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I. INTRODUCCIÓNHildegarda de Bingen, magistra de las letras latinas en territorio de habla germana durante el siglo XII, dejó una indeleble contribución al pensamiento y a las prácticas cristológicas en el mundo occidental, y eso sin contar con su legado en el campo de la Música, Medicina y Farmacia. Con todo, dos siglos antes otra voz femenina de relevante significación ya se tornaba importante.. Rosvita von Gandersheim, a través de su obra teatral, divulgaba y fortalecía la religión cristiana dentro del Imperio Alemán en el siglo X, época en que la educación se impartía casi exclusivamente en el interior de los conventos y monasterios. Con la finalidad de rescatar a este personaje histórico emprendemos la presente investigación, basada en textos de estudio sobre la historia de la Iglesia y la vida religiosa en el siglo X dentro del Imperio Alemán, como también en estudios sobre la literatura en lengua alemana del siglo X, enfatizando el concepto de martirio, en el sentido teológico del término. Pero, ante todo, ¿quién fue esta escritora de obras de teatro del siglo X? II. ROSVITA VON GANDERSHEIM – ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS[1]La primera poetisa alemana Hrotsvit (Roswitha o Rosvita, cuyo nombre viene del antiguo altoalemán Ruhmstarke: Hruod=Ruhm= “fama”, “gloria”; Swinths=stark=”fuerte”) creció durante el auge del siglo otoniano. Nació aproximadamente en 935 y descendía de una familia noble, probablemente de la nobleza sajona. Muy temprano –todavía en tiempos del emperador Enrique I– ingresó en el monasterio benedictino de Gandersheim, donde pasó toda su vida, llegando a alcanzar el título de canonesa. Las hijas de familias nobles frecuentemente escogían esta forma alternativa de vida, para escapar de un casamiento indeseable o bien, impuesto. Después que entregó su vocación al convento pudo, bajo la soberanía de la abadesa, recibir el título de canonesa, lo que significaba, entre otras cosas, poder tener sus propios patrimonios y sus propias criadas. Para las mujeres jóvenes –entre las cuales probablemente se contaba Rosvita- llegar a ser canonisa representaba una oportunidad de participar en la lucha a favor del cristianismo o de mantener una buena condición social sin necesidad de casarse. Al lado de Quedlinburg, Gandersheim era, en tiempo de Rosvita, el convento real más importante de Sajonia; dentro de ellos se desarrollaban los estudios. En lo tocante a literatura, por ejemplo, entre los siglos X y XII hubo un retorno a la literatura en lengua latina en regiones de lengua alemana bajo Otón I el Grande, fundador del Sacro Imperio Romano Germánico, y bajo Otón III, renovador de las culturas alemana y clásica[2]. Uno de los propagadores de la cultura clásica era el hermano de Otón I, Bruno, Duque de Lorena. Gracias al emperador Otón I, Gandersheim ocupó una alta posición cuando por un decreto real alcanzó el título de principado independiente, lo que significaba que todos los habitantes de la ciudad, excepto los criados, pasaran a pertenecer, por nacimiento, a la nobleza. La ciudad pasó a tener autonomía para acuñar monedas, realizar procedimientos judiciales, responder directamente al Papa, sin intermediarios, y aun tener su propio ejército. Además, habría sido usado, inclusive, como palacio del emperador durante un año. En Gandersheim la emperatriz Teofanía trajo al mundo a su tercera hija, Matilde, y dejó guardado su archivo personal. El emperador Otón obtuvo además un privilegio de protección papal para el convento de Gandersheim, que restringía la autoridad del soberano de la diócesis, el obispo de Hildesheim, y aseguraba a las abadesas una mayor autonomía. La canonisa tuvo dos doctas maestras: Rikkardis[3] (Ricarda) y Gerbig (Gerbiga), hija de Heinrich von Bayern y sobrina del emperador Otón I, quien en 959 se convirtió en abadesa del convento. Como maestra, acompañó a Rosvita, leyó con ella los clásicos de la Antigüedad e incentivó a la joven poetisa. El poeta romano Terencio se convirtió en modelo y maestro para Rosvita. Con su obra Rosvita formó su espíritu, su estilo y su latín. Además, en Gandersheim Rosvita tenía a su disposición una importante biblioteca. La poetisa escribió obras que están marcadas por una profunda cultura clásica y una formación formal.