HILDEGARDA DE BINGEN. Sitio creado por Azucena Adelina Fraboschi


 

UNA MUJER MUY MODERNA (VIII)

 

Santa Hildegarda de BingenQUE EL CUERPO, UNIDO AL ALMA,
CANTE DE VIVA VOZ... Vuelve a Contenido

Ochenta años tiene ya Hildegarda cuando se ve obligada a afrontar una sentencia de interdicción, pronunciada por los prelados de Maguncia y confirmada en primera instancia por el arzobispo Christian, dada su negativa a exhumar el cadáver de un noble sepultado en el cementerio de Rupertsberg. El hombre había sido excomulgado, pero antes de morir se había reconciliado con la Iglesia y había recibido los sacramentos, hecho que por lo visto los prelados desconocían. Ante la actitud de éstos la abadesa se dirigió al lugar de la sepultura, con su báculo trazó sobre ella la señal de la cruz, y luego quitó todo indicio que permitiera individualizarla, para evitar la profanación. Acto seguido comenzó en el monasterio un tiempo de privación de los sacramentos... y del Oficio Divino al modo benedictino, esto es, cantado. Esta dolorosísima situación le dio oportunidad para dirigir una carta a dichos hombres de la Iglesia, en la que les reprocha la medida tomada, y expone su concepción de la música como medio para recuperar el paraíso perdido y, en él, la voz de la alabanza a Dios:

"Para que, en lugar de acordarse de su destierro, los hombres se acordasen de la dulzura y alabanza divinas que antes de su caída alegraban a Adán en la compañía de los ángeles, y para atraerlos hacia ellas, los santos profetas [...] no sólo compusieron los salmos y cánticos que cantaban para encender la devoción de sus oyentes, sino que también crearon instrumentos musicales de distintas clases con los que producían melodías variadas. Y lo hicieron para que, tanto por el aspecto exterior y las particularidades de esos instrumentos como por el sentido de las palabras que recitaban acompañándose de ellos, sus oyentes, debidamente advertidos y dispuestos por los elementos exteriores, aprendieran algo sobre su realidad interior. A estos santos profetas los imitaron los estudiosos y los sabios, e inventaron con su arte cierta clase de melodías humanas a fin de cantarlas para el deleite del alma [...], recordando que en la voz de Adán, antes de su caída, residía toda la armonía y toda la dulzura del arte musical . [...] Pero el que lo había engañado –el diablo–, al oír que el hombre había comenzado a cantar por inspiración de Dios y que por ello se transformaría y recordaría la dulzura de los cánticos de la patria celestial, y viendo así que sus perversas maquinaciones fracasarían, se asustó de tal modo que desde entonces no ha dejado de perturbar o impedir la proclamación, la belleza y la dulzura de la alabanza divina y de los cánticos espirituales.
[...]
Por eso vosotros y todos los prelados tenéis que andaros con muchísimo cuidado antes de cerrar con vuestro mandato la boca de una asamblea que canta a Dios [...]. Velad para que Satán, que arranca al hombre de la armonía celestial y de las delicias del Paraíso, no os engañe en vuestros juicios. El cuerpo es el vestido del alma que da vida a la voz. Por eso conviene que el cuerpo unido al alma cante de viva voz las alabanzas de Dios. Y puesto que al escuchar algún canto el hombre a menudo suspira y gime porque recuerda la armonía celestial, el profeta [David], considerando atentamente la naturaleza profunda del espíritu y sabiendo que el alma es sinfónica, nos exhorta en un salmo a que proclamemos al Señor con la cítara y toquemos el salterio de diez cuerdas: la cítara, que suena en un tono más bajo, para incitar a la disciplina del cuerpo; el salterio, que emite un sonido más agudo, para alentar el esfuerzo del espíritu; las diez cuerdas, para el cumplimiento de la Ley."(11)

La música ya estaba presente en la primera obra de Hildegarda, Scivias, que finaliza con un esbozo de drama musical cuyo tema es moral: la lucha del hombre que peregrina en la tierra, acechado por el demonio y defendido por las virtudes, hasta que victorioso llega al Cielo. Hacia 1152 el esbozo tendrá forma acabada en Ordo virtutum (El drama de las virtudes), el más antiguo drama litúrgico cantado (a excepción de los textos que corresponden al demonio, quien por su espíritu opuesto a toda armonía no puede cantar), que habría sido estrenado en la dedicación de la iglesia del monasterio en Rupertsberg. La música está presente durante toda la vida de Hildegarda, que por ella eleva su última voz.

Pero la carta no tuvo buena acogida entre los prelados, y debió pasar casi un año para que el arzobispo, ahora debidamente enterado de todo, levantara la medida. Fatigada por los muchos años y los muchos trabajos, seis meses después, el 17 de septiembre de 1179, Hildegarda perdió su voz en aquella voz de Adán y alabó al Señor en el paraíso finalmente recuperado.

Azucena Adelina Fraboschi
(Conferencia pronunciada el 17/09/1998, en la Institución Cultural Argentino-Germana)


NOTAS:

11. Dronke, ob. cit., p. 405-407. (vuelve al texto)

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

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Newman, Barbara (ed.). Voice of the Living Light. Hildegard of Bingen and Her World. California: University of California Press, 1998
Pernoud, Régine. Hildegarde de Bingen. Conscience inspirée du XIIe siècle. 2me. éd. Paris: Éd. Du Rocher, 1995
Pernoud, R. La mujer en el tiempo de las catedrales. Barcelona: Granica, 1982
Rivera Garretas, María Milagros. Textos y espacios de mujeres. Europa, siglos IV-XV. Barcelona: Icaria, 1995
Strickerschmidt, Hildegard. Santa Ildegarda. Guarigione del corpo e dell'anima. Salute e forza vitale. Consigli pratici per una vita positiva. Italia: Centro di Benessere Psicofisico, 1995
Wade Labarge, Margaret. La mujer en la Edad Media. 2ª ed. Madrid: Nerea, 1989

 

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