LUZ Y MISTERIO EN EL BESTIARIO MEDIEVAL:
EL UNICORNIO


BLANCA H. PARFAIT
(UBA)

 

Finalmente he encontrado el camino hacia el castillo y aquí estoy, en Verteuil. ¿Recuerdas? Es éste el castillo en el que los dueños, aturdidos y confundidos acerca de su importancia, arrumbaron los hermosos lienzos y los destinaron a tapar los cultivos de papas para protegerlas del frío; y es también en el que, tiempo después, sucedió aquel hecho insólito con la llegada de los emisarios del Terror que dictaminaron que, como los lienzos no representaban nada vinculado con la nobleza, podían quedar donde estaban. ¿Nada vinculado a la nobleza? Solamente su supina ignorancia podía no ver que eres el más noble de los animales. Fueron tiempos difíciles para nuestra amistad, pero ahora estoy de vuelta, esperando que llegue el momento porque, ya lo sabes, me enteré de que hoy podré verte nuevamente porque abren el castillo y han restaurado esos hermosos lienzos ¿tapices se llaman? en los que bordaron tus formas, tus alegrías y penurias. Sé que vendrás. Ellos ignoran que nos hemos conocido hace muchos años e, ingenuamente, piensan que eres solamente una representación mitológica y que no existes. Pero, ¿cómo no vas a existir si hemos andado juntos tanto tiempo, si te has asomado a mi vida tanto que te he adivinado en los claros del bosque contemplando las rosas silvestres —tus flores amadas—, si he visto con ojos asombrados el brillo marfileño de tu cuerno, tu maravilloso y coruscado cuerno que es, al mismo tiempo, adorno y arma? Te he sorprendido en la radiante claridad, impulsado por un blanco torbellino que no es del día ni de la noche, en le que aparecías magníficamente blanco, blanco como tu pureza, blanco como la luz. Te mostrabas tan brillante que lastimabas mis pobres ojos, porque posees la luz que aparta de sí las tinieblas. Y, a veces, te he acompañado en tu espera inmóvil, que no es sino una permanente escucha del sonido del mundo, y estabas siempre espléndidamente blanco como un mediodía luminoso.

Hay quienes dicen que eres un símbolo o una señal de otro mundo porque no saben tu historia, y no sospechan que siempre estarás entre los hombres, porque acaso compartas y seas acechado, tanto como ellos, por los demonios de la enfermedad, las lágrimas y el dolor, o quizás porque quieras atravesar nuevamente las fronteras que dividen los mundos y desde las cuales observas a los hombres en secreto.

Recuerdo cuando, en pleno siglo XV, esperaba ansioso, desde la placidez del castillo en el que me encontraba, la llegada de los hermosos adornos que hacían las bordadoras y que colgarían de las paredes, y quiero contar cómo te veía, entonces, seguro y feliz.

Estabas sentado en medio de una miríada de flores, como si estuvieras descansando tranquilo, y en la blancura de tu pelaje relucía un collar azul tachonado de destellos dorados, azul el collar tanto como azules son tus ojos. En tu pequeña cabeza asomaban las puntiagudas orejas y el rictus de tu belfo se adornaba con una pequeña barba que, ondulando graciosamente, destacaba tu perfil. Claro, ellos pensaban que tu cabeza era caprina y también tus pezuñas, y así te habían representado, pero mis maravillados ojos no podían dejar de dirigirse hacia tu cuerno, elegante y fino, tu precioso cuerno espiralado que iluminaba la maleza.

Estabas circundado por estacas de madera que simulaban un esférico corral. No sé por dónde habías entrado porque no vi puerta alguna en el pequeño recinto; seguramente habías dado uno de tus graciosos saltos, en los que pareces alzarte impelido por invisibles ráfagas, y te habías quedado a descansar porque tu rizada cola se erguía en interrogante forma como movida, aún, por el viento. Había un único árbol que, según decían, representaba el Árbol de la Vida y se aunaba con tu cuerno, que también es único. Pero, ¿por qué te habías acercado tanto al árbol? ¿No sabías que era un árbol de granado? ¡Temí tanto que hubieras probado su fruto! Porque recordarás sin duda que todo el que lo prueba, aunque fuera una sola vez, tiene añoranzas del infierno. Pero pronto mi intranquilidad desapareció porque vi que ahí, casi besando las tablas, estaban enhiestos, cuidándote como atentos centinelas, tus guardianes, los símbolos de la pura, la virgen, los blancos lirios en flor. Ellos vigilaban tu descanso y hasta el granado atemperaba su fuerza ante la radiante luz de las flores.

