... Pero el Espíritu Santo sopla donde quiere, y el buey mudo,
convertido en Doctor Angélico, no ha cesado de hablar hasta nuestros
días, en tanto la maestra indocta ha sido redescubierta en los
últimos cuarenta años por un mundo y un siglo que la reclaman
como propia.
Hildegarda de Bingen y Tomás de Aquino. Ella, una religiosa
benedictina alemana(1) del siglo
XII el siglo de las Cruzadas, de los enfrentamientos entre
el sacro emperador romano-germánico y el Papado(2),
de las reformas religiosas exigidas por la corrupción imperante
en el seno mismo de la Iglesia(3),
del auge del pensamiento escolástico y las primeras, graves escaramuzas
entre la fe y la razón(4),
el siglo que comienza el pujante movimiento de introducción del
pensamiento griego y sus traductores y comentaristas judíos y
árabes, el siglo del gótico y sus catedrales, de damas
y trovadores(5), y de la naciente
y temida herejía de los cátaros. Él, religioso
dominico napolitano del siglo XIII el siglo del florecimiento
de Francia, de las Universidades, de la definitiva incorporación
del pensamiento aristotélico a la vida intelectual de Occidente,
el siglo de una vitalidad intelectual que llevó a apasionados
enfrentamientos de posiciones y de personas, el siglo que ve el nacimiento
de franciscanos y dominicos y el amor por la Dama Pobreza. Santo
Tomás, maestro en la Universidad de París por nombrar
uno de sus magistrales desempeños, en tanto Santa Hildegarda
jamás enseñó en Chartres, en San Víctor
o en alguna de las prestigiosas escuelas que preludiaban la institución
universitaria; ella se decía mujer inculta, sin estudios, en
tanto él se había formado en los Estudios Generales de
la Orden, y en la propia Universidad parisina. ¿Qué relación
podríamos establecer entre ellos? Al correr de la pluma, algo
hemos ido señalando. Si hay más..., averigüémoslo.
Pero, porque nos es más familiar la figura del Doctor Angélico,
nos detendremos principalmente en la Sibila del Rin(6).
II. Hildegarda, maestra
Destacaremos, en primer lugar, algunos de sus rasgos excepcionales
para su época que nos la mostrarán como maestra
de doctrina y de vida, a través de sus diversas actividades.
Fue, en siglos, la única
mujer a la que se reconoció autoridad en materia de doctrina
cristiana.Obispos, sacerdotes, abades y abadesas, pero también
los príncipes de la tierra le escriben consultándole
sobre temas religiosos, éticos, de dirección espiritual...
Tan pronto se le solicitan profecías como prácticas
para expulsar demonios o bien se le someten cuestiones teológicas.
El maestro de teología y más tarde obispo Odo de Soissons,
por ejemplo, la consulta: "Tenemos la confianza de pedirte algo:
muchos sostienen que la paternidad y la divinidad de Dios son atributos
de Dios, pero no son Dios mismo. No tardes en exponernos y transmitirnos
lo que sepas de esto desde la visión celestial." Se trata
de una tesis de Gilberto Porretano, discutida por entonces en las
escuelas y en el concilio de Reims (1148). Ebehard, obispo de Bamberg,
le pide una exposición sobre si "en el Padre habita la
eternidad, en el Hijo la igualdad, en el Espíritu Santo la
unión de eternidad e igualdad"(7).
Los monjes de su primera morada religiosa le piden una biografía
de su santo fundador, San Disibodo, y para los monjes cistercienses
de Villers escribe 38 Solutiones Quaestionum (respuestas a
cuestiones no a todas, por la falta de salud y de tiempo de
la abadesa sobre textos de la Sagrada Escritura, propuestas
a través del secretario de Hildegarda, Guiberto de Gembloux).
Y son sólo algunos ejemplos.
