HILDEGARDA
Y LAS BEGUINAS.
UNA HISTORIA LEJANA Y ACTUAL
MARÍA
RAQUEL FISCHER
(CONICET)
Si
imaginamos el siglo XXI como el territorio en que comenzamos a vivir,
hay que analizarlo, sembrado de proyectos, verlo como escenario de la
vida y de una sana convivencia entre las personas. De ahí también nuestra
responsabilidad para que en él sea posible algún grado de felicidad,
y se la pueda desear interminable [1] . Ahora bien, tal actitud
pide una recuperación de la realidad que comienza por mirar la historia
y recoger aquel pasado que pertenece a la vida humana y que nos ayuda
a recorrer el largo camino hasta la actualidad y, al mismo tiempo, nos
enfrenta con el futuro. Por lo tanto mirar la historia es remitirse
inexorablemente al porvenir.
En esta línea que une
la memoria con la esperanza quisiera abordar algunas formas religiosas
que si bien pertenecen a la época medieval, han influenciado en la modernidad,
y hoy reaparecen con nueva vigencia en nuestro patrimonio cultural.
Se trata en especial de aquellas mujeres que alimentaron su talento
espiritual con las entrañas de la vida y desarrollaron una sensibilidad
que les permitió comprender de un modo creativo su propio tiempo. En
todas ellas el saber se hizo servicio a los hermanos. Y si hoy la memoria
las tiene en cuenta es justamente porque dan testimonio de un fortalecimiento
en el amor que surge de la convicción que también al pensar le vale
la pena dar la vida.
Hildegarda de Bingen (1098–1179) es una
de las primeras mujeres medievales que ha contribuido a la orientación
del porvenir y a que se vean algunas cosas más claras, pero también
una invitación a seguir pensando lo que aún falta en la historia de
la mujer.
I. Su vida
Educada en la comunidad benedictina de Disibodenberg, funda más tarde un convento
cerca de Bingen. Fue una mujer de gran penetración espiritual y artística,
y a pesar de su precaria salud, supo llevar a cabo la misión profética
a la cual se sentía llamada [2] : Allí donde se encuentra el saber
interior y la unción que enseña todas las cosas, ¿qué necesidad hay
para nosotros de prevenir? [3]
Su fama se extendió por el mundo entero; atendía a enfermos física y espiritualmente.
Mantuvo correspondencia con cuanta persona notable hubo
en su tiempo [4] . Animosa e imperturbable, ya casi
a los ochenta años defendió a su convento contra las prohibiciones de
recibir los sacramentos y de cantar el oficio divino, por la desobediencia
de enterrar en suelo consagrado a un joven excomulgado, pero reconciliado
finalmente con la Iglesia
[5] .
II.- Su obra
Para poder comprender su forma de pensar, es necesario tener en cuenta que pertenece
a una época en que no se había agudizado todavía la distinción de la
gran escolástica entre filosofía y teología, y en segundo lugar la revelación
bíblica era el punto culminante de toda reflexión filosófica la cual
a su vez no era entendida al modo moderno sino como un pensar acerca
del ser, los órdenes de la existencia, lo divino, Dios, la eternidad
y el tiempo [6] . Hildegarda
es llamada la “sibila renana” del siglo XII
[7] . Conocía perfectamente el libro De Consolationibus
de Boecio, de tal manera que podía recrear pasajes enteros del mismo
a voluntad. Conocía también las obras de S. Agustín, e indirectamente
es posible que tuviera conocimiento de los diálogos platónicos, especialmente
del Timeo. Escribió libros de historia natural y medicina: Physica
o Libro de las medicinas simples;Causae et curae o Libro
de las medicinas compuestas. Concibió un glosario: lenguaje ignoto
de 900 nombres inventados de 23 caracteres donde nombra a seres terrenales
y celestes, tal como hubieron sido nombrados en el paraíso. Poetisa
y compositora, dejó alrededor de 77 cantos. Su obra profética está constituida
por un tríptico visionario: Scivias, Liber vitae meritorum,
y Liber divinorum operum. La forma de estos textos consiste
en describir la visión y escuchar la palabra que la interpreta. Las
miniaturas acompañan pictóricamente lo que se ha presentado a la visión
interior. De ahí que se llame a la obra de Hildegarda una “Suma Teológica
en imágenes” [8] . De
su obra quedan fragmentos autobiográficos insertos en la biografía.
Hildegarda muere en Rupertsberg el 17 de septiembre
de 1179 [9] .
