LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD RIGINAL
COMO MUJER CREADORA
PATRICIA O'DONNELL - MA. TERESA SOLÁ
Introducción
El
siglo XV está marcado filosóficamente por Cristina de
Pizán, dice Alain de Libera. Cristina de Pizán unifica
la figura de una mujer multifacética. Filósofa. Contribuyó a inventar el léxico filosófico
francés que toma inspirándose en la metafísica de
Aristóteles, según aparece en Tomás de Aquino. Escritora. Abarcó distintos géneros literarios, poetisa
de gran talento, abordó una variedad de temas cultivados por la
poesía medieval. En una
época en que aún no se había inventado la imprenta dirigió el
proceso de edición de sus libros –incluso de las ilustraciones–;
tuvo a cargo un taller de miniaturistas donde diagramó la ubicación
y el tema de las mismas. Fue la primera persona que vivió de su producción
literaria en lengua francesa, gracias al mecenazgo real o aristocrático
otorgado a sus obras. Historiadora. Escribió una obra sobre el reinado de Carlos
V, y para ello realizó una investigación profunda usando una amplitud
de recursos; con una actitud periodística contemporánea interrogó a
quienes le conocieron, recogió crónicas y echó mano a sus
propios recuerdos y vivencias.
Política. Sus comentarios sobre las distintas situaciones históricas
del momento, los principios del buen gobierno y la defensa del reino, le otorgaron
un lugar de consideración como analista lúcida y sagaz, contribuyendo
así al pensamiento político medieval.
Algunos datos biográficos
Tomás de Pizán
(originario de Bolonia), astrólogo y médico, fue un
personaje eminente, y debido a su sólida fama recibió una
invitación para formar parte de la corte de Francia regida
por el rey Carlos V de Valois, el Sabio, de quien fuera su consejero
con una notable actuación política. Casó durante
su estancia en Venecia con la hija de Mondino de Luzzi, médico
anatomista, quien realizó
disecciones que relató en uno de los primeros textos de anatomía
humana (1316), obra innovadora por pedagógica y un modelo seguido por
las universidades que fueron incorporando la enseñanza anatómica
a través de la disección.
La primera hija de Pizán fue Cristina; tenía
ella cuatro años cuando su familia fue recibida en el Louvre por
el rey en persona. Éste mandó que la niña participara
en todas las fiestas y divertimentos de la corte compatibles con su edad
y fuera educada como una princesa. La infancia de Cristina de Pizán
transcurrió, pues, en un clima de curiosidad científica y
fasto real. Tuvo dos hermanos, aunque según su padre ninguno se
le parecía tanto como su hija en el extraordinario apetito de saber. Él
es quien la impulsa hacia el estudio en oposición a los deseos de
la madre. La ciencia, expresa Cristina, “la deseo más que
nada en esta tierra”. Carlos V se distinguía por un gran interés
por lo intelectual y poseía grandes bibliotecas; ahí conoce
Cristina a los clásicos y entra en contacto con diversos autores.
En 1378 mueren la reina
y su hija de cinco años, duelos que culminan con la muerte del rey,
a sus cuarenta y cuatro años, el 16 de septiembre de 1380. Cristina,
casada un año atrás –tenía quince años– con
Etienne Castel –de veinticinco, intelectual de elite, notario y secretario
del rey–, esperaba por entonces su primer hijo. La familia entera
gozaba de prestigio y bienestar cuando acontece esta gran pérdida,
que la escritora define como “la puerta abierta a sus infortunios”,
y debemos agregar que también para el reino.