Fue la primera mujer que recibió
autorización explícita del Papa para escribir
obras teológicas. Mientras escribía su primera gran
obra, Scivias ("Conoce los caminos
del Señor")(8) que
finalizará hacia 1146-47, Hildegarda escribe a San Bernardo,
le habla de su capacidad visionaria y, llena de temor e insegura le
pide ayuda espiritual y consejo; San Bernardo le responde brevemente,
recomendándole humildad y encomendándose a sus oraciones.
Sin embargo un año después influirá sobre su
discípulo cisterciense, ahora Papa Eugenio
III(9), para la aprobación del escrito de
la abadesa(10). El Papa conoció
el manuscrito incompleto, en el tiempo mismo de su redacción,
y lo leyó durante el sínodo que presidía ante
la asamblea reunida; luego escribió a Hildegarda ordenándole
continuar su tarea. En su obra la visionaria subrayaba el origen divino
del matrimonio, la santidad de la Eucaristía y la dignidad
del presbiterado, puntos éstos muy atacados por los cátaros;
a combatirlos dedicará Hildegarda gran parte de su actividad,
en diversos ámbitos. Puede resultar interesante aquí
recordar dos hechos, casi podríamos decir coincidencias, en
relación con Santo Tomás. El primero de ellos es el
tema de los cátaros, que mucho tuvo que ver con los dominicos,
porque ésta fue una de sus primeras misiones, en eso de "estudiar
para predicar". El otro hecho, ya más directamente referido
al Angélico, es el recuerdo de sus inicios como maestro en
la Universidad de París (1256), ocasión en que también
él recibe el aval de un Papa, del Papa Alejandro IV, necesario
por otra parte dado que no tenía aún la edad reglamentaria,
y por la manifiesta hostilidad de los maestros seculares(11).
Fue la única mujer que
gozó del privilegio de predicar en iglesias y en plazas
al clero y al pueblo(12). Tres
giras de predicaciones tienen lugar entre 1158 y 1163, y la cuarta
en 1172; Matthew Fox(13) dice
en que en alguna habría llegado a Tours y a París(14),
pero Régine Pernoud(15)
señala como erróneo este dato, proveniente de alguna
biografía de la santa. Lo cierto es que quien viajó
a París fue el secretario de Hildegarda, Guiberto de Gembloux,
quien habría mostrado los escritos de la abadesa a los maestros
de las escuelas parisinas(16),
donde ya eran muy conocidos, según aparece en una carta de
Juan de Salisbury (1167) cuyo fragmento trae Heinrich Schipperges(17):
"Envíame las visiones y profecías de la bienaventurada
y celebrada Hildegarda, quien vive entre vosotros. Ella me parece
sumamente digna de renombre y respeto, en especial desde que nuestro
Señor [el Papa Eugenio III] la ha abrazado con afecto y confianza
particularmente cálidos"(18).
Santo Tomás, quien pudo haber oído hablar de Hildegarda
en la abadía benedictina de Montecassino y en el Estudio de
los dominicos en Colonia, tuvo entonces su tercera oportunidad en
París. Pero volvamos a Hildegarda y sus predicaciones. Clero
y pueblo escucharán admirados a esa monja que se dirige a ellos
en lugares abiertos o bien en los templos. "Ésta es una
faceta muy interesante de la personalidad de Hildegarda, un hecho
singular que conocemos a través de la correspondencia a que
dio lugar. Su presencia era solicitada por los sacerdotes y sus obispos,
y también por los abades de los monasterios, conocedores todos
ellos de su fama cimentada en su carácter de visionaria, en
su vasta cultura que ella afirmaba no poseer y en la claridad
de su vida. Pero Hildegarda, si bien respondía a los requerimientos,
no los sentía como un halago sino como una misión, y
hablaba sin concesiones advirtiendo al clero su negligencia en lo
que hacía a practicar el bien y enseñarlo, y señalando
los males que aquejaban a la Cristiandad y que interpretaba como advertencias
divinas para la conversión, antes del castigo"(19).
