CARA A CARA CON EL OSCURO REFLEJO DEL ORGULLO
ENCUENTRO Y TRANSFORMACIÓN
En el medio del camino
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Hoy nos convoca una reunión entre personas con un amplio abanico de intereses y formaciones, para confluir en una tarea clara y común: descubrir a Hildegarda, su obra y contexto. Esta misma diversidad que hoy y aquí estamos compartiendo, puede brindarnos un ámbito y oportunidad excelentes para ayudar a franquear nuestros lenguajes, permeabilizar nuestro entendimiento y poner en juego una vigorosa fecundidad creativa. Creo que también es oportuno que en estas épocas, en las que nos apresuramos para estar por delante del tiempo y empeñamos las horas en ahuyentar la inmisericorde obsolescencia, podamos descansar nuestro paso, girar la vista y observar con una larga perspectiva de 900 años, un verde [1] y rico paisaje. Debemos esta reunión y agradezco la posibilidad de participar en ella, a Azucena Fraboschi. Con su esfuerzo y entusiasmo creó este lugar, supo contagiarnos el interés y permitió vislumbrar las valiosas vetas de la polifacética Hildegarda. También personalmente le debo a ella el acceso a los textos de Hildegarda, parte de su generosa biblioteca; además de la observación crítica de mis traducciones desde el inglés y su comparación con los textos en latín. (Figurará junto a las fuentes en inglés, la fuente en latín cotejada por A. Fraboschi, cuando corresponda). En esta ponencia intentaré, como una de las vías de acceso a la empresa a la que nos estamos abocando entre todos –conocer a Hildegarda–, tomar una faceta, Hildegarda como psicoterapeuta. ¿Podremos con justicia adjudicarle este título de cuño más moderno? En el mismo idioma de Hildegarda nos puede acompañar Freud (1890, 1895) en sus trabajos iniciales, pre-psicoanalíticos, sobre psicoterapia, donde usa la denominación “Seelenbehandlung” (tratamiento del alma) y destaca por un lado que esta denominación no se refiere al tratamiento de las enfermedades del alma, sino que se trata de la utilización de los recursos anímicos para la curación; “curación desde el alma”. Por otro lado, Freud reconoce la importancia de las llamadas “curas milagrosas” tanto en la antigüedad como en la actualidad, pero agrega que para explicarlas no es necesario recurrir a factores distintos de los propios poderes anímicos. Puntualiza los factores habitualmente actuantes que influyen sobre lo anímico, a saber; la expectativa enaltecida sobre la figura del propiciante (curador, sacerdote, médico); el entorno ceremonial y el valor dado al sufrimiento (purificación, merecimiento). La principal herramienta, la palabra. Desde una posición más reciente, el estudioso hildegardiano W. Strehlow (2002) desarrolla en su libro Hildegard of Bingen´s Spiritual Remedies una concepción de la cura basándose en Hildegarda. Si bien en este autor no queda suficientemente claro, a mi juicio, lo propio y lo de Hildegarda, tiene entre otras virtudes la de destacar explícitamente el aspecto psicoterapéutico y señalar al Liber Vitae Meritorum (que en adelante figurará como LVM) como su libro de psicoterapia, un texto en el que Hildegarda expone su concepción, a través de la dramatización del conflicto entre los 35 vicios e igual cantidad de virtudes contrapuestas. No puedo abordar aún la totalidad de la concepción psicoterapéutica de Hildegarda, pero en este trabajo intentaré transitar con ustedes una camino más accesible, observar a la misma Hildegarda en práctica. Recorreremos esta línea a través de un encuentro concreto, encarnado; el “exorcismo”, al que yo preferiría llamar psicoterapia, de Sigewiza [2] , una joven noble oriunda de Colonia, “asediada” por un demonio. Nos beneficiaremos al proceder así y desplegar este fragmento de la vida de Hildegarda, pues en primer término éste es un fragmento accesible, relativamente bien documentado y poco proclive, según B. Newman, a la distorsión “hagiográfica” (Newman 1998). En segundo lugar, nos permite seguir los razonamientos, motivaciones e incluso la repercusión afectiva de Hildegarda, que se muestra muy transparente en todo el encuentro. En tercer lugar da lugar a observar y reflexionar sobre su pensamiento “clínico”, los posibles sustentos y fuentes y sobre todo la detallada instrumentación del tratamiento. Además, y creo que Hildegarda también lo ha pretendido así, muestra en sus desenlaces condiciones para considerarlo un momento “ejemplar”. Por último, una ventaja práctica es que, hasta donde sé, hay varios aspectos de este encuentro que aún no han sido publicados en nuestro idioma y este acceso puede facilitar su conocimiento y estudio desde otros ángulos. [3] (Dronke 1981)
