LAS OBRAS. PRESENTACIÓN

 

 

La producción bibliográfica de Hildegarda de Bingen es en realidad muy vasta, de carácter enciclopédico y, como ha dicho Barbara Newman refiriéndose a Scivias –pero en realidad la afirmación puede extenderse a toda su obra–, “puede ser considerado como un trabajo multimedia en el que las artes de la iluminación, la música y el drama contribuyen con su variada belleza a realzar el texto y elevar el mensaje de la visión”(1). Podemos, sin embargo, presentar las más importantes de entre ellas, con alguna por ahora breve noticia de su contenido y estructura, cuando fuere el caso.

Tenemos en primer lugar tres obras que constituyen su gran trilogía: Scivias, Liber vitae meritorum y Liber divinorum operum, también conocido como De operatione Dei.

1. SCIVIAS (Scito vias Domini, Conoce los caminos del Señor, 1141-51)

Esta obra, profusamente ilustrada, consta de tres libros que incluyen veintiséis visiones cuyos temas son la Creación, la Redención y la Santificación. La edición iluminada de Scivias desapareció de Dresden durante la Segunda Guerra Mundial. Había sido hecha en el monasterio de Rupertsberg (1175-80(2) ) bajo la supervisión de Hildegarda, y guardada en la biblioteca de Hesse, en Wiesbaden, hasta su traslado a Dresden. De este original, desaparecido durante los bombardeos de 1945, sólo se conservan fotografías en blanco y negro, pero existe una confiable copia iluminada realizada en la abadía Hildegarda, de Eibingen (1927-33). Fiona Maddocks(3) da cuenta de diez copias de Scivias, mencionando una en Heildelberg (s. XII(4) ), otra en el Merton College de Oxford (ms. 160, s. XII-XIII), y una tercera en Trier (1487). Las ediciones latinas disponibles son: Hildegardis Scivias. Ed. Adelgundis Führkötter O.S.B. collab. Angela Carlevaris O.S.B. Turnhout: Brepols, 1978 (Corpus Christianorum. Continuatio Mediaevalis, vol. 43-43a), y MIGNE, J.-P. (ed.). Patrologiae cursus completus. Series latina. Vol. 197, cols. 383-738. Paris: 1882. (S. Hildegardis Abbatissae Opera omnia).

Anne King-Lenzmeier(5) presenta esta obra de Hildegarda recordando su carácter de profética: voz de Dios que habla a la Iglesia y al pueblo. Y lo hace a través de palabras y de imágenes incorporadas al texto.

1.1. PRIMER LIBRO: EL CREADOR Y LA CREACIÓN(6)

Las seis visiones que componen el primer libro se titulan: 1. Visión del Señor sobre el monte santo; 2. El destierro del Paraíso (la creación y la caída); 3. El universo; 4. El hombre en su tabernáculo (el alma y el cuerpo); 5. La Sinagoga (el Antiguo Testamento); 6. Los coros de los Ángeles (la jerarquía angélica).

La primera visión muestra a Dios, figura sedente sobre una montaña de hierro (la estabilidad de Dios) derramando Su luz sobre la humanidad. Al pie de la montaña hay una figura informe totalmente cubierta de ojos (el Temor de Dios, que es el principio de la sabiduría), y otra cuya cabeza aparece desdibujada a causa de la corriente de luz que fluye sobre ella (el espíritu de Pobreza).

La segunda visión presenta una multitud de luces vivientes muy brillantes (los ángeles perseverantes en su amor a Dios), y una fosa profunda y hedionda (“el infierno con su insaciable sed de almas”(7) ) de la que sale una nube oscura con lenguas de fuego (la referencia es al árbol del conocimiento del bien y del mal, cuyo fruto Dios había prohibido al hombre). En la región luminosa se alza una nube blanca (Eva(8) ) proveniente de una hermosa forma humana (Adán), y que contiene en su interior muchas estrellas. Un esplendor rodea de pronto la región y todo lo que era calma se transforma en agitación y terror (es la presencia de Dios, ante la que el hombre pecador se aterra por su pecado, cayendo del paraíso).