A Carlos VI,
hijo mayor de Carlos V, de sólo doce años, es a quien corresponde
la corona, pero los hermanos del rey toman las riendas del gobierno, y
así se torna incierto el porvenir de Tomás de Pizán
y su familia. Por suerte Etienne Castel conserva su cargo. Atraviesan a
Francia por entonces problemas políticos y religiosos muy difíciles,
generando un clima de confusión y desórdenes. El marido de
Cristina debe partir acompañando al rey a Beauvais. Nunca más
volverán a verse, el 7 de noviembre de
1389, a
los treinta y cuatro años, muere Étienne, su muy amado marido,
víctima de una epidemia. Él será el único amor de
su vida, decisión que no volverá a considerar. Dos años
antes había muerto su padre y, según relata Cristina, “ella
cayó en larga impotencia y enfermedad”. Sus sufrimientos
personales van a la par de los del país. Duelo sobre duelo. De Pizán
tenía tres hijos pequeños que quedaron a cargo de ella junto con
su madre, una sobrina y sus dos hermanos. Relata la escritora la separación
de sus hermanos, lo que en esa época implicaba que no se volverían
a ver: “Se ha convenido que mis dos hermanos, sabios, prudentes y de buena
vida, puesto que aquí no tenían medios, vayan a vivir allí con
la herencia de mi padre (Italia). Y
yo, que soy tierna y con mis amigos natural, me lamento a Dios cuando veo a mi
madre sin sus hijos queridos y a mí sin mis hermanos”. En ese tiempo entabla
una larga lucha de años con
la Justicia
para recuperar sus bienes. Como viuda debe defender lo que le correspondía
de su marido, denunciando la mala “costumbre de los hombres casados de
no contar y explicar sus asuntos enteramente a sus esposas”
Atraviesa una serie de dificultades económicas llegando hasta la pobreza,
soledad, indefensión y problemas de salud.
Cristina se encierra en
su estudio para dedicarse a la literatura, tuvo la modernidad de conquistar un
espacio femenino propio. Con audacia arquitectónica creó un íntimo
recinto, un cuarto propio –dirá siglos después Virginia Woolf– donde
retirarse para el trabajo intelectual. Conocedora de textos en latín y
sus traducciones al francés, puede hablar de tiempos bíblicos,
Roma y Grecia antigua con absoluta capacidad y fluidez. Escribe versos, baladas,
recurre a géneros tan didácticos como la epístola, el ditié o
la alegoría, para incursionar en la reflexión sobre la condición
femenina, la historia de las mujeres y el poder político. Sus últimos
años vive recluida, con su hija, en
la Abadía
de Poissy.
Sobre sus escritos
Cristina de Pizán
se destaca por una imponente y vasta producción literaria.
Presentaremos un panorama no
detallado de su obra.
Comienza a ser reconocida
a partir de la querella (práctica común a la época)
en torno al Roman de
la Rose, donde reafirma su lugar de escritora y autoridad en el tema.
El Roman de
la Rose fue escrito en dos tiempos. El primero, concebido entre 1225 y 1240
por Guillaume de Lorris, es un poema de amor que sigue la tradición
cortés; el escritor recurre a la alegoría y obtiene un gran éxito,
pero su muerte prematura deja inacabada la obra. Jean de Meun, entre 1275
y 1280 escribe la segunda parte del Roman cambiando el tono de la obra, denigrando
a la mujer que pasa a ser considerada puro objeto de placer.
Por primera
vez en
la Europa
medieval una mujer sale en defensa de todas las mujeres, objeto habitual de menosprecio;
así Cristina a través de Epístola
al Dios Amor (1399) argumenta su defensa. Refuta a Jean de Meun y a los clérigos
poderosos con los que discute durante dos años. En este debate fue respaldada
por Jean Gerson, canciller de
la Universidad
de Paris, quien cierra finalmente la disputa. Caracterizada por un estilo
incisivo –“ganivet” o “cuchillito
verbal”, como gusta llamarlo aludiendo a sus virtudes polémicas–,
ironiza sobre el discurso misógino y defiende a la mujer incluyendo a
Eva, a quien ve como víctima del engaño de la serpiente y, en una
audaz relectura del Génesis, como libre de pecado original.
El camino del largo estudio (1402 - 1403) es el relato
de su amor por el conocimiento. Las profundas ideas e intuiciones que expresa
la autora mantienen su actualidad a través de los siglos. Meditando sobre
el estado de disolución que afectaba al mundo entero dice: “Todo
estalla en rebelión: no se trata sólo de los hombres y de todas
las criaturas vivientes sino también los elementos se disputan de esta
manera. Bajo el firmamento, todo se libra a la guerra.” Una de las tantas
demostraciones de la actualidad de sus palabras, su condición de avanzada
y la clara percepción de los cambios. Parece hablar de nuestro tiempo. La ciudad de las Damas (1405): podemos aventurar que esta obra es un fruto
o corolario de la disputa sobre el Roman.
