2. Las escuelas urbanas y los maestros

 

2.1. Las escuelas urbanas canalizan la cultura surgente, con sus diversas problemáticas, sus maestros, sus obras y sus novedades.

2.1.1. La escuela de Chartres: esta escuela catedralicia se caracteriza por su orientación hacia los estudios científicos (el quadrivium), sin que ello significara el descuido de los saberes humanísticos (el trivium). La curiosidad, la observación, se dirigen a la naturaleza que describen –fenoménicamente hablando–, para luego construir racionalmente el conocimiento científico. Porque, según dice Le Goff, para ellos "la naturaleza es también el cosmos, un conjunto organizado y racional [...], una urdimbre de leyes cuya existencia hace posible y necesaria una ciencia racional del universo"(11). El Timeo de Platón (17a-53c) –en traducción y comentario de Calcidio, la traducción incompleta de Cicerón y las abundantes referencias en el Comentario sobre el sueño de Escipión, de Macrobio– provee inicialmente la inspiración y el sustento platónicos para las obras de carácter cosmológico, en tanto las traducciones de tratados árabes sobre medicina, astronomía y astrología y matemáticas permiten el progreso de las ciencias naturales. Por otra parte, el progreso del conocimiento, unido a la mayor frecuentación de la obra lógica de Aristóteles (en traducciones de Boecio pero también de los árabes(12)), dan a los chartrianos la medida del poder de la razón humana y la consiguiente centralidad del hombre (microcosmos) con respecto al mundo (macrocosmos).

Algunos de sus maestros: Bernardo de Chartres (maestro entre 1114-1119; canciller entre 1119-1124); Gilberto de Poitiers (discípulo de Bernardo en 1117; canciller entre 1124-1141, año en que pasó a enseñar en París y fue maestro de Juan de Salisbury; obispo de Poitiers en 1142); Teodorico (Thierry) de Chartres (hermano de Bernardo, maestro en Chartres entre 1121-1134; en París en 1140; volvió a Chartres como canciller en 1141 hasta 1150, teniendo como alumnos a Hermann el Dálmata y a Juan de Salisbury); Guillermo de Conches (discípulo de Bernardo, enseñó en París hacia 1122 y tuvo como alumno a Juan de Salisbury); Bernardo de Tours (Bernardo Silvestris. Canciller en Chartres hacia 1156).

[La escuela de Chartres, con sus inquietudes científicas y el acento puesto en los temas cosmológicos -en especial la concepción de macro y microcosmos- tendrá una notable influencia en la obra de Hildegarda. Por otra parte, es justamente sobre una tesis de Gilberto de Poitiers –cuestionada en el concilio de Reims–, que será consultada por Odo de Soissons, quien ya conocía su obra musical en París, y tenía noticias de su primera gran obra Scivias y de la aprobación que mereciera del pontífice Eugenio III.]

2.1.2. La escuela de San Víctor: en París esta escuela, formada por los canónigos regulares de la abadía de San Víctor –escuela claustral–, manifiesta su predilección por las disciplinas que configuran el trivium, al tiempo que sobresale por su dedicación tanto a los escritores de la Antigüedad clásica cuanto a los Padres de la Iglesia. Humanista en los estudios, agustiniana en su concepción del mundo, sus maestros se caracterizan por una vida espiritual que impregna toda su obra, logrando un atinado equilibrio entre piedad y razón.

Maestros destacados: Guillermo de Champeaux (maestro en la escuela catedralicia de Notre-Dame entre los años 1103-1108, donde tuvo por discípulo y contrincante a Abelardo; iniciador del movimiento espiritualista en San Víctor, entre 1108-1113; obispo de Chalons sur Marnes hasta su muerte en 1121, confirió a San Bernardo la ordenación sacerdotal); Hugo de San Víctor (discípulo de Guillermo de Champeaux, maestro a partir de 1125, canciller a partir de 1133 hasta su muerte, en 1141); Ricardo de San Víctor (discípulo y sucesor de Hugo, subprior en 1157 y luego prior desde 1162 hasta su muerte, en 1173); Gualterio de San Víctor (sucesor de Ricardo como prior, murió hacia 1179); Godofredo de San Víctor (luego de sus estudios en la escuela del Petit-Pont de París, entre 1140-1150, ingresó en San Víctor hacia 1160, donde fue alumno de Ricardo).