Fue la primera autora de
una pieza dramática moral, con música, única
en el siglo XII que no es anónima. "La música ya
estaba presente en la primera obra de Hildegarda, Scivias,
que finaliza con un esbozo de drama musical cuyo tema es moral: la
lucha del hombre que peregrina en la tierra, acechado por el demonio
y defendido por las virtudes, hasta que victorioso llega al Cielo.
Hacia 1152 el esbozo tendrá forma acabada en Ordo virtutum
("El orden de las virtudes"), el más antiguo drama
litúrgico cantado (a excepción de los textos que corresponden
al demonio, quien por su espíritu opuesto a toda armonía
no puede cantar), que habría sido estrenado en la dedicación
de la iglesia del monasterio en Rupertsberg, y representado posteriormente
en ocasión de la profesión de las novicias"(20).
La música está presente durante toda la vida de Hildegarda,
que por ella eleva su última voz en la famosa carta a los prelados
de Maguncia, a propósito del interdicto que éstos lanzaran
contra la abadesa y su monasterio(21).
Porque la música, importante de suyo en la liturgia benedictina,
lo es por otros motivos para Hildegarda: para ella, toda la creación
es musical, el cosmos, el hombre, los coros angélicos son una
sinfonía de alabanza a Dios. Y en el estado de vida presente,
luego de la caída original, es la música y el canto
lo que eleva al hombre al recuerdo de su condición primera
y le permite desear el retorno a la armonía primera con su
Creador. Por eso, impedir la música es obra del diablo, y quienes
no permitan aquí esta alabanza a Dios, no tendrán parte
en ella en la vida futura.
Fue la primera santa cuya biografía
oficial incluye párrafos autobiográficos, en
primera persona. La Vita Sanctae Hildegardis
es una biografía compuesta por Godofredo de San Disibodo, quien
inició la composición de la obra en vida de Santa Hildegarda,
en previsión del proceso de canonización que sin duda
habría de iniciar la comunidad(22),
hecho que habla del reconocimiento de su vida y de su obra; la muerte
de Godofredo, anterior a la de la abadesa, dio lugar a Teodorico de
Echternach, quien la continuó pocos años después
de la muerte de Hildegarda e incluyó en el libro II de su trabajo
extensos párrafos autobiográficos dictados por Hildegarda
misma a su anterior biógrafo.
Fue autora de una vasta obra,
de carácter enciclopédico. A las ya aludidas
Scivias (primera obra de su gran trilogía) y Ordo
virtutum podemos añadir sin ser exhaustivos
su segunda obra profética, el Liber
vitae meritorum ("Libro de los méritos de la vida"),
descripción de la vida cristiana en términos del combate
espiritual entre virtudes y vicios que retoma el tema de la
Psicomaquia de Prudencio (siglo IV), pero en el contexto de
una visión cristológica, y la tercera, Liber
divinorum operum ("Libro de las obras divinas"),
verdadera teología del macrocosmos y del hombre como microcosmos
ambos en íntima correspondencia expresada en forma de
paralelismos, del hombre como cima de la creación divina
y espejo del esplendor del mundo. "Son notables sus escritos
médicos: Liber simplicis medicinae
o Physica, y el Liber compositae medicinae
o Causae et curae, en los que trata de los elementos de la
naturaleza; de las divisiones de las cosas creadas; del cuerpo humano
y sus alimentos; de las causas, síntomas y tratamientos de
las enfermedades y, además, propone y trabaja finamente una
tipología femenina según los cuatro temperamentos tradicionales,
pero distinguiendo entre varón y mujer y relacionando sus observaciones
con las características sexuales de uno y otro. También
toma en cuenta para su análisis la condición social
y la educación de la mujer, y lo mismo hace cuando aborda el
estudio del amor humano que valora grandemente, en contraste
con la opinión de su época combinando características
fisiológicas y psíquicas. Tratamiento audaz, innovador
y realista del tema, por cierto"(23).
