SANTA MARÍA DE CARBAJAL EN EL SIGLO XII

ADQUISICIÓN DE PATRIMONIO: TIPOLOGÍA Y CASUÍSTICA

 

Susana Royer de Cardinal
(UCA)

 

He elegido un monasterio femenino para estudiar la incorporación de bienes a su patrimonio en honor a Hildegarda de Bingen, aquella monja ilustrada fundadora de monasterios, y que a partir de la vida cenobítica pudo desarrollar una tarea de gran relevancia intelectual y espiritual y pasar así a ser una de las actoras principalísimas del siglo XII, en esa Germania que había adquirido la dignidad imperial y que como tal pretendía atribuciones de universalidad y supremacía.

El monasterio de Santa María de Carbajal, de monjas benedictinas, poseyó una vida muy rica en el reino de León medieval, en ese León plagado de monasterios a un punto tal que el P. Flórez llegó a comparar algunas de las regiones de este reino con aquella Tebaida donde había surgido el monaquismo en siglos tempranos de la vida de la Iglesia.

Hacia el año 966 Sancho el Craso funda el monasterio de San Pelayo, sito al lado del actual panteón real de San Isidoro de León. Instituido para venerar los restos del niño Pelayo, fue monasterio dúplice [1] gobernado por una abadesa, y fue monasterio cortesano ya que formaba parte del palacio de los reyes en León, y en sus claustros entraban a profesar los miembros de la familia real, ya fueran jóvenes célibes o reinas viudas.

En el año 1144 se produce el cambio de denominación al trasladarse el monasterio de la ciudad de León al lugar de Carbajal, –donde existía una comunidad de canónigos regulares que pasaron a ocupar el monasterio de las monjas en León– [2] , tomando el nombre de Santa María de Carbajal, como se lo conoce desde entonces, a pesar de que en los albores del siglo XVII fue otra vez trasladado a la ciudad de León.

En este breve estudio pretendo observar la incorporación de nuevas propiedades al coto del monasterio. Atendiendo al objeto de la donación, las he clasificado en: donaciones gratuitas y donaciones no gratuitas, grandes títulos que merecen subdivisiones que ofreceremos en su lugar. Pero Carbajal no solo recibe donaciones, también efectúa compras de propiedades y comienza a permutarlas. Si bien en este último caso no hay una engrandecimiento del coto, sin embargo algunos cambios de propiedades marcarían una línea de acción –el agrupamiento de propiedades dispersas–, hecho que en general se produce en otros monasterios durante los siglos XIV y XV, pero que se adelanta al siglo XII en el nuestro.

Donaciones de carácter gratuito

Estas donaciones parten de la familia real, reyes o reinas, infantas, algún obispo, y unos pocos seglares, sin duda de inferior categoría social que los que encabezarán nuestro listado. [3] Es conocido que los monarcas y su entorno más directo fueron los benefactores más desinteresados de los monasterios, aquellos que ellos mismos habían fundado o bien aquellos otros creados por algunos magnates. Hay que decir que si bien fueron donaciones gratuitas, los reyes pusieron especial atención en las instituciones monásticas, puesto que estas asumían papeles relevantes en la vida del reino: eran focos de la vida espiritual e intelectual de la región en que se asentaban, participaron como activos elementos repobladores y se puede decir que vertebraron la vida económica de su área de influencia, al hacer de sus dominios importantes señoríos. Este carácter señorial se detecta cuando la abadesa de San Pelayo exime a sus “vasallos” de diversos tributos tales como el nuncio y la mañería. [4]

El primer documento del año 1093 relata la donación que hace la infanta Elvira –hija de Fernando I rey de León y de Castilla y de doña Sancha– al monasterio de San Pelayo, a su abadesa doña Columba y a todo el convento, de todo lo que posee en Banuncias, Conforcos y Quintanilla. [5]

A su vez, la hermana de Alfonso VII, doña Sancha –hija de Alfonso Reimúndez y de doña Urraca–, que se titula reina (¿sería porque por estos meses del año 1151 el emperador estaba ocupado en la toma de Algeciras?) regala a Santa María de Carbajal , a su abadesa, doña Mayor –-de relevante actuación como rectora de esta casa– y a su convento, San Juan de Grecisco, monasterio situado intramuros de la ciudad de León, con todos los bienes que poseía tanto en la ciudad legionense cuanto en los lugares de Torneros, Grulleros, Banuncias, Grisuela del Páramo y Santa Cristina del Páramo. [6] . Esta importante donación es confirmada por los hijos del Emperador, doña Constanza, Sancho y Fernando, entre otros.