2.1.3. Las escuelas de París: son la escuela de Adam de Balsham y los adamitas o parvipontani (la escuela estaba próxima al Petit-Pont); la escuela catedralicia de Notre-Dame y la escuela de la abadía de Santa Genoveva, en todas las cuales se estudiaba con gran dedicación el trivium, la cultura clásica y la teología. Pero el astro que brillaba con fulgor propio y creciente era la dialéctica –conocimiento filosófico y arte de la discusión–, palestra de grandes justas en la vida parisina del siglo XII, entre las que destaca la querella de los universales.

Entre los maestros que sobresalieron en estas escuelas recordamos a: Guillermo de Champeaux; Pedro Abelardo (alumno de Guillermo en la escuela de Notre-Dame, y de Anselmo en Laon; enseñó en Melun, en Corbeil y luego en Notre-Dame y en Santa Genoveva, en París, entre otros lugares); Roberto de Melun (Roberto de Hereford. Sucedió a Abelardo –con cuya posición mantenía serias divergencias, pero también dependencia– en la cátedra de Santa Genoveva, y fue maestro de Juan de Salisbury, entre 1131-1137); Alano de Lille (representante de la escuela porretana –Gilberto de Poitiers–, fue maestro en la escuela de Santa Genoveva, entre 1170-1180; ingresó luego en el Cister, donde murió en 1203); Pedro Lombardo (1100-1160. Realizó sus estudios en Bolonia, Reims y París, lugar este último donde se desempeñó como maestro, en la escuela catedralicia de Notre-Dame; en 1159 fue nombrado obispo de París).

2.2. Los maestros: nos referimos no sólo a quienes lo fueron desde la cátedra (mencionados en las escuelas), sino también a quienes lo fueron a través de su obra escrita.

2.2.1. Honorio de Autun (1090-1152): sacerdote y maestro en la escuela de Autun, se retiró posteriormente a un monasterio benedictino –la abadía de Saint-Jacques– cerca de Ratisbona (sur de Alemania), donde escribió numerosas obras, en las que se muestra buen compilador. Tuvo gran difusión durante el Medioevo. Obras: Elucidarium (una enciclopedia religiosa)(13); Speculum Ecclesiae; Neocosmos de primis sex dierum; Imago mundi, de dispositione orbis; Scala caeli maior, de gradibus visionum, seu de ordine cognoscendi Deum ex creaturis; Scala caeli minor, seu de gradibus caritatis; De animae exsilio et patria sive de artibus(14), etc.(15)

[El pensamiento de Honorio de Autun presenta puntos de alguna manera coincidentes con el de Hildegarda; en muchos aspectos platónico y neoplatónico, y en otros de sorprendente actualidad en cuanto a los planteos.]

2.2.2. Juan de Salisbury (1115-1180): estudió en Chartres y en las escuelas de París, con los maestros más famosos de su tiempo. Fue secretario de Teobaldo, arzobispo de Cantorbery; consejero del Papa Adriano IV; secretario de Tomás Becket y desterrado luego del asesinato del arzobispo; obispo de Chartres en 1776 hasta su muerte. Obras: Entheticus, sive de dogmate philosophorum (colección de epigramas filosóficos, a modo de resumen de la filosofía grecorromana); Polycraticus (tratado de derecho político y teoría del Estado); Metalogicon (apología de las artes liberales contra los cornificios), etc.

[Juan de Salisbury conoció y apreció en París algo de la obra de Hildegarda, y escribe pidiendo otras obras que desea estudiar. París conocía, al igual que Colonia y muchas otras importantes ciudades, la producción de la abadesa de Bingen.]

2.2.3. Otón de Freising (1111-1158): nieto de Enrique IV, medio hermano de Conrado III y tío de Federico I Barbarroja, estudió en las escuelas de París (fue alumno de Abelardo, Gilberto de Poitiers –por quien siempre manifestó gran aprecio– y Hugo de San Víctor, entre otros), ingresó luego en el monasterio cisterciense de Morimond y fue consagrado obispo de Freising (sur de Alemania) en 1137. Al decir de Fraile(16), introdujo en Alemania el método dialéctico vigente en París, y fomentó el estudio de Aristóteles (la Logica nova, esto es, los Topica y Analytica) en la escuela catedralicia de Freising. Obras de carácter histórico: Gesta Friderici imperatoris; Chronicon sive Historia de duabus civitatibus.