[4] Se desconoce la fecha de muerte de Rosvita, estimándose que habría sido aproximadamente en 975. Se la representa con sus ropas de canonesa, una cruz, un libro y una pluma. Su conmemoración es el 5 de septiembre. Los relatos de Rosvita apuntan siempre al esplendor del nuevo reino cristiano y su líder, teniendo la poetisa una profunda comprensión de los problemas del mundo y del alma humana. Su obra incluye tres tipos de trabajos. En latín escribió ocho leyendas, seis piezas de teatro y dos épicas. Rosvita creó las leyendas a partir de las Sagradas Escrituras, de los Evangelios apócrifos o de las historias de los santos. Las piezas de teatro fueron redactadas a partir del modelo del escritor romano Terencio. Tratan de la victoria de la fe y de la pureza sobre el poder y la seducción. Se trata de comedias morales: Gallicanus (Galicano), Dulcitius (Dulcicio), Callimachus (Calímaco), Abraham (Abrahám), Paphnutius (Pafnucio) y Sapientia (Sabiduría). No se sabe si tales esbozos dramáticos fueron representados alguna vez, si los escribió sólo como ejercicio literario utilizado para distracción de sus compañeras de convento, o si tuvieron un mayor público, con una escenificación propiamente dicha. Es posible que hayan sido realmente representadas, incluso las piezas con papeles infantiles, porque en su época las niñas eran enviadas a los conventos para su educación. Por ejemplo, en la obra Sapientia, en la que Rosvita se ha preocupado por escribir los textos de acuerdo a la edad de los personajes: las niñas más pequeñas (los personajes infantiles tenían 8, 10 y 12 años) recibían menos texto, más corto y más fácil. Rosvita admiraba a Terencio en el aspecto formal, mas los temas “indecentes” del poeta pagano, demasiado vanos e inmorales para ella, llevaron a la poetisa a “reformular” la temática, copiada del comediógrafo pero presentando valores cristianos. Como la propia Rosvita lo dice:
Ella pone los personajes viles y sinvergüenzas de Terencio al lado de las sagradas vírgenes, los mártires y los piadosos eremitas que contribuyen a su edificación. Los protagonistas siempre ganan la disputa contra los bien presentados paganos o la lucha contra los vicios del mundo. Según la Enciclopédia Verbo Luso-Brasileira de Cultura (Editorial Verbo, 2000), sus tentativas de crear dramas cristianos en Alemania no encontrarán continuidad hasta el humanismo. Sus dos obras épicas tratan temas históricos: la primera, Gesta Oddonis, relata la actuación de Otón I, y no está considerada una de las mejores obras de Rosvita, pues la autora carecía de las herramientas necesarias para escribir un poema épico convincente[5]; pero vale como una extraordinaria investigación sobre la dinastía otoniana. Los Primordia Coenobii Gandersheimensis, su segunda obra épica, narra la historia de la fundación del convento de Gandersheim. Rosvita consideraba difícil para una mujer componer, a causa de la métrica. Esperaba que la Divina Providencia la ayudase, mas cuando recibió el encargo de escribir los Gesta Oddonis acabó por procurarse la ayuda de su maestra, la abadesa Gerbig. Ella confiesa que durante mucho tiempo escribió en secreto, llegando muchas veces a destruir lo que había escrito:
La obra de Rosvita revela una personalidad atrayente, mas limitada por su incapacidad para trabajar sin la rigidez derivada de los métodos clásicos, que copió de Terencio[6]. La “voz fuerte de Gandersheim”, como se autotitulaba, intentó adoptar nuevas ideas y sensibilidades adaptándolos a un modo de expresión más antiguo y más rígido, pero su esfuerzo no tuvo éxito total, y tampoco llegó a hacerse famosa. Parece haber tenido poca influencia durante la Edad Media, no obstante que sus obras fueran copiadas, no obstante sin ser atribuidas a nadie. El simbolismo está presente en la obra de la canonesa. En Dulcitius, por