Por su parte, don Fernando, ya rey de León aunque se intitula “Hipaniarum rex”, dota a esta institución monástica de una heredad llamada de Santiago, sita en Vega de Infanzones, “cum terris, uineis, pratis, casis, solaribus, pascuis, cum exitibus et regressibus, et cum omnibus directuris et pertinentiis suis, et possideatis, uendatis, donetis, commutetis et totam uestram uoluntatem de illa faciatis et iure hereditario imperpetuum illam uobis habendum dono et concedo”. Esta fórmula de donación total, por juro de heredad, se va a repetir en otros diplomas de cesión de bienes. [7] Otra propiedad en Vega de Infanzones dona este monarca a Carbajal, heredad que la había tenido Pelayo Tablatello: la formula es prácticamente igual a la anterior, pero el rey habla de ampliar las posesiones de nuestro convento [8] .

Fue el monarca leonés Alfonso IX quien más favoreció a Santa Maria de Carbajal: no todas son propiedades, salvo la primera donación, por la que entrega el lugar llamado Serna del Vado, en Salamanca (¿preludio de las propiedades que recibiría en esa región y que le permitiría abrir un priorato en la ciudad salmantina?), cuya formula aunque más escueta, se asemeja a las anteriores. Pero aquí el monarca leonés introduce el motivo por el cual realiza la donación: “Hoc autem facio ob remedium anima mee et animarum patris mei et aborum et parentum meorum, et quia in orationibus et beneficiis que ibidem Deo iugiter exibentur partem, et eo largiente, desidero promereri” [9]

Hasta aquí las donaciones de la familia real. En el año 1144, aquel en que el monasterio se desplaza de la ciudad de León al lugar de Carbajal, tenemos una noticia de que el obispo de la sede legionense, Juan Albertino, hace una donación al recién instalado monasterio [10] . En cuanto a los otros donantes y favorecedores de nuestro monasterio pertenecen sin duda a un escalón bastante más bajo que los primero nombrados. La ausencia del “don” –revelador de nobleza– nos permite sospechar que no formaban parte del círculo aúlico.Así Martín Martínez, junto con su mujer Mayor Domínguez y sus hijos, Fernando, Maria, Elvira, Oro y Sol Martínez, donan a Carbajal cuanto poseen en Grisuela del Páramo. Lo hacen por la remisión de sus pecados y la de sus parientes, y la fórmula de concesión refleja claramente su amplitud e irrevocabilidad [11] . Pero esta entrega no es del todo gratuita, puesto que reciben en corroboración de esta carta la cantidad de 60 mrs, de manera que podemos preguntarnos si no se trata de una compra disfrazada. Porque este lugar, Grisuela del Páramo, parece interesar sobremanera al monasterio [12] .

Antes de terminar este apartado no podemos dejar de mencionar una escueta noticia que nos ha llegado: en ella un tal Isidro de Copián favorece al monasterio con cuanto tiene en Villamoros de Mansilla y en Santa Eugenia [13] .

Todas estas entregas servirían para redondear el patrimonio Difícilmente hayan constituido la totalidad de los bienes del monasterio. Pero este adquiría bienes por diversos caminos, y a lo largo de  los siglos su coto se iría modificando; es la dinámica propia de los cenobios, quienes incorporan heredades en las épocas de esplendor, en otros momentos se las arrebatan, como sucede a menudo en el siglo de la gran crisis, en que bajo distintas figuras jurídicas los monasterios pierden porciones importantes de su patrimonio [14] .

Donaciones no gratuitas

La mayoría de las donaciones que se realizan a lo largo del siglo XII pertenecen a la categoría “no gratuitas” y podríamos ir más allá y afirmar positivamente que se trata de entregas “interesadas”, a modo de retribución por algo que el monasterio da. Las he catalogado en: 1) entrada en relación con el monasterio; 2) por profesar en el convento; 3) entierro ad sanctos; 4) toma del velo de la hija.

1) El acceso al monasterio, el anudamiento de ciertos lazos con él, merece el mayor número de adhesiones. ¿Se trata de los tan frecuentes “donados”, de la auto traditio? Parece corresponder a esta categoría la mayor parte de los casos, aun cuando se pueden vislumbrar diferentes modos de entablar vínculos con el cenobio, distintas maneras de entrar en su ámbito, para recibir las gracias materiales y espirituales. Además, los así incorporados no necesariamente habían de vivir intramuros del monasterio. En el siglo XII son todas mujeres, en los siglos siguientes hombres de distintas categorías se integrarán de una u otra forma al convento.

