“El hombre que hace
el bien se parece a un jardín de árboles frutales,
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Las recetas de Hildegarda de Bingen se encuentran en lo que podríamos llamar sus obras físicas, naturales, o bien científicas, compuestas entre 1150 y 1160. Son la Physica, también conocida como Liber simplicis medicinae (El libro de la medicina simple), y Causae et Curae o Liber compositae medicinae (Causas y remedios de las enfermedades o El libro de la medicina compuesta). La autenticidad de las obras ha sido y es discutida, a causa de las numerosas interpolaciones realizadas a partir del siglo XIII; el elemento visionario está ausente en ellas, reemplazado por la observación y la experiencia. Dado que el concepto de salud que sustenta Hildegarda se refiere no sólo al cuerpo sino también al alma, no sólo a la integridad física sino también a la integridad moral, no puede extrañarnos que en estas obras apele, para curar al hombre en su totalidad, a la fe, la oración y la penitencia como medios adecuados para restablecer la armonía de la relación del hombre con Dios, o sea la salud; pero también a la práctica médica, fundada en el conocimiento de los poderes de los seres naturales: piedras, hierbas, aguas, animales, etc. Práctica que, en definitiva, no es otra cosa que el empleo ordenado de la creación al servicio del hombre, según el plan primero de Dios, que el hombre desvirtuó por el pecado. Entre los centenares de recetas medicinales que debemos a Hildegarda de Bingen, elegí algunas de las que pueden hacerse en la Argentina o en América del Sur, ya que en su mayoría las recetas de la abadesa incluyen muchas plantas medicinales que aquí no se conocen, o bien que no tienen traducción. A modo de ejemplo incluyo aquí dos ejemplos de recetas, de entre las varios que daré a los asistentes. Una de ellas es para las enfermedades de la piel, úlceras de las piernas, úlceras supurantes; la otra es para la afonía.
ADDENDA:Hemos considerado oportuno incorporar, a modo de apéndice al presente trabajo sobre “Las recetas de Hildegarda”, de carácter netamente medicinal, otra receta de la abadesa de Bingen, también medicinal pero indudablemente más “sabrosa”: la de unos bizcochitos que fueron ofrecidos al concluir la Jornada, y debidamente saboreados por los asistentes.
“La nuez moscada tiene gran calor y un buen equilibrio en sus poderes. Si una persona come nuez moscada se le abre el corazón, purifica su percepción y mejora su ánimo. Toma nuez moscada, una cantidad equivalente en peso de canela y un poco de clavo de olor, y redúcelos a polvo. Con ese polvo, otro tanto de harina y un poco de agua prepara unas galletitas y cómelas a menudo. Calmará así toda la amargura de tu corazón y del espíritu, se te abrirá el corazón y los sentidos embotados y se te alegrará el espíritu. Purificará tus sentidos, disminuyendo así los humores nocivos; dará vigor a tu sangre y te fortalecerá.”(1)
Brindamos aquí una versión de estas galletitas, por la que expresamos nuestra gratitud a la Sra. Stella Maris Frers Millán. Ingredientes: 100 grs. de manteca, 100 grs. de azúcar,
1 huevo, 250 grs. de harina, 2 cucharaditas de polvo leudante, 1 cucharada
sopera de canela molida, 1 cucharada sopera de nuez moscada molida o
rallada, 1 cucharada de té de clavo de olor molido. NOTA:1. Liber subtilitatum diversarum naturarum creaturarum. (Physica. En: Migne, PL 197, 1139). Gottfried Hertzka, médico austríaco, comenta: “Estos dulces son conocidos como los dulces de la inteligencia. Convendría siempre tener una provisión en casa, sobre todo para quien sufre de la sensación de opresión en el pecho, sin presentar verdaderos dolores”, y los recomienda para la falta de concentración (sobre todo en los jóvenes), depresión, malhumor y purificación de la sangre (Piccola farmacia di Sant’Ildegarda. Milano: Editrice Àncora Milano, 1994, p. 181). (vuelve al texto)
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