LA DISCRETIO Y LA ASCESIS DE LA NORMALIDAD
EN HILDEGARDA

Y SU COMENTARIO A LA REGLA BENEDICTINA

HNA. HILDEGARDIS OSB

 

INTRODUCCIÓN: LA REGLA DE SAN BENITO EXPLICADA POR SANTA HILDEGARDA

Teniendo en cuenta ‘la riqueza conceptual que recorre su vasta obra, yendo y viniendo por la teología, la filosofía, la medicina, la música, la poesía, las ciencias [1] , al abordar la Regulae S. Benedicti Explanatio de Hildegarda podríamos decepcionarnos, si pretendemos encontrar en la misma un comentario de tipo espiritual, teológico, o doctrinal. Hildegarda no toma ninguno de los temas que podríamos llamar más importantes, como ser: el capítulo segundo sobre el abad, el tercero sobre la convocación de hermanos a consejo, el cuarto sobre los instrumentos de las buenas obras, el quinto acerca de la obediencia, o el séptimo sobre la humildad, sino que pasa a comentar diversos capítulos que tratan más bien asuntos de orden práctico, y he aquí que nos asombramos de la absoluta libertad con que ella resuelve estos temas a los que designa como los más oscuros de la RB.

Pero no nos apresuremos...

1. Demanda del Convento de Hunniensis [2]

A finales del siglo XI, después de la reforma y gracias a ella, un intenso fervor empuja hacia el claustro o a la soledad a numerosos cristianos y cristianas. Dentro del clero se asiste al impulso de esas congregaciones de canónigos regulares, y demás movimientos religiosos [3] . Se ven surgir otras formas de monaquismo de una extraordinaria variedad (cistercienses, cartujos, premostratenses, eremitas, etc.). [4]

No es de extrañar que en estos tiempos de efervescencia la vida religiosa se vea convulsionada por las controversias y disputas, sobre todo entre monjes “negros” (benedictinos) y “blancos” (cistercienses) que, profesando una misma regla de vida: la Regla de San Benito, discuten unos y otros distintos aspectos de un mismo código legal, acentuando unos la letra y otros el espíritu; se cuestionan entre sí y en consecuencia una comunidad (¿monástica?) [5] se siente sacudida por los vientos de doctrinas contrapuestas y se ve criticada en su manera de vivir:

“Has de saber que se nos llama mentirosos, perjuros, y violadores de dicha Regla, diciendo también de nosotros que despreciamos los decretos sinodales. Esto acontece principalmente porque algunos de nuestros prelados, por un caprichoso ánimo suyo, desprecian tanto los estatutos canónicos cuanto las Reglas; de manera tal que ellos son la ley para sí mismos, y según el testimonio de esa Regla dicen que lo que ellos quieren, eso es santo y justo, y lo que no quieren, lo consideran ilícito (RB 1, 9). Por lo que resulta que ‘somos llevados y traídos por cualquier viento de doctrina’ (Efe. 4, 14) y las acusaciones de los hombres nos apesadumbran demasiado.” [6]

Por eso recurren [7] a quien tenía autoridad suficientemente reconocida en la Iglesia y en el mundo monástico, y era avalada nada menos que por S. Bernardo de Claraval, el paladín de la reforma monástica. Tanto el interés de la abadesa de Rupertsberg por la renovación de la vida monástica como la estima y veneración que le profesaban los monjes y monjas de su tiempo están bien atestiguadas por su rico epistolario [8] , y aunque no estuvo exenta de críticas (recordemos las recriminaciones que le hiciera la priora de las canonesas, Tengswich de Andernach, [9] por las costumbres que se seguían en su monasterio [10] ), se mantenía segura como quien ha edificado sobre roca firme y las tempestades no pudieron abatirla [11] .

Escriben los peticionantes:

“A Hildegarda, templo del Espíritu Santo y reverenciada Esposa de Cristo, amada de Dios, y a las hermanas de la tan querida maestra de San Ruperto en Bingen. Toda la comunidad del convento Hunniense, con humildad y perseverancia en las obras buenas, [ruega] que sea exaltada con eterna gloria.
[...] en momentos de necesidad acudimos a vos como refugio seguro en ciudad inexpugnable, suplicándoos nos ayudéis con vuestro consejo y vuestras oraciones.
Aunque diferimos en todos los aspectos, vos honráis y bendecís nuestra orden; conocemos vuestras obras, y cómo en breve tiempo aportasteis riquezas apetecibles a los hijos de la luminosa Iglesia. Porque no carecéis de este don, nos arrojamos a los pies de vuestra santidad, y todos juntos suplicamos el alimento de vuestra piedad: que nos dejéis un memorial acerca de cómo interpretar la Regla de nuestro santo padre Benito, de acuerdo a nuestra necesidad.” [12]

Teniendo en cuenta el contexto en el cual se enmarca este trabajo de Hildegarda, entendemos que el mismo no es propiamente un comentario, sino una respuesta muy concreta a un pedido: cómo interpretar la Regla de San Benito, cómo hacerla vida.

2. La respuesta de Hildegarda

Hildegarda contesta, en primer lugar, explayándose detenidamente sobre las virtudes de San Benito, el inspirado autor de la Regla:

“Yo, que por nacimiento soy una pobre mujercilla y sin instrucción de magisterio humano alguno [13] , volví mis ojos hacia la verdadera luz y hacia la memoria de San Benito como me pedisteis, hasta que la gracia de Dios me revelara la comprensión de aquellos pasajes que en la Regla son más oscuros y difíciles para el entendimiento humano. Y oí una voz que desde la verdadera luz me decía: El Espíritu Santo infundió luminosísimas y místicas inspiraciones en San Benito, de manera tal que su espíritu se inflamaba en el amor de Dios, y sus virtudes brillaban como la aurora, y en ninguna de sus obras hizo él lo que el astuto diablo le sugería. Había sido tan colmado de la gracia del Espíritu Santo, que en ninguna de sus obras como en momento alguno su visión estaba falta de Su poder. [14]
Además, fue una fuente sellada (Cant. 4, 12) que derramó su enseñanza en la discreción de Dios, fijando el agudo clavo de la doctrina ni excesivamente alto, ni bajo, sino en medio de la rueda, para que cada cual, bien fuera fuerte o débil o enfermo, estuviera capacitado para beber de ella según su capacidad. Esta rueda giratoria (cf. Ez. 1, 15; 10, 9; Dn. 7, 9) es el poder de Dios, por el cual Dios obró en los santos antiguos, y en los tiempos de Moisés, que dio la ley al pueblo de Dios. Por ese mismo poder obraba Dios en otros hombres muy santos, fijando el clavo de sus trabajos a tal altura, que las personas comunes no pudieran alcanzarlo.
Dulcísimamente bebió San Benito su doctrina en el temor de Dios, y en la piedad enseñó los mandamientos de Dios; en la caridad edificó el muro de la santidad de la Regla, y en lo referente a la castidad él fue totalmente extraño a las pompas y deleites mundanos. Porque escribió su doctrina en el temor y en la piedad, en la caridad y en la castidad, por eso nada puede añadírsele o quitársele, porque nada le falta, puesto que fue dada y completada por el Espíritu Santo. [15]

Reconocemos en esta introducción el núcleo y fundamento de su respuesta. Todo lo que luego dice respecto de los diversos capítulos que comenta y que abarcan variados temas, viene a guisa de ejemplificar y confrontar, en cierto modo podríamos decir justificar, las prácticas adoptadas por ella misma en su comunidad.