A cambio de esta admisión los fieles realizan donaciones. Veamos en orden cronológico los siguientes casos: en el año 1139, Vida Rodríguez se ofrece al monasterio de San Pelayo, a su abadesa doña Guntrodo Suárez y a las monjas del mismo donando en el mismo acto todo cuanto posee en Vega de Infanzones. “Do et concedo predicto monasterio, cum corpore meo, totam illam meam hereditatem de Uega de Infanzones [...]”. La donación es total [15] . Si ignoramos el estado civil de la anterior, Acenda Rodríguez es seguramente viuda. Se ofrece a Carbajal y dona bienes heredados de sus padres –un huerto en León y una heredad en Alija de la Ribera–, y todo lo que posee en Vega de Infanzones, que había obtenido en calidad de arras de su marido, Miguel Carro [16] . La entrada de Mayor Isídrez contiene varias precisiones: no solo se entrega sino que promete no salir nunca del monasterio, y a su muerte no podrá ser sepultada en otro lugar que en nuestro cenobio; para ello hace donación de distintos tipos de bienes: la tercera parte de lo que obtuviese en la labranza, la mitad de los rendimientos del ganado. A su muerte donará una mula, su lecho, todo su ganado, la tercera parte de los bienes muebles y una  de las dos heredades que posee, a elección de la abadesa, la de Valdeunquillo o la de Villarrabines [17] . Debía poseer cierta fortuna esta doña Mayor, que por anteceder el “domna” a su nombre podemos suponer que se trata de una mujer perteneciente a la nobleza.

En cambio de Sancha Pérez ignoramos su status. Regala, por entregarse al convento, todas las propiedades que posee en Soguillo del Páramo, “in territorio astoricensi”, “extra hereditate de frater meus”, y entrega también su lecho y 40 maravedís por una mula. Por la mención de la entrega del lecho, seguramente se asegura el entierro en el monasterio, aun cuando el documento no lo explicite [18] .

También recibirá sepultura en el monasterio María Fernández –viuda de dompni Aprilis–, quien se entrega al mismo “in uitam et ad mortem, corpus meum sepeliendum in eodem iubeo”. Da por la remisión de sus pecados y los de su marido la mitad del lugar de Villacelama, de su propiedad, recalca. En este caso las monjas la reciben como socia y sierva, “famulam et sociam tam spiritualium quam corporalium beneficiorum eam receperunt. [19] Una propiedad en Villazala, la mitad de sus bienes muebles, una mula y su lecho entrega Elvira Pérez a nuestro cenobio al ofrecer su cuerpo al convento y a la abadesa doña Mayor [20] .

Como se puede observar las propiedades son dispersas, y hoy sería difícil localizarlas. Sin embargo algunos lugares se repiten, como es el caso de Vega de Infanzones. Una nueva entrega en este lugar es realizada por Teresa Fernández, al entregar su cuerpo a Carbajal, donación constituida por propiedades adquiridas por arras o por tratarse de bienes gananciales, esto es ganados junto con su marido, el difunto Lope Cipriánez [21] .

Propiedades dispersas posee Marina Velásquez, en las villas de Riego, Joza, Ardón, Vega, Rubiana, Cituea y Orallo, que son donadas al monasterio al hacer entrada en el mismo [22] .. Finalmente el caso de la nodriza de Alfonso IX, doña María Juánez, quien al entregarse a Santa María de Carbajal dona , esta vez luego de su muerte, post mortem, sus propiedades de Salamanca, que le habían cedido los monarcas Alfonso IX y Fernando II, a las que agrega cuanto ella tiene en el lugar de Palacios Damio [23] .

Se introduce así una nueva clasificación: la de las donaciones post mortem, en las cuales el donante conserva la propiedad y el usufructo hasta su último suspiro y el recipiendario obtiene la promesa de posesión y de propiedad en un futuro no demasiado lejano. Por una parte estas donaciones post mortem permiten a los monasterios planificar cierta estrategia en cuanto a su patrimonio, aun cuando los avatares de la vida –o del ánimo del donante– puedan hacer peligrar este tipo de dádiva.

