RESÚMENES DE PONENCIAS
Esta comunicación presenta un análisis de la teología eucarística de Hildegarda de Bingen, en Scivias II, visión 6ª, que lleva por título: "El sacrificio de Cristo y la Iglesia", que podría expresarse como: "La Eucaristía centro de la eclesiología", tal como lo hace Juan Pablo II en su reciente encíclica Ecclesia de Eucharistia. Precisamente la Eucaristía es la “dote” de la Iglesia –Esposa y Madre– para engendrar y nutrir a sus hijos. Con gran profundidad teológica Hildegarda nos ilumina con sus imágenes y reflexiones profundas y llenas de vitalidad, haciéndonos más asombroso y a la vez entrañable este misterio del Amor divino, que es la luz clara y brillante que desciende desde el cielo iluminándonos y alimentándonos como Iglesia, que peregrina hacia el Banquete de la eterna bienaventuranza.
El propósito de esta comunicación es mostrar que el arte hildegardiano responde a los principios de la estética lumínica y simbólica medieval a la vez que presenta el sello propio de una estética que concibe la belleza como una forma vital abierta al horizonte del espacio teodramático. Para ello nos centraremos en la interpretación estética y teodramática de dos visiones que hemos considerado representativas: “El edificio de la Salvación” (Scivias III, 2) y “Sobre el origen de la vida” (Liber Divinorum Operum I, 1).
Ubicación de la carta en la epistolografía hildegardiana. Problemas de redacción. Causas religiosas y políticas que la originan. Partes de la carta y temas principales. La música del Paraíso y su pérdida por el pecado de Adán y Eva. La música y los instrumentos de los profetas. La Luz viviente, la música sacra y el canto de las horas monásticas.
Juan de Salisbury es un humanista del siglo XII que retoma a los clásicos, a los Padres de la Iglesia y en especial las nociones de Derecho Romano que sirven de sostén para su modelo político. El estudio de la ley en el Policraticus expresa claramente la clave para entender la solución a los problemas de conducción política de la monarquía feudal. En un entorno convulsionado por la guerra endémica surge la figura de este escritor que cifra el éxito de la gestión de gobierno en el ejercicio de la justicia y de la virtud, conductas que conducirán al bien común. El buen gobierno está íntimamente relacionado con la ética cristiana, y las acciones arbitrarias de los príncipes acarrean el desorden generalizado en el cuerpo político. La observancia de las leyes naturales, eternas, tiene un efecto ejemplificador y redunda en beneficio de la comunidad toda.
La época de Hildegarda es una de las más fecundas de la
Historia de la Música en Occidente. Encrucijada entre románico
y gótico, epicentro de conceptos y técnicas diferentes y
hasta opuestos, campo de batalla de oralidad y escritura, el siglo XII
es un telón de fondo ineludible para comprender la obra musical
de Hildegarda y comprender en ella el tributo pagado a la tradición
y su propia originalidad creadora.
Al recorrer la vida de HILDEGARDA de Bingen, un tríptico se presenta:
la mujer, la profetisa, el instrumento, y en los tres aspectos fuerzo
la intención a fin de no perder la unidad. ¿Por qué?
El objetivo de esta ponencia es indagar en las implicancias de la relación
entre visio y affectus, en el pensamiento de la Sibila renana. Entendemos
que la investigación del vínculo entre ambos conceptos nos
permite abordar unas modalidades del conocimiento y de la deliberación,
en las que se incluyen los planos perceptivo y afectivo en el discernimiento
del obrar humano, enriqueciendo la noción de intelección,
o comprensión intelectual.
Ciertamente Hildegarda de Bingen conocía muy bien a san Agustín.
Muchos escritos marcan la influencia del obispo de Hipona sobre la abadesa.
Para esbozar ese influjo se necesitaría de los desarrollos históricos
que hacía E. Gilson. Por no ser esa mi metodología buscaré
solamente señalar un punto de confluencia entre aquel padre y esta
madre de la Iglesia.