Los que te han representado no sabían, seguramente, que tu fuerza y tu magia se desprenden de tu maravilloso El unicorniocuerno, pues en él reside el secreto mejor guardado, el que te permite traspasar las dimensiones del tiempo. Desde el cuerno irradia tu vida, y me has contado que desde la juventud una suave luz te lo va torneando, es la luz de tu propia existencia la que va marcando en él su propio paso y, así como en los hombres las arrugas indican el transcurrir de la vida, es en ti el propio cuerno el que señala las experiencias vividas. Eres el unicornio, que es tanto como decir, en griego, monóceros, aunque otros te llaman licornio, y sé que la particular historia de cada unicornio es la que está escrita en los surcos de los cuernos; por ello nadie puede jamás arrancarlos, porque es como si intentaran arrebatarles la vida, y más aún, negársela... y tú sabes que eso es imposible: no se puede destruir la vida vivida y en ustedes, lo sé porque me lo has confesado, el cuerno es la vida, toda la vida. Pero no quiero decir con esto que seas inmortal, no; como toda criatura que nace has de morir, pero para asombro y alegría de las demás criaturas, quedará tu diamantino cuerno como señal de tu paso por el mundo.

¿Será porque tu vida es limpia y pura que el cuerno es siempre recto, que no tiene inclinaciones no hacia adelante ni hacia atrás y que, orgulloso de su rectitud, se alza levemente más arriba de los ojos, en el medio de la frente, como señalando la unión de la vida y el pensar?

Es el cuerno tu talismán y marca y en él se concentran, también, la fuerza y la virtud. Mas si es bello lo exterior es porque trasunta la belleza interna que lo anima y que te permite traspasar los límites del tiempo.

Por ello no te asombrará que les recuerde a los hombres las edades del mundo, la Edad de Oro, la de Plata, la de Bronce y la de Hierro. Ahora, lo sé, estamos en la de Hierro, la más pobre, la más basta de todas; sin embargo, tu armonía traspasa las edades, porque ninguna de ellas termina nunca, porque todas se entremezclan y siempre se conservan. ¿Me dirás por qué, entonces, estamos en la Edad de Hierro? Sí, lo sospecho, porque nadie cree ya, y sin creencias es imposible vivir; por ello la Edad de Hierro significa que los hombres están fuertes, sí, porque son muchos, pero sin nada que les permita brillar por ellos mismos. Porque las edades no miden los años cambiantes del mundo sino otras dimensiones en las que el hombre ha vivido antes de llegar adonde está ahora. Pero ¡ay!, ellos habitan hoy una dimensión caída y distante, han descendido en las edades porque siempre han fallado en cada una de las que han vivido y por eso están cada vez más necesitados de ayuda y no tienen resplandor propio. Solamente conservan el recuerdo del unicornio como su amigo fiel, y te tienen presente, quizás, porque perciben la luz como el signo de tu permanente memoria.

Pero tú perteneces, como unicornio, a la Edad de Oro, y has guardado esa facultad tan única de traspasar las dimensiones. Si desapareces, es que te has trasladado de dimensión, solamente has entrado en el laberinto del tiempo pero no has abandonado a tus amigos, los hombres, porque siempre has sido su guía para entrar a otros dominios. Entrar a otra dimensión no es difícil, siempre las puertas están abiertas cerca de los que lo intentan, porque a todos les son reveladas todas las cosas o, quizás, solamente aquellas que les es concedido saber, y que tú ayudas a que lo sepan.

Sé que estoy solamente recordando y mirando una tela, y que manos hacendosas han querido bordar tu maravillosa presencia como si hubieras sido solamente algo etéreo e inasible, como si hubieras sido solamente un animal imaginado. Pero yo, que te he amado tanto, te recuerdo porque hemos vivido intensamente muchos años y hemos traspasado los siglos. Ahora no pueden negarme tu existencia ni pretender que te borre de mi memoria. No, no los dejaré, y si me ayudas les contaré a los hombres cómo has llegado a la inmovilidad bordada que te representa.