2) La voluntad de pertenecer de manera más plena al monasterio, es decir de profesar en él, es ostensible en el acta de donación de aquella doña Mayor Isídrez, que había cedido ciertos bienes en el año 1173, al entregarse a Dios y a nuestro monasterio. Si entonces había prometido no traspasar los muros del cenobio, ahora, siete años más tarde, está dispuesta a profesar en el mismo, y sólo en él [24] . Entrega sus heredades en Santa Marina de Gordoncillo y Valdeunquillo, cuya posesión mantendrá hasta su muerte o hasta que tome el hábito, recibiendo la mitad de los frutos de la primera y la totalidad de las del segundo.

3) Una tercera categoría de personas que dona propiedades o bienes a Santa María de Carbajal está constituida por aquellos que quieren ser enterrados en el monasterio: es el entierro ad sanctos, en la iglesia o en el claustro, donde la cercanía con las reliquias o la proximidad de los altares permitiría la fluida recepción de las gracias espirituales, conforme se desprende de los testamentos medievales [25] . Del siglo XII nos queda noticia de que Tomás López regala a Carbajal, post mortem, su heredad de Valdemeriel, donación de carácter absoluto, pues aun cuando tuviere hijos esta propiedad pasaría al monasterio [26] . Una cláusula final nos hace suponer que era un caballero, un hombre de armas, pues expresa que, para enterrarlo en el monasterio, las monjas habrían de ir a buscar su cuerpo hasta el río Duero.

Otro caso es el de Elo Martínez, casada con Pedro Pérez, que, para ser enterrada en el monasterio, cede a Santa María de Carbajal y a su refectorio propiedades en diversos lugares: Villamoros de Mansilla, Villarente, Villafañe, Villasabariego y Santa Eugenia., cuya posesión se hará efectiva luego de la muerte de su hermana Sancha, monja en el cenobio [27] .. A través de su hermana monja, esta mujer está ligada de forma especial al monasterio. Ligaduras que responderían a las estructuras de los linajes, a las composiciones de las familias cuyos compromisos trascienden los ámbitos laicales para introducirse en los espacios religiosos.

Y con este documento nos introducimos en las particulares donaciones realizadas en el momento de la entrada de hijas o hermanas al convento, para hacer allí profesión de fe religiosa.

4) Así el matrimonio constituido por Pedro León y su mujer María Pérez ofrece su hija a Santa María de Carbajal, para que viva bajo la regla de San Benito, y le donan dos heredades: una que había sido de don Odón, y la mitad de otra que poseía en esos momentos un tal Pedro Sebastián y, de no poder donarla, se comprometen a entregar doce mrs. Pero lo más interesante de este documento es que el matrimonio hace profesión laical y secular en dicho monasterio, y esto conlleva la entrega de otras propiedades en Grisuela del Páramo, cuyo disfrute se reservan hasta su muerte [28] . Por su parte la abadesa les concede en prestimonio, mientras vivan, ciertas viñas.

Es notable esta cláusula que menciona el “hacer profesion laical y secular”; en principio parece una contradicción flagrante, pero ¿no habría que ver en ella cierta reticencia respecto a la actitud que adoptaría el convento frente a aquellos que de una u otra forma se entregan al monasterio? O tal vez ¿cierto recelo respecto a la actuación de la superiora?. Se trata sin duda de la anudación de un nuevo vínculo con la institución monástica, vínculo que se agrega al que se genera por la presencia de una hija religiosa en la comunidad religiosa, y que se intensifica por medio de las donaciones y de la entrega en prestimonio. En otro trabajo he señalado los lazos de afecto que trasuntan las relaciones entre la comunidad religiosa y los laicos del entorno, en especial cuando se trata de proteger a parientes cercanas que han tomado el velo religioso [29] .

Y esta misma postura se desliza y se advierte cuando Pelayo Moro y su mujer entregan a su hija Dorotea al convento ut instruatis eam et doceatis diuinis documentis para que viva allí, sub monachali habitum. Al propio tiempo se hacen familiares y defensores del monasterio, cediéndole lo que le correspondería de la herencia [30] . Esta vez no hay reserva alguna, hay por el contrario un deseo de protección y un abandono al cenobio de parte de los padres de esta postulanta.