ejemplo, Rosvita trabaja con el elemento del fuego, que es usado por Sisinio, bajo las órdenes del emperador Diocleciano, para matar a Ágape y a Quionia. El fuego, aquí, puede representar el juicio de Dios, como también su grandeza y la fuerza de la castidad. En otra obra de Rosvita, Sapientia, los mártires pasan entre hogueras y aceite hirviendo y salen con sus cuerpos ilesos, mostrando la superioridad de su fe en relación con la de sus perseguidores. Aquí también encontramos elementos ligados al fuego, al dolor y al sufrimiento físico. Los dos últimos estarán presentes en todas las historias que tienen como protagonistas a santos tentados por el Mal. Rosvita se inspira en vidas de santos y mártires de la Iglesia para componer sus piezas teatrales. En Paphnutius tenemos la historia de la conversión de la meretriz Tais. Ésa fue la leyenda que mayor popularidad tuvo en la Edad Media. Originalmente compuesta tal vez en el siglo V, fue traducida al latín en el siglo VI. Rosvita la dramatizó juntamente con otra historia, la de María, sobrina de un eremita, que al ser seducida por un hombre, se vuelve meretriz y posteriormente es rescatada de la vida secular por el eremita, a fines del siglo X. El modelo de mujer que lleva a la perdición a diversos hombres debido a su belleza, y que es convertida por un hombre santo (en ambos casos, un eremita) era bastante común y ejercía gran influencia, en cuanto ejemplo de la tentación vencida. “Las conversas ofrecen a los cristianos un ejemplo de redención a través de una penitencia dura y continua, que permite cancelar las culpas de la vida pasada”[7]. Ya en el siglo XX se sumaron cuatro manuscritos a su obra, reunida en una amplia colección copiada poco después de su muerte y descubierta a fines del siglo XV por un humanista alemán en el convento de S. Emmerano, en Regensburgo, donde la abadesa, amiga de Rosvita, se había educado. III. CONSIDERACIONES SOBRE EL MARTIRIO CRISTIANO[8]La palabra “mártir” proviene del griego μάρτυρ – mártyr o, en latín eclesiástico, martyre y significa “testimonio”. En los primeros tiempos del Cristianismo fue utilizada para señalar a los Apóstoles y a los primeros discípulos que derramaron su sangre para dar testimonio de su fe. Posteriormente, el término fue utilizado para designar a todos los cristianos que prefirieron la muerte a renegar de su creencia, especialmente en la época del Imperio Romano, en la cual Rosvita ambienta sus piezas teatrales, pues los cristianos rechazaban los dioses del Imperio Romano y el culto del emperador, ya que para ellos había un solo Dios y a ningún otro podrían adorar. La mayoría de ellos no aceptaba eso: antes sufrir y morir que no proclamar públicamente al único Dios y su Hijo Jesús. En el lenguaje eclesiástico, la palabra “martirio” se refiere, pues, al testimono de la verdad cristiana, sellada con la sangre, incluso con el sacrificio de la propia vida. Acontecía a veces que algunos cristianos torturados derramaran su sangre, mas no murieran. A esos cristianos, con veneración, la Iglesia les confería el nombre de confessores. Ellos tenían en la Iglesia un puesto eminente, imponían las manos y, en algunos lugares, tenían el poder sacerdotal sin necesidad de ordenación: eran los mártires aún vivos, lo que era visto como una gracia de Dios para su pueblo. El mártir, para la Iglesia, sería aquel que, siguiendo el ejemplo de Cristo, mártir por excelencia, es capaz hasta de derramar su propia sangre, dando su vida en nombre de lo que cree. Para los primeros cristianos, ser mártir (y santo) era morir no sólo pCr cristo, sino como Cristo, además de ser el acto de caridad más perfecto. Hoy en día, la Iglesia adoptó un nuevo tipo de martirio en el que no hay derramamiento de sangre – es el martirio-testimonio de toda una vida dedicada a la fe. La opción de llevar una vida cristiana perfecta tiene algo de martirio: la perseverancia en el bien, la aceptación de las afrentas, la dedicación a los pobres y a los que sufren. Un enfermo que acepta la cruz del dolor cotidiano vive una especie de martirio en su identificación con Cristo crucificado. De esta manera el ideal del martirio se extiende a todos los estados de vida: religiosa, matrimonial, apostólica, profesional. El misionero que vive sin miedo el peligro de persecución, es un mártir. La madre y el padre de un hijo deficiente, en su generosidad y paciencia, viven un martirio. Es mártir también el joven que, con firmeza, da testimonio de su fe en un ambiente hostil. III. 1. Sobre las condiciones del martirioLa Iglesia Católica establece tres condiciones principales para que el martirio sea considerado verdadero: 1.