2a JORNADA INTERDISCIPLINARIA

“DESCUBRIENDO A HILDEGARDA.
LA ABADESA DE BINGEN Y SU TIEMPO”

RESÚMENES DE PONENCIAS

 

El objetivo de esta comunicación es mostrar la presencia de Hildegarda en la configuración de la Trilogía de Hans Urs von Balthasar, quien como teólogo de la belleza no sólo la considera en el contexto de la teoestética como una mística digna de ser situada entre los grandes pensadores de la estética teológica medieval, sino que en el contexto de la acción teodramática la eleva al rango de personaje teológico. Para lograr una valoración objetiva situaremos cada mención hildegardiana en el contexto de su correspondiente planteo teoestético y teodramático. La exposición se divide en cuatro partes concebidas en torno a “la presencia de Hildegarda” como eje hermenéutico que atraviesa, primero, la configuración balthasariana de la fe como experiencia; segundo, la constelación del estilo estético teológico monástico; tercero, la valoración de las figuras femeninas de la mística medieval, cuarto, el planteo de los actores del teodrama.

El concepto de salud hildegardiano ha sido estudiado exhaustivamente: la enfermedad provoca una ruptura de la armonía y la belleza interior del hombre, y de este modo, se aleja de Dios. En su Physica, Hildegarda propone restablecer la armonía de la relación del hombre con Dios, privilegiando una práctica médica fundada en el conocimiento y la utilización de las “sutilidades” de los seres de la naturaleza. Subsidiaria de la teoría hipocrática de los humores y de la cosmovisión del siglo XII, Hildegarda ofrece una clara referencia sobre el saber médico de su época y de las patologías más frecuentes, pero también manifiesta una clara preocupación por las perturbaciones anímicas (melancolía, cólera, locura) y por proveer orden y claridad a la mente del hombre. En este trabajo se tratará de establecer cuáles de estos estados tienen un origen orgánico, cuáles son los semas que los designan y las propuestas de la abadesa para prevenirlos o para restablecer el equilibrio perdido.

La situación geográfica asturiana, periférica y aislada de la meseta castellana por una imponente barrera montañosa, influyó notablemente en el desarrollo de la región y la mantuvo al margen de algunos procesos que se fueron dando en el reino Castellano-Leonés. No obstante esta particularidad, a través de la ruta jacobea y desde los puertos del norte llegaban novedades e ideas de origen francés que fueron adoptadas por la sociedad asturiana con un matiz local. Algunas de esas tendencias las encontramos en la fundación del convento de Santa María de la Vega de Oviedo, fundado en 1153 por Gontrodo Petri, concubina de Alfonso VII y madre de Urraca, reina de Navarra y luego soberana en Asturias.
En su fundación encontramos la primera influencia francesa pues fue sometido a la Con-gregación de Fontenvrault, proyecto reformista francés, de características aristocráticas, que contemplaba la creación de monasterios dúplices, bajo el mando de una priora. A pesar que la relación fue efímera, dejó un fuerte sesgo en su organización. Otro influjo ultrapirenaico creemos encontrarlo en el lugar asignado a la mujer dentro de los linajes. Gontrodo era hija de propietarios rurales, sin mayor relieve social, y luego de asistir a las bodas de Urraca con el rey de Navarra, se retiró al convento hasta su muerte, para dignificar el linaje de su hija mediante la perfección espiritual ya que no había podido hacerlo por medio de su nacimiento.

  • Buisel de Sequeiros, María Delia (UNLP): DOS IMÁGENES FEMENINAS EN HILDEGARDA DE BINGEN

Se trata de dos imágenes de carácter alegórico desarrolladas en Scivias, su primer libro visionario: la de la Sinagoga y la de la Iglesia presentadas ambas con figura femenina. La de la Sinagoga aparece en la quinta visión de la 1ª parte y la de la Iglesia desde la tercera a la sexta visión de la 2ª parte y como imagen complementaria en otras visiones del mismo Scivias. La imagen de la Iglesia es rica y compleja y puede representarse de otro modo, así en la novena visión de la 3ª parte la mujer cede el paso a la torre.
Por otra parte las ilustraciones de este libro, controladas por la misma Hildegarda, no sólo responden a los textos señalados sino que se inscriben dentro de una tradición en la representación plástica femenina del medioevo más o menos previsible, pero con tanto vigor intelectual y artístico que quiebran los cánones previsibles con nuevos rasgos y una renovada lectura.
Acompañaremos la exposición con imágenes de ambos modelos iconográficos para las dos alegorías.