En esta visión aparecen temas como la naturaleza del matrimonio y del sexo; la justicia de Dios y la injusticia de la raza humana, que pretendió ser más sabia que Dios; la encarnación salvífica del Hijo de Dios para la restauración de la humanidad; las recomendaciones morales en torno a la práctica de virtudes como la humildad, la castidad y la caridad. Aparece también un término característico de Hildegarda, viriditas (verdor fecundo, vigor, fecundidad), de gran peso en su pensamiento. Y hay una visión reivindicadora de la mujer.

La tercera visión es la del Universo bajo la forma de un huevo cósmico, en el que la superficie exterior simboliza a Dios todopoderoso, representado con un fuego brillante. Otras imágenes simbolizan a Cristo y a Su Iglesia, a la humanidad sostenida por los cuatro elementos tradicionales, y la relación del hombre con Dios, que incluye al Universo. La visión incluye severas advertencias para quienes creen en la astrología, y para quienes practican la adivinación y la magia.

La cuarta visión presenta tres miniaturas que retratan la vida del hombre desde su concepción hasta su muerte. Aparecen aquí la unión del alma y el cuerpo, las tentaciones y el sufrimiento, y la alegría de la vida eterna. En la presentación de estos temas hay elementos propios del folklore medieval, y reminiscencias de la filosofía platónica.

La quinta visión es la de la Sinagoga, personificada en una gigantesca mujer de ojos cerrados y brazos cruzados formando un seno que alberga a los patriarcas y los profetas, liderados por Moisés. En su parte baja su vestido es oscuro, dando a entender la ruptura de la Ley, y sus pies, teñidos con la sangre de Cristo, se apoyan sobre una nube luminosa que representa la salvación de Israel al fin de los tiempos; rodeando su cabeza hay un círculo de luz que representa a la Virgen María, quien dio al mundo su Salvador.

La sexta visión trae los nueve coros angélicos: Ángeles, Arcángeles, Virtudes, Poderes, Principados, Dominaciones, Tronos, Querubines y Serafines. En lugar de la agrupación corriente en tres grupos de tres, Hildegarda propone dos grupos de dos coros cada uno (Ángeles y Arcángeles por un lado, simbolizando cuerpo y alma, y por otro lado Querubines y Serafines en alusión al conocimiento y al amor de Dios), y un grupo de cinco coros, en representación de los cinco sentidos.

1.2. SEGUNDO LIBRO: EL REDENTOR Y LA REDENCIÓN

En el segundo libro encontramos siete visiones: 1. El Redentor; 2. La Trinidad; 3. La Iglesia; 4. La Confirmación; 5. Las órdenes de la Iglesia; 6. El sacrificio de Cristo y la Iglesia; 7. La antigua serpiente (el demonio).

La primera visión está centrada en la figura del Redentor. El Dios uno y trino está simbolizado por un círculo dorado en lo alto del dibujo; debajo están los seis días de la creación. La vida eterna ofrecida a Adán es una flor blanca (el precepto de la obediencia) que él huele, sin tocarla. Ante este rechazo una sombra cubre el centro, pero en ella hay luces que representan a los profetas que anuncian al Salvador. Una gran luz en el borde simboliza a María, la aurora, de quien procede Cristo con gran resplandor, para levantarlo hacia una nueva vida.

La segunda visión es una asombrosa evocación de la Trinidad, donde un luminoso círculo exterior, blanco o plateado, representa al Padre, Creador increado. Otro círculo de fuego y oro, en el centro, representa al Espíritu Santo, Quien penetra todas las cosas. En el centro de los círculos e inundada de luz hay una figura humana color zafiro azul: es el Hijo, la Palabra eterna hablada. Los tres son un solo Dios, una sola Luz. En la visión Hildegarda multiplica las analogías que le permiten referirse a la Trinidad.

La tercera visión trata del bautismo y de la Iglesia como madre de los creyentes. Las cuatro partes de la pintura representan: la función salvífica de la Iglesia (su abrazo al altar de Cristo); su necesidad de concebir y dar vida; la regeneración de sus hijos por el bautismo, y los dos caminos que se le abren a los creyentes: hacia la luz o hacia la oscuridad. También aquí se hace presente la invocación a la Trinidad, en la figura del disco luminoso.

