HILDEGARDA DE BINGEN. Sitio creado por Azucena Adelina Fraboschi


 

Hildegard of Bingen. Scivias. Transl. Mother Columba Hart and Jane Bishop. Intr. by Barbara J. Newman. Preface by Caroline Walker Bynum. New York: Paulist Press, 1990. 545 p.

 

Es ésta la traducción inglesa más autorizada de la primera obra de la abadesa de Bingen, y constituye un impresionante volumen dotado con abundantes notas críticas, bibliografía e índice exhaustivos. Cada visión aparece precedida por la ilustración correspondiente (en blanco y negro, lamentablemente), disposición que facilita la lectura de su descripción.

El Prefacio nos anuncia la singularidad y riqueza de la figura de Hildegarda, impostándola en su época y relacionándola con otras mujeres pertenecientes a diversos momentos de la historia de la Iglesia. Se detiene particularmente en su faceta de escritora, dando algunas precisiones al respeto.

La Introducción es, en verdad, un erudito estudio de Bárbara Newman, quien primeramente presenta la vida de Hildegarda y sus obras, para referirse luego a su espiritualidad presente en sus escritos, cartas, predicaciones, pero también en sus pinturas y en su música. Newman se extiende particularmente sobre este punto, analizando la fuente de la vida interior de la "Sibila" y sus iluminaciones; en su análisis toma en cuenta los desempeños de Hildegarda como abadesa, como miembro activo de la reforma gregoriana y como predicadora con características apocalípticas. Es en este contexto que pasa luego a hablar del Scivias (Scito vias Domini). Inicialmente da la estructura de la obra, dividida en tres partes que tratan de la creación, la redención y la santificación respectivamente, siendo esta última la más extensa. Luego indica la estructura básica de cada una de las visiones: una breve descripción de lo que ha visto, seguida de la interpretación que presenta a modo de glosa, frase por frase, con alguna digresión intercalada. La interpretación es alegórica primero, para tornarse luego enseñanza dogmática y moral, con sobreabundancia de pasajes escriturarios. La interrogación como recurso pedagógico (¿qué es esto?, ¿qué significa esto?) está presente en forma recurrente, y cada visión finaliza con una advertencia dirigida al lector.

La temática del primer libro, continúa diciéndonos Newman, trata las relaciones entre macrocosmos y microcosmos, entre las cosas celestiales y la terrenales, entre el mundo creado y el mundo caído. En el libro segundo predomina la figura de la Iglesia, cuya enseñanza sobre los sacramentos transmite Hildegarda (el sacramento del matrimonio es tratado en el libro primero, en razón de la creación de Adán y Eva; en cambio, la abadesa incorpora al libro segundo los votos monásticos, que parece considerar con valor sacramental). El libro tercero, advierte Newman, tiene una doble estructura: histórica y moral, figurada por el edificio de la salvación, construido por la Divinidad y habitado por las Virtudes. Los dos temas confluyen en la última visión, en forma de una sinfonía de oración a los habitantes del Cielo.

A continuación, Newman traza un paralelo con una obra del teólogo Hugo de San Víctor, De Sacramentis (escrita diez años antes de que Hildegarda comenzara a escribir; en ese mismo año murió el maestro medieval), indicando la similitud de los temas y la diferencia en el tratamiento, que proviene fundamentalmente del hecho de que, mientras Hugo argumenta con la luz de la razón y aduce la autoridad humana, hablando en nombre de sí mismo, Hildegarda afirma, apoyada en sus revelaciones y hablando en la persona de Dios. Barbara Newman no titubea en afirmar que, "if Hildegard had been a male theologian, her Scivias would undoubtedly have been considered one of the most important early medieval summas" ("si Hildegarda hubiera sido un teólogo varón, sin duda alguna su Scivias habría sido considerado una de las más importantes sumas medievales", p. 23).

Se refiere luego a las pinturas que ilustran cada una de las visiones y también a la música que ya aparece en el final de su libro, preludiando sus obras musicales posteriores y, en especial, Ordo virtutum, drama litúrgico-moral.

Viene luego la sinopsis de las visiones, para finalizar con una reflexión acerca del lugar que ha ocupado Hildegarda en la tradición de la Iglesia. Traza Newman líneas hacia atrás, hacia la tradición patrística que pudo haber conocido Hildegarda (a través de florilegios o bien en los textos originales), autores carolingios y otros contemporáneos: Isidoro de Sevilla, Rabano Mauro, Pascasio Radberto, Notkero de San Gall, Escoto Eriúgena, Bernardo Silvestre, Honorio Augustodunensis, San Bernardo de Claraval, etc. Pero también se ocupa del legado de Hildegarda: de su fama como visionaria, profetisa y predicadora, y de la fortuna inmediata de sus obras, que fueron muy apreciadas durante su vida y luego de su muerte. En el Renacimiento, Jacques Lefèvre d'Etaples imprimió la primera edición del Scivias (1513).

Sin embargo, el hecho de que algunos protestantes (Andreas Osiander, por ejemplo) la reclamaran como propia por sus denuncias contra el clero de su época, distorsionó su figura y la arrojó en un cono de sombra, del que recién ha sido rescatada en la segunda mitad del siglo XX. Afortunadamente.


 

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