La correspondencia de Hildegarda demuestra la existencia de graves conflictos entre los poderes político y religioso, como también disidencias internas dentro de las mismas instituciones representativas de ambas jurisdicciones, la Monarquía y la Iglesia.
A través del análisis de estos documentos epistolares evidenciaremos la concepción hildegardiana del conflicto como un proceso inexorable de las relaciones interpersonales, con una causalidad variada, pero que se resume en la esencia corrupta de la naturaleza humana. Estudiaremos las imágenes del conflicto y la percepción visual de la resolución del mismo, en relación con las concepciones artísticas de la época, enmarcadas en el uso de la luz y del color como manifestación de la divinidad. Observaremos las propuestas de la abadesa de Bingen para la resolución de disputas, dirigidas tanto a representantes religiosos como a dirigentes laicos.
Analizaremos su visión objetiva de las situaciones conflictivas, consideradas como una oportunidad para el cambio y la salvación del alma. Si bien la actitud de la abadesa es siempre esperanzadora, veremos que las críticas son expuestas con crudeza y los caminos propuestos para culminar con los disensos recaen indefectiblemente en los que detentan el poder real en un mundo de continuos enfrentamientos. Los responsables del conflicto y los únicos con capacidad para resolverlos eficientemente son los obispos y los que detentan el poder secular, y es a ellos a los que dirige sus advertencias y sus amonestaciones. Por último, valorizaremos el accionar de Hildegarda como mediadora eficiente, capaz de facilitar una resolución racional de los problemas.

El siguiente trabajo intentará demostrar que la figura simbólica de la Sabiduría (Sapientia) en la obra de Hildegarda de Bingen, corresponde a la imagen de Dios. Se desarrollarán cuatro aspectos fundamentales presentes en la totalidad de la obra de Hildegarda que sostienen la anterior tesis: el rol que cumple la Encarnación en su teología; las tres figuras simbólicas de Sapientia, Ecclesia y Caritas con un especial interés por la relación de la primera con las otras dos figuras; el desligamiento por parte de la abadesa de la dualidad microcosmos / macrocosmos y, finalmente, una breve descripción de la Sabiduría tal cual aparece en el himno “O virtus Sapientie”.

Esta comunicación plantea las dificultades que surgen cuando se trata de precisar la orientación de las iluminaciones de Hildegarda, en relación con el texto de las visiones. Estas dificultades lo son más aún referidas al Liber divinorum operum, cuyas ilustraciones no pudieron ser visadas por la abadesa de Bingen.

Teniendo en cuenta las circustancias de la vida religiosa y el contexto de controversias sobre la observancia de la RB en el siglo XII, al abordar la Regulae S. Benedicti Explanatio, de santa Hildegarda, vemos que el mismo más que un comentario es una respuesta muy concreta a un pedido de una comunidad que solicita a la Santa le diga cómo interpretarla. En su introducción descubrimos que Hildegarda quiere decirnos que el criterio de interpretación de la RB es el que nos dejó San Benito.
Además nos proponemos mostrar, en esta ponencia, que en el pensamiento de Hildegarda sobre la práctica de la vida monástica está presente la virtud de la Discretio, cuyo fruto es la libertad con que ella resuelve los temas que designa como los más oscuros de la Regla; por lo que nos asomamos suscintamente al pensamiento de Hildegarda sobre esta virtud, y ya que la virtud de la discreción se adquiere por medio de una ascesis, presentamos su re-lación con la Ascesis de la Normalidad señalando algunas huellas que de esta Ascesis de la Normalidad encontramos en su comentario.

