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Parte del legado poético de Hildegarda de Bingen nos llega a través de su Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestes (Symphonia armonie celestium revelationum). En este trabajo expondremos de forma brevísima y lo más completa posible los aspectos literarios más destacados de la obra de la abadesa de Bingen, concretados en este ciclo de cantos que hemos mencionado, Symphonia, centrándonos básicamente en algunos recursos de estilo que embellecen el texto a la vez que le dan pleno sentido. |
Génesis de SymphoniaSymphonia nace como una recopilación de cantos compuestos por la abadesa entre 1140 y fines de la década de 1150. La organización sistemática se realiza desde 1151 hasta 1158; sin embargo, diez años antes comienza a componer la santa algunos himnos, secuencias, responsorios y antífonas para la Liturgia. Por lo tanto, Symphonia es fruto de un trabajo de varios años, de un proceso de maduración artística . Este desarrollo artístico lo confirma Scivias, una de las obras capitales de la autora, la cual fue compuesta también durante la década de 1140. Contenido y estructuraAl introducirnos en la obra poético-musical de Hildegarda nos encontramos con composiciones religiosas escritas en un latín sencillo. La abadesa de Bingen se autodefine como una persona no docta, nunca estudió la “gramática”, es decir, el latín y sus reglas, estudio que un monje solía aprender en la infancia. Esta carencia no fue un impedimento para nuestra abadesa ya que le permitió más libertad lírica en sus creaciones. (NEWMAN, “Poet”, 181) Habíamos mencionado el propósito de una sistematicidad en la composición de esta obra. Es un ciclo de setenta y tres cantos dedicados a la Trinidad, la Virgen María, y las Jerarquías Celestiales: los Santos Patronos, Vírgenes, Viudas e Inocentes, Santa Úrsula y compañeras, y por último a la Iglesia. Se inspira en una visión de la santa descripta ya en Scivias: las puertas del Cielo son abiertas, mientras Hildegarda contempla y oye una multitud que canta en armonía, en alabanza a la Jerarquía celestial (Scivias III, 13). Uno de los patrones que confieren unidad a los cantos de Symphonia es su carácter laudatorio. Symphonia es desde el comienzo al final una alabanza continua a Dios y todo el Cielo. Como natural característica de la alabanza, todo se manifiesta en tonos admirativos y celebrativos. Abundan los signos de exclamación, el uso de los O admirativos o el quam exaltativo: Qué hermosa, qué esplendorosa, etc. Las palabras cargan con un contenido semántico positivo, alegre, luminoso. El ejemplo: O viridissima virgaA modo de ejemplo elegimos una composición dedicada a la Virgen, que comienza con el verso O viridissima virga, es decir, “Oh, vara verdísima”. Hemos intentado una traducción lo más fiel posible al original procurando no perder la belleza de sus imágenes:
Características generalesSon ocho estrofas de desigual cantidad de versos. Algunas tienen cinco versos y otras llegan solamente a uno. Los críticos coinciden en afirmar que la nota distintiva de la poesía en cuestión se encuentra en la libertad de los versos. Esta característica proviene, según Newman, de las asimetrías propias de los cantos litúrgicos que eran leídos en la Vulgata latina, especialmente los Salmos (NEWMAN, “Poet”, 181). Asimismo y tal como hemos mencionado, esta libertad la confiere la falta de instrucción formal de la lengua latina que arguía la abadesa. La economía de vocabulario es compensada por la densidad semántica de las palabras. Lo maravilloso que transmite la poesía es la carga de significado que contiene cada verso, cada estrofa. Describe series de imágenes que hacen formar una idea en la mente del lector u oyente. Cada una de las representaciones está ligada a la otra formando un continuum de ideas e imágenes. Hildegarda confiere a la imagen un valor esencial en su poesía, hecho que comprobaremos a lo largo del trabajo. El contenidoO viridissima virga es un canto dedicado a la Virgen María. Las estrofas giran alrededor de dos o tres ideas centrales, pero todas guardan relación con las maravillas obradas por Dios en su sierva. En los primeros grupos de versos la abadesa alude a María a través de la vara (virga), y a Cristo, como la flor que nació de aquélla. Esta flor perfuma todas las plantas de especias que hasta ese momento estaban secas, es decir, las devuelve a la vida. A continuación se hace presente la imagen del trigo, fruto del vientre de la Virgen, que será alimento espiritual para el hombre. Coronan este poema unos versos sueltos que se refieren a Eva, como figura opuesta a la Virgen. Por Eva entra el pecado en el mundo. Por María, la salvación. En este canto entonces, Hildegarda se dirige a María, como virga, retoño, brote, pero también la vara, la rama que nace del árbol. La cadena de imágenes es iconográfica.