En el arte sacro de China te representaron por primera vez; ahí te llamaban, si eras macho Ki, y si eras hembra, Lin. Cuando, juntos, aparecían, toda China se alegraba porque un Kilin era señal de prosperidad y de reinados justos y buenos. Te pensaban siempre unido a los niños, por eso creían que los traías a la tierra y regalaban los amuletos con tus formas como deseo de vidas felices.

Aborrezco la forma en que te describió Plinio, solamente en su gran simpleza pudo decir que eras "un animal intratable que se parece al caballo por el cuerpo, al ciervo por la cabeza, al elefante por los pies y al jabalí por la cola; tiene un mugido grave y un solo cuerno negro que se eleva dos codos por encima de la frente. Dicen que este animal no puede capturarse vivo"[1] ¡Pobre e ignorante Plinio!, creo que alguien lo habrá embaucado y no sé si me enfada más ese zoológico con el que te ha confundido, o el haberte comparado con el elefante, ese animal de dos colas, una por delante y otra por detrás, y que haya dicho que tu cuerno es negro cuando su blancura es infinita..., pero mejor lo dejamos de lado porque, a veces, los historiadores fantasean. La única verdad que dijo es que nadie puede capturarte vivo y pronto diré por qué.

En el siglo IV antes de Cristo el griego Ctesias, que estaba en la corte del rey de Persia como médico, decía que tu cuerno tenía propiedades mágicas; claro que nunca supieron qué significaba esto, solamente repetían sin sospechar que curaba las heridas y también el veneno de las víboras o enfermedades terribles como la peste, la epilepsia, o que las gangrenas desaparecían absorbidas por tu presencia. ¡Tanto confiaban los hombres en las virtudes del maravilloso cuerno que era tan alto que solamente algunos podían llegar a tocarlo, claro, porque pocos eran los hombres que medían más de dos metros!

Tan amado has sido y durante tanto tiempo que siempre fuiste fuente de inspiración para los poetas y también para los místicos. ¿Recuerdas cómo te cantaron los enamorados? Richard de Fournival y también Teobaldo, rey de Navarra, cantaron en el Bestiario del amor del siglo XIII las desdichas del corazón enamorado.

Richard de Fournival fue clérigo y cirujano y su Bestiario es del año 1252, y algunos comentan que trasladó el Fisiólogo a la prosa amorosa, con gran ingenio, sí, porque nos dicen que utiliza las "propiedades naturales" de los animales para trazar paralelismos o acentuar disidencias con la conducta del enamorado; por ello muchos lo imitaron y aparecieron bestiarios de amor en distintas lenguas, como el toscano o el catalán. Ya en el bestiario provenzal decían que eras lo más salvaje que existía y que nadie se atrevía a hacerte frente a causa de tu cuerno. Pero tu debilidad estaba en tu olfato para las vírgenes, por lo que cuando querían cazarte buscaban una doncella y tú, inocentemente, en su falda te dormías.[2]

¿Y te acuerdas cómo hablaba de los unicornios Teobaldo, que nació en 1201 y murió en 1253? Porque de él decían que había vuelto la prosa más rica, porque utilizaba metáforas y se inspiraba en los animales y conocía bien, sin duda, tus debilidades, porque así te cantaba:

"Como el unicornio soy
que se pierde deslumbrado
cuando a la doncella va mirando
de tan prendado que está de su amiga
pasmado yace en su regazo
entonces lo matan a traición...
Y a mí me han hecho una cosa parecida
Amor y mi Dama por ver
Mi corazón ya no puede recuperarse..."[3]

"Soy semejante al unicornio
Que queda atónito al mirar
Cuando contempla a la doncella
Tanto goza con su tormento
Que cae exánime en su regazo
Entonces, lo matan a traición
De igual modo me han matado
Amor y mi señora, en verdad
Tienen mi corazón y no puedo recobrarlo."[4]

¡El corazón partido por la traición! ¿Hay dolor más hondo para un enamorado? Sé que eres pura belleza, elegancia y gracia..., ¿por qué ellas estarán siempre unidas al dolor? ¿Será que el mundo no puede tolerar tanta belleza? o, tal vez, ¿será como decía el divino Platón, que la belleza que vemos es un resplandor de la belleza eterna? Claro, pero ¿por qué los hombres no pueden resistirla y la unen a la muerte?

