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Hildegardis Scivias
II, 6-1. Ed. Adelgundis Führkötter O.S.B. collab. Angela Carlevaris
O.S.B.. In: Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis. Vol.
43-43a. Turnhout: Brepols, 1978.
“Y después de esto vi que, mientras el Hijo de Dios pendía en la cruz,
aquella imagen de mujer ya mencionada, cual luminoso esplendor que avanza
presuroso desde el antiguo consejo, era conducida hacia Él por el divino
poder; y luego de ser elevada hacia lo alto fue bañada por la sangre
que manaba de Su costado, y por la voluntad del Padre Celestial unida
a Él en felices esponsales, noblemente dotada con Su carne y Su sangre.
Y oí una voz que desde el cielo le decía: ‘Sea ésta, oh Hijo, Tu esposa
para la restauración de Mi pueblo, sea ella una madre para él, regenerando
las almas por la salvación del Espíritu y del agua.’
Y habiendo recobrado la imagen sus fuerzas de esta manera, vi como un
altar hacia el que ella se aproximaba frecuentemente, y allí volvía
a mirar con devoción su dote, mostrándosela humildemente al Padre Celestial
y a Sus ángeles. Entonces, al acercarse al altar un sacerdote revestido
con los ornamentos sagrados para celebrar los divinos misterios, vi
que súbitamente una luz grande y clara que venía del cielo acompañada
de la reverencia de los ángeles envolvió con su fulgor todo el altar,
y permaneció allí hasta que el sacerdote se retiró del altar, después
de la finalización del misterio. Pero también allí, una vez leído el
Evangelio de la paz y depositada sobre el altar la ofrenda que debía
ser consagrada, cuando el sacerdote hubo entonado la alabanza de Dios
todopoderoso –que es el ‘Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos’–
para comenzar así la celebración de los misterios, repentinamente un
relámpago de fuego de inconmensurable claridad descendió del cielo abierto
sobre la ofrenda misma, y la inundó toda con su luz, tal como el sol
ilumina aquello que traspasa con sus rayos. Y mientras la iluminaba
de este modo, la elevó invisiblemente hacia los [lugares] secretos del
cielo y nuevamente la bajó poniéndola sobre el altar, como el hombre
atrae el aire hacia su interior y luego lo arroja fuera de sí: así la
ofrenda fue transformada en verdadera carne y verdadera sangre, aunque
a la mirada humana apareciera como pan y como vino.
Mientras yo veía estas cosas, repentinamente aparecieron, como en un
espejo, las imágenes de la Natividad, la Pasión y la Sepultura y también
de la Resurrección y la Ascensión de nuestro Salvador, el Unigénito
de Dios, tal como habían acontecido cuando el mismo Hijo de Dios estaba
en el mundo. Pero, mientras el sacerdote entonaba el cántico del Cordero
Inocente –que es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo–
y se presentaba para recibir la Santa Comunión, el relámpago de fuego
antes mencionado se retiró hacia los cielos; y tan pronto como el cielo
se cerró oí una voz que desde el cielo decía: ‘Comed y bebed el Cuerpo
y la Sangre de Mi Hijo para borrar la desobediencia de Eva, hasta que
seáis restaurados en la justa herencia’. Y mientras los demás hombres
se acercaban al sacerdote para recibir el sacramento, yo advertí en
ellos cinco maneras de ser. |

Porque unos eran de cuerpo luminoso y alma ígnea; otros,
en cambio, parecían tener cuerpo pálido y alma tenebrosa; pero algunos
de cuerpo grosero eran despreciables también en el alma porque estaban
llenos de la gran inmundicia de la corrupción humana; otros, con el
cuerpo rodeado por agudísimas espinas, parecían leprosos en sus almas;
pero otros se mostraban con el cuerpo ensangrentado y el alma fétida
como cadáver putrefacto. En tanto todos estos recibían el mismo sacramento,
unos eran inundados por un resplandor como de fuego, pero otros eran
ensombrecidos como por una oscura nube. Cuando finalizó la celebración
de estos misterios y mientras el sacerdote se retiraba del altar,
la claridad arriba mencionada que viniendo del cielo, como se dijo,
había rodeado todo el altar con su fulgor, fue elevada hacia los lugares
secretos del Cielo.”
Continúa...
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