La idea principal alude al árbol de Jesé, que en el Nuevo Testamento
La elección de este árbol para representar la idea fundamental del poema resulta de una intención pedagógica: el árbol de Jesé era una imagen frecuentemente usada en el siglo XII, conocida especialmente por entendidos en arte religioso. Este ícono atraía por su “complejidad y poder”. (FASSLER, “Composer and Dramatist”, 157). Jesús mismo en el Apocalipsis dice: “Yo soy la raíz y retoño de David” (Ap. 22,16). Existe además un juego de palabras entre virga, vara, retoño y virgo, virgen, dirigiéndose en ambos casos a la Madre de Dios. Algunos tradujeron virga también por “virgen”. Es por eso que la tradición atribuye la figura de la rama o vara a María siendo la flor la figura que representa a Cristo. La segunda estrofa está encabezada por: “Cum venit tempus”, “cuando llegó el tiempo”, y se trata de un tiempo que nos remite a un determinado momento de la historia de la Salvación; un día, una fecha, elegida por Dios para el nacimiento del Elegido. Y sigue: “...pulcher flos / qui odorem dedit..”: En el seno de la Virgen María “florece”, germina una flor, tan hermosa que su olor se esparcirá perfumando todos las plantas de especias del mundo que estaban áridas, secas, muertas. Todo reverdecerá, habrá una nueva primavera, anticipo del milagro de la resurrección. El párrafo quinto comienza con la caída del rocío sobre la hierba, el pasto verde, acción que permitirá el fortalecimiento y rejuvenecimiento de toda la tierra. La acción del rocío representa la bendición celestial, la regeneración, es el agua que cae suavemente desde el cielo sobre la faz de la tierra purificando y fecundando la superficie. Paralelamente se alude a María que porta en su vientre al germen de trigo, el Hijo de Dios. El rocío también cae sobre la Virgen, la colma de bendiciones, y la fecunda, como a la tierra. En Isaías 45, 8, aparece nombrado el rocío: “Destilad, cielos, como rocío de lo alto, derramad, nubes, la victoria”, y también en el Salmo 72, 6 –bellísimo versículo–: “(refiriéndose al rey prometido): caerá como la lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra.” Al leer o escuchar O viridissima virga se nos presenta María como la mujer que traerá al mundo la Vida, y esta idea es representada a través de oposiciones: muerte – vida, lugar seco – lugar fértil, lleno de vitalidad. Hildegarda tampoco ignora la conocida oposición Eva – María, común en la tradición medieval. Como afirma Peter Dronke (DRONKE, Problemata Hildegardiana, 106), Hildegarda manifiesta conocimiento tanto de la imaginería de amor místico propio del Cantar de los Cantares, como de las figuras elaboradas por los Padres de la Iglesia y las Sagradas Escrituras. Principalmente en este poema, como vimos en los ejemplos, están presentes imágenes de las Sagradas Escrituras: La oposición seco – fértil es aludida por Lucas: “Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco, ¿qué se hará?” (Lc. 12.31). Se refiere el leño verde al suplicio de Jesús, y el leño seco, a los pecadores. La estrofa cinco canta una hermosa imagen de las aves que hacen su nido in ipsa, que polisémicamente refiere tanto a la rama cuanto a la tierra, ambas imágenes de María. Cristo en la parábola del grano de mostaza, dice: “Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.” (Mt. 13,32) Según la tradición, las aves, por su vuelo y el privilegio de vivir en las alturas, simbolizan a los ángeles. Acorde a los versículos leídos, las aves se posan sobre las ramas del árbol. El árbol puede ser identificado con el leño verde, ya antes mencionado, y la cruz. Todo mantiene una asombrosa correlación: el leño como la cruz, el verde símbolo de la resurrección, la cruz como eje que pasa por el centro de cada estado del ser, y vincula lo horizontal y lo vertical, el cielo y la tierra. Por otro lado, el simbolismo del grano corresponde al mismo Cristo. La designación del Hijo de Dios como germen aparece en las Sagradas Escrituras. El grano, símbolo de la muerte y resurrección, nos recuerda las palabras de Jn. 12,24: el grano que cae en tierra muere, pero da mucho fruto. Este grano de trigo que aparece en O viridissima... es un grano de trigo, será la “comida para los hombres y será la alegría de los comensales en el banquete.” El trigo, hecho pan que sacia el hambre material del hombre, se convertirá en el mismo cuerpo de Jesús, es el gran misterio de la fe cristiana. Este pan, que será ofrecido en el eterno banquete celestial, saciará el hambre espiritual. Todos