El presente trabajo intentará mostrar dos formas religiosas que
si bien pertenecen a la época medieval, han influenciado en la
modernidad, y hoy reaparecen con nueva vigencia en nuestro patrimonio
cultural. Se trata en especial de aquellas mujeres que alimentaron su
talento espiritual con las entrañas de la vida y desarrollaron
una sensibilidad que les permitió comprender de un modo creativo
su propio tiempo. En todas ellas el saber se hizo servicio a los hermanos.
Y si hoy la memoria las tiene en cuenta es justamente porque dan testimonio
de un fortalecimiento en el amor que surge de la convicción que
también al pensar le vale la pena dar la vida.
La personalidad multifacética de Hildegarda de Bingen incursionó,
entre otros campos, en la medicina.
Con humildad y discreción, en esta ponencia apunto a poner de
relieve una de las facetas de esta múltiple y admirable mujer que
nos convoca.
Alberto Magno y Tomás de Aquino fueron grandes filósofos
y teólogos, pero a la vez fueron San Alberto Magno y Santo Tomás
de Aquino como hombres comprometidos con su pensamiento, que fue algo
más que filosofía y teología, fue filosofía
y teología encar-nada.
Symphonia nace como una recopilación de cantos compuestos
por la abadesa de Bingen alrededor del año 1140, etapa de maduración
personal y artística, y es desde el comienzo hasta el fin una alabanza
continua a la Jerarquía celestial.
El objetivo de este artículo es presentar algunos aspectos de
la inmensa obra de la monja y visionaria Hildegarda de Bingen, relacionando
su aceptación con el contexto del siglo XII y sugiriendo algunas
posibilidades de investigación.
Esta ponencia dibuja un fresco del siglo XII a través de tres
personajes imaginarios: Clodoveo, Odón y Hucbaldo.
A mediados de 2002, y a propósito de una monografía que
debía presentar a la cátedra de Historia de la Música
Argentina, comencé a trabajar en el análisis de la última
ópera de Marta Lambertini, Hildegard (mujeres). Su estreno,
programado para ese mismo año, me permitía no sólo
plantear mi investigación desde el estudio de la partitura, sino
desde el estudio de la versión específica y primera que
se empezaría a ensayar en el Centro de Experimentación del
Teatro Colón por esos días.
Esta ponencia versa sobre algunas de las recetas medicinales de HILDEGARDIS,
habiéndose cuidado en la selección de las mismas la posibilidad
de su aplicación en América del Sur, según las variedades
de hierbas disponibles, que no siempre coinciden con las que hay en Europa.
Se presentará un total de veintiséis recetas, algunas de
las cuales tratan de: afonía, dolor de oídos, dolor de muelas,
digestiones pesadas, falta de memoria, verrugas, quemaduras etc.
La consideración de cualquier tema que pudiéramos abordar en Hildegarda de Bingen, también el de la unión conyugal, no se inscribe sino dentro de una luminosa teología cósmica. Desde aquí todo, absolutamente todo, cobra un sentido único e indeleble. Nada queda en esta autora desprovisto de su carácter genuinamente metafísico y teológico. Y sólo desde aquí hemos de abordar el tema del matrimonio, para no traicionar su pensamiento. Hay un Dios que es “Padre-Madre” y que crea al hombre varón y mujer. Recorriendo las páginas de Hildegarda aprendemos a descubrir, casi como niños, lo que, desde un comienzo, nos fue dicho; pero que, hundidos en la marcada falta de trascendencia de nuestro tiempo, es como si lo hubiéramos olvidado casi por completo. La unión conyugal aparece creada por Dios en el Paraíso y es anterior a la caída. Hay una clara vocación y una misión grabadas en la naturaleza misma del hombre y de la mujer desde el principio y que todavía persiste.
En una exclusiva época varonil, y de estructura patriarcal, santa Hildegarda de Bingen fue una de las mayores figuras femenina de la Edad Media. Fue una inusitada mezcla de administradora y visionaria, pietista y radical, poetisa y científica, profeta y dramaturga, enciclopedista y reformadora, médica y santa; aunque nunca fue administrativamente canonizada, figura en el “Martyrologium Romanum” realizado por el Cardenal e historiador italiano Cesare BARONIO (1538-1607) y aprobado en 1584 por el Papa GREGORIO XIII (1502.1585); la Iglesia la honra el 17 de septiembre.
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