Mas no siempre el destino fue tan ingrato, no siempre el hombre muere de amor por el engaño de su amada; tampoco es verdad que la amada siempre engaña, pero hay algo que siempre persiste y es la identificación del unicornio con el caballero: mas el caballero vencido por el amor hacia su amada.

Tal vez no quieras recordar por qué te han unido siempre a las doncellas pero tendré que decirlo, aunque puedo guardar un momento más el secreto.

Ahora te observo inmóvil, pero la inmovilidad no puede captar todo lo que eres. Has sido siempre movilidad y vida y me pregunto por qué has subsistido en el paso de los siglos.

¡Oh, ahí están trayendo otro tapiz y buscan donde colgarlo! Otra escena bordada, otro momento de tu vida, éste sí, trágico y místico.

Déjame que lo mire bien, sí, ahí están todos los símbolos, ahí está la parte dolorosa de tu vida y en la que más se piensa, porque los hombres han recordado más el dolor que la alegría. ¡Qué hermoso es este tapiz, pero qué angustia me provoca ver lo que muestra! ¡Lo llaman la cacería del unicornio y piensan que estás ahí como una alegoría de la Pasión de Cristo!

Enormes árboles de enormes hojas y un castillo en el fondo. Dos señores, uno con una pica en la mano, observan la escena; no, son tres, porque más allá hay otro que señala indolentemente a su galgo y también está armado. Dos trompeteros, a ambos lados de la escena, ejecutan sus instrumentos; nuevamente un único árbol, alto y ralo, marca el centro, y la orilla de un arroyo en donde juguetean, ajenos a todo, ánades y perdices.

Ahí estás, de perfil y con las patas traseras en el agua y las delanteras en signo de la carrera que no has podido hacer porque ellos te han sorprendido, ellos, sí, los cazadores, los cinco emisarios de la muerte que te acechan con sus armas y sus perros, algunos galgos, otros lebreles de grandes ojos, como si se asombraran de lo que va a suceder. El Árbol de la Vida, el árbol único, crece en el medio; ya alguien te ha alcanzado porque sangras en tu lomo y tres lanzas, toscas en su sostén de madera mas fuertes en el hierro de su punta, te cortan el paso. ¡Ay, ya mana la sangre de tus ancas y los perros te muerden el lomo y te hostigan por todos lados y dos lanzas te atraviesan el cuello y el pecho! No has podido resistirlos aunque hayas herido a los perros, no has podido contra las armas de los que te buscaban, de los que ansiaban un trofeo para el castillo. Ya te trasladan subido a un caballo pero, como tributo a tu fuerza y valor en lucha tan desigual, ellos sostienen con sus manos el magnífico cuerno y, homenaje tal vez ignorado, lo atan con una rama de roble, signo de fortaleza y renacimiento siempre esperado.

Pero no fueron los cazadores los que te encontraron, no lo hubieran podido hacer porque nunca te presentabas ante su vista; pero ellos conocían tu debilidad y pusieron el cebo. Ellos sabían que nadie podía cazarte, pero que el imán de una doncella era irresistible para el unicornio. Y allí la dejaron, para que te acercaras mansamente y apoyaras tu cabeza en su regazo. Allí está ella, con sus rojos vestidos ¿anticipo del correr de tu sangre?, pero la expresión de sus ojos, La doncella y el unicornioentre indolente y angustiada, finalmente enigmática como toda mujer, me hace presentir que ha gozado con su traición. No, definitivamente no me gusta ese mirar ladino. Evidentemente te ha traicionado, ha actuado en connivencia con los cazadores. Pero tengo que reconocerlo: siempre, desde el fondo de los tiempos, has estado unido a las vírgenes, es tu destino.

La doncella y el unicornio. ¡Qué unión tan extraña! Ya en el comienzo de las edades se los menciona juntos. Moisés en el Deuteronomio (33, 17), cuando bendice a José, le dice: Primogénito del toro, a él la gloria; sus cuernos, cuernos del unicornio[5]. Tiene un solo cuerno porque el Salvador dijo que Él y Su Padre son uno solo. Al bajar del cielo saltó al regazo de la Virgen María, dilecto como hijo de unicornio, según dice David. Así te han representado en la catedral de Estrasburgo, en el regazo de una doncella, mas atravesado por una lanza.