La medievalista Régine Pernoud, en su libro Hildegarde
de Bingen. Conscience inspirée du XIIe siècle,
se refiere a los conocimientos médicos de Hildegarda(24),
que ubica en una adecuada perspectiva: formaba parte de las preocupaciones
de una abadesa benedictina del siglo XII el interés por la
medicina y su práctica, ya que a su cargo estaba el cuidado
de la salud de las religiosas y del personal, principalmente campesinos
y artesanos, que habitaban y trabajaban en dependencias del monasterio.
Pero Hildegarda presenta otro enfoque, ya que ella buscaba
en todo momento establecer relaciones entre el Creador y Su creación,
entre la creación y la recreación salvadora, entre la
naturaleza y los seres humanos a través de la historia de la
salvación (personal y cósmica): el desorden del hombre,
el pecado, la maldad, perturban a la naturaleza que se torna adversa;
sólo la restauración interior del hombre le permitirá
vivir en armonía con ella, en salud. Y haremos también
mención del Comentario a la Regla de San Benito, al
Prólogo de San Juan, la Sinfonía
de la armonía de las revelaciones celestiales (alrededor
de setenta piezas musicales), etc. Y una copiosísima correspondencia,
con Papas, reyes, nobles, religiosos, sabios..., con todos. No podemos
dejar de traer a la memoria la vastísima obra del Aquinate,
una gran parte de la cual tiene carácter docente (en su concepción,
en su modo de desarrollo, en su oportunidad...).
Para Hildegarda, el punto de
partida de toda actividad suya fue siempre una visión:
de manera excepcional en cuanto al modo(25),
Hildegarda de ordinario tiene sus cenestésicas visiones en
estado de vigilia, sin pérdida de conocimiento (sólo
en una ocasión parece haber entrado en éxtasis). Habla
de la "sombra de la luz viva", donde habitualmente ve, y
de la luz viva misma, donde ve en raras ocasiones. Veamos cómo
describe su vivencia en el final del Liber vitae meritorum:
"El hombre que ve estas cosas y las transcribe ve y no ve; siente
las cosas terrestres y al mismo tiempo no las siente. No es por sí
mismo como presenta las maravillas de Dios, sino que es agarrado como
una cuerda por la mano del músico para producir un sonido que
no viene de él, sino del toque de otro"(26).
Ésta es la fuente de sus conocimientos, y la razón de
su autoridad. En sus obras escritas, en las predicaciones y también
en su correspondencia cuando ése es el caso, Hildegarda mantiene
el mismo esquema de trabajo. Comienza con una visión, "Y
yo vi", que describe vívidamente, y luego viene la explicación
de la visión, encabezada por la frase "Yo oí una
voz del cielo que me decía", al modo de los profetas bíblicos.
La visionaria añade en la explicación elementos que
no aparecen en la descripción primera. A veces habla en primera
persona, y es la voz de Dios ("Mi Hijo Jesucristo"), pero
habitualmente predomina la tercera persona. Cada visión se
cierra con una fórmula admonitoria para el lector ("Estas
cosas proferidas sobre las almas de los penitentes... son verdaderas;
permite al creyente atenderlas y reunirlas en la memoria del buen
conocimiento"), o bien una exhortación para los oyentes.
Siguiéndose de lo anteriormente dicho, es claro que las imágenes
son el medio de transmisión de los contenidos, y no sólo
su ilustración. Son imágenes cenestésicas, riquísimas
y muy elaboradas que, en los libros primero y tercero de su gran trilogía,
ilustran además pictóricamente las visiones
de Hildegarda(27). Y no falta la música,
que adopta la forma de bóvedas o arcos de elevación,
dilatando y contrayendo las frases melódicas entre extremos
de un registro muy ancho, con un efecto de altísima espiritualidad.
Sin negar la razón, sin dejar de trabajarla cuando la argumentación
se impone, nuestra maestra busca llegar a la totalidad del ser humano,
involucrar todas sus capacidades: también los sentidos, la
afectividad...
