LA SABIDURÍA COMO IMAGEN DE DIOS

EN LA OBRA DE HILDEGARDA DE BINGEN

SOFÍA J. DI SCALA
(UNMdP)

 

Esta investigación nació a partir de un trabajo que titulé: “El culto a Σοφία. Entre la paideia griega y la hermenéutica cristiana”. En él estudio los elementos que pueden encontrarse en común entre el culto apolíneo y el culto mariano promulgado por San Bernardo en el siglo XII.

La figura central en aquel trabajo era, como ha de suponerse, Sophia. Mi intento de buscar una hermenéutica de la representación divina de la sabiduría griega me condujo a indagar por caminos que no había presupuesto; me llevó a penetrar en la intimidad de la vida monástica, recorrer los espacios de aparición del pensamiento de San Bernardo de Claraval (no solamente como líder espiritual de la Segunda Cruzada sino, también, de la Orden de los Templarios) y plantearme, a posteriori, la posibilidad de penetrar en la figura misma de Sophia, ahora ya no desde su culto sino desde su propia interioridad.

¿Quién es Sophia?

Contemporánea a San Bernardo vivió la abadesa Hildegarda de Bingen1 (1098 – 1179) a quien Sophia, en una primera lectura, se le aparece en sus visiones místico-proféticas: “En la luz del Amor, la Sabiduría me enseña y me ordena decir cómo fui introducida en estas visiones. Las palabras que yo hablo no son mías, sino que la verdadera Sabiduría las pronuncia a través de mí y me dice así [...]”. Sophia habla a través de Hildegarda, pero esta vez no son sus palabras “flechas hirientes” como las que pronunciaba la pitonisa en el Oráculo de Delfos, (tal cual las define el italiano Giorgio Colli) sino que son palabras que tienen “gusto a Dios”. Palabras que nos acercan a Dios.

He aquí que propongo entonces pensar a la Sabiduría como imagen de Dios; imagen, veremos, simbólica, que nos introduce en el conocimiento de Dios porque forma parte de Él.

Por un lado la imagen nos sirve para aprehender la realidad última de las cosas, como lo afirmaba Mircea Eliade. Pero la imagen no puede ser reducida a cierta estructura lingüística. Por esta misma razón, el estudio de la misma nos conduce directamente al estudio del símbolo. Este último nos permite una forma de participación mística con lo sagrado. Como lo entendía Mircea Eliade, es una apertura hacia un mundo transhistórico. Sin embargo, el filósofo francés Paul Ricoeur advierte que el símbolo requiere de una interpretación (hermenéutica) específica que nos aproxime al sentido originario. ¿Es este sentido originario la propia imagen? Recordemos que para Eliade “traducir una Imagen a una terminología concreta, reduciéndola a uno solo de sus planos de referencia, es peor que mutilarla, es aniquilarla, anularla en cuanto instrumento de conocimiento”. Por esta misma razón se advierte la necesidad de una hermenéutica de los símbolos, hermenéutica que no agote la imagen en sí misma, sino que nos permita recorrer sus senderos más próximos, sus escondites y, como diría Eliade, sus máscaras.

II

La teología de Hildegarda nos habla de la Sabiduría como partícipe de Dios. Es un despertar a la vida de Dios en nuestra propia vida.

Es en el himno “O virtus sapientiae2 donde vemos que la Sabiduría “abraza al mundo”. Sin embargo, la descripción de Sophia, en este himno de Hildegarda, pierde nitidez y la vemos difusa, lejana e inalcanzable. Pierde nitidez, quizás, porque el dorado de sus vestiduras enceguece y verla, realmente, implica esfuerzo por parte de quien lo desea. Veremos por qué.

En Scivias (libro III, visión IX) Hildegarda describe la apariencia de la Sabiduría, creadora y gobernadora del mundo.

Así, la Sabiduría pierde la oscuridad de sus palabras porque quien recorre los caminos de la Sabiduría ya está formando parte de ella; ella es quien nos acerca a Dios y es Dios el único que sabe el lugar donde ella se encuentra.3 Sin embargo, Hildegarda advierte que la Sabiduría nos ofrece su abrazo y con él nos acerca a Caritas, el amor.4 En dicho abrazo la unión entre Dios, Caritas y Sapientia es única y revela al hombre la gracia divina.

Si consideramos este abrazo simbólico, cabe la posibilidad de preguntarnos qué podemos pensar a partir de él, a qué conclusiones podemos arribar.