¿Por qué Marco Polo insiste en que eres horrible y que no son la doncellas las que te atraen? Pero no es así, porque ya en el libro IX del Roman d'Alexandre se dice que el unicornio "es un animal tan fuerte que no puede ser capturado por la virtud de los monteros, sino mediante sutileza. Cuando quieren capturarlo mandan llevar a una doncella al lugar donde saben que acude el animal a pacer y descansar. Si el licornio la ve y es doncella, va a acostarse en su regazo sin hacerle ningún mal y allí se queda dormido. Acuden entonces los monteros, que lo matan en el regazo de la doncella. Y si no es doncella, el licornio no busca acostarse sino que mata a la muchacha corrompida y no virgen [...]"[6]

Te han considerado la "imagen emblemática de Jesús, que mediante su nacimiento corporal descendió en el seno de la humanidad, representada por la mujer virgen de la leyenda, y el cazador era la imagen del pueblo judío, que traicioneramente dio muerte al Salvador."[7] Así lo consideró Honorio de Autun, que murió en 1140, ¿recuerdas? Pero otros han pensado que la virgen representa a la humanidad que te ha traicionado.

¿Por qué la traición siempre acechando, por qué te persigue como una maldición, si tú siempre has simbolizado la pureza? Quizá porque "[tú] representas a Jesucristo, que es y será Dios [...], nació de la Virgen y se encarnó por los hombres y en pura virginidad para mostrar su pureza, se apareció a la Virgen y la Virgen lo concibió [...]; representas a Dios, la doncella, sabedlo, a Santa María; igualmente, por su pecho ha de entenderse la santa Iglesia, y el beso debe representar la paz [...]. Que este animal tenga un solo cuerno en la cabeza representa al Salvador, que dijo: 'El Padre y yo somos uno solo'. Ese cuerno es muy afilado, lo que significa que ni los principados, ni las potencias, ni los tronos, ni las dominaciones, pueden comprender a Dios tal como es. Que esta bestia sea temerosa representa la encarnación y la humildad, de las que dijo Jesús: 'Aprended de mí, que soy dulce y humilde de corazón".[8]

¿Recuerdas cuando en esa pequeña ciudad de Bingen —que había sido una ciudad romana— se alzó el monasterio benedictino en Rupertsberg, sí, ése que había fundado Hildegarda, esa figura relevante del siglo XII que discutió con el Papa y con miembros de la Iglesia? Ella habló en la época en que todas las mujeres callaban porque carecían de derechos ante la ley y debían guardar silencio en público. La mística alemana no sólo habló sino que también escribió, fue teóloga, predicadora, reformadora del clero, filósofa, naturalista y vidente y también, como pocas, se dedicó al arte de la música y la pintura. Y sus escritos de historia natural, donde conjugó el saber de su tiempo con sus propias observaciones y experiencias, se convirtieron en la fuente más importante para el conocimiento de las ciencias naturales en la Alta Edad Media.

Como no podía ignorarte, porque siglos de historia eran bien conocidos por ella, escribe en la Física sobre el unicornio y nos da un aspecto nuevo en tu historia, porque si bien sabía que tu caza era imposible, cuenta que una vez un filósofo, que era un gran observador de la naturaleza, salió de cacería junto con hombres, mujeres y niñas. Las niñas caminaban separadamente de los demás, jugando entre las flores. En cuanto el unicornio las vio dejó de saltar y, asentándose en sus patas traseras, contempló a las jóvenes. Esa escena había sido observada por el filósofo, que pensó mucho sobre ella y dedujo que el unicornio era atraído por las niñas, pero esas niñas tenían que ser nobles, no campesinas. Pergeñó también que las niñas tal vez podrían servir de cebo para la caza del unicornio, y que si se ponían en el bosque a varias de ellas sería el animal mucho más fácil de cazar porque tendría sus ojos fijos en todas las jóvenes, y eso lo distraería. Mas ellas deberían ser adolescentes porque el unicornio amaba lo dulce y graciosas que las niñas se mostraban en ese momento de su vida.[9]

La mística también comenta que ibas, una vez al año, al lugar donde estaba el agua del paraíso y tomabas las mejores plantas que te daban tu fuerza especial, y que tu cuerno relucía con un brillo particular, tanto, que cualquier persona podía mirarse en él como en un espejo.