Fue, finalmente, maestra
de sus religiosas, a quienes en todo momento "fortalecí
y atrincheré con las palabras de la Sagrada Escritura y la
disciplina de la Regla y un modo de vida santo"(28).
Fue maestra de obispos, sacerdotes y religiosos y pueblo a
través de la predicación, que tuvo como temas centrales
por una parte, la denuncia y refutación de la herejía
de los cátaros en sus múltiples errores doctrinales
y aquellos otros que obedecían tan sólo a la mala fe
y a la apetencia de poder y, por otra parte, la corrupción
del clero y la reforma de las costumbres: los escandalosos concubinatos
de sus sacerdotes, la simonía, el descuido de la oración
habían motivado la inclinación de los escandalizados
católicos hacia la secta de los cátaros, que proclamaba
pobreza evangélica y pureza de costumbres. Fue maestra de todos,
a través de la abundantísima correspondencia que, como
ya dijimos, mantuvo con Papas, reyes, nobles señores, religiosos,
teólogos y filósofos, sobre los temas más variados.
Sobre los temas más variados y para todos, fue también
maestro Santo Tomás de Aquino, el Doctor Communis.
Para finalizar, quisiera reproducir un texto de Hildegarda, parte de
su respuesta a las dificultades que le planteara un abad:
"Sé como el sol en tu enseñanza, como la luna
en la adaptación a tus oyentes, como el viento en la firmeza
de tu magisterio, como una brisa gentil en tu mansedumbre, y como
el fuego en la fulgurante e inspirada exposición de la doctrina.
Todo debería comenzar con el primer resplandor de la temprana
aurora y finalizar en la luz brillante, abrasadora"(29).
Palabras que en boca de la Sibila del Rin se tornan proféticamente
referidas, todas y cada una de ellas, a Santo Tomás, el "sol
de las escuelas".
Azucena Adelina Fraboschi
(Ponencia presentada en la Semana Tomista, año 2000)
NOTAS:
1. Recordemos que Santo Tomás estudió
desde sus cinco años y hasta los catorce en la abadía
benedictina de Monte Cassino y, ya fraile dominico, fue discípulo
de San Alberto Magno en Colonia, donde perduraba la fama de Hildegarda
había pronunciado allí una de sus más encendidas
prédicas contra la herejía de los cátaros, en el
año 1163 o 1164 y sus escritos eran conocidos y apreciados.
(vuelve al texto)
2. La larguísima querella de las
investiduras, y los cismas, Papas y antipapas suscitados por el emperador.
El enfrentamiento entre el emperador germano ahora Federico II,
tío del Aquinate y el Papado continuaba todavía
en los primeros años de vida de Santo Tomás.
(vuelve al texto)
3. Destaca aquí la labor titánica
de San Bernardo de Claraval, fundador del Císter.
(vuelve al texto)
4. Recordamos, por clásico, el
enfrentamiento entre San Bernardo y Abelardo; pero no fue el único.
(vuelve al texto)
5. Insoslayable es en este punto el recuerdo
de Leonor de Aquitania. (vuelve
al texto)
6. Epíteto que le habría
sido aplicado por el eclesiástico Enrique de Langenstein, quien
en una carta (1383) a su amigo Eckardo von Dresch se refería
a Hildegarda como Sibilla Theutonicorum. (vuelve
al texto)
7. Cirlot, Victoria (ed.). Vida y visiones
de Hildegard von Bingen. Madrid: Siruela, 1997, p. 149.
(vuelve al texto)
8. Si bien puede ser considerada sólo
una obra teológica que incluye aspectos éticos, comentario
bíblico, historia sagrada, cosmología y discusiones en
torno a la Santísima Trinidad y a la redención por Cristo,
su originalidad estriba en que responde a una visión de Hildegarda,
y no una visión en éxtasis sino en estado de vigilia,
con el pleno uso de sus sentidos (uso que se nota en la descripción
de lo que ve y oye). (vuelve al texto)
9. El Papa presidía un sínodo
de obispos en Trier (noviembre de 1147 - febrero de 1148).