Ella dice en primer lugar que la clave de interpretación está en el mismo sentido, en el mismo espíritu con el que fue escrita. Para saber interpretarla hay que ver entonces cómo fue escrita. Encontramos aquí palabras claves:

Nombra por tres veces en un mismo párrafo al Espíritu Santo, al poder de Dios y a las virtudes, primero en forma general y luego repite dos veces especificándolas: temor de Dios, piedad, caridad, castidad: [16]

Hildegarda nos dice que la RB le fue inspirada a Benito por el Espíritu Santo; así como los Mandamientos fueron dados por Dios a Moisés en la Antigua Alianza, la Regla es un don de Dios para aquellos que quieren vivir el Evangelio, la Nueva Alianza. San Benito, como un nuevo Moisés, recibió la inspiración y los dones del Espíritu Santo, y por fuerza de sus virtudes, inflamado del amor de Dios, derramó su doctrina con la discreción de Dios, en el temor, la  piedad, con la caridad y castidad.

Pero Benito no sólo escribió la Regla, sino que no pudo haber vivido otra cosa que lo que legisló:

“Además, fue una fuente sellada (Cant. 4, 12) que derramó su enseñanza en la discreción de Dios, fijando el agudo clavo de la doctrina ni excesivamente alto, ni bajo, sino en medio de la rueda, para que cada cual, bien fuera fuerte o débil o enfermo, estuviera capacitado para beber de ella según su capacidad.”

Por lo que la RB es para todo cristiano que quiera vivir el Evangelio. No sólo es para los sanos y fuertes que puedan soportar severas normas ascéticas, sino para todos: fuertes, débiles o enfermos. Para todos según su medida, viviendo en el temor, la piedad, en la caridad y la castidad con la discreción de Dios. He aquí la clave para interpretarla y llevarla a la práctica. [17]

Y ya vamos entrando de lleno en el tema de esta exposición:

I. LA DISCRETIO

Ahora bien: ¿qué quiere decir cuando dice: “derramó su enseñanza en la discreción de Dios”?

Ciertamente no se refiere a la moderación ni a la mesura ni a la modestia, ni a evitar excesos o elegir el justo medio, tal como podemos llegar a entenderla ahora: el hábito de conservar la medida, de guardarse de todo exceso. En el siglo XII, la palabra latina discretio expresa un contenido teológico lleno de sentido que se distingue por su densidad espiritual: se entiende por discreción una actitud respetuosa hacia todo lo que concierne a la intimidad de un ser [18] .

Hildegarda, siguiendo en la línea de Casiano [19] y Benito [20] , define la discretio como la madre de todas las virtudes, sin la cual ningún acto de virtud podrá ser plenamente eficaz, ni manifestarse en el tiempo, por lo que aparece como virtud fundamental de la vida monástica y de su espiritualidad:

“Yo, la madre de las virtudes, guardo siempre la justicia de Dios en todas las cosas. Pues en el combate espiritual y en el tumulto del mundo, en el interior de mi conciencia siempre espero al Dios mío [21] . No condeno, no desprecio, no rechazo a los reyes, a los que ejercen jefatura o gobierno u otros magisterios seculares, cuya ordenación procede del Autor de todas las cosas. ¿Cómo podría la ceniza despreciar a la ceniza? El Hijo de Dios crucificado se vuelve hacia todos, exhortándolos conforme a Su justicia y Su misericordia. Yo también quiero guardar todo orden y disposición Suyos según Su Voluntad.” (Scivias III, 6, 7: “Palabras de la Discreción”) [22]

El sentimiento y la voluntad van a la par en la virtud de la discreción, porque la capacidad de reconocer lo que corresponde a la ordenación divina se debe en gran parte a la disponibilidad del corazón. Y el hombre alcanza su ser profundo en la medida de esta disponibilidad [23] . Pero ahondemos un poquito más en el pensamiento de Hildegarda y veamos sucintamente que más nos dice ella de la Discretio.

En Scivias III, 6, 34 donde: “Trata de la Discreción [o Discernimiento, discretione] su ropaje y qué significa”, nos la describe: Scivias III, 6: la Discretio

“Pero la imagen sentada sobre la piedra al final del muro representa la Discreción (discretionem), porque apareció descansando plenamente en la consumación de la antigua observancia en Cristo [24] . Ella criba con sabia destreza todas las cosas, reteniendo lo que debe ser retenido y quitando lo que ha de ser quitado, como el trigo es separado de la cizaña [25] .

Vemos aquí un reflejo de la parábola de la cizaña [26] , donde el Señor en la consumación de los tiempos mandará a sus servidores (la Discreción) a separar el trigo de la cizaña. Sólo en Cristo el Señor se puede distinguir el trigo de la cizaña, ya que dice San Benito, distinguiendo entre la voluntad de Dios y la voluntad propia en el Cap. VII sobre la Humildad: “Justamente, pues, se nos enseña a no hacer nuestra voluntad cuidándonos de lo que la Escritura nos advierte: ‘Hay caminos que parecen rectos a los hombres, pero su término se hunde en lo profundo del infierno’ (Pr. 16, 25)” [27] ; vemos así que el trigo vendría a ser la voluntad de Dios, y la cizaña la voluntad propia, y sólo con la discreción podemos identificar una y otra. Y más adelante dice:

“En su hombro derecho tiene una pequeÑa cruz con la imagen de Jesucristo: esto es porque esa virtud puso su raíz en la parte derecha del poder de la Fortaleza de Dios, [...]. Al amor (dilectioni) del Hijo está unida la Discreción (discretio), porque fue manifestada por Él a fin de que mediante ella se produjera (discernatur) toda justicia [28] . Y como Dios es Quien ha dado al hombre la altura que le conviene [29] , así también la Discreción (discretio) Lo imita en su oficio; pues cumple sus obras en el dador, el Hijo de Dios crucificado, porque ella misma [también] existe en una y otra dignidad [30] : en la dignidad de la divinidad y en la de la humanidad" [31] .

Se produzca toda Justicia: este juicio de la verdad que busca la discretio está referido a lo que debe ser: se trata no solamente de distinguir el bien del mal, sino de reconocer lo que es más perfecto y que merece que la voluntad le conceda la prioridad, es la adhesión humana al orden establecido por Dios.

Y continúa la descripción:

“Como proveniente de las nubes refulge en su pecho un esplendor de maravillosa luz: es decir que desde la misericordia de Dios, como desde una nube resplandeciente, la luz abrasadora de la divina piedad es derramada y penetra en el espíritu de los hombres, despertando en ellos el discernimiento (discretionem) e iluminándolos.
[...] porque con Su celestial poder el Espíritu Santo, [...] dividiendo los diversos rayos de Sus dones, [...] los difunde a los hombres [...], iluminando su entendimiento y su espíritu de manera tal que en cualquier asunto entiendan perspicazmente qué es lo que deben hacer en armonía con [la Voluntad de] Dios.” [32]

Pero la discreción es primeramente un don de Dios para que el hombre pueda conocer y querer lo que es justo. Don de la misericordia divina que ilumina la inteligencia del hombre para que éste pueda conocer la Voluntad de Dios, y con la moción del Espíritu, renunciar a su voluntad propia y apoyarse enteramente sobre la voluntad divina. En consecuencia, la discreción para Hildegarda es mucho más que el buen juicio del sentido común, que el discernimiento, hábil y perspicaz, para la vida. Es esa fuerza vital que hace al alma fuerte y reflexiva para actuar acorde con la Voluntad de Dios. Tanto aquí como también al principio de la Explanatio, decíamos que Hildegarda juega con los términos poder y fuerza de Dios, don del Espíritu Santo, poder y fuerza de la Discreción, temor de Dios, piedad, etc., repetidamente. O sea que el hombre por sí mismo, con su sola capacidad, inteligencia y buen sentido común no puede actuar la justicia ni obrar conforme a la Voluntad de Dios, por más recta intención que tenga, sin el auxilio de la gracia, esto es, por la misericordia de Dios, iluminado por el Espíritu Santo con el poder y la fuerza de la acción de Dios: la Discreción. Entonces, una vez conocida y aceptada, ya no es el hombre el que obra sino que es Dios mismo quien actúa y realiza Su obra en el hombre [33] .