III.- La estructura del conocimiento
religioso [10]
Hildegarda sigue la tradición de la teología medieval de la experiencia, que
pone en ejercicio tanto los sentidos interiores del alma cuanto el movimiento
amoroso que la impulsa a autotrascenderse.
Las experiencias visionarias muestran la condición peregrina de la existencia: somos
itinerantes, por eso estamos dotados de una facultad de discernimiento
que evita la dispersión del espíritu, un alegre saber de la vida, llamado
discretio. Por oposición está la figura del vagabundo, del errante
que no sabe a dónde va ni por dónde va, negándose a descubrir la razón
de su inestabilidad. La discretio en cambio, tiene esa sensibilidad
para con la vida que deja resonar el todo del universo en la inefabilidad
del individual concreto. Se trata de un conocimiento en equilibrio,
en donde el hombre sabe por relación a la totalidad. Todo saber fuera
de los límites produce un desequilibrio tanto en la historia cuanto
en la naturaleza de los elementos [11] .
En el cosmos simbólico de Hildegarda la semejanza constituye
la forma vinculante del universo [12] . La enfermedad por ejemplo no es
tanto un alteración patológica cuanto una interrupción de la corriente
vital que circula por la buena creación [13] . El restablecimiento viene por la
simpatía, el acompañamiento y la compasión con el que sufre. Veriditis
es lafuerza germinante y creadora que lleva a plenitud los diseños
de la semejanza. Es el color verde en tanto principio de vida, crecimiento
y fertilidad que sale del poder creador de Dios. El alma es la potencia
verdeante del cuerpo.
En Causae et curae hace la descripción de la creación del varón y la
mujer, y es esta fuerza irradiante procedente de Dios la que fecunda
en amor mutuo: Cuando Adán miró a Eva, quedó lleno de toda sabiduría
(...) Y cuando Eva miró a Adán le vio como si mirara hacia el cielo,
lo mismo que el alma que desea los bienes celestiales se vuelve
hacia lo alto (...) [14]
IV.- La celebración cósmica en lo que sería hoy
la culminación de un movimiento ecológico
La existencia itinerante se cumple en el final de la historia como una celebración
en la que resuena el canto sinfónico de los ángeles y de los hombres.
Ciertamente Hildegarda tiene una experiencia personal y comunitaria
de los misterios de Dios. [15]
“Viendo” esta restauración, la describe así: el fuego brilla sin quemar,
como la aurora, el aire resplandece en toda su transparencia, el agua
es clara y tranquila sin desbordamiento ni devastación y la tierra aparece
fuerte y plana, sin fragilidad ni defecto. Todo es calma y belleza...
la noche ha terminado... Las tinieblas de la noche no volverán a levantarse
y el día no terminará [...] La voz de una multitud, canta sinfónicamente
la alabanza de los lugares celestiales. Se trata de una visión en
plenitud pero dentro de la experiencia del extrañamiento en esta vida
y de la patria, inalcanzada aún, del más allá.
Hoy a pesar de nuestra distancia, hay algo que parece elevar a esta mujer por
encima de su época, como si su experiencia pudiera de pronto abandonar
esa alteridad tan lejana e imposible de aquel siglo XII, para instalarse
instructivamente en este comienzo del siglo XXI.
Las beguinas (XIII-XIV):representan
una nueva forma de piedad, ligada a la mística renana-flamenca pero
que de algún modo continúa la línea espiritual inaugurada por Hildegarda.
V.-
Características generales de las beguinas
La vida de estas asociaciones de
mujeres estaba ligada desde la perspectiva religiosa a las abadías benedictinas
y cistercienses, pero simultáneamente prestaban servicio en hospitales
y leprosarios donde rezaban y cumplían tareas manuales. Los enfermos
y moribundos contaban con su compañía; eran mujeres muy piadosas, pero
con un criterio de religiosidad más amplio que la de los conventos de
aquel entonces, restringidos a la clase alta.
Su origen se remonta al siglo XII
en la diócesis de Lieja, más tarde se extendieron por los distritos
cercanos al norte
de Francia, Flandes y sur de Alemania. Se las llamaba mulieres sanctae,
hacían votos de castidad y tenían su director espiritual, por lo
general un cisterciense. Conservaban derecho a la propiedad y trabajaban
para mantenerse. Pero como no hacían votos solemnes, podían en cualquier
momento abandonar la asociación para casarse. La mayoría no eran monjas,
pero tampoco eran laicas comunes. Se atrincheraban en las comunidades
urbanas y se dedicaban a la confección de ropa, tarea que despertó los
celos de los gremios que las veían con recelo puesto que gozaban de
libertades que a ellos se les negaban.