La cuarta visión se refiere a la confirmación por obra del Espíritu Santo, quien aparece como una poderosa torre que sostiene y fortalece a la Iglesia. Pero no todos quieren recibir la gracia que les es dada.

La quinta visión gira en torno a la jerarquía eclesiástica, cuyos tres niveles son: los apóstoles, en la figura de una luz blanca; la virginidad y sus hijos (obispos, sacerdotes y monjes), y los laicos, en una nube blanca.

La sexta visión se vale de dos dibujos para comunicar su tema, que es el sacrificio de Cristo y de la Iglesia (que aparece como una encarnación del Espíritu Santo en el mundo). En el primero Cristo pende de la cruz, y junto a Él hay una mujer radiante de pie, que resulta rociada por la sangre que brota del costado del Crucificado, quedando así unida a Él como Su esposa. En la parte inferior hay un altar en el que un sacerdote revestido con los ornamentos sagrados celebra los divinos misterios(9), sobre los que desciende de los cielos una gran luz. Aparecen luego los símbolos de la Navidad, de la Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión del Señor y, en el momento de la Comunión, Hildegarda percibe cinco clases de personas que se acercan a recibirla, según su disposición interior.

En el segundo dibujo aparece nuevamente el tema de la Misa, que incluye la muerte salvífica de Cristo y las disposiciones de las personas en torno a la celebración de la Misa y la recepción del Sacramento. Otro de los temas que aparece en esta visión, y muy conexamente por cierto, es el de la Confesión y la purificación interior.

Esta visión guarda estrecha relación con la problemática que se agitaba en esos momentos en la vida de la Iglesia: la prédica de los cátaros contra los sacramentos (principalmente el Bautismo y la Eucaristía), los desórdenes de los sacerdotes (pecados contra la castidad, y el pecado de simonía), la discusión del celibato sacerdotal eran temas candentes sobre los que la abadesa debía proyectar la luz de la enseñanza divina.

La séptima visión muestra al demonio encadenado, bajo la forma de una grande y fuerte serpiente cuyo aliento contamina a todo el que se le acerca. Los ángeles lo pisan, inspirados por la Justicia Divina.

1.3. TERCER LIBRO: LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

El tercer libro ofrece trece visiones: 1. El que en su trono está sentado (Dios y el hombre); 2. El Edificio de la salvación; 3. La torre de la premonición; 4. La columna de la Palabra de Dios; 5. La ira de Dios; 6. El muro de la Antigua Alianza; 7. La columna de la Trinidad; 8. La columna de la salvación; 9. La torre de la Iglesia; 10. El Hijo del Hombre; 11. Venida del impío y plenitud de los tiempos (el Anticristo); 12. Siega y vendimia de las naciones (el Juicio Final: el nuevo cielo y la nueva tierra); 13. Cánticos de júbilo y celebración (la Sinfonía de los bienaventurados).

La primera visión es la de Dios sentado en Su trono, representando la Fe. Está sobre una nube que simboliza la Sabiduría humana, la cual a su vez flota sobre una roca color zafiro, el Temor de Dios, que es la actitud fundamental del hombre hacia Dios. Otro dibujo, en la misma visión, muestra la caída de estrellas –Lucifer y sus ángeles– cuya luz se extingue, hasta quedar en la oscuridad.

La segunda visión inicia una serie dedicada a la construcción de la casa de la salvación por obra de las Virtudes divinas. Las murallas y las torres se levantan sobre la roca del temor de Dios. La muralla oriental, en la parte superior del dibujo, dice relación al reino de Dios, en tanto la muralla norte corresponde al reino de Satán.

La tercera visión muestra la torre de la premonición, presentada como una torre circular almenada, en el lado nordeste, y que contiene las figuras de las Divinas Virtudes: el Amor Divino, la Disciplina, la Castidad, la Misericordia, la Victoria, la Paciencia y el Deseo Celestial, todas ellas representadas en figuras femeninas (las dos últimas dirigen su rostro hacia Cristo crucificado). La Victoria aparece como un caballero enteramente cubierto con armadura.