Al referirse a su vestido dice:

“Y viste una túnica negruzca: porque está envuelta por la mortificación de la carne, rechazando la liviandad de todo lo que es vano.” [34]

Con esto quiere decirnos que para conseguir el don de la Discretio, madre de virtudes, es necesario que el hombre se esfuerce con el trabajo de la ascesis. Entramos así en el segundo punto de nuestra ponencia:

II. LA ASCESIS DE LA NORMALIDAD [35]

Como sabemos, la ascesis es un tema esencial a lo largo de toda la historia de la vida monástica. Ya Antonio la recomendaba diciendo: “Son necesarias mucha oración y ascesis para que cada uno, recibiendo por medio del Espíritu el carisma del discernimiento de espíritus, sea capaz de conocer lo concerniente a ellos” (VA 22,3). Ella no es un fin en sí misma sino una herramienta a través de la cual el monje persigue alcanzar la pureza del corazón, para así cumplir la bienaventuranza: “Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt. 5.8). Los puros de corazón son los que ven a Dios, conocen Su Voluntad, oyen Su Voz, interpretan Su Palabra [36] .

“La ascesis es esta actividad espiritual, esta lucha, motivada por una lucha previa: la de los vicios contra las virtudes. [...] Su causa eficiente es un desorden y su finalidad es el restablecimiento del orden.” [37]

Sabemos bien que Hildegarda cree firmemente que la salud física y la espiritual se fundamentan en la armonía: “vincula la enfermedad a la maldad, y dice que aquella sería producto de ésta, a la que representa como un desarreglo interior, un quiebre de la belleza y la armonía interiores que constituyen la salud del hombre y su estado natural” [38] en el ser ordenado según su naturaleza y el Creador. Ahora bien, ¿de qué se trata esta ascesis de la normalidad?

Nos dice la Madre Cándida Cymbalista:

“Se trata de ser normal y de actuar con normalidad desde que uno se levanta hasta que uno se acuesta, y desde que se acuesta hasta que se levanta. [...] Dentro de este proceso [...] se incluye la adquisición de los grandes hábitos éticos y sobrenaturales, pero vividos muy naturalmente, [...], sabiendo que lo normal no es el vicio sino la virtud.”

Sus principales elementos son:

1. Realismo (aceptación y respeto del ser de las cosas y circunstancias)

“Cada ser es él mismo con toda su riqueza y con toda su pobreza. Cada persona es como es.[...].
Respetar significa reconocer la verdad de cada ser (cf. catequesis de Pablo VI del 20 de noviembre de 1974), la verdad de cada persona en cuanto ser. [...] Significa no hablarles a las cosas, sino oír lo que ellas son y oír la voz de Dios sobre ellas. De esta doble escucha surgirá un juicio modesto, humilde, que se expresará en una palabra de vida el día que las personas y las cosas nos digan: ‘¿Qué dices tú de mí? ¿Qué debo hacer para ser más mi ser?’.[...]” [39]

Todo el comentario que Hildegarda hace de la Regla está bajo esta mirada realista de la condición humana, ese respeto a las personas, esa aceptación del ser de las cosas y circunstancias, dejando de lado las ilusiones y sometiéndose a la realidad. He aquí que señalamos algunas huellas que encontramos, por ejemplo, cuando comenta el capítulo cinco de la Regla, que trata sobre el silencio. Dice:

“[...] Porque no daba ese permiso para hablar a no ser movido por alguna justificada necesidad, o por el aprovechamiento de alguna obra piadosa. De cualquier forma, ya que es casi inhumano que una persona guarde siempre silencio, sin hablar nunca, él mismo deja este asunto, como hace con otras muchas cosas, en poder y juicio [discretione] del abad, que determinará el momento apropiado para que sus discípulos se reúnan para hablar de cosas buenas y necesarias, y no se vean afectados por el tedio a causa de un silencio excesivo [indiscreto]. Así, después de esos permisos para hablar unos con otros, podrán ser advertidos y obligados de manera más adecuada y rigurosa a la práctica del silencio.” [40]

Y en su largo comentario al cap 8-20 que trata del ordenamiento del Oficio Divino, entre otras cosas dice, refiriédose a las vigilias de los domingos y solemnidades:

“[...] ni tampoco en estos días prohibe a los hermanos volver a sus camas para descansar, una vez finalizados los laudes. Pero si permitiéndolo el tiempo se hubieran levantado más temprano, tácitamente deja a su juicio volver a la cama, porque podrían estar cansados a causa de la larga duración del servicio divino de la noche [41] . Téngase en cuenta que las cosas que el santo no permite hacer, las prohibe abiertamente, y por otra parte, urge con toda claridad para que se haga lo que debe hacerse. Pero aquellas sobre las que así guarda silencio, las deja al arbitrio y discreción del abad y de los propios hermanos.” [42]

2. Identidad (aceptación realista del propio ser visto en su verdad)

“Es necesario demitizar y desmistificar nuestro propio ser, aceptando reciamente nuestra verdad óntica, nuestro ser lleno de riquezas, muchas de ellas aún inexploradas, y lleno de miserias, de fisuras que duelen y a veces desesperan. Vernos como somos, aceptarnos como somos, sacarnos todas las máscaras es comenzar a ser humildes en serio, es comenzar a ser santos. Cuando caen todas las molduras artificiales, todos nuestros complejos de santidad, de humildad, de oración, de inteligencia, de abnegación, de sabiduría, de valores ignotos, de superioridades de toda índole, entonces emerge la bella construcción hecha por las manos de Dios: sobria y noble en su grande o pequeña dimensión.[...] Esta identidad es nada menos que la médula de la ascesis. Es el sexto y séptimo grados de humildad en la Regla de San Benito (cap. 7) [43] . Es esa depuración cuyo fruto es la sencillez, la simplicidad, la nitidez.” [44]

Hildegarda nos muestra esta aceptación realista de su ser en sus obras, donde suele empezar presentándose como una pobre mujer iletrada, pero sobre todo reconociendo que todo le es dado, que todo lo ha recibido [45] . Ella  reconoce lo que es, su fragilidad; pero asimismo reconoce el inmenso don de Dios sobre su persona, y no lo atribuye a su sagacidad ni a su inteligencia [46] , por lo que tiene firmeza y autoridad en sus palabras. No se apoya en sí misma. Quién como ella sabe de su fragilidad, de sus límites –al punto que nos parece exagerado el tratamiento que se da a sí misma (ceniza de ceniza, podredumbre de podredumbre)–, pero se acepta tal y como es y por eso puede aceptar recibir el inmenso don de Dios, sin apropiárselo ni guardárselo. Y sabemos bien los sufrimientos que le costó aprender esto [47] , ya que “cada vez que Hildegarda se negaba a la Voluntad Divina caía enferma y sólo cesaba su mal cuando accedía a escribir, a trasladarse a su nuevo monasterio, a predicar..., en una palabra, al mandato divino” [48] .

Las huellas de esta Identidad las encontramos tanto al comenzar su Explanatio –según vimos anteriormente–, como al finalizar, allí donde Hildegarda afirma:

Así, pues, yo, que soy una pobrecilla mujer oí estas palabras de la Sabiduría que me enseñó los pasajes oscuros de la Regla de San Benito, de manera que me fuera posible comunicarlas con claridad. Por lo cual los mansos, dóciles, y temerosos de Dios, escuchen atentamente estas cosas, entiéndanlas con un corazón piadoso y recíbanlas con humilde devoción.” [49]

“Nuestra verdadera riqueza no está en el oro que recubre nuestras paredes, sino en lo que somos, y eso tenemos que descubrirlo cueste lo que cueste, arduamente, y sólo lo lograremos desposando nuestro corazón con el Verbo de Dios en la soledad de la Cruz.” [50]

3. Oblatividad (apertura dialógica con los demás)

“Dadas las dos actitudes anteriores, la oblatividad surge como una consecuencia lógica. Parte de mi verdad es descubrir la necesidad que yo tengo de los demás, y la necesidad que los demás tienen de mí. Este descubrimiento me coloca en una actitud de diálogo ontológico, de receptividad por un lado, y de donación por el otro. Es la ruptura con el egoísmo, la misantropía, la avaricia, la suficiencia, y por lo tanto la irrupción del amor, del servicio, de la acogida Y este amor es fuego generador de amistad, de obediencia, de consecución del bien común, de fecundidad espiritual.
Esta ascesis del amor es totalmente cristiana, ella supone la fuerza del Espíritu Santo, el amor derramado en nuestros corazones.
Ésta es la cumbre de la ascesis de la normalidad, de la ascesis del amor. Y nada hay más serio, más genuino, y más de Dios.” [51]

Hildegarda lo resume magistralmente en una sola palabra llena de significado y densidad, cuando comenta el cap. 35 que se refiere al servicio de cocina:

“[...] y tanto el que sale como el que entra, lavará los pies a todos. Con esto se refiere al mandatum [52] .