Con el río Rin como columna vertebral, podríamos situar como fecha de inicio de la trayectoria de este acercamiento paulatino el año 1163. Nuestra Abadesa había finalizado recientemente su libro recién mencionado LVM, el Libro de los méritos de la vida, en el que desarrolla la exposición dramatizada de la pugna, casi una “payada” criolla, entre los vicios, sus virtudes contrapuestas y las propuestas enmendadoras que éstas les proponen. En ese año también Hildegarda, aquilatada en años, sabiduría y fama, recorre localidades de la Renania en giras de predicación, destacándose entre éstas la realizada a la ciudad de Colonia, donde argumenta en contra de los Cátaros [4] . ¿Habrá podido entonces la otra protagonista de este encuentro, Sigewiza, una joven noble de esa ciudad, asistir a alguna de esas prédicas? De haberla oído, ¿se habrá conmovido por algo de su contenido? ¿Se habrá sobrecogido ante la figura de la venerable anciana? ¿O, tal vez, simplemente la habrá rozado el asombro y admiración frente a la nada común circunstancia de una religiosa, una mujer, en prédica pública; aunque de ésta le hubiesen llegado solamente los destellos y ecos? Estas preguntas deberán permanecer en un nivel especulativo, pero creo muy improbable que esa visita a Colonia hay pasado desapercibida para la joven Sigewiza. (Newman 98) Sus males comienzan alrededor de ese año, según se desprende de las fuentes [5] . Sigewiza desarrolla lo que se denominó entonces una “obsesión” diabólica (diferente de “posesión”, según veremos enseguida reflexionar a la Abadesa). Con el paso del tiempo, Hildegarda no deja de estar al tanto de las desventuras que le fueron acaeciendo a esta joven. Según sus propias palabras, “[...] me fue referido por ciertas personas que en otra provincia alejada de nosotros, en las regiones del bajo Rin, cierta mujer noble había sido asediada [obsessa est] por un diablo. Me llegaban con frecuencia rumores populares concernientes a este asunto, y la gente estaba haciendo preguntas, hablando de esto una y otra vez; e inclusive me enviaron con frecuencia mensajeros para interrogarme sobre este mal”. [6] (Vita Sanctae Hildegardis, p. 59). Las noticias y pedidos se multiplican, hasta que un formal pedido de Gedolphus, el abad de Brauweiler, la llama a tomar acciones directas en el asunto. El pedido de consejo y ayuda en la misma carta de Gedolphus es urgente, “compelido por extrema necesidad”, dice.(Letters 68, p. 147). El Abad la informa sobre esta noble dama asediada, durante ya varios años, por un espíritu maligno. Advierte textualmente que, en este caso que nos ocupa, “[...] con su picardía y su iniquidad el extremadamente astuto e inicuo enemigo ha llevado a tantos miles de hombres hacia el error y la duda, que tememos un gran daño para la Santa Iglesia”. Los esfuerzos por salvarla han sido vanos, pese a la utilización de todos los medios concebibles. (Vita Sanctae Hildegardis, p. 59; véase Letters 68 p. 147-48) Montan, como podemos entender de las palabras precedentes, la fama y peligrosidad de la dama y su diablo, mientras se rinden impotentes los mejores esfuerzos. A la urgencia y especificidad de la solicitud se suma el mismo demonio por boca de la mujer, quien revela, al ser conjurado, que será sólo una viejecita [old hag, vetula] de la región del Rin superior quien podrá desalojarlo. La crónica de Teodorico incluso señala que el “maligno espíritu” jugaba burlonamente con el nombre de Hildegarda, a través de su obsesa, llamándola “Scrumpilgardis” (Schrumpeln: arrugado en alemán), “Arrugarda” podría ser la traducción al español. [7] (Vita Sanctae Hildegardis, p. 58; véase Silvas VH, p 195; Dronke 1984). Hildegarda ya ha reflexionado –aún antes de este pedido de Gedolphus– sobre las posesiones diabólicas, y considera que tal cosa es imposible. Explica que lo que sucede, con la anuencia de Dios, es que la persona queda asediada (obsessed) y oscurecida por una especie de negrura, como una humareda diabólica, que oprime sus sentidos y su alma racional. Completa la analogía con la imagen de lo que sucede con una sombra que oscurece aquello en donde se posa. “Así esta mujer perdió el correcto uso de sus sentidos y acciones, y estaba constantemente gritando y haciendo cosas inapropiadas” (Vita Sanctae Hildegardis, p. 56; véase Silvas VH. p. 195). La carta de Gedolphus le llega en 1169, en un momento que su salud estaba minada desde hacía ya un tiempo por el soplo del viento Föhn [8] . Hildegarda, según se lee en Vita, “sintió con un hondo sufrimiento”, frente al urgente pedido [9] . Pese a que se notan aún renuencias y su mismo estado de salud dificulta un encuentro directo con la obsesa, junta sus pocas fuerzas para responder al abad de Brauweiler y proponerle una florida e imponente escenificación de cura. (Cirlot VH, p. 90; Silvas VH, p. 197)