III

Barbara Newman, en su libro Sister of Wisdom, pone énfasis en el hecho de que, para Hildegarda, el acontecimiento al que mayor importancia da en su obra, es la Encarnación. La Encarnación es, para la abadesa, el propósito divino por y para el cual está creado el mundo. Pero, ¿qué tendrá que ver la Sabiduría como imagen simbólica de Dios con la Encarnación? La Sabiduría, para Hildegarda, es una Virtud de Dios. Sin embargo, esta Virtud debe ser entendida en tanto que fuerza o potencia. Es con dicha fuerza que Sapientia abraza al mundo.

Nos dice Newman que para Hildegarda, la Sabiduría como esposa de Dios es igual a Caritas y, que finalmente, “Sabiduría y Amor son uno”. Para la abadesa, esta unión entre Caritas y Sapientia representa la unión entre María, Madre de Cristo, y Dios, en tanto que la Virgen María entra en comunión con Él y con Cristo, su hijo, Dios hecho hombre. Newman nos recuerda que en el libro tercero de Scivias se lee: “to utter the divine purpoe that was ordained in the ancient counsel, how you willed your Son to be incarnate, to become a man in order of time, willing this before all creation in your simplicity […] that your Son […] might be truly clothed in humanity, assuming the form of man for the sake of man.”5

Vemos, entonces, cómo en las visiones de Hildegarda se encierra una enseñanza más profunda que no pretende esconderse al hombre, sino que requiere de cierta introspección mística. Introspección que une el mundo de la razón con el de la fe en la búsqueda de la expresión de lo universal, lo absoluto6. Esta expresión de lo absoluto conduce a pensar nuevamente en la teología de Hildegarda. Matthew Fox dirá “we are in the cosmos and the cosmos is in us7. ¿Qué intenta decirnos Fox? ¿Hay una separación entre el mundo y nosotros? ¿O bien, como me ha señalado la profesora Azucena Fraboschi en un comentario, una simetría entre ambos?

Siguiendo nuestra línea argumentativa de la Sabiduría como imagen de Dios, podría decirse que una vez que “abrazamos” dicha Sabiduría, la imagen de Dios nos penetra y nos hace descubrir nuestra comunión con Él. Parafraseando a Fox se podría decir que “la Sabiduría está en Dios y Dios está en la Sabiduría”. La imagen que tenemos de Dios en la Sabiduría nos devuelve nuestra propia imagen. Imagen en la que hemos sido creados. Dicha comunión no es panteísta porque no se torna identidad sino que se mantiene, podría decirse, como “imagen” o “reflejo”. Nos convertimos en espejos de Dios desde donde podemos mirarlo a Él así como también podemos volver la mirada sobre nosotros mismos.

Y sobre nosotros mismos, diría Hildegarda, es necesario volver. Necesario porque tenemos la obligación de compartir nuestro conocimiento divino con los demás. Necesario es compartir nuestra iluminación en tanto reflejo de la Sabiduría divina, sabiduría que no solamente es un regalo de Dios, sino que forma parte de Dios y nos tiende, desde Él, su abrazo. Sin embargo, en dicho abrazo entra en juego otro personaje al cual hace referencia Hildegarda: Ecclesia.

La Sabiduría no sólo se relaciona con Caritas, como hemos visto, sino que también lo hace con Ecclesia. Según Barbara Newman, es difícil explicitar la relación entre ambas, pero lo soluciona diciendo que el arquitecto se une con las paredes que construye (la Sabiduría es la arquitecta de la Iglesia) en una “completa fusión entre trabajador y trabajo y la Sabiduría divina se une con la Iglesia humana de manera tal que así, bajo el signo de la maternidad sagrada, la idea (el plan, el éxito) de Dios ya no puede distinguirse del hombre”8

Como dijimos anteriormente, la relación entre Sapientia y Ecclesia es muy compleja y excedería lo propuesto en este trabajo discutirla.9 El motivo por el cual he decidido traer a colación esta metáfora del arquitecto es demostrar, nuevamente, la comunión entre la Sabiduría divina y los hombres. Comunión que vemos cobrará fuerza en la Iglesia.

