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Las Cruzadas, los viajes y el comercio, que comienza a florecer en el siglo XI, aportan al mundo occidental una nueva riqueza de gran valor cultural: las traducciones de obras griegas, ya sea en forma directa, o bien a través de versiones árabes y judías, con comentarios que cuesta distinguir y separar del texto. Entre los primeros traductores recordamos a: Alfano, obispo de Salerno(1), quien hacia mediados del siglo XI tradujo el De natura hominis, de Nemesio de Émesa, obra de inspiración ecléctica (neoplatónica, estoica, epicúrea, con algo de Aristóteles y de Galeno) que sirvió de introducción a la psicología aristotélica y a la fisiología de Galeno; a su contemporáneo, Constantino el Africano, quien tradujo los Aforismos de Hipócrates, los resúmenes de Galeno y otras obras médicas de griegos y árabes (de Isaac ben Salomón Israelí, Liber dietarum; Liber urinarum; Liber febrium; Liber de gradibus), con las que dio impulso a la escuela de Salerno, quien pudo por algún tiempo rivalizar con la de Chartres. Precisamente discípulos de Chartres son Adelardo de Bath (1070-1142) y Hermann el Dálmata o de Carintia (fl. 1143). El primero estudió en Tours y en Laon, recorrió luego el sur de la península itálica (Sicilia y Salerno), Tarso y llegó hasta Jerusalén. Tradujo, entre otras obras, los Elementos de Euclides (traducción del árabe), la Introducción a la Astrología de Abu Ma=schar, las Tablas Astronómicas de al-Khwarizmi. Escribió también Quaestiones naturales; De eodem et diverso(2), y un Astrolabio dedicado a Enrique Plantagenet. Hermann el Dálmata realizó la traducción del Planisferio, de Ptolomeo, obra que dedicó a su maestro Teodorico de Chartres. Tradujo también los doce primeros libros de la Geometría euclidiana Paul Renucci(3) señala tres regiones en las que se asentaron centros de traductores: el norte de Italia, Sicilia y España. Y da también las características y razones de dichos asentamientos. Italia del Norte mantenía un asiduo comercio con Bizancio, y consiguientemente se destacó en las traducciones del griego; en Palermo (Sicilia), traducían indistintamente del griego o del árabe porque su relación era, por proximidades geográficas, tanto con bizantinos cuanto con los árabes del Mediterráneo y de España; por último, en España (Toledo principalmente), se trabajaba desde el árabe.
A los traductores de Italia del Norte pertenece Santiago (o Jacobo) de Venecia, quien hacia 1128 tradujo en una nueva versión y comentó, de Aristóteles, Tópicos; Primeros y Segundos Analíticos y Sofismas. Burgundio de Pisa (m.1193), quien realizó varios viajes a Constantinopla, entre 1155 y 1165 tradujo obras de medicina y de filosofía: De natura hominis (Nemesio de Émesa), Aforismos (Hipócrates), varios tratados de Galeno (De alimentis; De sanitate tuenda; De differentiis pulsum; De temperamentis; De crisibus; De virtutibus naturalibus; De differentiis febbrium; De locis affectis; De compendiositate pulsus), etc.
Aristipo de Palermo produjo hacia mediados del siglo las primeras traducciones del Fedón (sobre la inmortalidad del alma) y el Menón (sobre la memoria) platónicos, y también tradujo el libro cuarto de los Meteorologica aristotélicos, todo ello a partir del texto griego. Se sabe, además, que conocía los Segundos Analíticos de Aristóteles, el Almagesto de Ptolomeo y la Óptica de Euclides. Eugenio el Emir trabajó sobre los manuscritos árabes; tradujo la Óptica de Ptolomeo, entre otras obras.
Recordamos aquí la labor del arzobispo cisterciense francés Raimundo de Toledo, quien supo organizar el famoso centro de traducciones de Toledo, a cuyo frente se desempeñó Domingo Gundisalvo (m.1181), contando con la colaboración de Juan Hispano, personaje un tanto misterioso, que ha dado lugar a diversas identificaciones. Entre las traducciones que realizaron se cuentan: De intellectu, de Al-Kindi; De intellectu; De scientiis y De ortu scientiarum, de Alfarabí; De anima, de Avicena; Las opiniones de los filósofos, de Algazel; Fons vitae, de Ibn Gabirol, etc. Gerardo de Cremona (1114-1187) se vinculó al centro a partir de 1134, y su producción es copiosísima: el Almagesto, de Ptolomeo; de al-Kindi, De somno et visione; De quinque essentiis; De ratione; de Alfarabí, De scientiis; de Avicena, Canon; de Aristóteles, De caelo et mundo; De generatione et corruptione; Meteorologica, etc.; comentarios de Temistio y de Alejandro de Afrodisia y muchos tratados pseudo-aristotélicos. Marcos de Toledo tradujo el Corán, y también algunas obras científicas de Galeno (De tactu pulsus; De utilitate pulsus; De motibus liquidis, etc.). Toledo recibió también la visita de maestros ingleses y del continente, interesados por las obras científicas que deseaban conocer en sus idiomas originales, para lo cual estudiaron árabe y griego, estudio que dio como fruto la traducción de algunos libros que poco a poco fueron incrementando el patrimonio de las bibliotecas. Es decir que ya durante el siglo XII una gran parte de la obra aristotélica, diversos comentarios, obras de Platón y muchas obras de los griegos y de los árabes, sobre todo de medicina y astronomía, son accesibles a los europeos continentales, que pueden disponer incluso de más de una versión de muchas de estas obras. NOTAS:1. Había estado en Tierra Santa como peregrino, luego con una embajada en Constantinopla y haciendo un retiro en Montecassino. (vuelve al texto) 2. Obra de raíz platónica, diálogo entre dos jóvenes (Philosophia y Philocosmia) que simbolizan el amor de la sabiduría (de lo idéntico como principio de la unidad, de la inmutabilidad, de la permanencia y de la espiritualidad) y el amor del mundo (de lo diverso como múltiple, mutable, contingente y sensible). (vuelve al texto) 3. L'Aventure de l'Humanisme Européen au Moyen-Age (IV-XIV siècle). Paris: Les Belles Lettres, 1953. 266 p. (Les Classiques de l'Humanisme). (vuelve al texto)
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