Otra joven es acompañada en su entrada al convento por toda la familia: Martin Pérez, su mujer y sus cuatro hijos entregan a Teresa Martinez, la quinta hija y la hermana, y regalan a Carbajal toda la heredad que tienen en las villas de Villabante y Villafáfila [31] . Esta donación ¿alcanzaría para cubrir las necesidades de Teresa? Parece improbable, puesto que la abadesa, doña Aldonza Fróilez, un mes más tarde, cede a esta misma joven, ya monja, la mitad de la heredad que tiene el monasterio en Soguillo del Páramo para costear su vestimenta. De no alcanzar las rentas de esta propiedad la abadesa está dispuesta a darle las utilidades de la iglesia de Santa María de Villabante [32] .

En otra ocasión no son los padres sino los hermanos quienes entregan  la aspirante a monja al cenobio. Tal el caso de Fernando González y sus hermanos Osorio, Petrona, Pedro y Gonzalo (¿habrían muerto los padres?), quienes donan la cuarta parte de sus propiedades sitas en Villimer, más todo cuanto tienen en Secos del Porma [33] .

Las entregas de determinados bienes junto la hija ha debido corresponder a la dote que había de llevar la futura religiosa al convento. Pero no existe en este momento una cantidad establecida, al menos la documentación que nos ha quedado silencia este aspecto. Por otra parte sería difícil evaluar las propiedades cedidas. Otra donación a Santa María la realiza su abadesa Estefanía Pérez, hermana de la otrora abadesa Mayor Pérez, que gobernó los destinos del monasterio durante un largo periodo de tiempo. Se trata de unas heredades en Puente de Castro –excepto un majuelo y medio molino–, donadas post mortem, pero no para después de la muerte de la donante sino de sus sobrinas, Oro Peláez, Estefanía y Marina Rodríguez, a quienes otorga el usufructo mientras vivan, a condición de que recen un aniversario por ella, la abadesa y otro por la ex rectora doña Mayor Pérez [34] .

Compras

En el siglo XII el monasterio efectúa escasas compras, las donaciones recibidas parecen bastarle. Si bien son escasas, es significativo que tres de ellas se sitúen en un determinado lugar: Grisuela del Páramo. Ademas de la venta efectuada por Pelayo Juan y su mujer de una propiedad sita en Valdecastro, [35] el monasterio de Santa María de Carbajal adquiere entre los años 1179 y 1182 tres propiedades en aquel lugar.

La primera de esta serie es la venta que realizan dos matrimonios –Galindo, su mujer y sus hijos, más Tello, con su mujer– de una propiedad –heredada de sus abuelos– al convento presidido por la abadesa doña Mayor .Este último paga por dicha heredad 50 mrs, un potro, una potra y entrega la heredad del monasterio en Pobladura de Palanquines [36] . El precio es alto: incluye dinero contante y sonante, una propiedad y bienes muebles. Podemos sospechar que a nuestro convento le interesa sobremanera esta propiedad, y en especial su emplazamiento.

La segunda es la heredad que venden Pelayo Adránez y su mujer a nuestro monasterio [37] y por último, el monasterio compra a Marina Pérez y a sus hijos todo lo que poseen también en este lugar llamado Grisuela del Páramo [38] . Luego, de cuatro compras realizadas por Carbajal en el siglo XII, más precisamente entre los años 1179 y 1182, tres de ellas se localizan en Grisuela del Páramo.

Permutas

Si pocas son las compras, más escasas aún son las permutas en este siglo. Solo dos afectan las propiedades del monasterio y ambas heredades están situadas cerca de Carbajal, de manera que se puede afirmar que el monasterio inicia en esta época el agrupamiento de sus propiedades. Pelayo Miguélez, su mujer, Jimena Peláez y sus hijos, permutan con doña Mayor, abadesa de Santa María de Carbajal y con todo el monasterio la heredad que poseen en Valdecastro, lugar próximo a Carbajal, a cambio de tres tierras sitas en Lorenzana [39] ; y María Pérez permuta con el monasterio Santa María de Carbajal unas viñas y una tierra que tiene en Carbajal de la Legua a cambio de recibir el monasterio cierto bien que no se expresa. [40] .