En su contestación al Abad, declara que su respuesta proviene de “Aquel que Es”. Dice luego que el demonio por el que se la inquiere es, entre los distintos tipos de espíritus malignos, uno que se asemeja y asimila a los vicios morales de los seres humanos. Es precisamente eso lo que lo ha hecho tan refractario a los intentos de expulsión. (Letters 68r. p. 148-51). Con frases y contenidos propios de la época, de su posición y creencias, se puede considerar que Hildegarda intenta acercar estas “obsesiones”, estos asedios de espíritus diabólicos, a las flaquezas humanas comunes, que tienen como efecto sembrar entre los hombres “discordias y deformidades morales”. (Vita Sanctae Hildegardis, p. 57; véase Silvas VH. p.194 y 233) En los escritos de su Vita, al reflexionar sobre estos demonios que asedian a Sigewiza, Hildegarda da indicios que señalan al vicio principal que aqueja a esta “ánima” ensombrecida por una “bruma demoníaca”. A mi criterio y según puede desprenderse de su sistema presentado en LVM, el vicio señalado es el Orgullo (Superbia), acompañado por el cortejo afín de arrogancia, soberbia, jactancia, burla e imitación despectiva. Para comunicarlo acude a una escena alegórica, el paso en falso de aquellos demonios originales, que movidos por desprecio, odio y envidia, aguijonean burlonamente preguntando: “¿Quién es éste que tanto poder tiene sobre nosotros?” (Lucas 20:2 y Marcos 11:28]. Argumenta que, generadores de males y tragedias, son luego los propios males causados por esta arrogancia, ellos mismos, un medio de purificación y transformación. Textualmente dice que “Dios permite que sus amigos sean afligidos por las adversidades y enfermedades de modo que [...] se purifiquen de sus pecados; de donde sus enemigos son confundidos porque los elegidos, en virtud de dicha purificación, son transformados en refulgentes gemas en la presencia de Dios”. (Vita Sanctae Hildegardis, p. 57; véase Silvas VH, revisión de Guibert, p. 234.) Hildegarda alterna en los pasajes contiguos a éste, entre generalizaciones y referencias al caso que nos ocupa. Hildegarda ha especificado el tipo de demonio, como vimos –uno asimilado a las debilidades humanas–, y ahora con esta nueva reflexión, el tipo de vicio particular que predomina en esta situación. Vale la pena recordar que en su LVM escenifica dramáticamente la pugna entre vicios y virtudes con sus respectivas declaraciones y modos de proceder. Vemos aquí, al Orgullo o Arrogancia presentados con toda claridad y el vicio contiguo en la secuencia de LVM, la Envidia. En el LVM el Orgullo en su parlamento dice: “¿Quién es más grande que yo?”, enunciación similar a la que escribe Hildegarda en su reflexión. [10]
La Abadesa, en posesión de un diagnóstico y comprensión de las causas (etiología y patogenia) pero, como venimos de ver, afectada en su salud, se excusa de realizar en persona la tarea que se le pide. Propone entonces un tratamiento a distancia, elabora una tarea precisamente detallada, con una escenificación imponente, reglas muy claras, letra y coreografía, para realizarse en Brauweiler (al norte de Colonia). (Letters 68r) En la respuesta al Abad, estas son sus instrucciones:
Este extraordinario montaje ad hoc, imponente, multimedia, con finalidad terapéutica, merecería, me parece, una reunión entera en muchas de las disciplinas representadas en esta Jornada. De todos modos, con nuestro exiguo tiempo, antes de apreciar los efectos de esta “ceremonia terapéutica a distancia”, tomaré algunos pocos puntos, para expandirlos posteriormente si cabe: 1. Uso y manejo de la “imagen” Convergen sobre Hildegarda, y ella sostiene, poderosas expectativas. Teodorico comienza la crónica de este relato mostrando cómo entre otras virtudes le fue otorgado el “[...] carisma de expulsar demonios del cuerpo de los obsesos.” (VH. Silvas p. 193). Entendido como gracia, o como capacidad de influir sobre otro, Hildegarda asume fuertemente, aunque a distancia, esta posición. Se acentúa exponencialmente al declararse y reconocérsele ser vehículo directo de la palabra divina. 