Hildegarda pone especial cuidado en la parte medicinal y destaca que se podía hacer un ungüento curativo con el hígado del unicornio, mezclándolo con la yema de huevo. Así se curaban los leprosos, aunque eso era posible si Dios lo quería, porque algunos, también, se morían. Asimismo podían hacerse cinturones con la piel del unicornio y, poniéndoselos en el cuerpo, se prevenían las fiebres, tan comunes entonces. Si con el cuero se fabricaban zapatos, sus propiedades hacían que los pies y las piernas fueran saludables.

Conocía también ella la manera de alejar el temor acerca de los envenenamientos, tan frecuentes en esos siglos, porque sabía el modo de reconocerlos: si se ponían las pezuñas de un unicornio debajo del plato o del vaso correspondiente había que observar con cuidado, porque si contenían alimentos calientes, éstos inmediatamente hervían, y si los alimentos estaban fríos, se elevaba de ellos un humo que denotaba el veneno. Como ves, era sólo cuestión de observación, claro, con el conocimiento que podía guiarla. Sí, lo sé, si ella no hubiera sido una gran observadora, una persona atenida a los hechos, una empirista nata, como la llaman ahora, no hubiera podido darse cuenta de lo que te transmito.

Seguramente habrás observado que así como los hombres te perseguían, también te apreciaban porque, aun muerto, dabas seguridad y tranquilidad.

Hildegarda te recordó asimismo en las epístolas, cuando señala que las leyes viejas y las nuevas son solamente una porque provienen de un solo Dios, tanto como el unicornio, el único, llega hasta las flores pálidas y a las coloridas porque ambas tienen una sola raíz, y acercándose a ellas succiona la lozanía de las pálidas flores y la vuelca en las coloridas, y así embalsama el aire con aromas deliciosos.[10]

No ignoro, tampoco, que te solazas con la lengua del hombre pero la escuchas desde lejos, y conozco, también, que puedes penetrar en sus sueños y hablarles, pero sé que solamente te revelarás a los de corazón puro.

He tratado de iluminar la oscuridad del pasado porque busco la plenitud de la vida en su propio origen, y he tenido que levantar las capas de impresiones que la vida depositó en mí. Sé que contigo la belleza se asomó al mundo y el tiempo se olvidó de pasar, pero sé también que algunos te consideran sombras de un sueño.

Ahora soy el único que conoce tu misterio. Hoy vi cómo te anunciabas, y por ello te espero. Era la mitad de la mañana y el sol, tu cómplice en la luz, derramó estrellas sobre la rizada superficie del río. Todo resplandecía, ésa era tu señal; me senté a esperar en el castillo hasta que aparecieras y, lo sabes, me dejé llevar por los recuerdos que tu misterio me trae, recuerdos que han sido siempre mi obsesión..., pero ahora diré mi nombre que tan dulce te resultaba entonces. Soy...


NOTAS:

[1] CHARBONNEAU-LASSAY, L. El bestiario de Cristo. El simbolismo animal en la Antigüedad y la Edad Media. 2 vols. Trad. Francese Gutiérrez. 2a. ed. Barcelona: Sophia Perennis, 1997, vol. 1, p. 338. (vuelve al texto)

[2] MALAXECHEVERRÍA, IGNACIO. Bestiario medieval. Madrid: Siruela, 1999, p. 198. (vuelve al texto)

[3] CHARBONNEAU-LASSAY, L., ob. cit., p. 345. (vuelve al texto)

[4] MALAXECHEVERRÍA, IGNACIO, ob. cit., p. 197. (vuelve al texto)

[5] El Fisiólogo. Bestiario medieval. Trad. de Mariano Aguerre y Nilda Guglielmi. Introd. y notas de Nilda Guglielmi. Buenos Aires: Eudeba, 1971, p. 74. (vuelve al texto)

[6] CHARBONNEAU-LASSAY, L., ob. cit., p. 339. (vuelve al texto)

[7] Ibíd., p. 341. (vuelve al texto)

[8] MALAXECHEVERRÍA, IGNACIO, ob. cit., p. 196. (vuelve al texto)

[9] Cfr. HILDEGARDA DE BINGEN. Physica, lib. VII, "De animalibus". (vuelve al texto)

[10] Cfr. HILDEGARDA DE BINGEN. Epistula 365, "Hildegardis ad quendam hominem". (vuelve al texto)

 

A resúmenes

Presentación | La vida | Las obras | Actualidad e interés | Obras sobre H. | Sus pinturas | Estudios sobre H. | Contenido | Jornadas

Hildegarda de Bingen: ¡Bienvenidos!