  • Leiva, Alberto David (UCA): LA PARADÓJICA CIENCIA JURÍDICA MEDIEVAL

En el estudio general de Bolonia, Irnerio o Guarnerio inició la escuela de los glosadores aplicando el método exegético, que se tradujo materialmente en glosas o anotaciones sobre el texto de un manuscrito, primero entre líneas y luego en los márgenes del mismo. La misma tarea fue desarrollada por sus discípulos y más tarde por otros glosadores de la misma escuela a lo largo de dos siglos.
Todo fue llevando a un texto cargado de aclaraciones, que al irse copiando en un nuevo manuscrito a veces provocaba la fusión del texto central con las anotaciones, a lo que se sumaron nuevas anotaciones de los subsiguientes glosadores, y así sucesivamente. Y cuanto más se copiaban los textos, más se fusionaban y se intercalaban nuevas aclaraciones, más se iban alejando del significado original y finalmente terminaron creando una nueva doctrina; un nuevo derecho que hoy se reconoce como la ciencia jurídica medieval.
Esta nueva formulación se fue irradiando desde las universidades y al combinarse con los problemas y soluciones propios del derecho canónico dio como resultado lo que hoy conocemos como derecho común. Y como posteriormente los juristas y canonistas ya no glosaron el Corpus sino a los glosadores anteriores, esto contribuyó a que el derecho común se alejara aún más del derecho justinianeo, dando lugar a la paradoja de que creciera la ciencia del derecho como consecuencia del aparente fracaso de la glosa en la consecución de su objetivo aclaratorio.

La vasta obra de Hildegarda de Bingen sin duda debe entenderse en el marco de una totalidad creadora. No obstante, sus implicaciones estéticas llevan a un punto en el cual sus visiones, sus textos y su música arriban a un grado de interrelación que se anticipa casi un milenio a algunos problemas hoy abordados por el arte contemporáneo. Los autores exploran la creación interdisciplinaria en un terreno cercano al denominado Arte Sonoro (“Sound Art”, “Klangkunst”) en el que se cuestionan los límites de las distintas disciplinas para crear obras con estatuto propio. No se trata de sonido como ilustración de imágenes pictóricas o viceversa sino como diálogo entre diferentes materiales de una misma expresión. Esta ponencia incluye una descripción de algunos aspectos de la obra de la Abadesa del Rin que han sido de importancia para la creación de imágenes y sonidos mutuamente relacionados. Esta línea de trabajo iniciada hace cuatro años produjo dos instalaciones audiovisuales (Podewil, Berlin, 2004 y Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2005) en las que se desarrolla un concepto donde la imagen transita de la nitidez a la desmaterialización. El componente sonoro se basa en tradiciones muy alejadas en el tiempo (el minimalismo y la música antigua), pero que comparten un sentido estático e introspectivo. Se promueve así, una experiencia enfocada hacia pequeños detalles que buscan la variación dentro de lo sutil.

  • Noël, Marcelo Conrado (UCA): EL VACUO ROSTRO DE SUPERBIA FRENTE AL FECUNDO LUGAR DE HUMILITAS EN LIBER VITAE MERITORUM

El relato de este encuentro con El Libro de los Méritos de la Vida (Liber Vitae Meritorum, 1158-1163) parte con un intento muy acotado de ubicar la obra elegida en el contexto histórico y biográfico de la autora. A modo de marco se puntualizan algunas consideraciones sobre las fuentes de sus obras, tanto las declaradas por Hildegarda como las señaladas por otros estudiosos. Estas reflexiones alcanzan a vislumbrar notables similitudes entre algunas imágenes de sus visiones con otras procedentes de tradiciones míticas, sueños y producciones sintomáticas.
Se describe sucintamente en su organización Liber Vitae Meritorum (LVM) –la segunda obra de su trilogía principal–, y se comentan algunas interpretaciones dadas al conjunto. Esta obra presenta una visión inicial en la que la figura de un hombre de dimensiones cósmicas va abarcando con su mirada los cuadrantes cardinales, desde los que se despliegan en encendidos diálogos la pugna entre 36 pares de vicios y virtudes. Estos pares, con los vicios caricaturizados en fuertes imágenes, van saliendo a escena en precisa secuencia. La escenificación ha tenido ya precedentes en otras obras de la Abadesa de Bingen. En su drama cantado Ordo Virtutum, de forma distinta y mucho menos desarrollada, la lucha es con Lucifer. El libro III de Scivias, por su parte, anuncia la secuencia de virtudes vivamente personificadas, sus apariencias y declaraciones en el mismo orden que en LVM.
El libro objeto de la presentación es de lectura ardua, a cada paso sorprendente. La lejanía temporal y el estilo lo hacen atractivamente extraño, la resonancia afectiva inquietantemente familiar. Su densidad abigarrada opaca el intento de atravesarlo; su riqueza tan complejamente entramada ofrece, sin embargo, innumerables puntos luminosos con destellos que recorren la totalidad de la obra de Hildegarda.
Como muestra y por su posición nodal la exposición tomará pie en la interacción del par Orgullo (Superbia) y Humildad (Humilitas). Esta obra, LVM, a diferencia de las otras dos de la trilogía, no está ilustrada, pese a ser vívidamente multisensorial. La interpretación pictórica del artista alemán H. Meyers, siguiendo las indicaciones del texto, permitirá un apoyo para reflexionar sobre la plana vacuidad de Superbia en contraste con la fecunda posición que ofrece Humilitas.