Conclusiones

Hemos rastreado distintas formas de adquisición de patrimonio por parte del monasterio de Carbajal. Ahora habría que precisar ciertos lugares que se repiten tanto en las donaciones de carácter gratuito como en las compras. Uno de estos lugares es Grisuela del Páramo. El convento parece tener especial afecto por él. Porque a la donación efectuada por doña Sancha en el año 1151, le sucede un diploma fechado en el mismo año, pero que hace pensar al paleógrafo que se trata de un documento posterior redactado en vistas a delimitar el coto monástico en dicho lugar, cosa que efectivamente reproduce [41] . Luego existiría no solo afecto, sino un intento de preservar el patrimonio, una voluntad explícita de determinar la extensión del coto en Grisuela. Además, como se ha hecho mención en su lugar, la donación por parte de Martin Martínez de sus heredades  en Grisuela, donación que mereció la entrega por parte del monasterio de 60 mrs., hace sospechar que se trató de una compra encubierta. Finalmente tres compras realizadas por el monasterio permiten corroborar, sin lugar a dudas, la importancia que poseía este lugar dentro del coto monástico. Se trata pues, de seis adquisiciones que realiza nuestro monasterio en Grisuela del Páramo. Y todas ellas se suceden entre los años 1151 y 1189.

Vega de Infanzones viene a continuación en la cantidad de posesiones obtenidas por distintos medios. Carbajal recibe dos heredades de parte del rey Fernando II de León y obtiene varias propiedades en razón de la “traditio”. Son cinco adquisiciones que se estiran entre los años 1139 a 1184, abarcando la parte central del siglo XII. A casi igual periodo de este siglo corresponden las incorporaciones de las propiedades en Grisuela del Páramo.

Podríamos pues antes de terminar preguntarnos acerca de la riqueza de este monasterio. ¿Era una institución opulenta? Sin duda el monasterio contaba una economía diversificada: poseía viñas, ganado caballar, propiedades y dinero en efectivo como para realizar determinadas transacciones. Sin embargo no parece tener un coto demasiado amplio. O tal vez lo tuviera pero, ¿acaso los nombres que poseen determinados lugares no sugieren una cierta aridez del suelo? Retengamos, Grisuela del Páramo, Soguillo del Páramo, Secos del Porma…

En todo caso, es indudable de que los siglos XII y XIII asistieron al esplendor de este y de otros monasterios hispánicos. La riqueza de la documentación de este periodo central de la Edad Media lo confirma.

Finalmente podríamos decir que la cantidad de “donados” –en sus distintas categorías– en este siglo es prueba evidente de la importancia de este monasterio en la vida regional y del grado de aceptación por parte de los laicos, quienes contribuyeron en forma decisiva en la conformación del dominio monástico. 

Las Carbajalas –como cariñosamente se las llamaba–  supieron atraer mujeres que entraron a formar parte de la institución monástica por medio de la auto-entrega y también a jóvenes que profesarían en el monasterio. De las primeras, se puede decir que el ingreso en un monasterio ofrecía muchos atractivos, entre ellos era una suerte de seguro para la vejez y una forma de participar en los bienes espirituales propios de la vida religiosa así como el tener asegurada la sepultura. Hablar de los motivos de la entrada en religión estaría fuera del objetivo de este trabajo [42] . Y esta entrada en religión supuso anudar estrechos vínculos con la familia de la profesante, vínculos de carácter económico y lazos de tipo espiritual, que llevaron a amplios sectores de la sociedad leonesa a participar de una u otra forma en la vida del convento. Fue pues una apertura que generó la integración de las religiosas con el entorno laico, con cuyos actores se conformó un especial tipo de complicidad que hace atractivo el estudio de este cenobio.


NOTAS:

[1] Los monasterios dúplices son fuente de controversia entre los historiadores. Desde fray Justo Perez de Urbel, que califica de indecorosa la cohabitación entre ambos sexos (Los  monjes españoles en la Edad Media. 2 vol. Madrid: Ancla, 1934) hasta Cecilia E. Lagunas, para quien los actos de gobierno de las religiosas de estos monasterios adquieren carácter transgresor (Abadesas y clérigos. Poder, religiosidad y sexualidad en el monacato español (siglos X-XV). Universidad de Luján, 2000, p. 128), pasando por J. Orlandis, quien afirma que la persistencia en el tiempo de estos monasterios se debió a la tardía benedictización del occidente peninsular (“Los monasterios dúplices en la Alta Edad Media”. AHDE. 1960; 30: 49-88). (vuelve al texto)

[2] Viñayo González, A. “La abadía de canónigos regulares de San Isidoro de León”. En. Soto Rábanos, J:M (coordinador). Pensamiento medieval hispano. Homenaje a Horacio Santiago Otero. Madrid: CSIC, 1998, p. 116-40. (vuelve al texto)