Estas Virtudes no son cualidades humanas sino poderes divinos, que se tornan operativos en las almas, cooperando con la persona en su recto obrar.

La cuarta visión se refiere a la columna de la Palabra de Dios situada en el ángulo norte, en cuya primera rama ascendente aparece Moisés, los patriarcas y los profetas; en la segunda se encuentran los apóstoles, los mártires y los santos; los doctores de la Iglesia, los exégetas en la tercera, y en lo alto de la columna resplandece la luz del Espíritu Santo, de cuya inspiración procede todo conocimiento. Precisamente la virtud que aquí resplandece es el Conocimiento de Dios.

La quinta visión muestra una temible cabeza alada —el celo de Dios— en el ángulo del edificio, que se manifiesta airada contra la oscuridad y emprende la redención.

La sexta visión habla de la triple pared (la ley del Antiguo Testamento, el período judío de la historia sagrada) en la parte noroeste del edificio, en cuyo inicio se encuentran las virtudes de la Abstinencia, la Generosidad y la Piedad —la negación de sí mismo es condición necesaria para el amor a Dios y al prójimo—, y a su término las virtudes de la Verdad, la Paz y la Beatitud, que marcan la victoria sobre el mal. También encontramos allí el Discernimiento y la Salvación de las Almas, que enseñan a dirigirse e ingresar en el Nuevo Testamento.

La séptima visión presenta, en el ángulo occidental del edificio, una columna que simboliza la Trinidad, en cuanto revelada históricamente por Cristo. Quienes crean en ella tendrán vida, pero los que no tengan fe serán cortados y arrojados afuera de la vida como madera seca y podrida (los paganos), como plumas quebradas (los judíos), como hierba que perece (los herejes).

La octava visión pinta la columna de la virilidad (plenitud) del Redentor, fuertemente sustentada en la fe y en la eterna predestinación, pero aún incompleta. Las Virtudes —Humildad, Caridad, Temor de Dios y Obediencia del lado derecho, Fe, Esperanza y Castidad del lado izquierdo—, que resplandecen bajo la luz de la Encarnación, suben y bajan portando piedras para la construcción. En la parte superior de la columna se halla la Gracia de Dios.

La novena visión en el ángulo sur del edificio es la de la Torre de la Iglesia, que está incompleta y asediada, pero protegida por la Sabiduría —que se asienta sobre los siete pilares, los dones del Espíritu Santo—, sostenida por tres Virtudes: la Santidad, la Justicia y la Fortaleza.

La décima visión muestra a Cristo como la piedra angular. Sus pies no se ven porque el edificio está todavía en construcción, pero Su Cuerpo Místico aparece simbolizado por las cinco Divinas Virtudes: Perseverancia, Deseo de Dios, Compunción del Corazón, Desprecio del mundo y Concordia.

La undécima visión se refiere a la culminación del conflicto entre el bien y el mal, representado por el Anticristo, con la indestructibilidad de la Iglesia y la venida de Cristo. El trasfondo es el del Apocalipsis, y aparecen las figuras señeras del Antiguo Testamento: Elías y Eliseo. Está la referencia a cinco bestias (el perro que brilla pero no quema representa a las personas mordaces, el león amarillo son las personas agresivas, el caballo de color claro son los contumaces en el pecado, el cerdo negro son los lascivos y el lobo gris son los que engañan) que Hildegarda ve hacia el norte, y que tienen su mirada dirigida al oeste, donde se alza una colina con cinco picos. En el lado este aparece sobre el ángulo del edificio el joven (Cristo) que ya se había manifestado en otra visión, vestido de púrpura, resplandeciente como la aurora, con una lira sobre sus rodillas, en actitud de bendecir; sus pies, que en la visión anterior no se veían, son más blancos que la leche. También está presente la mujer coronada que es figura de la Iglesia, y de sus genitales surge una monstruosa cabeza (el Anticristo) con ojos de fuego, orejas como de asno, nariz y fauces como de león. Finalmente, la cabeza se mueve y trata de alcanzar el cielo, pero en medio de gran estruendo cae de la montaña; una niebla apestosa envuelve todo y aterroriza a la gente que clama por la misericordia de Dios.