Al escribirla, Cristina toma ejemplos de toda la historia de la antigüedad
de “mujeres ilustres de buen nombre”. De qué trata la obra,
lo presentamos sintéticamente: deprimida por la lectura de una sátira
misógina, Cristina se lamenta de haber nacido mujer. Aparecen para consolarla
tres enviadas de Dios: Razón, Derecho y Justicia. Tres figuras alegóricas
con las que la autora dialoga sobre la verdadera naturaleza de las mujeres y
sus difíciles condiciones de vida. Con su ayuda construirá una
ciudad inconquistable en la que las mujeres estarán al abrigo de las calumnias.
Las piedras de este edificio serán las mujeres del pasado, guerreras,
artistas y sabias, enamoradas y santas. Un esquema de sociedad surge de su obra,
lo que podría ser si la voz de las mujeres fuera más escuchada.
La obra concluye con un llamado final a todas las mujeres de cualquier condición,
invitándolas a alegrarse por la creación de un espacio propio. El libro de Paz (1412 – 1414) expresa
sus puntos de vista sobre política contemporánea y las reglas morales
a las que debe aspirar todo buen gobierno; estaba destinado al Delfín
Luis de Guyena, quien tenía la influencia social y política para
llenar el vacío dejado por años de liderazgo incompetente.
Le ditié de Juana de Arco (1429), último
de sus escritos, representa el tesoro mismo de
La Ciudad de las Damas, pero a este texto se referirá María
Teresa Solá.
Comentarios generales y fantasías alrededor de su
vida y obra
Dice Cristina en su
obra La ciudad de las damas: “No todos
los hombres, y sobre todo los más cultos, piensan que está mal
que las mujeres estudien” y a través de un personaje con
el que dialoga expresa: “A tu padre, gran sabio y filósofo,
le causó gran alegría tu inclinación hacia el
estudio. Fueron los prejuicios femeninos de tu madre los que te impidieron
durante tu juventud profundizar y extender tus conocimientos”. A través de estas
palabras se destaca la relevancia que adquiere la mirada masculina
en la articulación entre feminidad y deseo de conocer, capaz
de despertar la intensidad de la pulsión destinada a profundizar
la feminidad junto con una sensorialidad oculta en la creatividad femenina.
A su vez le otorga a lascapacidades intelectuales un dinamismo
creativo.
Cristina de Pizán, mujer escritora,
desde el padre y oposición a la madre buscó el conocimiento
para una realización personal. Las figuras del Rey, el padre
y el marido estimularon su capacidad intelectual sin dejar de ubicarla
en un lugar femenino. Podemos pensar en el hecho extraordinario que
significó en la vida de esta mujer la valoración de su
inteligencia por los hombres que la rodearon, sobre todo en épocas
en que la mujer era considerada un ser inferior y no se admitía
que tuviese acceso al saber. La escritora se hace famosa defendiendo
a la mujer, reivindicando el lugar de la misma. Como fantasía
que despierta Cristina de Pizán cuando uno estudia su vida, ¿hubo
en ella un deseo de reparar en sus desarrollos intelectuales a una
madre que, siendo hija de un padre destacadísimo, no pudo hacer
florecer su inteligencia?
Otro punto a tener en
cuenta es la relación entre duelo y creatividad. Sabemos las
pérdidas que sufrió en tiempos no tan largos. Dice Cristina:
“Me
sentía con corazón fuerte y atrevido,
De ello me
sorprendo, mas yo experimentaba Que en verdadero
hombre me había convertido”
Una característica
del duelo es la identificación con el objeto perdido. Cristina
de Pizán, en un proceso positivo de duelo, se identifica con
los hombres amados e inteligentes y logra dirigir su vida con apoyo
de aquellos que quedaron inscriptos en su mente. Aspecto creativo
de los procesos identificatorios durante el trabajo de duelo, que
pueden reconstruir el recuerdo, la visión de sí misma
y del mundo desde distintas perspectivas como dice Cristina Melgar
(2007), paradoja del duelo que finaliza con una adquisición,
transformación interna y a veces también externa llegando
a la creación de obras artísticas. Despertar de la
epistemofilia que intenta descubrir algo nuevo.