El movimiento creció notablemente
en los siglos XII y XIII con gran cantidad de mujeres casaderas en los
Países Bajos, en parte porque las cruzadas dejaron viudas a muchas de
ellas, o bien porque los varones preferían alquilarse como bandoleros
o mercenarios. Además muchas familias permitían el casamiento de una
sola hija mujer para que el patrimonio no se dividiera y el hijo mayor
lo conservara entero. También había mujeres que preferían la devoción
laica y era por propia decisión el quedar solteras. Por el hecho de
que a los conventos tuvieran acceso sólo las mujeres de clase más alta,
y como había muchas mujeres que no tenían bienes ni linaje suficiente,
las beguinas fueron la respuesta a una necesidad real. El desempeño
de tareas manuales no negaba la fecundidad intelectual, la pasión por
enseñar y el uso de la lengua vernácula. El amor cortés debe a la mediación
de las beguinas su transposición al dominio del espíritu; pero
sin dejar de ser el amor a Dios también servicio al hermano. Muchas
de ellas fueron alabadas, otras condenadas; por ejemplo Matilde de Magdeburgo
fue una beguina, mística sobresaliente del siglo
XIII [16] , en el otro extremo Margarita de
Porete, una beguina de Hainault, fue condenada a muerte y llevada a
la hoguera en París en 1310.
VI.- Algunos casos históricos
María de Oignies fue una de las grandes
beguinas no sólo por su santidad sino por la enorme influencia que tuvo
sobre Jaime de Vitry, uno de los grandes predicadores del siglo XIII
y obispo de Acre, amigo de papas y más adelante cardenal y miembro de
la curia. No sólo escribió la vida de María sino que hizo mucho para
que en adelante esta espiritualidad fuera aceptada y respetada
por los papas [17]
. Las beguinas fueron objeto de sospechas sobre todo porque
no estaban sujetas al clero parroquial, ni a estructuras jurídicas estables.
No siempre contaron con protectores tan ortodoxos como Luis IX de Francia
y las condesas Juana y Margarita de Flandes. La creciente desconfianza
de las jerarquías ante la pobreza predicada por San Francisco y los
primeros franciscanos, el deseo de controlar la creciente devoción laica
y las posibles formas de herejía, se aliaron en contra de las beguinas.
Cuando no se podía probar que no eran herejes, se las acusaba de holgazanería
y de ejercer la medicina ilegalmente. El punto máximo de crítica se
alcanzó con Clemente V en el concilio de Vienne de 1311, que condenó
todo el movimiento bajo pena de excomunión. Había una excepción hecha
a las que vivieran juntas en un hospicio y se dedicaran a la penitencia,
lo cual salvó a la mayor parte. El sucesor de Clemente, Juan XXII se
hizo eco de este movimiento especialmente por el entusiasmo de las autoridades
eclesiásticas de los Países Bajos y fue un ferviente
admirador de las mismas [18] .
En conclusión estas mujeres existieron
a lo largo de toda la Edad Media; en Francia con la guerra de los cien
años el campo se hizo muy peligroso por las bandas de indeseables y
alguna campaña militar con lo cual los retiros no fueron seguros. Casi
cuatro siglos después Durero el pintor que asistía a la procesión en
Amberes en 1520, mencionaba a un grupo de viudas, muchas de la nobleza,
que vivían del trabajo de sus manos y tenían una regla especial. Hoy
las beguinas de Brujas han sobrevivido al tiempo y muestran que esta
asociación de mujeres es un refugio útil, respetado y necesario para
muchas mujeres [19] .
VII.-
Su aporte al patrimonio cultural religioso
Estas mujeres representan en la
historia de la cristiandad femenina en primer lugar un anticipo de integración
entre la razón prisionera de sí misma y la inteligencia
del misterio [20] , en segundo lugar
una síntesis entre la orientación interior que empuja al alma a la simplicidad
del Ser divino y el servicio al hermano como expresión de pobreza evangélica,
y finalmente el uso de la lengua vernácula que hizo posible dar expresión
literaria a la fuerza de esta espiritualidad [21] .