[3] Algunos autores rescatan de la antropología los conceptos de don, contradon y reciprocidad que aplican a las entregas de bienes a los monasterios y a las relaciones que se generan entre estos y los integrantes de determinadas comunidades. Rodríguez López, Ana y Pastor, Reina. “Reciprocidades, intercambio y jerarquía en las comunidades medievales”. Hispania. 2000; LXI(204): 63-101. (vuelve al texto)

[4] Rodríguez Sánchez, Santiago. Colección del monasterio de Santa María de Carbajal (1093-1461). León: Centro de Estudios e Investigación “San Isidoro”, 2000, doc. 12, año 1139, p. 72. (vuelve al texto)

[5] Doc. 1, año 1093, p. 60. El paleógrafo duda de la veracidad del documento, podría ser falso en razón de la firma de un tal Martín como obispo de Oviedo, cuando por esos años era obispo de esa ciudad don Arias, p. 59. (vuelve al texto)

[6] Además para vituallas de las religiosas les cede la mitad del tributo de la humazga que recibía de sus solares en León. Doc. 21, año 1151, p. 81-82. (vuelve al texto)

[7] Doc. 35, año 1174, p. 98-99. (vuelve al texto)

[8] Doc. 55, año 1184, p. 121. (vuelve al texto)

[9] Doc. 72, año 1194, p. 139.140. Las otras tres donaciones de este monarca se refieren a tributos: exime al monasterio de Santa María de Carbajal y a sus hombres y vasallos de tributar al fisco real, Doc. 75, año 1196, p. 143-44. Le concede in perpetuum los diezmos de todos los frutos de los cilleros y del ganado de la condesa doña Elvira, Doc. 77 año 1199, p. 146-47, y vuelve a concederle la exención de tributos en un documento en que menciona que se trata de una compensación por la pérdida de 50 yugadas que tenía el monasterio en Villacelama y que Fernando II de León había transferido al concejo de Mansilla de las Mulas. Doc. 81, año 1201, p. 152. (vuelve al texto)

[10] Doc. 14, año 1144, p. 74. (vuelve al texto)

[11] Dice así: cum terris, uineis, pratis, pascuis, padulibus, montibus, fontibus, solaribus populatis et inpopulatis, arboribus fructuosis et infructuosis, cum exitu et regressu, usque ad minimam petram (el subrayado es nuestro). Doc. 39, año 1177, p. 102-03. (vuelve al texto)

[12] GARCIA DE CORTAZAR, J:A. afirma: “Incluso las donaciones, teóricamente producto del libre albedrío del bienhechor, muchas veces debieron estar orientadas por los intereses de los monjes”. Y sigue diciendo que algunas de estas operaciones “no supuso una actitud pasiva por parte de los cenobios.” “Monasterios castellanos, memoria colectiva y organización de la sociedad y del espacio”. En: Silos. Un milenio. Actas del Congreso Internacional sobre la Abadía Santo Domingo de Silos, II. Studia Silensia XXVI, Universidad de Burgos, 2003, p. 150. (vuelve al texto)

[13] Doc. 63, año 1186, p. 129. (vuelve al texto)

[14] Otra manera de interpretar las donaciones a los monasterios es aquella que corresponde a una “ideología integradora del cuerpo social. Por convencimiento religioso, por interés familiar, por simple estrategia política o mental, el engrandecimiento de monasterios y catedrales va fechando el de la propia convicción social de que el fortalecimiento de los  dominios  monásticos y catedralicios implica el de la cohesión del tejido social” García de Cortazar, J.A. y Ruiz Aguirre. “Feudalismo, monasterios y catedrales en los reinos de León y Castilla”. En: En torno al feudalismo hispánico. I Congreso de Estudios Medievales, Fundación Sánchez-Albornoz, 1989, p. 281. (vuelve al texto)

[15] Doc. 13, año 1139, p. 73-74. (vuelve al texto)

[16] Doc. 27, año 1158, p. 90. (vuelve al texto)

[17] Doc. 31, año 1173, p. 94-95. (vuelve al texto)

[18] Doc. 37, año 1175, p. 100. (vuelve al texto)

[19] Doc. 38, año 1175, p. 101-02. (vuelve al texto)

[20] Doc. 40, año 1178, p. 104. (vuelve al texto)

[21] Doc. 41, año 1178, p. 105-06. Se trata de una carta-testamento en la que se puede observar, en la fórmula condenatoria de toda oposición al contenido de esta donación, que tiene hijos (filiis meis). (vuelve al texto)