Con respecto
a la creatividad en sí misma valdría recordar aquí a
D. Winnicott, psicoanalista inglés, quien teoriza sobre los elementos
femeninos y masculinos existentes en el psiquismo humano.Según
este autor el hacer está más relacionado con el elemento
masculino y el ser, la madre y la creatividad con lo femenino. Ideas que
desde la literatura expresa Virginia Woolf, en un juego de afinidades con
Cristina de Pizán. En su ensayo Un cuarto propio dice: “En el varón
la parte femenina de su cerebro tiene que tener influencia, y la mujer
debe también tener trato con el hombre que hay en ella… Al
producirse esta fusión es cuando la mente fertiliza a pleno y emplea
todas sus facultades”.
La figura
de Cristina de Pizán satisface la curiosidad de saber más
sobre la creatividad femenina, conocer más sobre la historia de
las mujeres que marcaron el camino del conocimiento.
¿Por
qué la poesía?, por María Teresa Solá
Es
el fruto de un simple
“calembour” emitido una
tarde en que con Patricia O´Donnell leíamos y pensábamos
a Cristina de Pizán. Fruto, sí, de la perplejidad que me causó comprobar
que a través del tiempo, misteriosa dimensión de la realidad, de
Pizán resultaba conmovedoramente próxima. ¿Por qué esa
mujer filósofa, historiadora, política, moralista –y podría
continuar enumerando– era poeta?
Recordé entonces
un trabajo de Héctor Murena llamado Historia
del silencio donde dice: “Tanto la tradición islámica
como la judía declararon que en el paraíso, Adán hablaba
en verso. El estigma de
la Caída
se manifiesta esencialmente en la palabra. La palabra que nos dio la serpiente,
la palabra del Árbol de
la Ciencia
es juzgadora, oprime hasta la muerte lo existente. En el otro polo se encuentra
la poesía, en la que la palabra tiene de nuevo la ocasión de tornarse
paradisíaca. La poesía existe para salvar el mundo”. Cristina
de Pizán ha sido obligada a paladear la palabra juzgadora del Árbol
de
la Ciencia.
¿Qué otra cosa sino eso era el texto de la segunda parte del Roman de
la Rose, perpetrado y no escrito por el desprecio, la desvalorización y el
desdén de Jean de Meun? ¿Cómo no iba pues a acogerse al
espacio intocado por el tiempo de la poesía? Y digo acogerse y no refugiarse,
porque Cristina de Pizán tenía un alma intrépida y no buscaba
refugio sino esclarecimiento y verdad. Lo que deseaba decir era esencial y urgente,
necesitaba otra palabra.
Albert Einstein en su ensayo “The
Cosmic Religious Feeling” dice: “Sentimiento y anhelo son las
fuerzas intrínsecas detrás de todo esfuerzo y de toda creación
humana”.
“Sentimiento” aquello que nos hace vibrar y no meramente durar, y “Anhelo”,
la modalidad con que la melancolía responde a lo que está ausente.
Ambos estaban presentes en Cristina de Pizán. Busca, sí, un lenguaje
que le permita traspasar lo cotidiano y aproximarse a aquello que está más
allá de lo inmediatamente perceptible. Emergen allí significados
desconocidos, no cercados por el estricto tamiz de la razón sino convocados
por el conjuro de la palabra poética.
En el Cuento de
la Rosa, escrito en el díade San Valentín en 1402, hace de
su pluma afilada instrumento de risas, música y alegría y
funda
la Orden
de
la Rosa.
Los
caballeros que allí profesan defenderán el honor de todas las mujeres,
como si cada una de ellas fuera su amada. De allí pasará a
la erudita e inspirada Ciudad de las Damas,
donde con acabada versatilidad usa una prosa culta, docta, y al mismo tiempo
se complace en deliciosos diálogos con habla cotidiana, familiar en la
que ella es esa “femme naturelle”,
esa mujer natural que muchas veces afirma ser.