La duodécima visión presenta dos pinturas, que se refieren al Juicio Final y la creación de un cielo nuevo y una tierra nueva, siempre bajo la todopoderosa acción del Dios Uno y Trino.

La trigésima visión es una colección de himnos y cánticos de alabanza a Dios, anticipo parcial de su Ordo virtutum. Hildegarda canta a la Virgen María, a los coros angélicos, a los profetas, los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes. Pero también hay aquí una historia: el alma quiere abandonar la compañía de las Virtudes para conocer el mundo, y lo hace yendo en pos del demonio; no tardará empero en retornar, pidiendo la ayuda de las Virtudes quienes, tras dura batalla, vencen a su archirrival, Satanás.

Parte de esta obra fue presentada al Papa Eugenio III en el Sínodo de Trier (1147-48), quien la leyó y alentó a la religiosa para que continuara ésta y futuras obras.

 

2. LIBER VITAE MERITORUM (El libro de los méritos de la vida(10), 1158-63)

Es la segunda obra de la trilogía, y adopta la forma de un diálogo entre virtudes y vicios, diálogo que constituye una verdadera batalla entre los deseos desordenados del hombre y el orden ético cristiano. Llamativamente, esta obra no presenta ilustraciones pictóricas, pero se desarrolla en torno a una imagen: la de “un hombre de una talla tal que se extiende desde las profundidades del océano hasta el cielo. En cada una de las seis secciones el hombre vuelve sus ojos hacia diferentes direcciones; habla entonces de lo que ve y oye, interpretando su significado”(11). Su mirada se dirige sucesivamente hacia el este y el sur (I), el oeste y el norte (II), el norte y el este (III), el sur y el oeste (IV), a la totalidad del mundo desde arriba (V), para finalmente moverse dentro de las cuatro zonas de la tierra (VI).

King-Lenzmeier indica como propósito de la obra el esclarecimiento del plan divino (la Encarnación del Verbo de Dios) en la vida cotidiana del cristiano, pero ya de manera mucho más concreta trata también de las tentaciones que se le presentan y cómo vencerlas con la ayuda de Dios; en este esquema, virtudes y vicios aparecen pareados, en número de treinta y cinco. Los vicios o pecados son descriptos de manera vívida, para evitar su dilución, y hay también una presentación del Purgatorio que refuerza el mensaje.

2.1. La primera sección de la obra describe al hombre de la visión, cuya cabeza está en el puro éter, desde los hombros hasta los muslos en las nubes, de los muslos hasta las rodillas en el aire de la tierra, de allí a las pantorrillas en la tierra, y hasta las plantas de sus pies en las aguas del abismo. En esta sección hay siete pares de vicios y virtudes: 1. Amor del mundo vs. Amor del cielo; 2. Impudicia vs. Disciplina; 3. Desenfado vs. Timidez; 4. Dureza de corazón vs. Misericordia; 5. Pereza vs. Victoria; 6. Cólera vs. Paciencia.

2.2. La segunda sección comienza precisando que el hombre tiene alas con inscripciones. Y continuando con los pares de virtudes y vicios, vemos que son ocho: 1. Glotonería y Abstinencia; 2. Amargura y Generosidad de espíritu; 3. Impiedad y Piedad; 4. Falsedad y Verdad; 5. Agresión y Paz; 6. Desdicha y Bienaventuranza; 7. Desmesura y Moderación; 8. Destrucción de las almas y Deseo de su salvación.

2.3. La tercera sección muestra al hombre vuelto hacia el norte, hacia la tierra verde, y amenazando a los elementos desatados para que vuelvan a él. Aparecen aquí siete pares de pecados y gracias: 1. Orgullo vs. Humildad; 2. Envidia vs. Caridad; 3. Vanagloria vs. Temor de Dios; 4. Desobediencia vs. Obediencia; 5. Descreimiento vs. Fe; 6. Desesperanza vs. Esperanza; 7. Lujuria vs. Castidad.