1.2. La fuerza de los “arquetipos” o “imago” Hildegarda instrumenta dispositivos tanto para usarlos como para descomponerlos. Los “arquetipos”, desde la psicología Junguiana o las “imago [imagines]” desde el psicoanálisis, son imágenes arcaicas, muy condensadas, totalizantes, que ejercen una gran influencia en el psiquismo. Aunque la “puesta” de Hildegarda es en sí total e imponente (“imagoica”), también es extremadamente detallada, pone en juego, mueve una multiplicidad de articulaciones. Tiene una notable estratificación, muy compleja, que funcionaría como un prisma que descompone la luz: así abre Hildegarda la paleta en esta cura. (Jung 1928, Noël 2002) 1.3. Función mimética; función “apotropeica” [15] Cunden en este caso, en Sigewiza y el diablo, la imitación burda, la imagen especular, el Orgullo como imitación fatua. Hildegarda dispone, en cambio, un escenario de “contracara” triunfal. Insiste, una y otra vez, en representar la majestad y el triunfo de Dios. Se induce en el contrincante un afecto de temor reverencial; erfrucht, como se denomina con precisión en el idioma alemán. Esta denominada función “apotropeica” [protectora, que torna la voluntad del enemigo; como, en otros campos, los emblemas, amuletos, monumentos, supersticiones, o el rostro mismo pueden cobrar ese valor] tiene su efecto inductor de afectos al modo del mítico escudo de Perseo; o si tomamos la imagen total del ritual mimético presentado, evoca al folklórico “Haka” maorí [danza ritual para inducir la victoria propia/ derrota del oponente, que aún hoy usa el seleccionado nacional “All Blacks”, de rugby neozelandés]. 2. El poder de la palabra Silvas, en una nota al texto de la prescripción de Hildegarda, agrega a la invocación “Yo, soy también Razón [la palabra] que no resuena significando a partir de otro [...]”. (Jn: 1:1, [“Verbo de vida”]) la mención a la palabra hebrea Dabhar, la Palabra que tiene el poder de efectuar aquello que expresa. La relaciona con el interés de Hildegarda por la palabra eficiente, el Verbo encarnado, interés que volcó en su libro Liber Divinorum Operum, en elaboración en la época de esta cura y, según Silvas, muy intrincado con este texto [close links] .(Silvas 1998, p. 198, n. 200) Distantes del poder divino, las palabras que usamos todos los días tienen mitigado su poder. En las curas “por la palabra” (“via de porre” [16] ) se intenta devolverles parte de su “prístino poder ensalmador”, su antiguo poder mágico. (Freud, 1890, 1895). Esta “eficacia simbólica” se logra, entre otros medios, acercando a la palabra a su raíz en la cosa imaginaria, y por su capacidad de vehiculizar, condensados, múltiples significados incluso antitéticos (Freud 1910). Tomemos como ejemplo, el uso de “vara”, virga en latín, además con presencia real y escénica en el ritual indicado. Hildegarda la carga de explícitas alusiones alegóricas, incluso juega con su polisemia, aunque mantenga este juego latente. Ejemplo de ello, en otro lugar, lo tenemos en los cantos que compone en una carta para la Congregación de monjas de Rupertsberg, donde vara y virginidad entrelazan su significado. (Letters p. 163, n. 4) 3. Ceremonia, ritual mimético, “Ordo” [17] Otro aspecto que no puede ser obviado es la ceremonia en su totalidad, la escenificación. Fascina al estudioso Dronke el ritual mimético compuesto por Hildegarda, al que le reconoce fuentes de inspiración, tanto en la magia, como en el drama poético y en la eclesiología; considerándolo un documento sin parangón en su época (Dronke 1981, p. 119 y n. 67). También lo relaciona este autor con las paganas Lupercalias, [18] en las que se administraban castigos a las jóvenes, parecidas tanto en sus vertientes escenográficas como en sus significados, a saber de purificación y fecundidad. (Dronke 1981) Azucena Fraboschi entiende como “drama” o juego dramático la denominación “ordo”, cara a Hildegarda, y así podemos ver en esta inspirada ceremonia la condición de “ordo”, al modo de su “Ordo Virtutum”. A. Fraboschi cita a la italiana Guiducci quien reconoce en toda esta implementación terapéutica un “Psicodrama”. (Fraboschi, A. 2003, p. 103, también Dronke 1981). Número, ritmo y movimiento están indicados o implícitos (héptadas de encantaciones triádicas, golpes en siete partes del cuerpo, etc.) y contribuyen seguramente tanto a la belleza como a la efectividad ceremonial.