Haciendo referencia al Mandamiento Nuevo de la Caridad, ley suprema de los cristianos que Jesús da a Sus discípulos antes de la fiesta de Pascua, cuando había llegado Su hora, y habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin (Jn. 13, 1): ‘Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros: para que así como Yo os he amado vosotros también os améis unos a otros’. (Jn. 13, 34). Es el amor hasta las últimas consecuencias. El cristiano, nacido de Dios por la fe, se hace heredero de Cristo por la Caridad. Por eso es que encontramos las huellas de esta ascesis cuando comenta el cap. 31 sobre el mayordomo o cillerero, preservándolo de las ilusiones de preferencia o prejuicios personales para obrar como se debe:

“Habla así del cillerero del monasterio: Proporcione a los hermanos la ración establecida, sin altivez ni retraso. Esto es, sin que se establezca una medida predeterminada. Y porque en la palabra typo ‘ti’ significa ‘para ti’, y ‘po’ significa ‘poder’, para que el cillerero no se diga para sus adentros: ‘Tienes el poder de dar y de negar cuando lo desees’, de suerte que dé más y mejor alimento a quien quiera, y menos y peor al que quisiere. Así suelen hacer a veces los mundanos –los que tienen a su cargo la distribución de los alimentos– en la administración de sus señores; pero que el cillerero no se arrogue semejante poder cuando dé al que necesita una porción mayor que la que da al que tiene menos necesidad. Ni se retrasará en dar lo que debe dar.” [53]

4. Coherencia [integración de mi ser en sí mismo y de mi ser en sus expresiones (acción y comunicación)]

“Buscar la coherencia en el obrar es recia disciplina a la que pocos se lanzan. Pero si hemos establecido en nosotros la verdad y el amor, la coherencia brotará sola, como una necesidad intrínseca.” [54]

Es la unicidad del ser, la armonía y equilibrio que tanto gustan a Hildegarda. “Esta ‘ascesis de la coherencia’ es un verdadero secreto de los verdaderos santos, de los verdaderos ascetas, de los verdaderos monjes.” [55]

Y refiriéndose al capítulo 53, que trata sobre la Hospitalidad dice:

“[...]; que todos, quienesquiera que fueren, sean conducidos a la iglesia para orar, y los hermanos oren a Dios para no violar sus normas con los huéspedes. Y los huéspedes se edificarán al ver esta manera de vivir. [56]

5. Alegría

“La alegría es como el fruto maduro de esta ascesis de la normalidad que hemos pormenorizado. Nada tan normal, tan humano, tan divino, como la alegría.[...] Y de la abundancia del corazón habla la boca.[...]
Esta alegría es:
- dilatación del corazón en la libertad interior;
- dilatación del corazón en la belleza de Dios y su creación;
- un fruto del Espíritu Santo (Gál. 5, 22).
[...] Es el monje que experimenta su libertad interior como un silencio; a la vez, como un ritmo musical; a la vez, como una fuerza; a la vez, como un inmenso espacio blanco; a la vez, como una ordenada policromía. [...]. Es la ebriedad del Espíritu en la mañana de Pentecostés. Es el éxtasis en la belleza de Dios y sus obras como en la aurora de la creación. Es la constante participación en la vida del Espíritu Santo: alegría intratrinitaria, éxtasis personal de la belleza de Dios.” [57]

¿Acaso no reconocemos esta actitud en Hildegarda y en toda su obra? [58] Y en el comentario nos dice refiriéndose a la Oración en el Oficio Divino (RB 8-20):

“Dice además: Recordemos siempre lo que dice el Profeta: ‘Servid al Señor con temor’ (Sal. 2, 11) y ‘Salmodiad con sabiduría’ (Sal. 46, 8; RB 19, 3). Con esto está dando a entender que había abreviado el servicio divino para que se realizase diligentemente y con alegría, sin cansancio [...]” [59]

Hasta aquí hemos querido señalar a modo de ejemplificación algunas huellas de esta ascesis de la normalidad en la Explanatio de Hildegarda.

CONCLUSIÓN

Al comenzar este trabajo decíamos que podíamos sentirnos decepcionados porque Hildegarda no hace un comentario teológico de la RB. Luego de andar un poco descubrimos la hondura espiritual y la profundidad teológica que contiene este comentario, como creemos que ha quedado demostrado al significar el sentido de la Discretio y su relación con la Ascesis de la Normalidad. Y vemos que si bien no se puede recibir el don de la discreción sin tener el corazón purificado por la ascesis, el fruto de la discreción es la libertad, verdadera libertad interior que desemboca en una forma concreta muy precisa: ‘en una vida de libertad al servicio de Dios’ [60] , de la cual nos admirábamos al comienzo. [61] . Es la libertad de los hijos de Dios, a la que todos estamos llamados, es la docilidad a la acción del Espíritu [62] que percibe la maravillosa diversidad de las creaturas y que con su ‘gracia edifica sobre la naturaleza y según sea cada naturaleza’ [63] , impulsando a cada uno a alcanzar las cumbres más altas de la perfección según su propia medida.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

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Hildegarda de Bingen; Feiss, H. (comment.); Merino Salvado, C. (trad.); De Pascual, F.R. (trad.). “Explicación de la Regla de San Benito”. Cistercium. 1996; 48(204): 25-67.

Hildegard of Bingen Ordo virtutum: El texto que se adjunta con el CD de la obra musical. También, el texto latino de la versión bilingüe realizado por la Madre Abadesa Cándida Cymbalista.

Hildegarda de Bingen. Scivias: Conoce los caminos. Trad. de Antonio Castro Zafra y Mónica Castro. Madrid: Trotta, 1999. 508 p. (Colección Estructuras y Procesos. Serie Religión).

Hildegard of Bingen The Letters of Hildegard of Bingen. 3 vol. Transl. by Joseph L. Baird and Radd K. Ehrman. New York/Oxford: Oxford University Press, 1994-2004

Otras:

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Casiano, Juan. Colaciones. 2 T. Madrid: Ed Rialp, 1958.

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Fraboschi, Azucena Adelina. Hildegarda de Bingen. La extraordinaria vida de una mujer extraordinaria. Buenos Aires: Educa, 2004. 208 p.

Fraboschi, Azucena (ed.). I Jornada Interdisciplinaria. Conociendo a Hildegarda. La abadesa de Bingen y su tiempo. Buenos Aires: Educa, 2003. 251 p.

Garcia M Colombás: La Tradición Benedictina. Ensayo histórico. Tomo IV: El siglo XII, vol. 1 y 2. Zamora: Ediciones Monte Casino, 1993. (Colección Espiritualidad monástica, 28).

Gregorio Magno: San Benito de Nursia. Libro II de los Diálogos. Buenos Aires: Lumen, 1989.

La Regla de San Benito. Introd. y comentario por Dom García M. Colombás,osb. Traducción y notas Iñaki Aranguren,ocso. Madrid: BAC, 1979. 510 p.

Leclercq, Jean. Cultura y vida cristiana. Iniciación a los autores monásticos medievales. Salamanca: Sígueme, 1965. 333 p. (Colección “Nueva Alianza”, 3).