2.4. La cuarta sección: el hombre está en la tierra verde, húmeda y fértil, en la que florecen las virtudes y de la que se formó el Cuerpo de Cristo. Hay ocho pares de vicios y virtudes: 1. Injusticia y Justicia; 2. Flojedad y Fortaleza; 3. Negligencia y Santidad; 4. Volubilidad y Perseverancia; 5. Cuidado mundano y Deseo celestial; 6. Contumacia y Contrición; 7. Deseo del mundo y Desprecio del mundo; 8. Discordia y Concordia.

2.5. La quinta sección muestra al hombre mirando al mundo en su totalidad y advirtiendo al pueblo para que no sea castigado por la vara de la justicia divina. Los pares de virtudes y vicios son cinco: 1. Procacidad vs. Respeto; 2. Inestabilidad vs. Estabilidad; 3. Mala conducta (conducta deshonrosa) vs. Cuidado de la honra de Dios; 4. Avaricia vs. Contento con lo propio; 5. Tristeza mundana vs. Alegría celestial.

2.6. La sexta sección no presenta virtudes y vicios pareados, sino que gira en torno al tema del fin del mundo y el Juicio Final. Pero las virtudes no están ausentes, sino que aparecen en relación con los elementos del mundo: el fuego inflama el cuerpo como las virtudes al alma; el aire es exhalado de los pulmones, en tanto las virtudes inhalan las cosas de Dios en el alma; como el agua humedece el cuerpo, así las virtudes son rocío para el alma, y así como la tierra trae vida, las virtudes hacen que los hombres produzcan buen fruto.

El libro finaliza con la descripción del Cielo y de la alegría de los bienaventurados.

Tres manuscritos de los cinco que se conservan fueron producidos en Rupertsberg, en el siglo XII. El más antiguo (1170), el Codex Dendermonde 9, fue enviado a la abadía cisterciense de Villers (Brabante), según consta en la carta de agradecimiento de los monjes; los otros dos se encuentran uno en la Preussischen Staatsbibliothek de Berlín (Codex Latinus Theologicus, Fol. 727), procedente de la abadía benedictina de Santiago Apóstol (Maguncia), y otro en la Biblioteca del Seminario de Trier (Codex 68), desde la abadía benedictina de San Euchario. Texto latino: Hildegardis Liber Vitae Meritorum. Ed. Angela Carlevaris O.S.B. Turnhout: Brepols, 1978. (CCCM, 90), y Liber Vitae Meritorum, p. 7-244. En: Analecta Sacra. Ed. J.-B. Pitra. Monte Casino: 1882 (vol. 8: Analecta Sanctae Hildegardis Opera Spicilegio Solesmensi Parata); repr. Farnborough: Gregg Press, 1966.

 

3. LIBER DIVINORUM OPERUM (El libro de las obras divinas, 1163-73/4)

La trilogía concluye con esta obra –también llamada De operatione Dei (El obrar divino)–, dividida en tres partes, que “registran la historia de la salvación desde el Génesis hasta el Apocalipsis, y proponen una elaborada teoría cosmológica”(12). Al decir de King-Lenzmeier, esta obra es “un análisis de la conexión entre el microcosmos —el mundo de la creación, de los seres humanos especialmente— y el macrocosmos —el Universo colmado por Dios y abrazado por Él—”(13). Pero hay muchos otros aspectos sobre los que tiene sentido detenerse, como por ejemplo el hecho de que no sólo las virtudes aparecen en figura femenina, como es el caso en la obra que acabamos de dejar, sino también el Amor Divino o Caritas y la Sabiduría de Dios o Sapientia, que reflejan de manera más directa a Dios mismo. Por otra parte y al igual que en Scivias, también aquí encontramos ilustraciones pictóricas que se deberían a la inspiración de Hildegarda, pero que fueron realizadas con posterioridad a su muerte.

De las tres partes (eco trinitario), la primera se refiere al mundo humano, esto es, al microcosmos (cuatro visiones); la segunda trata del mundo por venir, es decir, el destino del hombre (una visión); la tercera, finalmente, concierne a la historia de la salvación o sea, al macrocosmos, relacionando el mundo de la revelación divina con el mundo de la experiencia humana (cinco visiones).