Volvamos a la prescripción y sus efectos. La indicación de Hildegarda se pone en marcha en Brauweiler y llega a un punto crucial. En Vita (Silvas VH, p. 201) se provee el que “probablemente fuese el final de la carta”, que no está tampoco (al menos con texto idéntico) en el manuscrito traducido por Dronke. (Letters p. 151 n 5). Dice allí Teodorico de Echternach:
Al finalizar estas palabras, referidas al final de la carta –(¿aquel que se interrumpe en un etcétera?)–, el relator dice que la mujer bramó en horribles alaridos, aterrorizando a la multitud allí presente, y que luego de media hora de gritos y aullidos, éstos cesaron. La mujer pidió que la ayudaran a incorporarse, se arrodilló frente al altar de San Nicolás y agradeció por su liberación. El pueblo presente clamó bulliciosamente en agradecimiento y alabanza, sonaron las campanas y mientras los monjes cantaban el Te Deum Laudamus, todo se revirtió y Sigewiza comenzó a gritar desaforada, gruñir, resoplar y a estremecerse mucho más que antes. Todos los presentes quedaron aterrados, tristes y decepcionados. (Silvas VH, p. 201)
Propongo una hipótesis, la cual lamentablemente es difícil de verificar, pero espero que resulte verosímil. Si tomamos textualmente lo que dice Teodorico, “[Cuando] El lector llegó al lugar en el que está escrito al final [...]”, esto fácilmente podría interpretarse como lo último que está escrito en la carta de la indicación de Hildegarda, hasta donde copió Teodorico, esto es, antes del etcétera. Ergo, si fuese así, la escenificación dramática indicada hubiese tenido un final abrupto y anticipado. Demasiado potente, “sobredosis”. En contra de esto están las diferencias entre los dos textos, pero creo que por su estructura podrían asimilarse; también podría ser candidato a esta equiparación el párrafo posterior, antes del comienzo de los golpes de vara [20] . Para intentar aproximarnos a una verificación de la hipótesis y si cabe, ampliarla, escuchemos al diablo. Según se deduce de las crónicas (Silvas VH, p. 234; Cirlot VH, p. 92, 93), alguien tuvo la presencia de ánimo como para interrogar a la paciente por este cambio y con voz masculina, un graznido gutural (respondió el diablo, según el género masculino usado en el relato) responde literalmente: “Huí aterrado por el signo de la Cruz. Pero cuando pensé dos veces hacia dónde ir, decidí volver otra vez hacia mi recipiente que, vacío, no había sido sellado [signatum]”. Cuando se lo quiso conjurar nuevamente, con salvajes gruñidos gritó que no se iría si no lo hacía en presencia de la “viejecita” [vetula, little old hag], usando la forma con que había antes aludido a Hildegarda. (Silvas 98, p. 234-5)
En mi opinión, con referencia a la primera declaración, como suele verse en los síntomas de innumerables pacientes, éstos sólo se retiran en forma estable si se transforman o reciben algún beneficio a cambio. En segundo lugar, “la vasija no sellada” –si bien la declaración tiene ecos bíblicos– también puede referirse a lo incompleto del ritual: “no fue finalizado” parece decir. También aquí sucede como en la observación de innumerables pacientes con pensamiento mágico: vemos la exquisita sensibilidad a lo incompleto, a las consecuencias cuando no llevan el ritual hasta su última fórmula. Por último, el reclamo más genuino, la relación terapéutica está fijada en Hildegarda. No se puede curar “in absentia ni in effigie", dice el clásico adagio (Freud 1912), “sólo en su presencia”, dice el diablo. Arriesgo esta primera síntesis, luego de esta primera fase fallida, según una “laxa” interpretación de las secuencia de LVM, que seguiré a lo largo del tratamiento [21] . Considero en este tramo que triunfan Amor caelestis y Disciplina, claudica Verecundia y fallan Misericordia y Divina Victoria (vs. Obduratio e Ignavia.) [22] (LVM; Strehlow 2002)
Así, ya no queda más espacio para dilaciones, y desde Brauweiler la envían directamente a encontrarse con la Abadesa, junto con una nueva carta de Gedolphus: Sigewiza ya va en camino [23] . (Letters 69; véase Newman 98b). En la abadía la esperaron “aterradas” y con dudas sobre cómo iban a poder manejarla, luego de tantos fracasos en otros lugares. Pero, aceptando y elaborando el temor, la recibieron a pie firme y determinadas, sin necesitar la “ayuda de la fuerza de los hombres”. Sigewiza fue alojada entre ellas y “ni a pesar de las diabólicas amenazas, ni de las fuertes burlas y groserías o las bocanadas de emanaciones inmundas que les dirigía, lograba que claudicaran en su empeño de permanecer junto a ella”. Ceden Obduratio e Ignavia. (Silvas VH. R. Guibert, p. 235) Hildegarda notó “que el demonio sufrió tres torturas de castigo en esta misma mujer. Primero, cuando era conducida frente a las reliquias de