[Ésta puede haber sido una importante influencia en la cultura germana de la época, y de Hildegarda y sus interlocutores por lo tanto.]

2.3. La reacción monástica ante la cultura urbana

2.3.1. La reacción ante la cultura urbana: está encarnada fundamentalmente por los cistercienses.

En efecto, los monjes blancos estaban abocados no sólo a una reforma monástica acorde al espíritu del Papa Gregorio VII, sino también a la sistematización de la mística y a la producción de una literatura de edificación (son señeras al respecto las figuras de San Bernardo de Claraval, Pedro el Venerable y Aelredo de Rievaulx, entre otros), todo lo cual poco o nada tenía en común con los intereses de la escolástica. No se trata de una oposición al estudio, ni al saber –los grandes representantes de la cultura monástica de entonces eran personas muy cultas–, pero sí a la importancia dada por los escolásticos a los estudios seculares, y a la prosecución de los mismos como fin. Por otra parte, también estaba en juego la reivindicación del conocimiento por vía de fe y de autoridad frente a una razón dialéctica que pugnaba por abrirse paso, cada vez más, incluso en el saber teológico (que resultaba así equiparado a las artes liberales). Es en este ámbito que se inscribe la famosa polémica entre San Bernardo y Abelardo, y también las impugnaciones y las condenaciones promovidas por San Bernardo y por Guillermo de Saint-Thierry contra Gilberto de Poitiers, Guillermo de Conches y otros. No es ajena a la actitud de los cistercienses la novedad aristotélica, aportada y trabajada por los pensadores árabes y judíos, y la literatura amorosa de la época, que comienza a instalarse en algunas escuelas como la de Orléans.

2.3.2. La resistencia a la filosofía: ya sea entendida como un método de trabajo, ya sea como la aplicación generalizada de conceptos y categorías propios de ese saber a todo saber (y específicamente a la teología), la filosofía es resistida –o muy desconfiada al menos– también por maestros de diversos ámbitos religiosos.

Mencionamos, entre otros, a Bruno de Segni(17), Ruperto de Deutz (abad de Saint Laurent, de Lieja)(18), Gerhoh de Reischersberg(19), Pedro de Celles (abad de Moutier-la-Celle y obispo de Chartres)(20), Felipe de Harvengt (abad de Buena Esperanza)(21) y otros(22).


NOTAS:
(la referencia bibliográfica se encuentra en la última parte de "Contexto")

11. Le Goff, J., ob. cit., p. 60. (vuelve al texto)

12. No tardarán los maestros chartrianos en sentir la necesidad de conocer el griego, y también el árabe, para la más fiel comprensión de los textos. Así, entre los primeros traductores de la obra greco-árabe se contarán dos discípulos de Chartres: Adelardo de Bath (1070-1142) y Hermann el Dálmata o de Carintia (fl. 1143). (vuelve al texto)

13. Jacques Paul señala su influencia en Hildegarda de Bingen (ob. cit., p. 182). (vuelve al texto)

14. El exilio del alma es la ignorancia, de donde sale para dirigirse a su patria, que es el saber, atravesando en el camino diez ciudades: Gramática (gobernada por Donato y Prisciano); Retórica (Cicerón); Dialéctica (Aristóteles); Aritmética (Boecio); Música (Boecio); Geometría (Arato); Astronomía (Hyginio); Física o Medicina (Hipócrates); Mecánica (Nemrod, Salomón, Noé); Economía. (vuelve al texto)

15. Ver Fraile, G. Historia de la Filosofía II, p. 408ss. (vuelve al texto)

16. Ob. cit., p. 540. (vuelve al texto)

17. Sent. IV c.1, De Sancta Trinitate. PL 165, 477. (vuelve al texto)

18. De Trinitate et operibus eius. De Spiritui Sancto. VII 10. PL 167, 1764; 1773-1774; 1777-1778. Ver Fraile, ob. cit., p. 553-554. (vuelve al texto)

19. Fraile, ob. cit., p. 554-555, nota 9. (vuelve al texto)

20. Ibíd., p. 555. Ver también Fraboschi, Azucena Adelina. Crónica de la Universidad de París y de una huelga y sus motivos (1200-1231), p. 10. (vuelve al texto)

21. Ibíd., p. 10-11. (vuelve al texto)

22. Ver Fraile, ob. cit., p. 556-558. (vuelve al texto)