HILDEGARDA DE BINGEN. Sitio creado por Azucena Adelina Fraboschi



HILDEGARDIS BINGENSIS
Liber Divinorum Operum
I, 1

 

La producción bibliográfica de Hildegarda de Bingen (religiosa benedictina, 1098-1179) es en realidad muy vasta, de carácter enciclopédico y, como ha dicho Barbara Newman refiriéndose a Scivias (Conoced los caminos) –pero en realidad la afirmación se hace extensiva a toda su obra–, “puede ser considerada como un trabajo multimedia en el que las artes de la iluminación, la música y el drama contribuyen con su variada belleza a realzar el texto y elevar el mensaje de la visión”(1).

Esto es particularmente cierto de dos de los tres libros que configuran lo que se ha dado en llamar su gran trilogía: Scivias (1141-51), Liber meritorum vitae (El libro de los méritos de la vida, 1158-63) y Liber divinorum operum (El libro de las obras divinas, 1163-74), de los cuales el primero y el tercero están profusamente ilustrados.

El Liber divinorum operum, al que pertenece la visión cuya traducción ofrecemos en estas páginas, está dividido en tres partes, que “registran la historia de la salvación desde el Génesis hasta el Apocalipsis, y proponen una elaborada teoría cosmológica”(2). Al decir de King-Lenzmeier, esta obra es “un análisis de la conexión entre el microcosmos –el mundo de la creación, de los seres humanos especialmente– y el macrocosmos –el Universo colmado por Dios y abrazado por Él–”(3). Pero hay muchos otros aspectos sobre los que tiene sentido detenerse, como por ejemplo el hecho de que no sólo las virtudes aparecen en figura femenina, sino también el Amor Divino o Caritas y la Sabiduría de Dios o Sapientia, que reflejan de manera más directa a Dios mismo. Por otra parte, como ya hemos dicho y al igual que en Scivias, también aquí encontramos ilustraciones pictóricas que se deberían a la inspiración de Hildegarda, pero que fueron realizadas con posterioridad a su muerte.

De las tres partes (eco trinitario) que componen el libro, la primera se refiere al mundo humano, esto es, al microcosmos (cuatro visiones); la segunda trata del mundo por venir, es decir, el destino del hombre (una visión); la tercera, finalmente, concierne a la historia de la salvación o sea, al macrocosmos, relacionando el mundo de la revelación divina con el mundo de la experiencia humana (cinco visiones). Hay en toda la obra un gran protagonismo de la Palabra de Dios encarnada y presente en el mundo y, por consiguiente, también una importante presencia de la razón junto a la Revelación. Se desprende de esto que se da en la obra la consideración del hombre como imagen y semejanza de Dios, en interacción con el mundo. “Los temas de Dios como la fuente de todas las cosas y de todas las cosas volviendo a su fuente, el tema del macrocosmos y el microcosmos y cómo se unen, todo ello está expresado en términos de viriditas, luz, agua, florecimiento y cuanto para Hildegarda significa bendición divina”(4).

En cuanto a las pinturas que acompañan a cada visión cabe decir que, a diferencia de las que apreciamos en Scivias, no fueron realizadas en vida de Hildegarda –aunque sí sobre esquemas proporcionados por ella– sino a comienzos del siglo siguiente, en ocasión de elaborarse una edición con vistas al proceso de canonización cuando en 1227, a pedido de las religiosas, el Papa Gregorio IX encargó a los prelados de Maguncia las diligencias del caso. Las pinturas, además de presentar algunas divergencias con el texto, y algunas adiciones visibles (como el rollo o filacteria que podemos apreciar en la primera imagen, visiblemente añadido a la pintura terminada), llevan todas ellas una imagen de Hildegarda en su celda, con unas tablillas en la mano y el rostro generalmente vuelto hacia lo alto; con ello las religiosas quisieron dar testimonio del origen divino de las visiones, de su carácter de reveladas, corroborando al mismo tiempo la santidad de la abadesa.

Sobreviven de esta obra cuatro manuscritos muy autorizados: el más antiguo, esbozado en Rupertsberg en vida de Hildegarda (1170-73), pasó al monasterio benedictino de San Euchario (hoy San Matías) en Trier y luego a Gante, encontrándose hoy en la biblioteca de la Universidad (Gante 241). Tenemos también el de las obras completas de Hildegarda, el de la biblioteca de Hesse, en Wiesbaden (MS 2, llamado Riesenkodex). El de Troyes (MS 683, en la Biblioteca Municipal) está realizado en diversas etapas (siglos XII-XIII), y al parecer tuvo sus comienzos en el scriptorium de Rupertsberg (es copia del Gante). Hay otro manuscrito del siglo XIII (el Codex Lucca 1942, que se conserva en la Biblioteca Statale de Lucca), bellamente iluminado con las diez pinturas que ostentan en su extremo inferior la imagen de Hildegarda. Y hay otros manuscritos, de fecha posterior. Versiones latinas publicadas: Hildegardis Bingensis Liber Divinorum Operum. Cura et studio Albert Derolez et Peter Dronke. In: CCCM 92. Turnhout: Brepols, 1996, y Liber Divinorum Operum. In: Migne. PL 197, cols. 739-1038.


NOTAS:

1. Newman, Barbara. “Introduction”, p. 25. En: Hildegard of Bingen. Scivias. Transl. Mother Columba Hart and Jane Bishop. Intr. by Barbara J. Newman. Preface by Caroline Walker Bynum. New York: Paulist Press, 1990. 545 p. (vuelve al texto)

2. Maddocks, Fiona. Hildegard of Bingen. The Woman of Her Age. New York: Doubleday, 2001, p. 279. (vuelve al texto)

3. King-Lenzmeier, Anne H. Hildegard of Bingen. An Integrated Vision. Collegeville (Minnesota): A Michael Glazier Book, The Liturgical Press, 2001, p. 61. (vuelve al texto)

4. Ibíd., p. 72. (vuelve al texto)

 

Presentación | La vida | Las obras | Actualidad e interés | Obras sobre H. | Sus pinturas |
Estudios sobre H. | Noticias | Contenido | Jornadas

Hildegarda de Bingen: ¡Bienvenidos!