los cantos requieren un lector conocedor de las Sagradas Escrituras; Hildegarda escribe para sus hijas espirituales. Puede afirmarse que el fin de esta obra está en el contexto de la vida litúrgica. Fiesta de los sentidosHabíamos hecho referencia, al comentar a Peter Dronke, a la imaginería del Cantar de los Cantares en Symphonia. Podemos agregar también elementos significativos presentes en el Cantar, como ser el bálsamo, los comensales, el sol, los perfumes. También se caracteriza el Cantar por la proliferación de las imágenes sensoriales. No podemos pasar por alto el exquisito uso de lo sensorial en toda la obra de la santa de Bingen. Esta característica no es exclusiva de ella, sino que se extiende a toda su época. Al respecto leemos:
Las imágenes despiertan todos los sentidos, no sólo el de la vista, sino también las capacidades auditivas, olfativas, táctiles y hasta gustativas. Las letras monásticas presentan una particularidad en esto: todos los órganos de percepción participan activamente para una comprensión integral de la obra. En O viridissima virga advertimos olores: el del bálsamo, el olor de la flor que perfuma todos los otros aromas del universo; también percibimos imágenes táctiles, como el calor del sol (calor solis). Principalmente además observamos imágenes visuales que se concentran, a nuestro modo de ver, en el concepto de viriditas y en todas sus formas, tema que veremos inmediatamente. Con la presencia de las imágenes sensoriales, la sexta estrofa canta a la suavis Virgo. Se dirige directamente a la Virgen María con el calificativo “suavis” que denota dulzura y suavidad en el gusto, el oído, la vista, el olfato. Para referirse a la Virgen, Hildegarda optó por un adjetivo sinestésico. Retomemos el concepto de “Viriditas”. Una atenta observación demuestra que en el poema son mencionados ciertos elementos relacionados entre sí y con el sentido total del texto lírico: Viridissima (verdísima), virga (vara, rama, retoño), floruisti (floreciste), ramis (rama), viriditas (verdor) , gramen (hierba), frumentum (trigo, grano de trigo). Estas palabras connotan crecimiento, verdor, el nacer a la vida, fertilidad. La palabra que suele reunir todos estos significados y otros es la ya mencionada: viriditas. Viriditas expresa a Dios como fuente, sustento y generador de energía de toda vida. En este canto, como hemos visto, actúa un poder regenerador, que renueva todas las cosas. Todo reaparece con nuevo verdor. Por otro lado, viriditas se asocia a la Virgen como Madre “fecunda”, virgen pura pero fecunda, recordemos el “bendito es el fruto de su vientre”. Por último agregamos que “el mundo en el que vivió Hildegard von Bingen reconoció el valor de la imagen” (FRABOSCHI, La cultura monástica). Tener este pensamiento en cuenta es crucial para comprender toda la obra. El fin de SymphoniaSymphonia fue escrita para un fin concreto: acompañar la vida litúrgica. Sin embargo no por tener un fin didáctico, la obra deja de poseer belleza estética. Es más, esta belleza de la realidad promueve a que sea mejor aprehendida. Es el “docere delectando” de Cicerón y el “utile et dulce” de Horacio. Hildegarda era priora de un convento benedictino, la liturgia tenía un papel preponderante en la vida monacal. El canto era una forma de alabar a Dios, los cantos en la liturgia son expresión de la alegría del corazón, el alma llena de paz interior toma conciencia de la búsqueda de Dios. Acerca de esta alegría dice Anselm Grün:
Y Fraboschi:
ConclusiónVimos cómo a través de la palabra poética todos los sentidos externos e internos trabajan de manera intensa. Desde el complejo y novedoso concepto de viriditas, hasta la tradicional figura del árbol de Jesé, Hildegarda devuelve significación y fuerza a la palabra – imagen. En el vano intento de querer abarcarlo todo, de estudiar a fondo una obra, siquiera un poema, nos maravillamos ante el poder de la palabra y su función de portal hacia nuevas y más profundas interpretaciones. La poesía es perpetua: nos habla hoy, para hoy. Terminar de estudiar O viridissima virga es imposible, como acontece con toda obra de arte. Es palabra viva, se regenera, adquiere nuevas significaciones de acuerdo a la época, pero siempre renace. Lo que acabamos de trabajar es sólo un ápice, es la punta del iceberg del universo hildegardiano, ni qué decir del siglo XII. Es un primer paso; sin embargo, es también un incentivo para el estudio de esta mujer, una abadesa del siglo XII que todavía en este mundo actual, tiene algo para decirnos.