(vuelve al texto)
10. El Papa aprobó también
la Cosmografía de Bernardo Silvestre. En la misma década
eran declarados incursos en herejía Pedro Abelardo, Guillermo
de Conches y Gilberto de Poitiers, vigorosamente combatidos por Bernardo
de Claraval. (vuelve al texto)
11. No hacia Santo Tomás, sino
hacia los religiosos mendicantes. (vuelve
al texto)
12. Tenemos al respecto noticia de la
desautorización expresa de tal práctica en el caso de
las abadesas de las diócesis de Palencia y de Burgos. En 1210
Inocencio III ordena a los obispos que no consientan a las abadesas
bendecir a las religiosas, oírlas en confesión ni predicar
públicamente. Véase Lizoain Garrido, José Manuel.
Documentación del Monasterio de Las Huelgas de Burgos (1116-1230).
Burgos: Ed. J.M. Garrido, 1985. LIII + 363 p. (Fuentes medievales Castellano-Leonesas,
30). (vuelve al texto)
13. Fox, Matthew. Illuminations of
Hildegard of Bingen. Text by Hildegard of Bingen with commentary
by Matthew Fox, O.P. Santa Fe, New México: Bear & Company.
128 p. (vuelve al texto)
17. Schipperges, Heinrich. The World
of Hildegard of Bingen. Her Life, Times and Visions. Transl. by
John Cumming. Collegeville, Minnesota: The Liturgical Press, 1998. 160
p. (vuelve al texto)
21. Esta carta incluye una verdadera
interpretación teológica de la música.
(vuelve al texto)
22. Tres Papas tomaron a su cargo el
proceso de canonización, que no prosperó por la dificultad
para comprobar los milagros: Gregorio IX e Inocencio IV en el siglo
XIII, y Juan XXII en 1317. Sin embargo su culto se impuso y las crónicas
de la época se referían a ella como "Santa Hildegarda".
En el siglo XV la representaban como tal pinturas y esculturas, y al
siglo siguiente la encontramos en el muy usado martirologio romano de
Baronius. En 1940 el Vaticano aprobó oficialmente la celebración
de su fiesta (17 de septiembre) en todas las diócesis alemanas,
y hay propuestas para nombrarla "Doctor de la Iglesia" en
reconocimiento de sus obras teológicas. En ocasión de
celebrarse el octavo centenario de su nacimiento, dijo Juan Pablo II:
"Dotada de especiales dones celestes en su tierna edad, Santa Hildegarda
penetró sabiamente en los secretos de la teología, la
medicina, la música y las otras artes, escribió muchos
libros sobre estos temas y llevó a la luz el vínculo entre
la creación y la redención". (vuelve
al texto)
23. Fraboschi, Azucena Adelina, art.
cit., 49. (vuelve al texto)
24. Pernoud, Régine, ob. cit.,
p. 117-131 (Chap. VII: Les subtilités de nature).
(vuelve al texto)
25. En una carta conocida como "De
modo visionis suae", dirigida al monje Guiberto de Gembloux,
explica el tema sin reticencias. (vuelve
al texto)
26. Épiney-Burgard, Georgette;
Zum Brunn, Émilie. Mujeres trovadoras de Dios. Una tradición
silenciada de la Europa medieval. Barcelona: Paidós, 1998,
p. 42. (vuelve al texto)
27. Los dibujos: son inusitados para
su época, audaces, y con ciertas características muy definidas,
como por ejemplo la permanente presencia de zonas luminosas habitualmente
"fuego brillante" y zonas oscuras "fuego
tenebroso"; el rojo como color predominante; el uso de la
forma circular para indicar la presencia de la divinidad Una y Trina,
la actividad divina, la energía vital que anima al mundo entero,
y la forma rectangular con la que se refiere a lo ordenado y estructurado,
a la Iglesia, a la Jerusalén celestial. (vuelve
al texto)