Para este aspecto de las beguinas que es
su aporte a la cultura medieval he elegido a una de ellas, Beatriz de
Nazareth, monja cisterciense, nacida en Lieja en el 1200 (muere en 1268),
cuya vida se caracteriza tanto por la profundidad de su experiencia
religiosa, cuanto por la aplicación particular que hiciera de ciertos
tesoros de la cultura al ámbito de la amistad espiritual, continuando
de alguna manera el humanismo de la espiritualidad cisterciense
del siglo XII [22]
. Dos razones, muy concretas, motivaron la elección de esta
beguina para mi trabajo:
La primera: el hecho de que eligiera dentro
del estilo autobiográfico la forma del “diario de su vida espiritual”.
A la confessio agustiniana, a la memoria espiritual que se pone
en ejercicio en el Corpus de Anselmo, corresponde esta tercera
forma, la del diario íntimo, en este caso el de una mujer que narra
para sí su propia vida tornándose escultora de la propia existencia.
Se puede afirmar que el sí mismo, Dios y los otros, asumen formas
distintas cuando el hombre decide narrar a otros la trama visible e
invisible de su vida, aunque la vulnerabilidad de ésta deje –a veces–
el relato a mitad de camino. [23]
La segunda: es
el estilo propio que tiene la “lex orandi”, expresada en las
Siete maneras de amor. Señalamos tan sólo tres características:
1.El
predominio de ciertos sentidos espirituales: el tacto como “el paso
de Dios” por el cuerpo, el gusto de Sus dulzuras, la escucha de Su voz.
Sin embargo esta sensibilidad espiritual no niega el “comprender” y
el “discernir”, necesarios para una ontología religiosa. Expresión de
esta tarea del espíritu son las tres meditaciones, que llevan por título:
Las dos celdas del corazón; Los 5 espejos y El monasterio
espiritual.
2.
La simbología con la que expresa la relación entre el tiempo y la eternidad,
tales como la fuente, el río, los arroyos, la red (como símbolo de la
caridad), el pez y el pájaro; todos ellos especialmente ligados a la
sexta manera del amor. Allí el alma adquiere señorío sobre sí misma,
y una libertad de tal magnitud que ni siquiera sufre el elemento agónico
del desapego. Se trata de una libertad que regula su orden desde la
inspiración que recibe. (En la segunda manera de amar ya aparece el
tema de la gratuidad del amor, del amor sin porqué, expresión que tendrá
gran fortuna en los místicos posteriores).
3.
Finalmente quisiera rescatar en esta “lex orandi” la importancia
que tiene el tema del deseo. Se recoge de algún modo la tradición agustiniana:
el deseo reza siempre, aunque la lengua calle. Si bien el deseo
articula el itinerario del alma, sin embargo este experimenta al final
un cambio de centro, se pasa del corazón como lugar de reunión al ser,
y allí reposa en el lugar fronterizo de una nueva experiencia. Aparece
también un lenguaje diferente: la nostalgia de la patria, el exilio,
las ansias de un espacio y un tiempo nuevo, la esperanza
de beatitud. [24]
Es en este tránsito en donde se
ve mejor el elemento agónico de esta “lex orandi”, que traduce
la condición de palabra finita. (Se recuerda aquí aquello de Kierkegaard:
la oración es una lucha en donde se triunfa por el triunfo de Dios).
Sin embargo, este elemento de negatividad no anula la transitividad
del lenguaje: hay una reconducción de la noche a la mañana, del mundo
a Dios. El lenguaje matinal de esta séptima manera se eleva sobre la
noche de la experiencia de exilio. Por el deseo el canto de la noche
deviene la aurora de un nuevo día.
VIII.- A modo de conclusión
A través de estos estilos que pertenecen a nuestro patrimonio cultural,
Hildegarda y las beguinas, la antropología encuentra raíces para un
nuevo diálogo entre la memoria y el tiempo por venir, entre la plenitud
eterna y lo finito terrenal, y se crea, en el vínculo que une al varón
con la mujer, un nuevo espacio de reconciliación que afecta tanto al
sí mismo personal cuanto a la armonía del cosmos.
NOTAS:
[1]
El texto está tomado del libro de Julián Marías, Tratado sobre
la Convivencia. Barcelona: Ediciones Martínez Roca, 2000,
p. 214. (vuelve al texto)
[2]
El sínodo de Tréveris al que asistió el papa Eugenio III, le permitió
la publicación de todo aquello que veía por inspiración. Fue la
única mujer autorizada por la Iglesia para predicar al pueblo
y al clero en templos y plazas. (vuelve
al texto)
[3]
Los textos de Hildegarda están tomados de Mujeres trovadoras
de Dios, de G. Epiney-Burgard y E. Zum Brunn (Barcelona: Paidós, 1998). El texto citado
pertenece a la “Respuesta de Bernardo a Hildegarda”, ob. cit.
pág. 56. Quiero también llamar la atención acerca de la validez
que tiene la evidencia subjetiva en este contexto religioso que
aleja la sombra del relativismo de la experiencia personal. Cf.