BIBLIOGRAFÍACaviness, Madeline. “Artist”. En: Voice of the Living Light. Hildegard of Bingen and Her World. Newman, Barbara (ed.). California: University of California Press, 1998. Chevalier, Jean; Gheerbrant, Alain. Diccionario de los símbolos. 6a ed. Barcelona: Herder, 1999. Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de los símbolos. 3ª ed. Barcelona: Siruela, 1998. Dronke, Peter. “The Composition of Hildegard of Bingen’s Symphonia”. Sacris Erudiri. 1969-70; 19: 381-93. Id., “Problemata Hildegardiana”. Mittellateinisches Jahrbuch. 1981; 16: 97-131. Fassler, Margot. “Composer and Dramatist”. En: Voice of the Living Light... Fraboschi, Azucena. La cultura monástica. Estudio disponible en página web sobre Hildegarda de Bingen: http://members.tripod.com.ar/hildegarda/estudios.htm Grun, Anselm. Salmodia y Contemplación. Barcelona: Sígueme. 2000. Guénon, René. Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada. Compilación póstuma establecida y presentada por Michel V. Buenos Aires: Eudeba, 1969. Hildegard of Bingen. Symphonia. A Critical Edition of the Symphonia armonie celestium revelationum [Symphony of the Harmony of Celestial Revelations]. With intr., transl. and com. by Barbara Newman. 2nd ed. Ithaca, New York: Cornell University Press, 1998. Leclercq, Jean. Cultura y vida cristiana. Iniciación a los autores monásticos medievales. Trad. Dom Antonio M. Aguado y Dom Alejandro M. Masoliver. Salamanca: Sígueme, 1965. Newman, Barbara: “Poet”. En: Voice of the Living Light. Hildegard of Bingen and Her World. Newman, Barbara (ed.). California: University of California Press, 1998. Pernoud, Régine. A la luz de la Edad Media. Barcelona: Granica, 1983. Portal, Fréderic. El simbolismo de los colores. En la Antigüedad, la Edad Media y los tiempos modernos. Trad. de Francesc Gutiérrez. Barcelona: José J. de Olañeta, 2000. (Colección “Sophia Perennis”) Schmitt, Miriam. “Hildegard of Bingen: Viriditas, Web of Greening Life-energy”. The American Benedictine Review. 1999; 50(3-4): 253-76; 357-80. NOTAS:[1] O viridissima virga, ave,/ que in ventoso flabro sciscitationis / sanctorum prodisti. / Cum venit tempus / quod tu floruisti in ramis tuis / ave, ave fuit tibi, / quia calor solis in te sudavit / sicut odor balsami. / Nam in te floruit pulcher flos / qui odorem dedit / omnibus aromatibus / que arida erant. / Et illa apparuerunt omnia / in viriditate plena. / Unde celi dederunt rorem super gramen / et omnis terra leta facta est, / quoniam viscera ipsius frumentum protulerunt / et quoniam volucres celi nidos in ipsa habuerunt. / Deinde facta est esca hominibus / et gaudium magnum epulantium. / Unde, o suavis Virgo, / in te non deficit ullum gaudium. / Hec omnia Eva contempsit. / Nunc autem laus sit Altissimo. (vuelve al texto)
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