- Que se sufra verdaderamente la muerte corporal – la vida es el mayor bien natural del hombre. Luego, dar la vida por Cristo es la mayor prueba de amor a Él. Aquel que conserva la vida del cuerpo todavía no demostró de modo absoluto que desprecia todas las cosas terrenas por amor a Cristo. Aquellos que sufrieron tormentos por la religión cristiana, mas no hasta la muerte, no pueden ser llamados mártires en el sentido perfecto y completo del término. La Iglesia no denomina mártires sino a aquellos que murieron por Cristo, y reserva el título de confesores para quienes sufrieron el exilio, la prisión, la pérdida delos bienes, e incluso la tortura para confesar su Fe. 2.- Que la muerte sea infligida por odio al Cristianismo – la
Fe cristiana exige no sólo la adhesión interior a las
doctrinas, sino también la profesión externa, por medio
de palabras y de actos, mediante los cuales se demuestra la propia
fe. Todos los actos virtuosos, por referirse a Dios, son de algún
modo profesiones de fe. Por ello, no sólo la fe puede sr causa
de martirio, sino toda virtud, en tanto se relacione con Dios. 3.- Que la muerte sea aceptada voluntariamente – un
adulto que es muerto durante el sueño, por odio a la Fe, normalmente
no es un verdadero mártir. Todavía muchos autores enseñan
que un adulto que ha abandonado todo para seguir a Cristo, y cuando
está durmiendo es asesinado por los enemigos de la Religión
por odio a la Fe cristiana, es un verdadero mártir, porque en
su entrega total estaba implícita la aceptación voluntaria
de todo lo que viniera como consecuencia de esa entrega, inclusive
la muerte. En las causas de beatificación y canonización de los mártires son examinados todos esos elementos. Una vez comprobados, se dispensa el examen de la heroicidad de las virtudes y, algunas veces, también la prueba complementaria de los milagros, pues derramar su sangre por Cristo ya es la síntesis de todas las virtudes heroicas. Para la Iglesia tampoco interesa el pasado del mártir, lo importante es el momento decisivo del martirio. De esta manera, un santo mártir no es aquel que vive heroicamente la Fe, sino el que heroicamente derramó su sangre en nombre de su Fe. Puede haber sido un gran pecador, hasta un mal ejemplo, pero si aceptó el martirio, mostró amor heroico y perfecto por su religión. III. 2. Los efectos del martirioEl martirio es considerado la gran prueba de fe entre los católicos, pues produce efectos indispensables para la salvación del individuo. A continuación distinguimos algunos de esos efectos: 1 – Justifica al pecador – el martirio confiere el estado
de gracia al pecador, sea adulto o niño. Para el adulto, es
preciso que venga unido al menos a una atrición o contrición
de los pecados cometidos. En la aceptación voluntaria de la
muerte por amor a Dios o a la virtud ya está implícito
el dolor por los pecados. 2 – Destruye la culpa venial y la pena temporal de todos los pecados –siendo un perfecto acto de caridad, el martirio destruye en los justos, o sea, en los que están en estado de gracia, toda la culpa venial y toda la pena temporal adeudada por los pecados pasados. 3 – Produce un aumento de gracia y de gloria – el martirio confiere asimismo a los justos un notable aumento de gracia y de gloria. 4 – Merece especial recompensa después de la muerte – finalmente,
el martirio merece una recompensa especial post mortem, correspondiente
a una privilegiada victoria. IV. EL MARTIRIO EN LA OBRA DE ROSVITA
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