista de parte de la reina y su consorte, idea sostenida a partir del hallazgo de un documento del monasterio de Otero de la Dueñas de León en el que se habla de “cuando la reina doña Urraca y don Álvaro Rodríguez, quisieron que el rey don Fernando perdiese Asturias” [26] . Hayan sido auténticas o no las ansias separatistas de Urraca, lo cierto es que a partir de ese momento su figura se desdibuja, y a fines de ese mismo año murió en Palencia, la tierra de su esposo, en cuya catedral fue enterrada [27] .

¿Por qué Gontrodo fundó el convento de Santa María de la Vega y se recluyó en él? ¿Qué papel tenía en la estirpe real la concubina del Emperador y madre de la reina?. Evidentemente en la fundación del monasterio subyace una idea sobre el papel de las mujeres en los linajes muy similar a la desarrollada en las cortes del otro lado de los Pirineos, como la de los duques de Normandía, los condes de Anjou o los de Guines, y que podemos vislumbrar a través de genealogías hechas por mandato de los jefes familiares para la exaltación de la estirpe y conservación del recuerdo para las generaciones ulteriores. George Duby ha estudiado a las mujeres a través de estos relatos, en los que se puede percibir la idea de que aunque los linajes eran cosa de hombres, las mujeres eran esencialmente quienes los transmitían. Si éstas eran concubinas, y no esposas, de alguna manera se legitimaban a partir de los hijos dados al rey, y eran los narradores quienes se encargaban de engrandecer a estas damas aportándoles todo tipo de virtudes, dado que su dignidad era el honor del linaje, y aquellas cuya fama mostraba lo contrario, pagaban y se redimían entregándose a Dios, cuidando enfermos, muriendo contagiadas por ellos, o a través del apartamiento del mundo y redención mediante la oración y la contemplación. [28]

Si la idea política de Alfonso no difería de las de las cortes francas, ¿por qué iba a diferenciarse de aquéllas con respecto al papel femenino en el linaje  real?

Gontrodo era su concubina, pero era la madre de una reina, por lo tanto la Crónica, escrita con un propósito semejante al de las genealogías francas,  buscó enaltecer a nuestro personaje, refiriéndose a ella como “pulchram nimis; et máximo genere Asturianum.” Obviamente, como ya se ha señalado, esto no era exacto. Por otra parte, en la misma historia se relata que viendo los honores alcanzados por su hija mediante el matrimonio con García Ramírez, Gontrodo decidió entregar su vida a Dios. Otra vez el cronista acomoda el relato para cumplir con su propósito: limpiar el linaje de Urraca. Los datos históricos, sin embargo, dicen otra cosa. La amante de Alfonso, Gontrodo, fundó el monasterio de la Vega en 1153, cuando su hija, ya viuda, estaba instalada en el palacio real de Oviedo con una corte a su servicio y dirigiendo el gobierno de la región. Por lo tanto, para la Crónica era necesario resguardar la estirpe desde el momento en que ella, mediante esponsales, irrumpe en la vida política del reino; pero para sustentar el poder en la región qué mejor manera tenía la madre de cumplir su papel y obtener el honor que hasta ese momento se le había negado, que entregándose a la contemplación.

De cualquier forma ya antes de este hecho, en el momento en que su hija reinaba en Navarra, Gontrodo donó bienes que formaban parte de su herencia al convento de San Vicente de Oviedo: la mitad de la villa de Ambás, media heredad en Tegada. Esa donación fue avalada por algunos de sus hermanos y por su propia hija [29] . Luego cedió tierras donadas por el Emperador: la heredad de Entrático, con sus dependencias de Covas, Santa María de Boqueres, San Juan de Stola, Lovio, Melorda y Kamargo, más los siervos pertenecientes a ellas [30] . En ambos documentos aparece la idea de la aceptación y el perdón divino, obviamente como una forma de “limpiar” la ilegitimidad de su concubinato y maternidad.