Von Balthasar.Gloria. T.1: La Percepción de la Forma. Madrid: Edic. Encuentro,
1985, p. 260 y ss.(vuelve
al texto)
[4]
Se tiene noticia de la correspondencia con el papa, emperadores,
obispos y abades, y figuras más lejanas como Leonor de Aquitania.
Para una mayor clarificación de la figura de Leonor, cf. Duby,
Georges.Mujeres del Siglo XII. Santiago
de Chile: Edic. Bello, 1995, p. 15 y ss. (vuelve
al texto)
[5] De ahí el apelativo de “Antígona Medieval”. Para Hildegarda esta
medida fue de mucha gravedad por su significación religiosa. Llevada
por su vocación musical había compuesto una Sinfonía de la
armonía de las revelaciones celestiales, cf. Las
escritoras de la Edad Media, de Peter Dronke (Barcelona: Drakontos,
1995, p. 271 y ss.). La música estaba presente en la primera obra
profética de Hildegarda, que termina con un drama litúrgico cantado:
Ordo virtutum. (vuelve
al texto)
[7]
Se dice que su obra es sólo comparable a la de Avicena, maestro
persa del siglo XI. (vuelve al
texto)
[8]
En ella aparece la personificación de las virtudes en figuras femeninas,
que son tomadas más tarde por Dante en La Divina Comedia
y en la Vita Nuova. Llama la atención en la obra de esta
mujer el intenso cromatismo, el rojo y el verde como colores predominantes;
zonas luminosas y zonas oscuras; figuras circulares para la divinidad
y la creación y las rectangulares para lo ordenado y estructurado.
(vuelve al texto)
[9]
Hacia 1220 se compilaron sus temas apocalípticos y se publicaron
bajo el título de Speculum futurorum temporum convirtiéndola
en profetisa del futuro. (vuelve
al texto)
[10]
A juicio de Von Balthasar tanto Hildegarda como Matilde de Magdeburgo
son espíritus cristianos a los que se les ha negado eficacia histórica
y eclesiástica, sin que ello signifique que no hayan tenido una
visión original y una gran capacidad formativa. Cf. Urs
Von Balthasar, ob. cit., VII : Estilos
Eclesiásticos, p. 22. (vuelve
al texto)
[11]
Se percibe en Hildegarda la resonancia epocal de la doctrina de
Dionisio : “dos cosas hacen perder la mesura (del discurso
teológico) el amor al mal y la temeridad que “atropella los sabios
límites señalados a la mirada”. Cf. Von Balthasar, ob. cit. pág
169. (vuelve al texto)
[12]
Creo importante repensar un texto de Gregorio de Nisa, citado por
Von Balthasar (op.cit, Vol. I, p. 600). En él la esquemática
de la mediación no sólo está perforada por el amor de un Dios
personal, sino que la acompaña una figura cosmológica, el carácter
social del cosmos, y una figura epistemológica, la visión de reciprocidad
vicaria. (vuelve al texto)
[13]
La medicina homeopática pondera su concepción de la salud como equilibrio
de fuerzas. La preservación de la salud es una tarea cotidiana
de vigilancia. La armonía se recupera a través de la música. Se
ocupa de la melancolía y su tratamiento con las plantas y sus
aromas. (vuelve al texto)
[14]
En Sciviasmuestra cómo el desorden entre los sexos
resuena como queja de los elementos.(vuelve
al texto)
[15]
También en esto se ve la influencia de Dionisio Areopagita. Una
de las visiones de Hildegarda termina mostrando esa comunicabilidad
de los órdenes tan propio de Dionisio: El hombre es la puerta
de las maravillas de Dios. (vuelve
al texto)
[16]
El centro cultural por excelencia en el siglo XIII fue Alemania
y los Países Bajos. Matilde de Magdeburgo pertenece al convento
de Helfta. Tuvo gran influencia en la piedad popular. Comenzó
a tener visiones a los doce años, se hizo beguina en Magdeburgo
más o menos a los veintitrés años y siguió allí durante cuarenta
años. Según la información biográfica contenida en su libro La
luz fluyente de la divinidad tuvo la inspiración, cuando tenía
unos cuarenta años y había sufrido una grave enfermedad, de poner
por escrito lo que Dios le había mostrado durante años. Su libro
parece haber consistido en una serie de anotaciones garabateadas
de cualquier manera en unas cuantas hojas en bajo alemán, que
luego ordenó un fraile dominico. Matilde pasa sus últimos años
en Helfta, allí se queda ciega y sus hermanas monjas la animaron
a que dictara la parte final de su libro. Matilde pertenecía a
la misma escuela del misticismo que Hildegarda. (vuelve
al texto)
[17]
María nació en Brabante, en una rica familia en 1176. Sus padres
acordaron matrimonio cuando ella sólo tenía catorce años sin tener
en cuenta su profunda vocación religiosa. Ella actuó sobre su
marido de tal manera que lo convenció de vivir como hermanos y
prestar servicio en las leproserías cercanas durante siete años,
utilizando sus propios ingresos para pagar los gastos de los enfermos.