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Artículos:

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NOTAS:

[1] Flisfisch, María Isabel. “Eva - María: ¿Una Relación de Oposición o de Identificación? (Hildegard de Bingen. Symphonia, Antífonas 10 -16)”. Cyber Humanitatis. Otoño 1999; 10: (vuelve al texto)

[2] La carta que pide el comentario procede de la “congregatio Hunniensis”, la cual ha sido interpretada por algunos estudiosos como perteneciente al convento de monjas cluniacenses de Huy, junto a Lieja; de Heningense en la diócesis de Worms; o de Ravengiersburg  (Humsrück) en la diócesis de Trier. (Explicación de la Regla de San Benito por Hildegarda de Bingen. Introducción y comentarios por Hugh Feiss, osb. Cistercivn. 1996; 204: 30). Migne 197, 1053B da como autoras de la carta a las “Sorores Hunnienses”, pero en el curso de la carta no aparece ninguna indicación de género (masculino o femenino) excepto en dos oportunidades: en el inicio de la carta, en una metáfora en la que se lee “rociados” (Gratiosae revelantia opinionis vestrae tanquam paradisici narcissi inaestimabili flore respersi), con la única posibilidad de un nominativo masculino plural; y cuando solicitan a Hildegarda su comentario a la Regla, “pues se nos llama mentirosos, perjuros, transgresores de dicha Regla, y que despreciamos los decretos de los sínodos.” (Dicimur enim mendaces, perjuri, praedictae Regulae transgressores, synodaliumque decretorum contemptores). “Perjuros”, perjuri, es palabra inequívocamente masculina en latín. (A. Fraboschi ) (vuelve al texto)

[3] Leclercq, Jean. Espiritualidad occidental, testigos. Salamanca: Ediciones Sígueme, 1967, p. 217 (Hinnení 72). (vuelve al texto)

[4] Estas realizaciones van acompañadas a veces de críticas dirigidas al monaquismo tradicional; es que, como siempre, el impulso vital provoca una cierta agresividad, y estos ataques vienen de todas partes: laicos, clérigos y de los mismos monjes.(Leclercq, Jean. Espiritualidad occidental, Fuentes. Salamanca: Ediciones Sígueme, 1967, p. 216). (vuelve al texto)

[5] No podemos afirmar que se trate ciertamente de una comunidad monástica, pero sí una comunidad que lleva un estilo de vida regido por una Regla y que los peticionarios reconocen su gran cercanía con todas las claustrales. (vuelve al texto)

[6] Dicimur enim mendaces, perjuri, praedictae Regulae transgressores, synodaliumque decretorum contemptores. Quod ideo maxime evenit, quia quisque praelatorum nostrorum pro libitu mentis suae tam instituta canonum, quam Regulae, despicit, ut dum ipsi sibi sunt lex, secundum ejusdem Regulae testimonium, quod volunt, hoc dicunt sanctum et justum; et quod nolunt, hoc putant non licere. Unde fit, quod omni vento doctrinae circumferamur (Eph. IV), et valde praesumptionibus hominum aggravamur. (Migne 197, 1054B Trad. de A Fraboschi). (vuelve al texto)

[7] La aspiración primera que figura en el origen de todo monaquismo está, pues, siempre viva: se plantea sólo la cuestión de saber en qué forma se realizará mejor. A esta pregunta iban a responder, mejor que los polemistas, los santos. (Leclercq, Jean. Espiritualidad occidental, Fuentes, p. 216). (vuelve al texto)

[8] Hildegarda trató de problemas de conciencia y de importantes asuntos de la Iglesia con san Bernardo, Eugenio III y otros personajes de la Orden,  y de cuestiones de teología con abades y monjes. B Lackner no duda en escribir que puede reconocerse en ella a “una madre espiritual” de los monjes blancos. La correspondencia de Guiberto de Gembloux contiene algunas cartas que demuestran el deseo de los monjes de Villers-en-Bravant de aprovecharse de su sabiduría... Hacia las primeras cistercienses alemanas Hildegarda albergó en su corazón y manifestó en sus cartas un gran amor y consideración; no por ello dejó de criticar la ascesis que las nuevas monjas practicaban, a su juicio, con poca discreción. Tanto en lo corporal como en lo espiritual influyó poderosamente en sus vidas como lo atestiguan, entre otros documentos, su carta a Isabel, abadesa de Sankt Thomas an der Kyll, y la dirigida a Jutta, conversa de Wechterswinkel – (García  M. Colombás. La tradición Benedictina, S XII; Vol. II, p. 922). (vuelve al texto)

[9] Carta 52, de Tengswich de Andernach, año 1148-50, p. 125-27. En: Hildegardis Bingensis. Epistolarium, 91. (vuelve al texto)

[10] “Le recrimina dos cosas: la primera, que en los días festivos sus religiosas llevan sueltas sus cabelleras y están ataviadas con túnicas blancas y largos velos de seda; se adornan con coronas de filigrana de oro que a ambos lados y atrás tienen incrustadas unas cruces y la figura del Cordero en su parte frontal, y en los dedos llevan anillos de oro. Todo ello, señala Tengswich, contradice la advertencia de San Pablo: ‘Que las mujeres se vistan con modestia, y no con los cabellos rizados, ni oro ni perlas ni vestidos costosos’ (1Tm. 2, 9). El segundo reproche que la canonesa hace a Hildegarda es que en su comunidad admite tan sólo a mujeres de la nobleza y de buena familia, rechazando a las que no reúnen tales requisitos, selección que no se compadece con la que hiciera nuestro Señor para la fundación de su Iglesia, y tampoco es acorde con la declaración de Pedro: ‘Verdaderamente he comprendido que Dios no hace acepción de personas”. (Fraboschi, Azucena. “Tengswich ataca, Hildegarda se defiende Los motivos de la Abadesa”, p. 8. En: STYLOS (Instituto de Estudios Grecolatinos “Prof. F. Nóvoa”, UCA, ISSN. 0327-8859). 2003; 12(12): 7-23). (vuelve al texto)

[11] Cfr. Mt. 7, 24 ss. (vuelve al texto)

[12] Templo Spiritus sancti et reverendae ac Deo dilectae sponsae Christi HILDEGARDI, et sororibus de S. Roberto in Pingis magistrae exoptatiss., tota concors congregatio Hunniensis coenobii, cum bonorum operum humilitate et instantia, aeterna sublimari gloria. Gratiosae revelantia opinionis vestrae tanquam paradisici narcissi inaestimabili flore respersi, usque adeo delectamur, ut cum Apostolo dicere cogamur: Gratias ei qui semper triumphat in nobis, in quibus odorem notitiae suae manifestat in omni loco (II Cor. II). Contemplantes enim totam compagem universi corporis Ecclesiae, in qua unus Spiritus dividit singulis prout vult  (I Cor. I), ejus exuberantiam in vestrae sanctitatis excellentia congaudemus effluitare. Quia igitur vos post tempora apostolorum, quasi quoddam speculum divinae pietatis contemplamur, ideo in necessitatis articulo tanquam ad firmissimum inexpugnabilis municipii asilum confugientes, consilio et orationibus vestris ut nobis succurratis, deprecamur. Ordo quippe noster, licet per omnia simus nobis dissimiles, per vos honoratur et beatificatur. Itaque relatum est nobis de operibus vestris, quoniam breviter et lucidae Ecclesiae filiis, tanquam desiderabiles divitias contulistis, et quia nec hoc dono caretis, pedibus sanctitatis vestrae convoluti, omnes in commune petimus pietatis vestrae almitatem, ut aliquid super Regulam B. Benedicti Patris nostri memoriale vestrum relinquatis admodum nobis necessarium. (Migne 197, 1053B-54B, Trad. de A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[13] Estaría relacionado con el Prólogo de la Vida que escribe S Gregorio Magno, donde felicita a Benito por haber “despreciado los estudios literarios” para buscar sólo a Dios. Habiendo partido de Roma “ignorante”, sin embargo consigue escribir un opúsculo “brillante”, incluso por su estilo. De todos modos, “brilló por su doctrina” él, que se había “retirado antes de ser docto”. (vuelve al texto)