Con la creación del Monasterio de Santa María de la Vega, y su reclusión en él, completó esa remisión y fue reconocida por ello. En primer lugar la distinción llegó por parte del Emperador, tal vez el más interesado en esa exculpación dados sus planes para con Urraca. Alfonso le donó diversas villas en Asturias y el portazgo de Ollaniego [31] , (fundamental para el sostén de la obra), la pola de Inicio y todos los derechos reales en la Vega [32] . También Fernando II, el sucesor, hizo acreedor al convento y a Gontrodo de numerosas donaciones [33] , pero quien prefirió otros monasterios a quienes confiar bienes y oraciones fue su hija Urraca [34] , probablemente más preocupada de armar su poder personal en la zona, para lo cual necesitaba en mayor medida el favor de los principales señores, que eran los grandes cenobios, antes que la resolución del lugar de su madre y de ella misma dentro del linaje real.

Esta idea de la importancia del linaje femenino a que hacíamos referencia, no pudo haber sido mera influencia cortesana sino algo más profundo, con mayor incidencia social, pues cuando Gontrodo Petri murió –según las crónicas treinta y tres años después de haber entrado en convento [35] , por lo tanto hacia 1185– su hija ya había fallecido 21 años antes y la idea imperial castellana se había diluido bajo los reinados de Fernando y Sancho, pero la noción del pecado redimido [36] y la legitimación del origen a través de la clausura se mantuvieron. El ejemplo más claro de ello lo encontramos en los versos grabados en su lápida. En esa elegía se sostiene que la muerte injusta la igualó a las demás, aunque Gontrodo fue el “espejo de su linaje, de su patria / y de las demás mujeres” [37] . Este verso nos muestra claramente lo señalado: la oración, la penitencia y el retiro de lo terrenal la convirtieron en el espejo en el que debía mirarse no sólo su linaje, sino su patria y todas las mujeres. Pero no solamente ellas debían tomarla como ejemplo sino que la clausura la había llevado a que, según el mismo epitafio “en méritos excedió a su hombre; / dejó al mundo, pasando a morir al mundo, / con la muerte se adquirió vida” [38] . Así puede concluirse que ella era la que sostenía el honor de sus descendientes, más que los logros y hazañas del Emperador. Se había convertido en el pilar de su prosapia.

Evidentemente, el tema del lugar de la mujer dentro de las estirpes se nos presenta como extremadamente atractivo y, a su vez, de una enorme complejidad y subjetividad en la interpretación de los textos, por lo tanto no es un tema cerrado sino un simple esbozo de futuras reflexiones.

Para finalizar, la idea de mostrar a través de la fundación de un convento menor en la historia asturiana, como fue el de Santa María de la Vega, las influencias extranjeras, nos permite ver cómo una sociedad a la que históricamente se consideró aislada, fue en el siglo XII permeable a ideas cuyas huellas encontraremos en los siglos siguientes.

 

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NOTAS:

[1] Fernández Conde,  Javier. “Influencias foráneas y transformaciones en la sociedad asturiana a lo largo del Siglo XII”. Asturiensia Medievalia 5,  p. 111. (vuelve al texto)

[2] Ibíd., p. 112 y 113. (vuelve al texto)

[3] Gutiérrez González, José Avelino. “La dinamización del mundo feudal en los siglos XI-XII: el mundo urbano y las vías de peregrinación”. Orígenes, p. 277-280. (vuelve al texto)

[4] YEPES, Fray Antonio de. Crónica de la obra de San Benito. T. III, Cap. CCXXXVIII, p. 404 -407. (vuelve al texto)

[5] Martínez Vega, Andrés. El Monasterio de Santa María de la Vega. Colección diplomática, p. IX. (vuelve al texto)

[6] Fernández Conde, Javier, ob. cit., p. 117. (vuelve al texto)

[7] Ibíd., p. 117. (vuelve al texto)

[8] Yepes, Fray Antonio de, ob. cit., T. III, Cap. CCXXXVIII, p. 404-407. (vuelve al texto)

[9] Fernández Conde, Javier, ob. cit., p. 117. (vuelve al texto)

