SCIVIAS I, 1, DE HILDEGARDA DE BINGEN:

Análisis y comentario al modo de una lectio medievalis (1)

 

Este libro –primera obra profética de Hildegarda–, cuyo título completo es Scito vias Domini (Conoce los caminos del Señor) [1] , fue escrito entre los años 1141 y 1151, aprobado por el Papa Eugenio III en el sínodo de Tréveris (1147-48) [2] , y por mucho tiempo fue la obra más divulgada de la abadesa y la que mayor fama le valió. El título le fue revelado por Dios en una visión, como lo dice al monje Guiberto de Gembloux en la famosa carta conocida como “De modo visionis suae”: “También en una visión vi que el primer libro de mis visiones se llamaría Scivias, porque me fue revelado por los caminos de la Luz viviente, y no por alguna otra instrucción [al respecto]” [3] .

En este sentido, Heinrich Schipperges subraya que “es altamente significativo que al mismo tiempo (1140) que Abelardo estaba escribiendo su Conócete a ti mismo (Scito te ipsum), la monja Hildegarda comenzaba a desplegar las ideas de su obra Conoce los caminos del Señor (Scito vias Domini)” [4] ; de seguro San Bernardo –tan fieramente enfrentado con Abelardo– ha de haber tenido en cuenta semejante contraste a la hora de recomendar el trabajo de la abadesa al papa Eugenio.

Los destinatarios del libro están señalados en el texto mismo:

“Oh frágil ser humano, hecho del polvo de la tierra y de la ceniza [que deja] la ceniza: clama y habla del inicio de la pura e imperecedera salvación hasta que lo aprendan estos que, aunque ven la médula [5] de la Escrituras, no quieren decirla ni predicarla porque son tibios y perezosos para cumplir [las disposiciones de] la justicia de Dios. Ábreles la puerta de los misterios, [puerta] que ellos mismos temerosamente ocultan sin fruto en un campo escondido. Ve pues hacia la fuente de la abundancia y fluye con místico conocimiento, para que la abundancia de tu riego sacuda y amedrente a quienes quieren despreciarte a causa del pecado de Eva.” [6]

Se trata, demás está decirlo, del clero tanto regular cuanto secular, y particularmente de los que son maestros o doctos en teología.

La obra, precedida por un prólogo o declaración escrita luego de finalizado el libro, está dividida en tres partes cuyos temas son la Creación, la Redención y la Santificación (la obra de cada una de las Personas de la Trinidad), e incluye en total veintiséis visiones. Cada visión comienza con una descripción de lo visto y oído, dándose a continuación la interpretación del texto, frase por frase. Barbara Newman, en su “Introducción” a una versión de Scivias en lengua inglesa, señala que en esta interpretación y de acuerdo al modo de la lectio medievalis se procedió, en primer lugar, a una interpretación alegórica, a la que seguía una enseñanza que versaba sobre aspectos de doctrina y moralidad sugeridos por la visión [7] ; el fundamento de la enseñanza y su piedra angular era la auctoritas, el principio de autoridad y, más precisamente y como se acostumbraba en el ámbito monástico, la Sagrada Escritura. Por regla general cada explicación está precedida de un pedagógico “Quid est hoc?” o bien “Quomodo?”: ¿Qué es esto?, ¿Qué significa esto?, ¿Cómo es esto?, que daba lugar al desarrollo de la explicitación. Finalmente, la visión concluía con una advertencia o bien una exhortación, la misma para todas las unidades de cada libro.

El primer libro trabaja las relaciones que existen entre el macrocosmos y el microcosmos, entre las realidades superiores y las inferiores, entre el mundo creado y el mundo caído. El segundo libro, que gira en torno a la figura de la Iglesia, presenta algunos sacramentos: bautismo, confirmación, orden sagrado, penitencia y eucaristía [8] . El libro III se construye alrededor del edificio de la salvación, levantado a lo largo de la historia de la humanidad, que es la historia de la salvación desde la creación hasta el juicio final. Este edificio está habitado por las Virtudes, que dan lugar a una exposición de carácter moral; en la última visión se escucha la sinfonía de alabanza a Dios entonada por los habitantes del cielo, entre quienes se cuentan los hombres que, con la ayuda de las Virtudes, han triunfado en el combate moral [9] . La obra está bellamente iluminado con treinta y cinco miniaturas realizadas en el monasterio de San Ruperto hacia 1165 bajo la supervisión de Hildegarda, y que no son meramente decorativas sino que corresponden e ilustran el contenido de las visiones [10] .