los santos; la segunda, cuando la gente común del pueblo dio limosnas por su liberación; la tercera cuando los esfuerzos espirituales y plegarias, por gracia de Dios, lo urgieron a retirarse. [...] Por esa razón nosotros y nuestros vecinos, tanto hombres como mujeres, bregamos por ella mediante sacrificios corporales, ayuno, plegarias y limosnas, desde la Purificación de la Santa Virgen María [24] , hasta el sábado de Pascua”. (Silvas VH. R. Guibert, p. 235) Con esta interpretación in pectore, elaborada la experiencia con tiempo y sintonía, propone la misma fórmula indicada en el ritual anterior: “Con el sacrificio, plegarias y ayuda”, ahora no de los profetas sino de ella, sus monjas y la gente común. Dispone de Patientia, y Gemitus ad Deum, implementa con Misericordia, Abstinentia, Vera largitas, Pietas. [25]
En el transcurso, “el sucio espíritu”, a través de Sigewiza, predica sobre varios temas, entre los que se destaca la prédica contra los Cátaros. Habla frente al público y cuando Hildegarda, ahí presente, detecta alguna falacia refuta lo dicho, lo que provoca un rechinar de dientes en la predicadora. Sólo la interrumpe al detectar mentiras, si no es así, la deja hablar in extenso. Llamado a Veritas. B. Newman llama a este modo de asedio demoníaco que aqueja a Sigewiza, “preaching devil”, esto es la presencia de un “diablo predicador”. La actitud predicadora y su contenido hacen de Sigewiza más que una contrincante, una “fan”, una admiradora, parodiando a Hildegarda. Newman dice que Sigewiza construye una imagen reflejada de “Fun-house mirror”, “espejo de parque de diversiones” de su admirada. (Newman 98, p. 207-8 y 1998b, p. 23.). Disminuye Contentio, la rival ya no es tal.
Luego, en la fecha determinada, el Sábado de Pascuas y durante la consagración de la fuente bautismal [26] , cuando el sacerdote celebrante sopló sobre la fuente, representando el pasaje del Génesis [Gn. 1,2] en el que dice: “un viento de Dios aleteó sobre las aguas”: fue el momento en el que “la mujer que estaba allí presente lanzó un grito espantado, se estremeció y tembló hasta romper el piso y del horrible espíritu salió una exhalación”. Hildegarda revela que oyó que “[...] la fuerza del Altísimo le habló al conglomerado diabólico que atormentaba a la mujer y le dijo: ‘¡Vete, Satanás, del tabernáculo del cuerpo de esta mujer y deja sitio en su lugar para el Espíritu Santo!’. Fue entonces cuando el espíritu inmundo salió de un modo horrible por los lugares vergonzosos de la mujer y ella quedó liberada, y desde aquel momento y mientras vivió permaneció sana en los sentidos del alma y del cuerpo.” (Cirlot VH., p. 95). Sopla Beatitudo. También es controvertida la resolución en crisis; Hildegarda indica en su carta al Decano de los Santos Apóstoles de Colonia, y a su sobrino el Arzobispo Arnold de Trier, que la recuperación fue paulatina y que “permaneció bien mientras vivió”. [27] (Letters 158r, p. 106). Se muestra Discretio y se insinúa Salvatio animarum. Teodorico, en Vita (pasaje XXIII, Cirlot VH, p:95), alaba la manera como Hildegarda relata el episodio con humildad y sin atribuirse nada a sí misma, “[...] pues consideraba lugar de virtud huir de la jactancia de las propias fuerzas.” Usando luego una cita de San Pablo a los Corintios: “Y por eso para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones, fue dado un aguijón en mi carne, un ángel de Satanás que me abofetea” [2. Cor. 12,7] dice que una debilidad la doblegó casi como un auténtico aguijón contra la arrogancia. Dice ella misma: “Poco después de la liberación de aquella mujer me invadió una grave enfermedad [...]. Sufrí aquella enfermedad por cuarenta días y cuarenta noches.” (Cirlot VH., p. 96). Solo mejoró luego de una “visitación superior” (visión octava), y cuando se avino a cumplir con el designio de realizar otra gira de predicación.
“Trophaeum” es el monumento erigido en el lugar donde torna su suerte una batalla. En esta batalla, el punto en el que se quiebran las rodillas es aquel en que Hildegarda y sus monjas en Rupertsberg, venciendo el temor, alojan misericordiosamente a Sigewiza, aceptada en su humanidad, y desde aquí permiten el despliege del duradero y esforzado trabajo de elaboración y transformación. Triunfa Humilitas. BIBLIOGRAFÍA Hildegarda de Bingen.
Dronke, Peter.
Flanagan, Sabina.(1998). Hildegard of Bingen, 1098-1179, a visionary life. 2nd ed. NY: Routledge, 227 p. Fraboschi, Azucena. (2003). Hildegarda de Bingen. La extraordinaria vida de una extraordinaria mujer. (Inédito) Freud, Sigmund.
Jung, Carl. (1928) “The relation between the Ego and the Unconcious” en Two essays. NY: Penguin, 1976. Maddocks, Fiona.(2001) Hildegard of Bingen. The woman of her age. N.Y.: Doubleday, 332 p. Newman, Barbara.