[14] Vemos aquí reflejado el doble elogio –del fondo y de la forma– que hace Gregorio de la Regla: es “notable por su discreción” y en cuanto al elogio de la forma –sermone luculentam–, podemos dudar entre dos sentidos: “clara” o “brillante”. Cf. San Gregorio Magno. Diálogos. Libro II: Vida y milagros del Bienaventurado Abad Benito: “discretione praecipuam, sermone luculentam”. (vuelve al texto)

[15] Et ego paupercula feminea forma, et humano magisterio indocta, ad verum lumen et ad memoriam beati Benedicti secundum petitionem vestram prospexi, quatenus ea, quae in doctrina Regulae ipsius intellectui hominum difficiliora et obscuriora sunt, mihi per gratiam Dei manifestarentur. Et audivi vocem a vero lumine mihi dicentem: Lucidissima et mystica spiramina Spiritus S. in B. Benedicto operatus est, ita quod mens ipsius in amore Dei ardebat, et quod in virtutibus ut aurora rutilabat; nec suasionem diabolicae artis in operibus suis perfecit. Ipse enim gratia Spiritus sancti hoc modo perfusus erat, quod in nullo opere suo velut in puncto momenti et ictus oculi virtute Spiritus sancti carebat. Fons quoque clausus fuit, qui in discretione Dei doctrinam suam effudit, cum acutum clavum doctrinae nec nimis in altum, nec nimis in profundum, sed in medium rotae fixit, ita ut unusquisque, sive fortis, sive imbecillis sive infirmus sit, ex ea secundum possibilitatem suam bibere competenter possit. Rota autem haec circumiens potestas Dei est, qua Deus in antiquis sanctis usque ad Moysen, qui populo Dei legem dedit, operatus est; et qua etiam in aliis sanctissimis viris operabatur, quorum clavus laborum in tam altam altitudinem infixus erat, ut communis populus illum capere non valeret. Beatus quippe Benedictus doctrinam suam in timore Dei mitissime hausit, et in pietate praecepta Dei docuit, et in charitate murum sanctitatis Regulae constituit, et in castitate omnibus pompis et deliciis terreni saeculi peregrinus fuit. Et quoniam ipse in timore et pietate, in charitate et castitate doctrinam suam scripsit, ideo nihil eidem doctrinae addendum vel auferendum est, quia ei nihil deest, quoniam in Spiritu S. facta et completa est. (Migne 197, 1055A-55C, Trad. de A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[16] Las Virtudes son fuerzas divinas trabajando en y con el hombre; pero son poderes divinos. De ahí que en algún momento se hable de la doble naturaleza de la Virtud, al modo como se habla de una doble naturaleza en Cristo”. (A. Fraboschi) (vuelve al texto)

[17] Podemos decir con J. Leclercq: “En última instancia, no se trata más que de practicar el Evangelio siguiendo los ejemplos y las enseñanzas de Jesús, que culminan en el misterio de la Cruz. El Evangelio es siempre válido y nadie jamás puede dispensarse de él. Si la Regla es de carácter pedagógico, es, con relación al Evangelio, un poco como lo era la ley antigua con relación a la Nueva Alianza, al reino de la gracia. La Regla guarda un valor durable, definitivo, en la medida en que es evangélica, y lo que puede cambiar, dejar de ser obligatorio para tal o cual, no es la obediencia, sino la Regla, en lo que ella contiene de prescripciones de orden práctico y contingente.” (Leclercq, J. osb. “La obediencia, educadora de la libertad, en la tradición monástica”. Cuadernos Monásticos. 1973; 8(25): 227-48. (vuelve al texto)

[18] Schindele, María Pía ocist, “La vida monástica según la doctrina de San Bernardo. La Discreción”. Cuadernos Monásticos. 1999; 34(129): 156-184. (vuelve al texto)

[19] Juan Casiano. Colaciones I, Conf. II, IV: “[...] sin la gracia de la discreción no puede la virtud ser estable ni perfeccionarse”, y más adelante: “[...] la discreción es lo que conduce al monje con paso firme y sin vacilación hacia Dios, y conserva para siempre intactas las mismas virtudes. Pues gracias a ella, se sube con menos fatiga la cuesta arriba de la perfección, adonde sin su concurso muchos no hubiesen podido llegar a pesar de sus continuos esfuerzos. En consecuencia, quedó confirmado que la discreción es la madre, guarda y moderadora de todas las virtudes.” Madrid: Ed Rialp, 1958, p. 93-94. (vuelve al texto)

[20] RB 64,19: Haec ergo aliaque testimonia discretionis matris virtutum sumens, sic omnia temperet ut sit et fortes quod cupiant et infirmi non refugiant. (Tomando, pues, este y otros testimonios de discreción, que es madre de virtudes, modere todo de modo que los fuertes deseen más y los débiles no rehuyan). (vuelve al texto)

[21] Cfr. RB IV, 41 Spem suam Deo committere. Poner su esperanza en Dios. Cfr. Salmo 36, 3-6: “Confía en el Señor y haz el bien, / habita tu tierra y practica la lealtad; / sea el Señor tu delicia, / y Él te dará lo que pide tu corazón. / Encomienda tu camino al Señor, / confía en Él, y Él actuará: / hará tu justicia como el amanecer, / tu derecho, como el mediodía.” (vuelve al texto)

[22] VERBA DISCRETIONIS 'Ego, mater uirtutum, iustitiam Dei in omnibus rebus semper habeo. Nam in spiritali militia et in saeculari strepitu intra conscientiam meam Deum meum semper exspecto. Non damno, non conculco, non sperno reges, duces et praesides ac cetera saecularia magisteria, quae ab auctore omnium rerum ordinata sunt. Quomodo licitum esset ut cinis cinerem sperneret? Crucifixus Dei Filius conuertit se ad omnes, eos secundum iustitiam et misericordiam suam monens. Ego etiam unamquamque ordinationem et institutionem eius secundum uoluntatem ipsius habere uolo'. (Hildegardis. Scivias. Ed. Adelgundis Führkötter O.S.B. collab. Angela Carlevaris O.S.B. Turnhout: Brepols, 1978. Traducción de A. Fraboschi) (vuelve al texto)

[23] Schindele, María Pía ocist, ob. cit. (vuelve al texto)

[24] “‘en Cristo’ se refiere a Aquél en Quien se consuma la antigua observancia, pero también a Aquél en Quien descansa la Discreción (el Discernimiento). En la representación pictórica, es la figura de mujer sentada (única figura sentada) al final del muro, con la cabeza y el cuerpo apoyados en Jesús crucificado.” (A. Fraboschi). La roca que es Cristo. Cf. RB Prol. 28-34: “qui malignum diabulum aliqua suadentem sibi, cum ipsa suasione sua a conspectibus cordis sui respuens, deduxit ad nihilum, et parvulos cogitatos eius tenuit et adlisit ad Christum; qui, timentes Dominum, de bona observantia sua non se reddunt elatos, sed ipsa in se bona non a se posse sed a Domino fieri existimantes, operantem in se Dominum magnificant, illud cum Propheta dicentes: ‘Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam’;  sicut nec Paulus Apostolus de praedicatione sua sibi aliquid inputavit, dicens: ‘Gratia Dei sum id quod sum’;  et iterum ipse dicit: ‘Qui gloriatur, in Domino glorietur.’ Unde et Dominus in Evangelio ait: ‘Qui audit verba mea haec et facit ea, similabo eum viro sapienti qui aedificavit domun suam super petram; venerunt flumina, flaverunt venti, et inpegerunt in domum illam, et non cecidit, quia fundata erat super petram.” (El que apartó de la mirada de su corazón al maligno diablo tentador y a la misma tentación, y lo aniquiló, y tomó sus nacientes pensamientos y los estrelló contra Cristo. Éstos son los que temen al Señor y no se engríen de su buena observancia, antes bien, juzgan que aun lo bueno que ellos tienen no es obra suya sino del Señor, y engrandecen al Señor que obra en ellos, diciendo con el Profeta: “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria” (Sal. 113 b, 1). Del mismo modo que el Apóstol Pablo, que tampoco se atribuía nada de su predicación, y decía: “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Co. 15, 10).  Y otra vez el mismo: “El que se gloría, gloríese en el Señor” (2 Co. 10, 17). Por eso dice también el Señor en el Evangelio: “Al que oye estas mis palabras y las practica, lo compararé con un hombre prudente que edificó su casa sobre piedra; vinieron los ríos, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa, pero no se cayó, porque estaba fundada sobre piedra” (Mt. 7, 24 ss). (vuelve al texto)