Las ediciones latinas disponibles de esta obra son: Hildegardis Scivias. Ed. Adelgundis Führkötter O.S.B. collab. Angela Carlevaris O.S.B. Turnhout: Brepols, 1978 (Corpus Christianorum. Continuatio Mediaevalis, vol. 43-43a), y Migne, J.-P. (ed.). Patrologiae cursus completus. Series latina. Vol. 197, cols. 0383-0738. Paris: 1882. (S. Hildegardis Abbatissae Opera omnia). En un interesante artículo muy bien titulado “Problemata Hildegardiana” [11] , Peter Dronke señala la deficiente calidad de esta última edición, hecha sobre un texto anónimo de 1628 que reproduce la edición de Jacques Lefevre d’Etaples (1513), para pasar luego a ponderar los logros del trabajo de Schrader y Führkötter, quienes además de brindar una confiable publicación de la obra de Hildegarda, enriquecieron el volumen con índices: bíblico, litúrgico, de autores [12] y de palabras y expresiones. Sin embargo, también en esta edición Dronke encuentra errores, que señala con ánimo constructivo, según propias palabras [13] .

Nos ocuparemos en este trabajo de la primera visión de la primera parte, titulada “Dios, el Señor”. De ella daremos la traducción del núcleo de la visión misma, para luego indicar la glosa o interpretación dadas por la visionaria y añadir finalmente algunos elementos a modo de comentario personal.


NOTAS:

[1] Hildegardis. Scivias. Ed. Adelgundis Führkötter O.S.B. collab. Angela Carlevaris O.S.B. Turnhout: Brepols, 1978. (CCCM 43-43a). (vuelve al texto)

[2] “Una vez que hubo escuchado los informes, el Papa mandó que le fuesen presentados nuevamente los escritos de la bienaventurada Hildegarda, que le habían sido traídos del citado monasterio y entregados. Y sosteniéndolos con sus propias manos, él mismo, haciendo las veces del lector, los leyó públicamente al arzobispo [Albero de Tréveris], a los cardenales y a todo el clero presente; y dando a conocer la respuesta de los hombres que había enviado para investigar estos asuntos, movió los corazones y las voces de todos a la alabanza del Creador y la acción de gracias. [...] El reverendo Padre de los Padres asintió a estos [dichos de San Bernardo] con una actitud tan benigna como prudente, y visitó a la bienaventurada virgen con cartas de salutación en las que le concedía su autorización –en el nombre de Cristo y de San Pedro– para que anunciara lo que hubiese conocido por el Espíritu Santo; y la animó a escribir.” (His papa recognitis iubet representari scripta beate Hildegardis, que sibi de predicto cenobio perlata susceperat; et ea manibus propriis tenens ipseque recitatoris uice functus archyepiscopo et cardinalibus omnibusque, qui de clero aderant, publice legit ac responsa uirorum, quos | ad hec indaganda miserat, pronuntians omnium mentes et uoces in laudem conditoris et congratulationem excitauit. [...] Ad hec reuerendus pater patrum tam benigne quam et sagaciter assensum prebens litteris salutatoriis beatam uirginem uisitauit, in quibus concessa sub Christi et beati Petri nomine licentia proferendi, quecumque per Spiritum sanctum cognouisset, eam ad scribendum animauit. Vita Sanctae Hildegardis Virginis I, 4. Cura et studio Monika Klaes. Turnhout: Brepols, 1993. (Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 126), p. 9-10). El Papa Eugenio nunca visitó a Hildegarda en el monasterio de San Disibodo ni en nigún otro; el término “visitó” ha de entenderse en el sentido de “se hizo presente” a través de las cartas. (vuelve al texto)

[3] In uisione etiam uidi quod primus liber uisionum mearum Sciuias diceretur, quoniam per uiam uiuentis luminis prolatus est, non de alia doctrina. (Carta 103r –Primera carta de Hildegarda de Bingen a Guiberto de Gembloux–, año 1175, p. 263. En: Hildegardis Bingensis. Epistolarium. Ed. Lieven van Acker. Turnhout: Brepols, 1991-93. (CCCM 91-91a), p. 258-265). (vuelve al texto)