3.1. PRIMERA PARTE: EL HOMBRE COMO MICROCOSMOS

La primera visión trata del Amor de Dios, la vida y la salvación. La visión parte de la contemplación de una alada figura humana, esplendorosa, sobre cuya cabeza se apoya la cabeza de un anciano, y que lleva en sus manos un cordero (imagen trinitaria). Sus pies pisan a un ser monstruoso en torno al cual se enrosca una serpiente. En la interpretación se hacen presentes la vida de Dios, la creación de todo el Universo, la caída de los ángeles y del hombre y el designio redentor de Dios en la historia de la salvación.

La segunda visión, que continúa la anterior, muestra la figura humana con sus brazos abarcando la circunferencia del mundo, en cuyo centro hay un hombre (figura desnuda) de pie con sus brazos extendidos horizontalmente, en un gesto que recuerda el famoso dibujo de Leonardo da Vinci, pero tres siglos antes(14). La referencia es al macrocosmos, al mundo y al hombre como centro de la creación, y su relación con las creaturas.

La tercera visión reproduce parcialmente la imagen anterior (ya no aparecen las figuras divinas), y trata de la naturaleza humana como un microcosmos, del cuerpo y sus fuentes energéticas.

La cuarta visión ofrece una bellísima imagen –siempre con la concepción de la circularidad del mundo– en la que aparecen las actividades del hombre según las estaciones, y trabaja el tema de la interacción entre lo celestial, lo natural y lo humano: pone al cuerpo humano en relación con la naturaleza creada, desde el punto de vista de la conducta humana y su moralidad. La visión concluye con una glosa de Hildegarda sobre el prólogo del Evangelio de San Juan, y una sección sobre las estaciones y el calendario en el que transcurre la vida del hombre.

3.2. SEGUNDA PARTE: EL DESTINO DEL HOMBRE

La única visión (quinta de la obra) de esta segunda parte trata de la estructura y disposición del mundo y los lugares de purificación. Se refiere al mundo más allá del hombre, y comenta el hecho de la creación, a través del relato del Génesis. “Cada elemento [en la creación], dice King-Lenzmeier, tiene una función natural y un significado alegórico que conectan los sentidos con el tema moral, como sucedía en el Liber vitae meritorum, pero mostrando un progreso en la conceptualización de las relaciones”(15).

3.3. TERCERA PARTE: LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

La primera visión (sexta de la obra) podríamos decir que se refiere al significado de la historia: representa una ciudad amurallada, simbolizando la estructura de la historia de la salvación.

La segunda visión (séptima de la obra) se refiere a la preparación de la Encarnación y la venida de Cristo. Diversas figuras –siempre en el contexto de la ciudad– representan las diversas etapas en la historia del hombre.

La tercera visión (octava de la obra) trata de la obra del Amor de Dios, en la presencia de tres figuras femeninas (el Amor, la Humildad y la Paz) sobre una fuente de aguas vivientes que riegan la ciudad.

La cuarta visión (novena de la obra) nos muestra la ciudad envuelta en gran oscuridad y emanando humo y azufre, en tanto dos figuras están de pie, y una de ellas aparece alada, cubierta de escamas, resplandeciente su cabeza y mostrando en el vientre un rostro humano como de un anciano. La visión se refiere a la plenitud de los tiempos en la Encarnación, subrayando la interacción de la Sabiduría Divina y el Poder de Dios.

La quinta visión (décima de la obra) sigue mostrándonos la ciudad, a la que agrega elementos circulares (símbolo de la divinidad). Hay una figura sedente que levanta en su mano las tablas de la Ley, y escapando casi al cuadro pero integrada, una mano que bendice. Se nos presenta así la realización plena que tendrá lugar al fin de los tiempos, para la eternidad, y en este momento encontramos a otra figura femenina: el Amor Divino.

Hay en toda la obra un gran protagonismo de la Palabra de Dios Encarnada y presente en el mundo y, por consiguiente, también una importante presencia de la razón junto a la Revelación. Se desprende de esto que se da en la obra la consideración del hombre como imagen y semejanza de Dios, en interacción con el mundo. “Los temas de Dios como la fuente de todas las cosas y de todas las cosas volviendo a su fuente, el tema del macrocosmos y el microcosmos y cómo se unen, todo ello está expresado en términos de viriditas, luz, agua, florecimiento y cuanto para Hildegarda significa bendición divina”(16).