[25] SPECIALITER DE DISCRETIONE ET HABITV EIVS ET QVID SIGNIFICET Imago uero quae in fine muri super lapidem sedet praetendit discretionem: quia ipsa in consummatione antiquae obseruationis in Christo requiescens pleniter apparuit, sollertissima exsistens cribratrix omnium rerum, tenens scilicet quod tenendum est, et abscidens quod abscidendum est, ut triticum a lolio separatur. (Hildegardis. Scivias, p. 457-58, Trad. A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[26] Cfr. Mt. 13,30: “Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero”. (vuelve al texto)

[27] RB VII,21: Docemur ergo merito nostram non facere voluntatem cum cavemus illud quod dicit sancta Scriptura: ‘Sunt viae quae putantur ab hominibus rectae, quarum finis usque ad profundum inferni demergit(vuelve al texto)

[28] La justicia principia por el buen discernimiento. Cfr. Sal. 110, 10 y Prov. 1, 7. (vuelve al texto)

[29] “La altura que le conviene” es la santidad, es vivir las bienaventuranzas. El hombre es imagen y semejanza de Dios, y por ello está llamado a ‘ser perfecto como el Padre del cielo es perfecto’. Cfr. Mt. 5, 17-48 y Lc. 6, 27-49. (vuelve al texto)

[30] “Es la Discreción, por donde principia la justicia, quien vuelve a dar al hombre –en Cristo crucificado, Redentor y Restaurador del hombre y de la creación– sus dos dimensiones: humana y divina, en modo y medida justos. Por otra parte no olvidemos que, como toda Virtud, es fuerza divina actuando en y con el hombre: de allí tal vez la referencia a ser en parte divina y en parte humana” .(A. Fraboschi) (vuelve al texto)

[31] Quod autem in dextro umero habet modicam crucem imposita imagine Iesu Christi: hoc est quod eadem uirtus radicem posuit in dextra parte potentiae fortitudinis Dei, cum Deus omnipotens Filium suum misit mirabiliter incarnari et humiliter pati, cuius dilectioni coniuncta est discretio; quoniam ab ipso manifestata est, ut per eam omnis iustitia discernatur. Et ut Deus est dispensator conuenientis staturae hominis, ita est discretio imitatrix illius in officio suo, opera sua uidelicet adimplens in dispensatore crucifixo Filio Dei, cum ipsa in utraque dignitate est, diuinitatis scilicet et humanitatis. (Hildegardis. Scivias, p. 458, Trad. A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[32] Quod uero quasi ex nubibus effulget in pectus eius quidam splendor mirae claritatis: hoc est quod de misericordia Dei quasi de nube clarissima accensio diuinae pietatis aspiratur in mentes hominum, discretionem in eis faciens eos que illuminans. Vnde etiam a se in multos radios diuisus est ut splendor solis a se diuiditur, cum per parua et multa foramina alicuius rei fulget: quoniam Spiritus sanctus in superna uirtute diuersos radios donorum suorum diuidens hominibus, eos scilicet lucidiores sole, ineffabiliter discretos in humilibus cauernis, id est in perspicacibus uisibus animarum fidelium suorum diffundit, illustrans sensus et mentes eorum, ita ut acutissime in quibusque causis intellegant quid eis apte in Deo faciendum sit. (Hildegardis. Scivias, p. 458, Trad. de A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[33] “EN SU MANO DERECHA TENÍA UNA PEQUEÑA MADERITA, A MODO DE UN ABANICO: esto es que la Discreción (discretio), a su derecha, que es el lado de la salvación de las almas, contempla siempre su obra, que mediante el don del Espíritu Santo realiza en los hombres, como en un madero de carne frágil, la cual tiene en sí este signo [esta figura]  para ahuyentar con el auxilio divino las muchas y variadas moscas de la persuasión diabólica, y no dispersarse a causa de ellas en vanidades. Por lo cual también DE SU EXTREMO SUPERIOR MARAVILLOSAMENTE BROTAN TRES RAMITAS EN FLOR, para que los fieles [...], así como Dios dispone justa y discretamente (discrete) todas Sus obras en Sus diversas criaturas, así también los hombres dispongan todo cuanto hacen bien y rectamente, gracias al poder y la fuerza de la Discreción (per uim discretionis).” (Sed quod in dextra manu modicum lignum in modum flabelli habet: hoc est quod discretio in dextra parte saluationis animarum opus suum per donum Spiritus sancti in hominibus quasi in ligno fragilis carnis semper considerat, hoc signum tamen in se habentis, ut a se per diuinum auxilium diuersas muscas diabolicarum uidelicet persuasionum abigat, ne per eas in diuersas uanitates dispergatur. Propter quod etiam ex eius summitate tres ramusculi miro modo cum flore pullulant, ut fideles homines super omnia et in omnibus sanctam Trinitatem in mirabilibus suis semper florentem fideliter credant in unitate diuinitatis gloriosissime regnantem, non temere in semetipsis caelestia secreta examinantes, sed sicut Deus omnia opera sua in diuersis creaturis suis iuste et discrete disponit, sic etiam ipsi homines per uim discretionis cuncta facta sua bene et recte dispensent. Hildegardis. Scivias, p. 458-59, Trad. de A. Fraboschi) (vuelve al texto)

[34] Et induta est tunica subnigra: quoniam circumdata est mortificatione carnis, abiciens leuitatem totius uanitatis. (Hildegardis. Scivias, p. 458, Trad. de A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[35] En este segundo punto, seguiremos las líneas directrices del estupendo trabajo de M. Cándida María Cymbalista: “La ascesis de la normalidad, (Cuadernos Monásticos. 1975; (32): 89-101) ya que creemos que es el eje vertical en el que se apoya la vida y la obra de Santa Hildegarda. Si bien toda la vida y la obra de Hildegarda está imbuida de esta ascesis de la normalidad, nos limitaremos a señalar las huellas de esta ascesis que encontramos en este trabajo, dejando como inquietud a quienes lo deseen profundizar en el tema. (vuelve al texto)

[36] San Benito en RB 7,18 dice:“Y para que el hermano virtuoso esté en guardia contra sus pensamientos perversos, diga siempre en su corazón: ‘Solamente seré puro en tu presencia si me mantuviere alerta contra mi iniquidad’ (Sal. 17, 24)” (Nam ut sollicitus sit circa cogitationes suas perversas, dicat semper utilis frater in corde suo: “Tunc ero inmaculatus coram eo si observavero me ab iniquitate mea). (vuelve al texto)

[37] M. Cándida  María Cymbalista, ob. cit. (vuelve al texto)

[38] Fraboschi, Azucena Adelina. Hildegarda de Bingen, La extraordinaria vida de una mujer extraordinaria. Buenos Aires: Educa, 2004, p. 84-85. (vuelve al texto)

[39] M. Cándida  María Cymbalista, ob. cit. (vuelve al texto)