Noël, Marcelo. (2002) “De la cristalización de las imago al juego de las representaciones” Anuario de Monografías 2002. APA. Bs. As. Pernoud, Règine. (1998) Hildegarda de Bingen. Una conciencia inspirada del sigloXII. Trad. A. González Bonilla. Barcelona: Paidós, 164 p. Ulrich Ingeborg.(1990) Hildegard of Bingen. The Liturgical Press. Strehlow, Wighard. (2002) Hildegard of Bingen´s Spiritual Remedies. Rochester: Healing Art Press, 257 p. NOTAS:[1] Alude al concepto viriditas, longitudinal en la obra de Hildegarda. Su conotación de verdor, abarca vigor vital. (vuelve al texto) [2] Respecto a los nombres medievales, Sigewize aparece como sumamente original. En cambio es más común y aún perdura el de Hildegard. Los nombres, sin apellidos aún, signaban desde la cuna las expectativas de los progenitores. Se componían de un Prothema y un Deutherothema, al inicio y al fin del nombre respectivamente, siguiendo normas de composición. Sigewize: Sig, victoria y Wis o vis, conocimiento o sabiduría (de esa raíz provienen wisen, sabio, o wizzard, (en inglés mago)). El de Hildegard se compone de Hild, batalla y Gard, jardín, la que protege, o a veces aludía a la menor, como lo fue Hildegarda de su fratría. Debo estos datos a la página web [www.kees.nl] y la comunicación con el especialista en nombres germánicos medievales K. Nieuenhuijsen [kees.niewenhuijsen@tip.nl]). (vuelve al texto) [3] P. Dronke ofrece en inglés para ulteriores estudios el texto completo de la cura elaborada por Hildegarda, que se encuentra en el manuscrito de Berlín. Lo publicó en latín y traducido al inglés en 1981. Dronke, P. 1981. “Problemata Hildegardiana”. Mittelateinisches Jahrbuch. Band 16 A. Hiesenman. Verlag. Stuttgart, p. 97-131. (vuelve al texto) [4] Newman, B. 1998, además Silvas A. 1998. Jutta and Hildegard. The Biographical Sources. Brepols (en adelante Silvas VH). Puede verse el texto completo de la predicación en Baird. J y Ehrman R. (trad.). 1994. The Letters of Hildegard of Bingen. Oxford University Press. N.Y. (en adelante Letters), 169r p123-5. (vuelve al texto) [5] En ese mismo año, también las fuentes nos informan que fueron quemados 4 hombres y 1 iuvencula, ligados con los Cátaros. No me fue accesible saber sobre la relación temporal, ni con la prédica de Hildegarda, ni con el comienzo de la enfermedad de Sigewiza, de este hecho. (Silvas VH, p. 204, n. 215) (vuelve al texto) [6] Vita Sanctae Hildegardis. Cura et studio Monika Klaes. En: Corpus Christianorum. Continuatio Mediaevalis. Vol. 126. Turnhout: Brepols, 1993, p. 86, cotejado con la version en latín por A. Fraboschi; en adelante: Vita Sanctae Hildegardis. Véase Silvas VH: Guibert, revisión VH III, p. 233 (en la versión de Guibert están resaltadas en itálicas las diferencias con la de Teodorico; no las he resaltado aquí). (vuelve al texto) [7] .Vita Sanctae Hildegardis, p. 58; véase Silvas VH, p. 195; Dronke P. 1984, Las Escritoras de la Edad Media. Barcelona: Drakontos. Crítica, p. 226; Letters 68. De paso, nos muestra que el diablo hablaba en alemán y le gustaba jugar con las palabras, al igual que a Hildegarda que había inventado una lengua, lingua ignota, (Fraboschi 2003, inédito, p. 130 y n. 28-29-30), jugaba con el latín (“dog latin” dice I. Ulrich 1990), o se lo ve también en la solución de un acróstico, en Letters p. 190. (vuelve al texto) [8] El Föhn, es un viento seco que baja de los Alpes, es similar al Zonda de San Juan. (vuelve al texto) [9] Tomado de Cirlot, V.(ed.) 1997. Vida y visiones de Hildegard von Bingen. Madrid: Siruela. En adelante Cirlot VH. En Silvas VH, dice, en cambio: “se sintió tiernamente en simpatía”, p. 19. (vuelve al texto) [10] Es destacable la interpretación de la caracterización alegórica del Orgullo que se encuentra en el libro de Strelhow, dibujada según lo que indica Hildegarda en LVM, hecha por el artista Hans Meyers de Frankfurt. (Strehlow, W. 2002. Hildegard of Bingen´s Spiritual Remedies, p. 140.) Podría compararse, aunque no aquí, con la 6a pintura de la aparición del diablo, ejecutada por el pintor endemoniado Christoph. Haizmann, mencionado por Freud (1923), pero esa pintura a la que me refiero parece no haber estado a disposición de Freud. [http://www.haizmann.com/art6.html] (vuelve al texto) [11] patientem, en latín, patient, escribe Dronke, p. 119, “mujer que padece” opina A Fraboschi. (vuelve al texto) [12] Aquí en Vita III dice etcétera, y acaba la carta. Cirlot p. 91, así lo señalan también en Letters ...