Este desligamiento de todo tipo de dualismo de oposición (fe / razón; microcosmos / macrocosmos, etc) presente en la obra de Hildegarda de Bingen tiene, como ya hemos venido advirtiendo, una base fundamental: la Encarnación que, como bien define Newman, tiene en el aspecto femenino de la divinidad un significado profundo. En palabras de Barbara Newman: “the femenine aspect of humanity is that which enters into union with God: Mary, the Church, the Virtues, the virginal soul, and even the humanity of Christ are or are seen as female.10

Las imágenes simbólicas que nos ofrece Hildegarda (Sapientia, Ecclesia, Caritas) son el medio mediante el cual la abadesa reconstruye sus visiones y nos hace pensar. Matthew Fox, en su introducción al libro de las Iluminaciones de Hildegarda, se pregunta si no es éste el mejor momento (incluso aún mejor que el siglo XII) para pensar dichas iluminaciones e interpretarlas.

Interpretar es recobrar sentido. Y la obra de Hildegarda guarda profundos misterios que aún no nos hemos animado a descubrir.

IV

Ya concluyendo, intentaremos reorganizar todo lo que hemos visto anteriormente mediante una reelaboración de los argumentos que hemos brindado para sostener nuestra tesis de la concepción de la Sabiduría como imagen de Dios.

Los elementos que considero fundamentales, en un posible orden jerárquico, serían:

a) La Encarnación
b) Las figuras simbólicas de Sapientia, Ecclesia y Caritas
c) La simetría entre microcosmos y macrocosmos
d) La descripción de la Sabiduría en el Himno “O virtus sapientiae

En un primer momento ubicamos la Encarnación, en tanto que hemos advertido que, para Santa Hildegarda, es por y para ella que está creado el mundo. En la Encarnación, Dios se hace hombre a través de María y la Sabiduría está presente en este acto desde antes que ocurriese. Por esta misma razón, la unión entre Sapientia y Caritas que se da en el acto de la Encarnación, representa a Dios en la figura de Cristo.

En un segundo lugar ubicamos a las figuras simbólicas que hacen posible que Hildegarda llegue a este conocimiento divino. A través de la representación simbólica de la Sabiduría, el Amor y la Iglesia, Hildegarda puede reconstruir en sus visiones el mensaje divino. El mensaje de que Dios está en la Sabiduría y la Sabiduría se encuentra en Dios. Por eso, podríamos decir, que sólo Él sabe donde Ella se encuentra.

En tercer lugar se ubica la simetría advertida por parte de la abadesa entre micro y macrocosmos. El hombre entra en comunión con Dios mediante una búsqueda interior; Dios ya no está en el “más allá” sino, podríamos decir, en el “más acá”. La Sabiduría como imagen de Dios una vez que se une al hombre se convierte, como puede leerse en el Libro de la Sabiduría 7,26, en “un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad”. Este simbolismo del espejo limpio y el espejo manchado (por los pecados del hombre) es fundamental para la comprensión del pensamiento místico y, a mi criterio, para el pensamiento de Hildegarda. La imagen de Dios se refleja en nuestro espejo, pero muchas veces no lo vemos porque éste está manchado. Una vez que lo hemos limpiado, vemos en nuestro propio reflejo, el reflejo de Dios.

En cuarto y último lugar, ubicamos la figura de la Sabiduría en el Himno “O virtus Sapientiae”. Reforzando lo que hemos dicho anteriormente, aquí Hildegarda presenta a la Sabiduría abrazando al mundo, abrazándolo todo. Con sus tres alas, clara simbología de la Trinidad, nos abraza Dios, Cristo y el Espíritu Santo: figura simbólica que “vuela por doquier”. En este abrazo, como en la figura del espejo, nos unimos a Dios mediante el reflejo de su imagen: la Sabiduría.

Hemos de decir que Hildegarda despierta en quien se atreve (se decide desde el corazón y la cabeza) a escucharla el valor de los símbolos. Matthew Fox rescata al respecto de esto mismo al pensador francés Mircea Eliade, quien advertiría que la mayor contribución de Hildegarda es el despertar a la conciencia simbólica. Nos recuerda Fox que para Eliade “quien entiende el símbolo no solamente se abre a sí mismo al mundo objetivo sino que, al mismo tiempo, desde su situación personal al encuentro y a la comprensión de lo universal”.

Lo esencial del Universo está, como hemos visto, expresado en símbolos. E Hildegarda se atreve a pensar con ellos, mente avanzada y privilegiada de su época. Ella nos ofrece sus visiones y nos anima (mucho antes que el dictamen kantiano del siglo XVIII) a atrevernos a pensar por nosotros mismos.