Sobreviven de esta obra cuatro manuscritos muy autorizados: el más antiguo, esbozado en Rupertsberg en vida de Hildegarda (1170-73), pasó al monasterio benedictino de San Euchario (hoy San Matías) en Trier y luego a Gante, encontrándose hoy en la biblioteca de la Universidad (Gante 241). Tenemos también el de las obras completas de Hildegarda, el de la biblioteca de Hesse, en Wiesbaden (MS 2, llamado Riesenkodex). El de Troyes (MS 683, en la Biblioteca Municipal) está realizado en diversas etapas (siglos XII-XIII), y al parecer tuvo sus comienzos en el scriptorium de Rupertsberg (es copia del Gante). Hay otro manuscrito del siglo XIII (el Codex Lucca 1942, que se conserva en la Biblioteca Statale de Lucca), bellamente iluminado con diez pinturas que en su extremo inferior llevan la imagen de Hildegarda, y que presentan algunas variantes con respecto al texto mismo. Y hay otros manuscritos, de fecha posterior. Versiones latinas: Hildegardis Bingensis Liber Divinorum Operum. Cura et studio Albert Derolez et Peter Dronke. Turnhout: Brepols, 1996 (CCCM, 92), y Liber Divinorum Operum. In: MIGNE, J.-P. (ed.). PL, 197, cols. 739-1038.


NOTAS:

1. Newman, Barbara. “Introduction”, p. 25. En: Hildegard of Bingen. Scivias. Transl. Mother Columba Hart and Jane Bishop. Intr. by Barbara J. Newman. Preface by Caroline Walker Bynum. New York: Paulist Press, 1990. 545 p. (vuelve al texto)

2. Carolyn Wörman Sur (The feminine images of God in the visions of Saint Hildegard of Bingen’s Scivias, p. 191. Lewiston, New York: The Edwin Mellen Press, 1993. 226 p.) data el manuscrito alrededor de 1180-90, fecha que lo deja fuera de toda posible revisión por parte de Hildegarda. (vuelve al texto)

3. Maddocks, Fiona. Hildegard of Bingen. The Woman of Her Age, p. 277-78. New York: Doubleday, 2001. 332 p. (vuelve al texto)

4. C.W. Sur data alrededor del 1200 (loc. cit.). (vuelve al texto)

5. King-Lenzmeier, Anne H. Hildegard of Bingen. An Integrated Vision, p. 32. Collegeville (Minnesota): A Michael Glazier Book, The Liturgical Press, 2001. 231 p. (vuelve al texto)

6. En los títulos de los libros seguimos la versión inglesa: Hildegard of Bingen. Scivias. (vuelve al texto)

7. King-Lenzmeier, ob. cit., p. 35. (vuelve al texto)

8. La nube, más que representar la figura de Eva, representa su significado, que es su maternidad —las estrellas en la nube— con respecto al género humano. (vuelve al texto)

9. Señala aquí King-Lenzmeier el esquema trinitario: pan, vino y agua, (p. 41). (vuelve al texto)

10. También ha sido traducido como El libro de los premios y castigos. (vuelve al texto)

11. King-Lenzmeier, ob. cit., p. 51. (vuelve al texto)

12. Maddocks, ob. cit., p. 279. (vuelve al texto)

13. King-Lenzmeier, ob. cit., p. 61. (vuelve al texto)

14. Figura similar –aunque sin la perfecta proporción y belleza de la de Hildegarda, inscripta no en un círculo sino en un rectángulo– aparece en un Tratado de Astronomía de la segunda mitad del siglo XII (Cod. 12600, fol. 29r, Viena, Austrian National Library), que trae Heinrich Schipperges en: The World of Hildegard of Bingen. Her Life, Times and Visions, p. 100. Transl. by John Cumming. Collegeville, Minnesota: The Liturgical Press, 1998. 160 p. (vuelve al texto)

15. King-Lenzmeier, ob. cit., p. 64. (vuelve al texto)

16. Ibíd., p. 72. (vuelve al texto)

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