[a partir de aquí lo que sigue es tomado de Dronke, que reproduce y traduce lo escrito al margen del manuscrito que se encuentra en Berlín. Dronke 119-21 en inglés y p. 127-29 en latín. En el manuscrito hay una línea faltante y luego continúa como arriba]. (vuelve al texto) [13] En este punto el manuscrito, según Dronke, está incompleto, sólo se encuentra aislada la frase: “la contemplación”; él infiere luego la palabra abismos (abissos). El texto de Klaes, en el que se basa la traducción de Letters 68r, dice lo que continúa, que colocaré en negritas (p. 149-50 n. 3). (vuelve al texto) [14] Ver reflexión sobre “ordo”, infra. (vuelve al texto) [15] “Apotropeos”, son versos apelando a una divinidad para que interceda contra otra. [Noël, J.P.B. Enciclopedia de Mitología Universal] Función mencionada por Freud en su trabajo sobre “La cabeza de medusa” (1922) (vuelve al texto) [16] Designación de Leonardo da Vinci, junto con “via de levare”, distinguen a las psicoterapias entre aquellas que agregan algo: “porre” (i.e. sugestión) , de aquellas que alivian algo o remueven un obstáculo: “levare” (i.e: abreactivas o también interpretativas como el psicoanálisis) (Freud 1895) (vuelve al texto) [17] Ver nota 14, en donde se usa esa palabra: “[...] siga con el mismo orden [ordinem]”; probablemente lo hace en el mismo sentido que se usará en los párrafos siguientes. (vuelve al texto) [18] Las Lupercalias eran celebraciones romanas, en las que disfrazados de faunos, algunos hombres corrían para pegar a mujeres, las que buscaban con estos castigos purificación y promesa de fecundidad. El Papa Gelasio I, en 494, transforma estas tradiciones arraigadas en Roma, y las incorpora a las festividades cristianas como Purificación de María, el 2 de Febrero. (Dronke 1981, pág. 122 y n. 80). Fecha y significado que veremos luego en la continuidad del tratamiento. (vuelve al texto) [19] Esta doble fórmula duplicada, “pobre e indocta” es la manera frecuente con la que Hildegarda se refiere a sí misma. La frase “[...] no provienen de un hombre”, como dice antes del Etcétera, parece poder reemplazarse por la doble fórmula de humildad “pobre e indocta” sin inconvenientes. En toda la ceremonia hay varias conversiones entre el más general masculino, usado como Humano y el femenino específico (Hildegarda o Sigewiza). Les cabe igual posibilidad de sustitución a las referencias divinas “Luz de la sabiduría” vs. “Aquel Quien Es y Quien Vive” antes del Etc. (véase supra) (vuelve al texto) [20] Véanse reflexiones de la nota 19. (vuelve al texto) [21] Mantendré la denominación en latín, en el anexo final; “Vicios y virtudes en el LVM” se podrá encontrar el rango semántico de cada expresión. (vuelve al texto) [22] Las vencedoras, lo hacen por su carga visual, reverencial, la fuerza de las palabras conminatorias y el “ordo”, claudica el pudor, en su acepción de simplicidad, y la renuencia y la distancia con la paciente dan cuenta del “endurecimiento” y “desidia”, que abonaron la falla de la ceremonia. Demasiado imponente, demasiado distante. (vuelve al texto) [23] B. Newman 98b dice que inicialmente Hildegarda “Evitó el encuentro”, p. 23. (vuelve al texto) [24] Ver Dronke, infra. (vuelve al texto) [25] Tiempo y sintonía dan cuenta de Paciencia y “Gemitus...”, anhelo que Strelhow sugiere como sintonía p. 103, o “at-one-ment”, como búsqueda de unidad (p. 60). “sacrificio, plegarias y ayuda” coinciden directamente con las tres virtudes siguientes. También será evidente la apelación a Veritas. (vuelve al texto) [26] La bendición de la fuente recuerda los orígenes y la purificación. La ceremonia es indicada para exorcismos, en la que el soplo es un ingrediente fundamental. Peterson, John. The Catholic Encyclopedia Vol II Rev. Concilium 2 p178. (vuelve al texto) [27] La frase textual “permaneció bien mientras vivió”, anotada poco tiempo después de la curación, permite suponer una corta supervivencia de Sigewiza. (vuelve al texto)
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