En 1207 con el consentimiento de su marido se retiró a vivir en
una celda cerca al priorato agustino de Oignies y se ganó la vida
haciendo trabajos manuales. Su profunda piedad por la eucaristía
y la pobreza apostólica presagiaban las nuevas corrientes de espiritualidad
del siglo XIII. Tenía una gran vocación por enseñar que la llevó
a explicar en lengua vernácula los dogmas básicos y el Cantar
de los Cantares. Su profunda religiosidad se extendió y esta
zona fue un centro muy grande de espiritualidad laical. Cuando
Jaime de Vitry escribió su vida confiesa que a ella le debe su
ordenación como sacerdote, y su éxito al predicar se debía a sus
orientaciones y a sus oraciones. Él se nutrió de su sabiduría
durante varios años. María murió en 1238, pero la mediación de
Jaime de Vitry favoreció al movimiento de las beguinas. (vuelve
al texto)
[18]
Las beguinas se ganaron el respeto del obispo de Tournai que en
el memorial de Gante en 1328 las reconoce por su labor, su servicio,
y aconseja tenerlas en cuenta para la educación. También Luis
IX organizó muchas asociaciones de beguinas por todo el reino,
y no se podía hablar mal de ellas porque el rey no lo toleraba.
Su hijo Felipe III heredó esta admiración por ellas, y cuando
su mujer María de Brabante fue acusada de haber envenenado al
hijo mayor del rey, tenido en su primer matrimonio, Felipe pidió
a una beguina vidente que revelara cuál era la verdad. La reina
fue declarada inocente y mandó por esta causa a construir un hospital
para beguinas pobres y se cree que esta fue la fundación original
del hospital de La Royauté de Nivelles. (vuelve
al texto)
[19]
Cf. Wade Labarge, Margaret.La mujer en la Edad Media.Editorial NEREA,
diciembre de 1988. (vuelve
al texto)
[20]
De ahí que fueran saludadas con el título de maestras para
recalcar el carácter inspirado de su doctrina. M. Eckhart elabora
y da forma teológica a un tipo de experiencia que no era exclusivamente
la suya, sino que había sido vivida por estas mujeres en sus beguinatos
o en sus conventos. (vuelve
al texto)
[21]
Hadewijch es reconocida como una de las más insignes poetisas flamencas;
Matilde de Magdeburgo y Margarita Porete corresponden a la literatura
alemana y francesa. (vuelve
al texto)
[22]
Para otros datos biográficos sobre la autora, cf Epiney-Burgard,
Georgette y Zum Brunn, Emilie, ob. cit. (vuelve
al texto)
[23]
Aquí hay un tema importante para la hermenéutica del sí mismo, qué
es una autobiografía y qué formas se pueden asumir en este estilo.
Cf. para este tema Lain Entralgo, Pedro.La Aventura
de Leer. Madrid: Colección Austral, 1956, p. 204 y ss. Hay
otros temas a pensar a partir de estas distinciones: un elemento
concivencial, lo que Appel llama el yo argumentativo, que con
mi propia aunque a veces secreta intención de autovisión y autointerpretación,
hace que yo me dirija a posibles lectores, que se constituyen
a su vez en posibles jueces, como en el “tribunal de la historia”.
No se puede desconocer el carácter performativo de este género.
(vuelve al texto)
[24]
Esta séptima manera de amar, además de la belleza de su lenguaje,
deja en el lector la impresión de estar frente a la visión paradisíaca
del Dante, pero en el esquema epistemológico que ofrece Boecio
al hablar de la eternidad: “Aeternitas: interminabilis vitae
tota simul et perfecta possesio”. (vuelve
al texto)