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Hildegarda de Bingen. Scivias: Conoce los
caminos. Trad. de Antonio Castro Zafra y Mónica Castro. Madrid:
Trotta, 1999. 508 p. (Colección Estructuras y Procesos. Serie
Religión). Es ésta la primera traducción castellana de una obra de Hildegarda, y precisamente de su obra más divulgada, y difícil. La presente edición brinda una lectura tersa, muy pulida, que ha sabido superar airosamente todos los escollos sin disimular por ello la complejidad del texto, en cuanto a la lengua, la forma y el contenido. |
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Hay una noticia previa sobre la autora, tal vez un tanto breve, a la que sigue una nota de los traductores. En ella ponen de relieve los diferentes canales por los que fluye la creatividad de la abadesa, y así hablan de dos ejes "entrelazados en el texto: el de la palabra con sus ecos, que llamaríamos melódico; y un eje espacio-temporal, de tipo arquitectónico, que integra las imágenes [...]. Se advierte una voluntad musical Hildegarda era compositora que crea complejos paralelismos de imagen y palabra, pugna por ensalzar la palabra elevándola al ámbito del canto y la envuelve en las estructuras de la música" (p. 10-11). También señalan la redacción latina "áspera" del texto, e indican el criterio que, en este sentido, ha regido su traducción: "se han buscado las metáforas que mantuvieran esas construcciones como de espejo, con sus sentidos ocultos y recovecos que forzaban la sintaxis; y hemos querido conferirle expresividad, ritmo y belleza, acordes a las aspiraciones musicales de la autora, con el fin de reflejar esa unión entre palabra, imagen y música por la que parece haber luchado duramente" (p. 11). No ha de haber sido fácil componer esta obra, y mucho menos traducirla, tarea que sin duda ha de haber requerido no sólo el conocimiento de la época, de la autora y de su multifacética producción, sino también una identificación, consonancia o armonía con su espiritualidad, y un insoslayable componente afectivo. El volumen se enriquece con las ilustraciones que corresponden a cada una de las visiones de Hildegarda, y agradecemos la excelente calidad y colorido de las reproducciones, tan necesarias para comprender el texto. Hubiéramos preferido que cada una de ellas precediera a la visión correspondiente, en lugar de estar todas agrupadas en mitad del libro, pero tal vez sea ésta la imperfección necesaria para poder considerar humanos a esta titánica e inspirada labor de los traductores, y al coraje editorial de Trotta, que con esta obra pone tan difícil y bello libro al alcance del público de habla hispana.
Presentación
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