“Las dos historias” (Abelardo y Eloísa). Astrolabio, el hijo de Abelardo y Eloísa, cuenta, en un relato imaginario, los avatares que caracterizaron la vida de sus padres. Así vemos desfilar las existencias de ambos y, junto a ellas, las ideas del siglo: las posiciones que ocupan la fe y la razón, el problema de los universales y las soluciones propuestas por los realistas y los nominalistas.
En ese clima intelectual se destaca, sin duda, la figura del combativo Pedro Abelardo y sus aportes al campo de las ideas con su teoría lógica de la predicación. Su relación con Eloísa, sus historias personales y sus implicancias éticas son vistas desde la perspectiva del hijo de ambos quien aventura sus juicios y opiniones, tal vez no demasiado lejos de los actuales.
Son, finalmente, dos historias de vida las que él dibuja y ante las cuales no podemos permanecer indiferentes. Mas sucede que, cuando tomamos partido por alguna de ellas, lo hacemos, de algún modo, por un modelo de vida o una forma de sentir en las que nos reflejamos a nosotros mismos.

Los conocedores de la literatura alemana reconocerán con facilidad en el título de esta ponencia una relación con ciertos versos de Heinrich Heine referidos a la ciudad de Minden de mediados del siglo XIX, y recordarán a su vez que Heine, con su usual acrimonia, se burlaba en ellos del texto del principal himno de la liturgia luterana y de los poderes establecidos en la Alemania de su tiempo.
Más allá de los complejos problemas alemanes post-Reforma y pre-Segundo Imperio, nos ha parecido que la cita sirve con precisión para la definición de la tierra de Bingen como un firme alcázar de la Fe a lo largo de centurias. En ella transcurriría la plurifacética obra de Hildegard von Bingen, pero tuvimos por conveniente, en el marco de estas Jornadas, profundizar en diversos temas inherentes a los desarrollos anteriores a las campañas de la Sibila del Rhein, en particular en ciertos aspectos atingentes a quien fue su principal maestra, la abadesa Jutta von Sponheim, de cuya vida y relaciones queda aún mucho por descubrirse y ser escrito. Si Hildegarde llegó a ser lo que fue, se debió en gran parte a la influencia de esa su mentora, a quien le cupo, según una conocida reminiscencia neotestamentaria, preparar los caminos. Por todo ello, deseamos presentar en este trabajo una actualización general sobre quien mereció asimismo ser llamada por su esfuerzo Jutta von Disibodenberg.

Al rastrear la documentación que ha quedado del siglo XII del monasterio femenino Santa María de Carbajal, situado en el reino de León, salta a la vista que la mayoría de los diplomas se refieren a la adquisición de bienes que formarían parte del coto monástico.
Se destacan en primer lugar las donaciones de carácter gratuito, realizadas por diferentes categorías de personas, y aquellas no totalmente gratuitas puesto que se efectúan en retribución de un servicio por parte del monasterio –entrada en calidad de donados, entrega de hijas para profesar en el monasterio–. Las compras, en segundo lugar, permiten observar la importancia que en la geografía del monasterio poseían determinados lugares, y finalmente las permutas, aun cuando escasas durante el siglo XII, completan el interés del cenobio por el acrecentamiento y agrupación de su patrimonio inmobiliario.

 

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A Jornada 2005

Hildegarda de Bingen: ¡Bienvenidos!