[10] Orlandis, José. Estudio sobre instituciones monásticas medievales. Cap VIII, p. 169. (vuelve al texto)

[11] Torrente Fernández. Isabel. El dominio del monasterio de San Bartolomé de Nava, p .33. (vuelve al texto)

[12] Garcia Gallo, Alfonso. El concilio de Coyanza. AHDE; 20: 398 y 580. (vuelve al texto)

[13] Martinez Vega, Andrés, ob. cit., Doc. 7. (vuelve al texto)

[14] Ibíd., Doc. 9. (vuelve al texto)

[15] Ibíd., Doc. 12. Gontro Roderici probablemente fuera sobrina de Gontrodo Petri, hija de su hermano Roderico. Una característica típica de los monasterios dúplices familiares. (vuelve al texto)

[16] Ruiz de la Peña, J.Ignacio. “El feudalismo en Asturias :formación y desarrollo de los mecanismos de poder en los siglos XI al XIII”. En: I Congreso de Estudios medievales, p. 126. (vuelve al texto)

[17] García García, Élida. “El conde Gonzalo Peláez”. Asturiensia Medievalia 2, p. 39-64. (vuelve al texto)

[18] Ruiz de la Peña, J. Ignacio, ob. cit., p. 126. (vuelve al texto)

[19] Ibíd., p. 128. (vuelve al texto)

[20] Ibíd., p. 126-128. (vuelve al texto)

[21] Fernández Conde, F. Javier. “La Reina Urraca. La Asturiana”. Asturiensia Medievalia  2, p. 67-69. (vuelve al texto)

[22] Ibíd., p. 67. (vuelve al texto)

[23] Ibíd., p. 65-77. (vuelve al texto)

[24] Ibíd., p. 77 y 78. (vuelve al texto)

[25] Martínez Vega, Andrés. El monasterio de Santa Maria de la Vega. Doc.  .8 y 9. (vuelve al texto)

[26] Casado Lobato, María Concepción. “¿Un intento de secesión asturiana en el siglo XII?”. Asturiensia Medievalia 3, p. 164, 165, 170 y 171. (vuelve al texto)

[27] Fernández  Conde, F. Javier. “La Reina Urraca. La Asturiana”, p. 94. (vuelve al texto)

[28] Duby, Georges. Las mujeres del siglo XII, p. 46 y 47. (vuelve al texto)

[29] Martínez Vega; Andrés, ob. cit.,  Doc. 2. (vuelve al texto)

[30] Ibíd., Doc 3. (vuelve al texto)

[31] Ibíd., Doc 5. (vuelve al texto)

[32] Ibíd., Doc.6. (vuelve al texto)

[33] Ibíd., Doc. 8 y 9. (vuelve al texto)

[34] Fernández Conde, F. Javier. “La Reina Urraca. La Asturiana”, p. 80- 90. (vuelve al texto)

[35] YEPES; Fray Antonio de, ob. cit., T. III, Cap. CCXXXVIII, p. 407. (vuelve al texto)

[36] Duby, Georges, ob. cit., p. 219. (vuelve al texto)

[37] YEPES, Fray Antonio de, ob. cit., T. III, Cap. CCXXXVIII, p. 407. (vuelve al texto)

[38] Ibíd. La elegía de la lápida de Gontrodo Petri  reza: “Hay muerte justa en demasía, y / no enseñade a perdonar a ninguno. / Si fuera menos justa pudiera / parecer más justa. / Igualas a Gontrodo a los demás / méritos distantes de los suyos / Y dañas siendo menos puesta, / matas a quien debes perdonas. / Ni con todo ello parece, más / mediante Tú revive. No se cae a Gontrodo se esperanza, / que es Dios. / Y el espejo de su linaje, de su patria / y de las mujeres. / Esto hace firme, esto cae, aquello / no está claro. / En méritos excedió a su hombre; / dejó al mundo, pasando a morir al mundo, / con la muerte adquirió vida.” (vuelve al texto)

 

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