[40] Nam licentiam hanc non dabat, nisi aliqua justa necessitate, seu aliqua pia utilitate compulsus. Attamen quia inhumanum est hominem in taciturnitate semper esse, et non loqui, idem Pater in potestate et discretione abbatis dimittit, quemadmodum alia plurima ei concedit, ut discipulis suis horam competentem praevideat, qua ipsi haec, quae honesta et necessaria sunt, adinvicem loquantur, et ne in indiscreto silentio taedio afficiantur, quoniam post hujusmodi ad invicem loquendi permissionem, convenientius et severius ad taciturnitatem silentii admoneri et coerceri poterunt. (Migne 197, 1056A. Trad. de A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[41] Esto es un motivo de críticas para los cisterciences. “Idung condena a los abades negros porque comen en el refectorio con los monjes y no con los huéspedes, como quiere la Regla. Si los negros son tan contemplativos e imitan a María en el santo ocio, dice, que la imiten también velando en las mañanas de los domingos y no se echen a dormir contra lo mandado en la Regla” (García M Colombás: La Tradición Benedictina, T. 4: El siglo XII. Vol II, p 586, citando a Idung, Dialogus duorum monachorum ). (vuelve al texto)

[42] […] nec in his diebus fratres, finitis matutinis, ad quiescendum ad lectos redire prohibet; sed si tempus permiserit, ita ut maturius surrexerint, quia in prolixitate nocturni et divini servitii fatigati sunt, in arbitrium eorum, ut ad lectos redeant. silenter ponit. Quae enim fieri recusat, ea aperte interdicit: et quae fieri exhortatur, illa aperte manifestat. Haec autem de quibus tali modo reticet, arbitrio et discretioni abbatis et fratrum dimittit. (Migne 197, 1057D-58A. Trad. de A Fraboschi). (vuelve al texto)

[43] RB cap 7: “Sextus humilitatis gradus” est si omni vilitate vel extremitate contentus sit monachus, et ad omnia quae sibi iniunguntur velut operarium malum se iudicet et indignum, dicens sibi cum Propheta: “Ad nihilum redactus sum et nescivi; ut iumentum factus sum apud te et ego semper tecum.” (“El sexto grado de humildad” consiste en que el monje esté contento con todo lo que es vil y despreciable, y que juzgándose obrero malo e indigno para todo lo que se le mande, se diga a sí mismo con el Profeta: “Fui reducido a la nada y nada supe; yo era como un jumento en tu presencia, pero siempre estaré contigo” (Sal 72,22s). “Septimus humilitatis gradus” est si omnibus se inferiorem et viliorem non solum sua lingua pronuntiet, sed etiam intimo cordis credat affectu, humilians se et dicens cum Propheta: “Ego autem sum vermis et non homo, obprobrium hominum et abiectio plebis. Exaltatus sum et humiliatus et confusus.” Et item: “Bonum mihi quod humiliasti me, ut discam mandata tua.” (“El séptimo grado de humildad” consiste en que uno no sólo diga con la lengua que es el inferior y el más vil de todos, sino que también lo crea con el más profundo sentimiento del corazón,  humillándose y diciendo con el Profeta: “Soy un gusano y no un hombre, oprobio de los hombres y desecho de la plebe (Sal 21,7). He sido ensalzado y luego humillado y confundido” (Sal 87,16). Y también: “Es bueno para mí que me hayas humillado, para que aprenda tus mandamientos” (Sal 118,71). (vuelve al texto)

[44] M. Cándida  María Cymbalista, ob. cit. (vuelve al texto)

[45] Cfr. 1 Co. 2, 12-13: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado, de las cuales también hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino enseñadas por el Espíritu, expresando realidades espirituales en términos espirituales”. (vuelve al texto)

[46] Cfr. 1 Co. 1, 26-31: “¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien a los locos del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios a los débiles del mundo, para confundir a los fuertes. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios. De él os viene que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de Dios, justicia, santificación y redención, a fin de que, como dice la Escritura: El que se gloríe, gloríese en el Señor”. (vuelve al texto)

[47] “Entonces, en esa misma visión fui forzada por la gran presión de mis dolores a manifestar abiertamente lo que había visto y oído; pero me daba demasiado temor y vergüenza proclamar lo que había silenciado durante tanto tiempo. [...]” (Tunc in eadem uisione magna presura dolorum coacta sum palam manifestare, que uideram et audieram, sed ualde timui et erubui proferre, que tamdiu silueram [...]. (Vita Sanctae Hildegardis Virginis II, 2, p. 24. Trad. de A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[49] Igitur ego paupercula feminea forma, haec verba de sapientia audivi, quae me obscura verborum Regulae supradicti Patris B. Benedicti docuit, quatenus illa aperte proferrem. Unde mansueti, mites et timorati, haec audiant, et pio corde intelligant, et humili devotione suscipiant. (Migne 197, 1066A . Trad. de A. Fraboschi) (vuelve al texto)

[50] M. Cándida  María Cymbalista, ob. cit. (vuelve al texto)

[52] Et iterum: Pedes vero tam ipse qui egreditur, quam ille qui intraturus est, omnibus lavent, videlicet ad mandatum. (Migne 197, 1059B. Trad. A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[53] Et de cellario monasterii sic dicit: Fratribus constitutam annonam sine aliquo typo vel mora offerat, id est sine praesignata mensura determinatae institutionis, ubi etiam in typo intelligitur ti, quod est tibi; et po, quod est potestas, scilicet ne cellarius intra se dicat: Tibi potestas est dare et negare ubi vis, ita ut cui velit, plures et meliores cibos det; seu cui velit, pauciores et deteriores cibos subministret, quemadmodum saeculares in curiis principum aliquando facere solent, qui annonam ibi dispensant, et ne potestatem hanc accipiat, quod non plus indigenti annonae subministret, quando illi plus dabit, qui indiget, quam illi, qui indignus non est, nec etiam in dando, quae danda sunt, moram retardationis facit. (Migne 197, 1059A-B. Trad. de A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[54] M. Cándida  María Cymbalista, ob. cit. (vuelve al texto)

[56] [...] omnes quicunque sint ad ecclesiam ad adorandum ducantur, ita quod fratres Deum orent, ne cum eisdem hospitibus ordinem suum infringant: illi autem, ut conversationem istorum videntes, meliores fiant. (Migne 197, 1061B, Trad. A. Fraboschi) (vuelve al texto)

[57] M. Cándida  María Cymbalista, ob. cit. (vuelve al texto)

[58] Pero ¿quién no se admiraría de que hubiera compuesto un cántico de dulcísima melodía en maravillosa armonía y hubiera creado letras nunca vistas en una lengua antes inaudita? [...] Todo esto, cantar, y alegrarse, le estaba permitido a su alma, pues se la abría la llave de David: «si él abre nadie puede cerrar; si él cierra, nadie puede abrir» <Ap. 3,7>. El Rey la «había llevado a su bodega» <Cant. 2,4>, para que «se saciara de la grasa de su Casa» y «abrevara en el torrente de sus delicias» <Sal.35,9> (Vida y visiones de Hildegard von Bingen. Victoria Cirlot (ed.). Madrid: Siruela, 1997, p 53-54) (vuelve al texto)

[59] Et quod dicit: Semper memores simus quod ait Propheta: «Servite Domino in timore (Psal. II)»; et iterum: «Psallite sapienter (Psal. XLVI)»; in hoc intelligi vult, quoniam divinum servitium abbreviaverat, ut in gaudio et sine taedio studiose illud deinde perficiatur. (Migne 197, 1058B, Trad. A. Fraboschi). (vuelve al texto)

[60] Peiffer C.J., OSB: Espiritualidad Monástica. Zamora: Ediciones Monte Casino, 1976, p. 266 (vuelve al texto)

[61] Lo que cuenta no es la práctica integral de la observancia, que puede variar y no tiene valor en sí misma, sino el espíritu con que se cumple: abnegación, caridad, conformidad a la voluntad de Dios. (García M Colombás: La Tradición Benedictina, S XII; Vol. II p. 594) (vuelve al texto)

[62] Cfr. 2 Co. 3, 17: “Donde está el Espíritu del Señor, allí está la verdadera libertad”. (vuelve al texto)

[63] Peiffer C.J., OSB, ob. cit. p. 266. (vuelve al texto)

 

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