HILDEGARDA DE BINGEN. Sitio creado por Azucena Adelina Fraboschi


 

UNA MUJER MUY MODERNA (VII)

 

Santa Hildegarda de BingenESCRIBE, PREDICA, CURA, FUNDA... Vuelve a Contenido

Entretanto, no es fácil imaginar cómo, pero lo cierto es que Hildegarda se da tiempo también para otras actividades: atiende consultas de orden espiritual, cura enfermos, funda en 1165 el monasterio de Eibingen –que visita dos veces por semana– y continúa escribiendo. Las Vidas (de San Disibodo y de San Ruperto), la Expositio Evangeliorum (cincuenta homilías sobre los Evangelios), 38 Solutiones Quaestionum (respuestas a cuestiones sobre textos de la Sagrada Escritura, propuestas por los monjes de Villers a través de Guiberto de Gembloux), son algunos títulos de la vasta producción de la religiosa.

A propósito de la curación de enfermos, hay un caso interesante de relatar, por los medios de los que se vale la abadesa. Hacia el año 1169 unos monjes le escribieron pidiéndole ayuda para Sigewisa, joven mujer poseída por el demonio. Hildegarda supo (“vi y oí la respuesta(7)) que no puede haber posesión diabólica sino obsesión, trastorno, locura; y no pudiendo acudir personalmente a causa de una enfermedad, les escribió:

"Escuchad entonces, no una respuesta de hombre, sino la de Aquél que vive. Escoged siete sacerdotes a quienes recomienden los méritos de sus vidas, en el nombre y en el orden de Abel, Noé, Abraham, Melquisedec, Jacob y Aarón, los cuales ofrecieron un sacrificio al Dios viviente, y el séptimo en el nombre de Cristo, quien se ha ofrecido sobre la cruz a Dios Padre. Después de ayunos, flagelaciones, plegarias, limosnas y celebraciones de misas, con intención humilde, vestiduras sacerdotales y sus estolas vengan hacia la paciente y pónganse en círculo a su alrededor, cada uno con una vara en su mano, figura del bastón con el que Moisés en Egipto golpeó el Mar Rojo y la piedra, según el mandato de Dios; para que Dios, al igual que allí mostró sus milagros mediante el bastón, rechace aquí por los bastones a este enemigo tan malvado, y Dios sea glorificado. [...] Estos sacerdotes serán siete, figurando los dones del Espíritu Santo, a fin de que el Espíritu de Dios, que en el principio se encontraba por encima de las aguas y que inspira el soplo de vida en el rostro del hombre, espire al espíritu inmundo del hombre fatigado."(8)

La prescripción de Hildegarda surtió efecto por un tiempo, pero luego la mujer volvió a padecer, y los monjes solicitaron a la abadesa que la recibiera, lo que finalmente hizo: “Nos ha asustado la llegada de esta mujer. [...] Pero Dios tuvo a bien enviar sobre nosotros el rocío de su dulzura, y hemos podido hacerla entrar y alojarla en la casa de las hermanas sin la ayuda de los hombres. Y después no nos hemos separado de ella, a despecho del horror o de la confusión con que el demonio nos confundía por culpa de nuestros pecados, y a pesar de los nombres odiosos y ridículos con los que pretendía nombrarnos, y del comportamiento de la pobre mujer, y de su pésimo aliento(9). Mientras tanto, todo el convento rezaba, ayunaba, daba limosna, desde la Purificación de María (2 de febrero) hasta el Sábado Santo, día en que finalmente y en medio de grandes manifestaciones, la enferma se alivió. La primera parte del tratamiento tenía una presentación dramática que debió causar fuerte impacto en la mente impresionable de la trastornada joven. Luego, la compañía indeficiente de Hildegarda le permitió descargar con gritos, furia y violencia cuanto la oprimía y desbordaba, tornándose entonces receptiva ante las palabras y las actitudes de la abadesa, que poco a poco la llevaron a tranquilizarse y a recuperar la salud del alma y del cuerpo. Armanda Guiducci, al relatar este caso, habla de una puesta en escena de un psicodrama(10), otros aluden a un exorcismo, pero creo que ambas interpretaciones bien pueden ir de la mano de nuestra inspiradamente moderna abadesa.

En 1173, poco después de su cuarta gira, fallece su secretario Volmar; duro golpe para Hildegarda, que por añadidura tiene otra vez discusiones con los monjes de Disibodenberg por la provisión de un nuevo amanuense. Finalmente, le envían a Godofredo, quien muere al poco tiempo. Viene a ella entonces Guiberto de Gembloux, con quien la anciana monja ya mantenía correspondencia (la famosa carta De modo visionis suae, en respuesta a un pedido del religioso).


NOTAS:

7. Theoderich von Echternach. “Vida. Libro III”. En: Vida y Visiones de Hildegard von Bingen. Ed. Victoria Cirlot. Madrid: Siruela, 1997, p. 87. (vuelve al texto)

8. Ibíd., p. 91. (vuelve al texto)

9. Ibíd., p. 93-94. (vuelve al texto)

10. Guiducci, Armanda. Medioevo inquieto. Storia delle donne dall'VIII al XV secolo d.C. Firenze: Sansoni Editore, 1990. p.118. (vuelve al texto)

 

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