Cristina de Pizán es considerada por
muchas pensadoras contemporáneas como la madre del feminismo. Creo, sí,
que es una precursora al proponer que la mujer sea tratada en un pie de igualdad
con el hombre, pero creo también que encerrarla en una cuestión
de género es no hacerle justicia. Ella fue una mujer de totalidades y
no de segmentaciones. Siempre habló de la mujer y del hombre. Y si bien
pudo reaccionar con fiereza e ironía frente a un Jean de Meun, debe recordarse
que su entrada a la palabra escrita se hizo a través de baladas, rimas,
y lágrimas, es decir, ya en poesía, para expresar su dolor por
la muerte del amado. Así
dice en una balada:
“Sola estoy y
sola quiero estar, Sola me ha dejado mi dulce amigo. Sola estoy sin mi compañero
y maestro. Sola he quedado.”
Todas las batallas contra los
hombres injustos, hábiles en vilipendiar a las mujeres, vienen de
una mujer cuya experiencia personal con tres hombres que estuvieron cerca
de ella: su padre, el Rey y su marido, fueron relaciones fundantes y no
pudieron ser más satisfactorias. Con Étienne tuvo once años
de vida feliz. En una balada recuerda que en su primera noche matrimonial
Etienne fue “fogoso y delicado”. Si su vida literaria
comenzó en poesía también en poesía terminó.
Durante los últimos once años recluída en
la Abadía
de Poissy, sólo interrumpirá su silencio de plegaria para escribir Les heures de Contemplation sur
la Passion
de notre Seignur, obra de oración y de unión con Cristo que
la acerca a la vivencia mística de otras mujeres de la época. Pero
de pronto la vida le ofrece el broche de oro de su existencia: escucha hablar
de una peculiar joven que quiere salvar a su país de la opresión
de los invasores ingleses, y ve en ella la conjunción de todos los valores
evocados en
la Cité de Dames. Esta última obra, Le ditié de Jeanne d´Arc (1429),
en verso, más que una epopeya es un Gloria
in Excelsis Deo. Ve en
La Pucelle
las condiciones masculinas y femeninas, el coraje y la compasión que ve
en las mujeres y en sí misma.
La Doncella
de Orleans, junto con la valentía y el arrojo de sus acciones militares,
exige a sus soldados que no ejerzan el pillaje y la violación.
Cristina de Pizán muere por misericordia de Dios un año antes que
Juana de Arco muera en la hoguera.
En
la Populorum Progressio
habla Pablo VI de la emergencia de las mujeres en la vida pública como
de una de las “tres señales de los tiempos”. Esto sucede en
la segunda parte del siglo XX. Atreviéndome a entrar en el Misterio creo
poder decir que Cristina de Pizán debe haberse regocijado con la magnífica
Encíclica Papal.Seguiremos pues las mujeres tejiendo la trama del tapiz de la vida en la
incertidumbre y la esperanza, caminando por el tiempo hacia la eternidad, como
somos testigos lo hizo Cristina de Pizán. Y continuaremos tendiendo la
mano al hombre que ha sido y sigue siendo nuestro padre, nuestro hermano, nuestro
hijo, nuestro amor y nuestro amigo. Pero nos comprometemos para que esto pueda
suceder –como con tanta lucidez y vehemencia lo deseaba Cristina de Pizán–
desde el reconocimiento mutuo en el mundo de
la Justicia
y no en el mundo del Poder.
BIBLIOGRAFÍA
De Pizan, C.
La Ciudad de las Damas. Madrid: Siruela, 1995. ––––– El
cuento de la rosa
La Rosa
y el Príncipe. Madrid: Gerdos, 2005. Einstein, A. “The
Cosmic Religious Feeling”. Alexandria.
Cosmology, Philosophy, Mith and Culture. N. 4. Michigan: Phanes Press, 1997. Murena, H.
“Historia del silencio” Página literaria de
La Nación
, 3 de septiembre de 1972. Pernoud, R. Cristina de Pizan. Barcelona: José
Olañeta, 2000. Rivera Garretas, M. M. “Christine de Pizan: La utopía de un espacio separado”.
En: Textos y Espacios de Mujeres, cap. X.
Barcelona: Icaria, 1995. Vallas, M. “El
camino del largo estudio y el arte de la construcción”. Medallones
de Damas Herméticas III. Symbolos. Rev. Internacional de arte, cultura
y gnosis.