[22] Doc. 45, año 1179, p. 109-10. (vuelve al texto)

[23] Doc. 76, año 1196, p. 145. (vuelve al texto)

[24] Concedo ibi corpus deum ad seruiendum et sepeliendum, et si uolero aliquem Ordinem ad seruiendum Deo recipere, non liceat mihi nisi in predicto monasterio de Carualiar intrare”. Doc. 51, año 1180, p. 116-17. (vuelve al texto)

[25] Royer de Cardinal, Susana. Morir en España. Castilla Baja Edad Media. Buenos Aires: UCA, 1992. (vuelve al texto)

[26] Do uobis et concedo iure hereditario totam illam meam hereditatem quam abeo in Ual de Muriel, scilicet: casas, solares, terras, vineas, pratis, pascuis, ortos, diuisa, ingressum et regressum, quantum ibi abeo uel abere debeo, totum ab integro do Deo et monasterio Beate Marie de Karualiar, et uobis, abbatíssa dompna Aldonza, et omnis conuentus eiusdem ecclesie, in perpetuum, ita ut in uita et in morte particebs sim in uigiliis et orationibus uestris, et si filios uel filias abuero de uxore legitima, nunquam hereditent in ista hereditate” Además regala la mitad de sus bienes muebles. Doc. 70, año 1193, p. 136-37. (vuelve al texto)

[27] Doc. 56, año 1185, p. 122-23 A la muerte de la donante, su marido le hará cantar tres aniversarios sobre su tumba, otros dos serán rezados. (vuelve al texto)

[28] «[…] facimos laicalem et seculares professionem monasterio Beate Marie de Karualiar et abbatisse domne Maiori […]».Doc. 42, año 1178, p. 106-07. (vuelve al texto)

[29] ROYER DE CARDINAL, SUSANA. “Entre el afecto y la desazón: las relaciones de las religiosas de Carbajal con su entorno”. En: Fundación VI. Buenos Aires: 2002-2003, p. 33-49. (vuelve al texto)

[30] “Offerimos etiam ea suma parte tocius nostre substancie, tam de mobilibus quam de inmobilibus, que ei pertinent inter fratres suos de patrimonio, et de alilis acquisicionibus, tam de his que hodie habemus, quam illas que deinceps, propiciante Domino, lucrari et acquirere poterimus usque in die obitus nostri”. Doc. 71, año 1194, p. 138-39. (vuelve al texto)

[31] Doc. 79, año 1201, p. 148-49. (vuelve al texto)

[32] Doc. 80, año 2001, p. 150. (vuelve al texto)

[33] Doc. 73, año 1194, pp. 141-42. (vuelve al texto)

[34] Habrán también de dar una comida general a todas las monjas del convento el día de la Transfiguración del Señor. Doc. 69, año 1193, p. 135-35. (vuelve al texto)

[35] Doc. 16, año 1144, p. 74. (vuelve al texto)

[36] Doc. 48, año 1179, p. 114. (vuelve al texto)

[37] Doc. 49, año 1179, p. 115. Noticia. (vuelve al texto)

[38] […] de omni hereditate nostra quam habemus in uilla que uocitant Eclesyola: casa, solares, terras vineas, pratis, pascuis, ingressum et regressum, et ortos, ibi abemus uel abere debemos, uendimus uobis, dompne Maiori, abbatisse, pro XX morabetinos […]”. Doc. 52, año 1182, p. 117-18. (vuelve al texto)

[39] Doc. 30, año 1172, p. 93. (vuelve al texto)

[40] Doc. 58, año 1185, p. 125. (vuelve al texto)

[41] Doc. 22, año 1151, p. 83-85. (vuelve al texto)

[42] Las motivaciones para entrar en religión fueron múltiples: si bien no hay que desdeñar el factor religioso, el anhelo de perfección espiritual, existe, para Ma. L. Bueno Domínguez, el componente llamado soledad: “una soledad muy grande por las circunstancias de la época y que yo hago derivar de: la inseguridad ante el destino que espera a sus maridos combatientes, la soledad que produce la muerte del esposo o la precariedad de la mujer soltera”. BUENO DOMINGUEZ, M. LUISA. “Las mujeres de Santa María de las Dueñas de Zamora: la realidad humana”. En: Las mujeres en el cristianismo medieval. Madrid: Asociación Cultural Al Muydana, 1989, p. 236. (vuelve al texto)

 

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