En esos mismos símbolos Hildegarda encuentra siempre las imágenes femeninas de Dios. En la Sabiduría la imagen de Dios es (y no solamente está, como algo separado, independiente) siempre presente.

Para finalizar, quisiera ofrecerles una cita de George Tavard en la Biblical Sophia:

Wisdom is that which man can know of God´s glory, or, equivalently, that of God which is communicable to man”.

 “La Sabiduría es aquello que el hombre puede saber de la gloria de Dios, o su equivalente, aquello de Dios que es comunicable al hombre”.

 

Scivias III, 9 (la imagen dorada es la Sabiduría de Dios)

Scivias III, 9: "La torre de la Iglesia"
La figura dorada es la Sabiduría

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

Eliade, Mircea. Imágenes y símbolos. España: Editorial Taurus, 1974.

Fox, Matthew. Illuminations of Hildegard of Bingen. Text by Hildegard of Bingen with commentary by Matthew Fox, O.P. Santa Fe, New Mexico: Bear & Company, 1985.

Góngora, María Eugenia. “Hildegard von Bingen: O Virtus Sapientiae”. Cyber Humanitatis (Revista Electrónica de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, ISSN 0717-2869). Otoño 1999

Hildegard of Bingen’s. Book of Divine Works with Letters and Songs. Ed. and intr. by Matthew Fox. Santa Fe, New Mexico: Bear & Company, 1987.

Hildegard of Bingen. Scivias. Transl. Mother Columba Hart and Jane Bishop. Intr. by Barbara J. Newman. Preface by Caroline Walker Bynum. New York: Paulist Press, 1990.

Newman, Barbara. Sister of Wisdom; St. Hildegard’s Theology of the Feminine. 2nd ed.. Berkeley: University of California Press, 1997.

Sitios de Internet consultados: http://informatica.inspt.utn.edu.ar/hildegarda


NOTAS:

1 Para mayor información sobre la vida y obra de Hildegarda de Bingen recomiendo ver los trabajos del presente sitio. (vuelve al texto)

2 O virtus Sapientiae: O virtus Sapientiae, / que circuiens circuiste / comprehendendo omnia in una via / que habet vitam. (vuelve al texto)

3 Leemos en Job 28, 20-23: Entonces la sabiduría, ¿de dónde sale?, / ¿dónde se hallará la inteligencia? / Ha estado oculta a los ojos de todo ser viviente / Y aun a las aves del cielo. / El infierno y la muerte confiesan: / No la conocemos más que de oídas. / Solo Dios conoce su camino, / sabe él donde está. (vuelve al texto)

[4] En Baruc 4, 38-2: Después se apareció la sabiduría en la tierra / y vino a convivir con los hombres. / Ella misma es el libro de los mandamientos, / Y la ley de Dios que permanece para siempre. / Todos los que la conserven alcanzarán la vida; / pero los que la abandonan, morirán. / Vuelve, Jacob, y abrázala, / camina hacia la claridad de su luz, nación / privilegiada. (vuelve al texto)

5 Ofrezco aquí una posible traducción: “para decir (mostrar) el propósito divino ordenado en el antiguo concejo, cómo querías que tu Hijo fuese encarnado, para convertirse en hombre en el orden del tiempo, queriendo esto desde antes de la creación en tu simplicidad [...] que tu Hijo [...] sea realmente revestido de humanidad, asumiendo la forma de un hombre para la salvación del hombre”. (vuelve al texto)

6 No por nada Hegel, (idealista alemán) verá en la religión, el arte y la filosofía, las tres manifestaciones del Espíritu Absoluto. En el Libro de la Sabiduría leemos que la sabiduría de Dios actúa en la historia. Y recordemos que, para Hegel, la historia es el escenario donde se desarrolla el Espíritu Absoluto; donde la Idea llega a saber(se) de sí misma. (vuelve al texto)

7 “Nosotros estamos en el cosmos y el cosmos está en nosotros”. (vuelve al texto)

8 Newman. Sister of Wisdom, p. 201. (vuelve al texto)

9 En este punto dejo abierta la posibilidad de comenzar otra línea de investigación que estudie la específica relación entre Sapientia y Ecclesia. (vuelve al texto)

10 Newman. Sister of Wisdom, p. 250. Ofrezco aquí una posible traducción: “el aspecto femenino de la humanidad es aquello que entra en unión con Dios: María, la Iglesia, las Virtudes, el alma virginal e, incluso, la humanidad de Cristo es o es vista como femenina”. (vuelve al texto)

 

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