[4] Schipperges, Heinrich. The World of Hildegard of Bingen. Her Life, Times and Visions. Transl. by John Cumming. Collegeville, Minnesota: The Liturgical Press, 1998, p. 15. (vuelve al texto)

[5] El contenido más íntimo, entrañable y rico: meduloso. (vuelve al texto)

[6] 'O homo, quae fragilis es de puluere terrae et cinis de cinere, clama et dic de introitu incorruptae saluationis, quatenus hi erudiantur qui medullam litterarum uidentes eam nec dicere nec praedicare uolunt, quia tepidi et hebetes ad conseruandam iustitiam Dei sunt, quibus clausuram mysticorum resera quam ipsi timidi in abscondito agro sine fructu celant. Ergo in fontem abundantiae ita dilatare et ita in mystica eruditione efflue, ut illi ab effusione irrigationis tuae concutiantur qui te propter praeuaricationem Euae uolunt contemptibilem esse. (Hildegardis. Scivias I, 1, p. 8). (vuelve al texto)

[7] Newman, Barbara. “Introduction”, p. 22. En: Hildegard of Bingen. Scivias. Transl. Mother Columba Hart and Jane Bishop. Preface by Caroline Walker Bynum. New York: Paulist Press, 1990. 545 p. (vuelve al texto)

[8] El sacramento del matrimonio está tratado en el libro I, como perteneciente a la creación original. (vuelve al texto)

[9] Por ese entonces Hildegarda ya era conocida como compositora, según nos lo muestra la carta que el maestro Odo de Soissons (ahora de París, por ser maestro en dicha ciudad) le escribiera entre los años 1148-49: “Se dice que, elevada a los cielos, ves muchas cosas en ellos y que muchas comunicas a través de tus escritos, y que compones una obra musical nueva, aunque nada de esto hayas estudiado.” (Dicitur quod eleuata in celestibus multa uideas et multa per scripturam proferas, atque modos noui carminis edas, cum nihil horum didiceris. Carta 40, de Odo de Soissons, año 1148-49, p. 102. En: Hildegardis Bingensis Epistolarium, p. 102-03). (vuelve al texto)

[10] Este manuscrito de Scivias, el más antiguo, se perdió durante un bombardeo en Dresden en 1945; quedan una fotocopia en blanco y negro de 1927, y una copia hecha a mano por las religiosas del monasterio de Eibingen, realizada entre los años 1927 y 1933. (vuelve al texto)

[11] Dronke, Peter. “Problemata Hildegardiana”. Mittellateinisches Jahrbuch. 1981; 16: 97-131. (vuelve al texto)

[12] En su nota 3 alude Dronke a la tremenda dificultad que plantea la detección de autores y de obras –Hildegarda no cita–, que a veces apunta a una expresión, palabras apenas, cuyo contexto es totalmente diferente. (vuelve al texto)

[13] Se refiere Dronke a los manuscritos de Scivias: tres realizados en el scriptorium del monasterio de San Ruperto (dos en vida de la abadesa –V (Biblioteca Vaticana, Ms. Pal. Lat. 311) y W (Wiesbaden, Hessische Landesbibliothek, Ms. 1), perdido este último en 1945– y el tercero, R (Wiesbaden, Hessische Landesbibliothek, Ms. 2, Riesenkodex), en la década que siguió a su muerte); otros dos (H: Heidelberg, University Library, Ms. X.16, y B: Brussels, Royal Library, Ms. 11568 (1492), y tal vez otro perdido, E: Former Collection F.W.E. Roth, proveniente de la abadía cisterciense de Eberbach), copiados durante el siglo XII en otros lugares; dos más en los primeros años del siglo siguiente (C, confeccionado en Tréveris en 1210, y O: Oxford, Merton College, Ms. 160, también en los comienzos del siglo); y más tardíos, F (Fulda, Landesbibliothek, Ms. B.6ª.) copiado de H, T (Trier, City Library, Ms. 4º 722/277) copiado de C  y M, copiado del texto impreso de 1513. Y a continuación señala como lo más auténticamente hildegardiano aquello en lo que coinciden los manuscritos V y R, incluyendo, dice, la ortografía y la puntuación, que no habrían sido enteramente respetadas por la edición de la Continuatio Mediaevalis. (vuelve al texto)

 

 

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